CAURTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mateo 1: 5-12 

Estimados amigos, En este cuarto domingo del tiempo ordinario, tenemos la primera selección del evangelio de los siguientes cinco domingos. Esta es nuestra invitación al sermón en el monte. Estos son tres capítulos (5,6,7) en Mateo. Estos son un resumen del mensaje del evangelio. El pasaje de hoy de las Bienaventuranzas es un resumen del sermón en el monte.

Las Bienaventuranzas son leyes ahora. Ellas son un llamamiento a entrar en el misterio de Jesús. Él es el verdaderamente bendecido. Las Bienaventuranzas son una revelación de la profundidad y amplitud del misterio de amor en nuestro mundo quebrantado que es Jesucristo.

Las Bienaventuranzas no son pensamientos piadosos que no tienen nada que ver con la vida ordinaria de un verdadero seguidor de Cristo. Por otro lado, no son ningunas leyes que un cristiano sincero deba seguir. Ellas son una invitación para atestiguar la venida del reino que Jesús ha proclamado. Ellas son una invitación a un compromiso más profundo con el mensaje del evangelio. Son una expresión de esperanza en medio del sufrimiento presente y la pérdida en el camino de la última victoria. Ellas expresan una aseguranza de la victoria final del reino, un regreso a la inocencia original.

Las Bienaventuranzas son un llamado a una vida de fe, una vida de esperanza y amor en los pasos de Jesús en el camino a Jerusalén. Es en la crucifixión y muerte que la victoria final de nuestra presente agonía y mortalidad será superada. La victoria final y completa de las Bienaventuranzas en el Cristo resucitado es la primera etapa del reino final de Dios.

Las Bienaventuranzas son una descripción de Jesús, son una invitación a la cruz que es el tejido en el misterio de Dios. Son un llamado a ponderar el mundo que es Jesús. Esto nos dirige a abrazar la voluntad de Dios. El siguiente paso para nosotros es pasar esta nueva sabiduría en acción. Esto es exactamente lo que haría. Somos llamados a conectar nuestra experiencia interior del llamado de Dios y nuestra vida, la experiencia vivida del evangelio.

Tomas Merton nos da una definición de oración y resalta esta unión entre nuestra oración y vida. Él dice: “La oración es un anhelo de estar en la presencia de Dios, una comprensión personal de la palabra de Dios, conocimiento de la voluntad de Dios y la capacidad para oír y obedecer”

Me gustaría usar unos ejemplos cortos de su sabiduría del mundo del evangelio de las Bienaventuranzas donde los primeros son los últimos y necesitamos perder nuestra vida para salvarla.

Jesús dice: “Felices los que lloran, porque recibirán consuelo” (Mateo 5: 4) esta, como todas las Bienaventuranzas, aplastan nuestro sentido común del sentido de percepción de la realidad. Estar llorando y ser consolado no van juntos en nuestra búsqueda ordinaria de la felicidad.

Un vistazo más profundo que Jesús está proclamando empieza a derramar luz sobre la realidad. Para Jesús, la muerte es verdaderamente parte de la vida. La muerte es parte de un pasaje a una nueva vida que es eterna. Este destino a la vida eterna siempre ha sido parte del plan de Dios para cada uno de nosotros.

¿Por qué lloramos? La razón por la que lloramos es porque amamos. Sin amor no hay necesidad de llorar. Jesús nos está enseñando que al final, el amor vencerá. Todas nuestras pérdidas están en transición cuando caminamos con Jesús. Él nos invita a entrar en un camino y una vida y una verdad que garantiza la victoria del amor. Él revela que esa victoria está en la resurrección. Él nos da la presencia de una nueva realidad donde cada lágrima será enjugada. Esa realidad comienza hoy cuando amamos. Al final, ese amor será compartido en su plenitud en la victoria que es el Cristo resucitado. Somos mucho más ricos cuando lloramos porque amamos. Cuando somos indiferentes y no necesitamos llorar operamos en un egoísmo que nos lleva a la muerte no a la vida. En verdad, podemos decir en la plenitud de la verdad plena y en gozo “Felices los que lloran porque ellos serán recibirán consuelo” (Mateo 5: 4)

En una moda similar todas las Bienaventuranzas son una invitación en el mundo de cabeza del evangelio. Cada una nos revela una verdad más profunda del gran reverso que es la venida del Reino de Dios donde el amor tendrá la última palabra.
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TERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO


Mateo 4:12-23 

Estimados amigos,Hoy tenemos nuestra primera selección del Evangelio de Mateo. Jesús introduce dos temas que serán la base de su mensaje a lo largo del año: el reino y el llamado.

Es útil para nosotros recordar la mentalidad de la gente al comienzo de la vida pública de Jesús. Para los judíos, en ese momento, Satanás estaba a cargo. Su poder para el mal se veía en toda la vida: enfermedad, violencia, injusticia, pobreza, división. Del mismo modo, el opresivo Imperio de Roma fue visto como una expresión de este mal. Incluso la turbulencia de la naturaleza fue experimentada como la exhibición de la dominación de Satanás. La esperanza para el Mesías, y su don de liberación, se definió en relación con este control abrumador del poder devastador de los demonios.

Jesús entra en escena en el contexto de aparente impotencia frente al mal. Las primeras palabras de su ministerio público fueron: "Perdón, porque el reino de los cielos está cerca. (Mateo 4:17) En esta declaración, Jesús nos está diciendo que el fin del reinado indiscutible del mal de oscuridad y destrucción está llegando a su fin. En su enseñanza, sus milagros y, sobre todo, en su viday muerte, está llegando un nuevo día. La batalla del bien y del mal, el conflicto constante del amor y el odio, la enfermedad y la salud están ahora en una etapa final. La proclamación del reino por parte de Jesús es el principio del fin. La justicia y la paz, como el grano de mostaza, prevalecerán en última instancia en esta transformación. Jesús dará el golpe final a la muerte en su resurrección.

Estamos llamados a arrepentirnos. Necesitamos abrir nuestros corazones a esta realidad cambiante en la humilde aceptación de nuestra pecaminosidad y el llamado misericordioso de Dios a una nueva vida.

En la historia de la llamada de los primeros discípulos, Jesús nos dice que tenemos un papel en la venida del reino. Nuestra participación es crítica para nuestra salvación. La vida del fiel discípulo de Cristo es básicamente una aceptación de corazón abierto del llamado de Dios al amor que es el reino.

A los primeros discípulos vemos salir de sus barcas y aparentemente todo lo demás, tenemos un modelo de nuestro llamado personal a estar con Jesús. Al igual que Pedro y los demás, la llamada inicial es extremadamente importante. Sin embargo, la historia del Evangelio nos mostrará que la "llamada de Jesús" es un evento que se repite siempre expandiendo la prueba de nuestra generosidad. Aparentemente nunca se termina. Nuestros horizontes nos mantienen inquietos en nuestra búsqueda de seguridad y estabilidad. En Pedro, tendremos un espejo para ver la profundidad de nuestro compromiso que continuamente se queda corto. Su historia es un maravilloso ejemplo de la necesidad de humildad siempre buscando la liberación del engaño, la ceguera y la ignorancia.

Jesús revela la insistencia inquebrantable de Dios. Al mismo tiempo, encontramos una demostración igualmente eficaz de la paciencia y la misericordia de Dios. A pesar de nuestra ambivalencia humana, el llamado divino persiste suavemente. Nuestro fiel caminar con el Evangelio de Mateo nos ayudará a ser fieles al llamado del reino este año.
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SEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO


Juan 1: 29-34 

Estimados amigos, San Mateo es nuestro guía conforme caminamos con Jesús en el inicio del tiempo ordinario de nuestro año litúrgico. Yo siempre miro hacia adelante por un nuevo viaje que es el mismo, pero siempre más profundo, siempre más invitador conforme crecemos más en nuestra madurez personal y en nuestra fe.
Hoy, sin embargo, empezamos con San Juan y no solamente con Juan, sino que aparentemente la misma historia que tuvimos la semana pasada sobre el encuentro de Jesús con el Bautista. Esto significa que necesitamos ir más profundo por el mensaje de la versión de Juan sobre el bautismo para entender cómo se conecta con el viaje de San Mateo.

Una nota sobre el evangelio de San Juan será de ayuda. Juan fue escrito muchos años después que los otros evangelios. Tiene una comprensión más profunda y más madura de la identidad de Jesús. Esta es una de las razones por las que es muy diferente de los otros evangelios.

Juan se dio cuenta que Jesús fue la más completa y la más perfecta revelación de quién es Dios. En la persona de Jesús, tenemos ese glorioso descubrimiento.

Ver a Jesús es ver a Dios. La declaración de hoy de “Yo soy” el cordero de Dios es la primera de muchas. Todas ellas son revelaciones directamente de Dios en la persona de Jesús. Este es uno de muchos títulos que Juan le da a Jesús tales como la Luz del Mundo, el Agua Viva, el Pan de Vida, la Vida y la Resurrección, y por supuesto, el Camino, la verdad y la vida.

Este es un segundo punto en Juan que es de mucha ayuda conforme empezamos nuestro empeño con Mateo. Este título “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” este título lleva a una expectativa mesiánica en una forma diferente. No fue el libertador nacional o la persona con poder político y económico. Fue el comienzo de una transformación de la idea de salvación y la naturaleza del Mesías que fue mucho más significativa y más rica y más universal que la anticipación común de la gente en el tiempo de Jesús. Las semillas del Mesías sirviente y sufriente fueron sembradas justo desde el inicio.

Nosotros aún luchamos con la idea de un Mesías crucificado más que con un “Hazme sentir bien Jesús” también en nuestros días. Aún somos mucho más propensos a ver a Dios como la respuesta a nuestros problemas más que como al Dios que nos librará del egoísmo y nos llevará a servir y a entregarnos en el camino a Jerusalén con Jesús.

El mensaje del evangelio de hoy es claro y al punto. Jesús es la plenitud de la revelación de Dios. Él nos llevará en el viaje a la salvación. Necesitamos ser fieles a su llamado porque Él tiene la respuesta a los anhelos más profundos del corazón humano.

Conforme empezamos el viaje con San Mateo, necesitamos saber que la respuesta a nuestra búsqueda es una apertura a la llamada de Dios en la persona de su Hijo. Jesús es el Cordero de Dios que nos guía a la libertad del mensaje del evangelio de la Buena Nueva. Esto es por lo que la iglesia nos invita a empezar con este pasaje al inicio del evangelio de Juan, un panorama de Cristo que es fuerte desde el mero principio.

Así como los discípulos caminaron los caminos polvosos de Galilea, nosotros también, tenemos la oportunidad de caminar una vez más con el Hijo de Dios hecho Carne y nos llama a salir de la oscuridad a la luz.

El estribillo del Salmo responsorial captura esta imagen del cordero de Dios para nosotros. Jesús es el siervo, el siervo sufriente por un mundo roto y pecaminoso. Él ha venido a liberarnos de las consecuencias del pecado que es nuestra herencia por el pecado original. También estamos llamados para ser sirvientes en la causa de la salvación. El Salmo tiene la respuesta para nosotros: Aquí estoy Señor, para hacer tu voluntad.
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EL BAUTISMO DEL SEÑOR


Mateo 3: 13-17 

Estimados amigos, San Mateo inicia la vida pública de Jesús con el bautismo del Hijo de Dios. En lugar de la reticencia del bautista para bautizar, Jesús le dice a Juan que siga con el ritual público. Dios tiene un plan y el bautismo se ajusta en ese esquema divino. Dios quiere que Jesús comparta la experiencia humana incluyendo el ritual del arrepentimiento que Juan estaba celebrando. Por su deseo de ser bautizado, Jesús estaba mostrando un deseo de acoplarse a la realidad humana. Esto fue una realidad en el continuo conflicto del bien y el mal, pecado y gracia. Ultimadamente, la profundidad de este compartir lo llevará a la muerte en la cruz.
Mientras tanto, en el evangelio de Mateo somos llamados a caminar con Jesús una vez más en nuestra vida y en el año litúrgico. Aunque nosotros conocemos la historia de Jesús, nunca la conoceremos suficientemente bien. De igual manera, necesitamos traer la historia a nuestra experiencia, una historia que siempre está entrando a nuevas etapas demandantes en nuestro viaje. San Mateo presenta a Jesús como nuestro guía.

En el pasaje del evangelio de hoy escuchamos al Padre compartiéndonos su amor por su amado Hijo. Necesitamos permitirle tocar nuestro corazón e iluminar nuestra mente, nosotros podemos ser iluminados al compartir este amor entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Lentamente, este encuentro continuo nos dirigirá hacia la libertad de la verdad y la nueva energía del amor que solamente Jesús puede dar.

Estamos invitados a recordar nuestro propio bautismo en esta fiesta del bautismo de Jesús. Nuestro bautismo es un compromiso sagrado que con frecuencia tendemos a olvidar. Este recordatorio debería animarnos a re comprometernos para caminar con Jesús en su papel se siervo. El llamado de la justicia debería inflamar nuestros corazones para estar presentes para todas las necesidades de nuestro prójimo. Debería derramar una luz sobre las demandas de nuestra relación dadora de vida y nuestras responsabilidades. Es un llamado a ser un sanador, un reconciliador y un proclamador de la Buena Nueva en imitación de Jesús.

Nuestro bautismo es una iniciación al servicio como un decreto del evangelio. Como Jesús, estamos llamados a escuchar el clamor de los pobres y de la tierra. Como Jesús, estamos llamados a alcanzar a aquellos en necesidad en medio de nosotros. Como Jesús, vamos a ser una presencia sanadora en medio de un mundo conflictivo.

Como Jesús, vamos a extender una mano de bienvenida y un corazón de bienvenida a todos. Es es nuestro llamado del bautismo. Esta es nuestra unión sagrada a Jesús que debe seguir profundizando por una vida de responsabilidad del evangelio que es energizada al morir a uno mismo.

Cada semana en la versión de San Mateo de la historia de Jesús seremos llamados a darnos cuenta de forma gradual que somos amados más allá de nuestros mejores sueños. Este amor, si es abrazado libremente, nos liberará para viajar a nuestro propio Jerusalén donde podemos morir y así podemos vivir y dar vida a todo.
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EL FALSO SER Y EL VERDADERO SER-2

INTRODUCCIÓN 

Esta es la segunda de once reflexiones sobre la enseñanza de Tomás Merton sobe la dinámica del verdadero yo y el falso yo. Esta relación de conflicto, pero iluminadora, impregna la enorme cantidad de escritos sobre vida espiritual de Merton. El punto básico del conflicto es el empuje del individuo de alejarse de Dios y luego acercarse de Dios que es el último y verdadero destino. La experiencia de Merton de las consecuencias del pecado original es dura en su intensidad. Esta es la tarea del falso yo. Al mismo tiempo, el empuje del verdadero yo, el siempre presente llamado al personal y apasionado amor de Dios, es mucho más poderoso. El corazón humano es el campo de batalla de esta confrontación aparentemente sin fin.

La enseñanza de Merton sobre la dinámica del falso yo y el verdadero yo es un regalo verdaderamente maravilloso para nuestro viaje espiritual. Sin embargo, demanda de alguna comprensión básica de nuestra verdadera meta en la vida. Lo primero y principal es que debemos darnos cuenta que nuestro merecido destino es la unión con Dios. Para esclarecer esta meta, la que con frecuencia distorsionamos al hablarle al cielo, necesitamos apreciar varios puntos básicos.

  • Estamos incrustados con un feroz empuje al egoísmo y al pecado por nuestra herencia del pecado original.
  • Estamos en necesidad de una purificación y transformación para romper ataduras de nuestra condición pecaminosa.
  • El llamado del mensaje del evangelio de Jesús es un movimiento constante que nos aleja de las falacias del falso ser hacia la libertad salvadora del verdadero yo.
  • El verdadero destino de nuestra vida espiritual es abrazar esta lucha de romper las ataduras de la esclavitud del falso yo. Esto significa que nací con una máscara, cuando no que con una serie de máscaras. El movimiento hacia la verdad significa aplastar todas las máscaras y aceptar mi identidad verdadera.
  • Solamente alcanzamos la victoria final y total del verdadero yo ya sea en la contemplación o en el día de la muerte. La mayoría de las victorias positivas en nuestra vida son como mucho parciales e incompletas, en su movimiento lejos del poder del falso yo.

En muchas maneras, Merton anticipó el acercamiento de lo que es la encarnación en la espiritualidad a la que nos llamó el Concilio Vaticano II. Él enfatizó la experiencia humana como la fuente y lugar de nuestra experiencia de Dios. Él vio la voluntad de Dios en las demandas concretas de la vida diaria. Dios está buscándonos en cada circunstancia de nuestra vida. Por parte de Dios, siempre hay un llamado para amar. Puede ser en la alarma del reloj por la mañana, en la emoción de un pequeño juego de la liga, puede ser en un momento de crisis en una sala de emergencias, o en la alegría de una cena de Acción de Gracias o el dolor y al mismo tiempo alegría de un nido vacío. Dios está presente con un llamado a la vida y al amor en todo momento y circunstancia. Toda vida es gracia y una convocatoria al verdadero yo.

De acuerdo con Merton, cuando hablamos de “yo”, con frecuencia nos referimos a lo superficial, empírico y valores externos del falso yo. Todas las muchas características del falso yo son engaño porque son contingentes. Esto significa que pasarán con la muerte. Esta es una lección larga y dura de aceptar para nosotros. Un ejemplo maravilloso de esta verdad es la historia de Jesús sobre el hombre que tenía que construir graneros nuevos y así podía perseguir la libertad ilusoria de su nueva seguridad, cuando de hecho, solo le quedaban pocas horas de vida. (Lucas 16: 15-21)

Este trascendente “yo” que se fija en el lugar central en nuestra conciencia es como mucho, una máscara que disfraza el abismo entre el falso yo y el verdadero yo. Merton dice que esta decepción profundamente enraizada que impregna nuestra vida va a pasar como el humo que fluye de una chimenea.

La verdadera tarea en nuestra vida es una conciencia creciente de lo que es real. Demanda romper con la sabiduría convencional que es un singular tropiezo al poder liberador del Evangelio. Vivimos en una oscuridad que pensamos que es luz. Es un camino extenso y desafiante que lleva hacia Jesús, que es La Luz del Mundo.

Casi todo, en nuestra sociedad consumista habla de valores contrarios al mensaje de Jesús. Necesitamos aplastar la fuerza de la mentalidad que ve seguridad en nuestras posesiones, un deseo constante de parecer más joven, un empuje por una búsqueda interminable por encontrar la medicina que nos asegure la inmortalidad. La batalla del falso yo y el verdadero yo llevará a un reconocimiento de la desesperada necesidad de autoconocimiento y una transformación impresionante de conciencia que nos lleva a ver nuestra realidad a través de los ojos del evangelio.

Estos cambios abrirán la caja de Pandora para nosotros. Nuestros prejuicios arraigados profundamente saldrán a la superficie en plena luz del día para nuestra consternación. Lentamente, aprendemos que todos los ídolos no estaban limitados solamente al Antiguo Testamento. Los ídolos de nuestro autoengaño que nos hacen el centro de la realidad son muchos y siempre están presentes en nuestra vida. Ellos incluso se muestran en la “respetable” práctica de la religión. Lentamente aprendemos que nuestro viaje de fe con frecuencia es cuestión de conveniencias más que de convicción.

Romper ataduras de la sabiduría convencional de una religión cómoda, quedamos estupefactos al saber que ser “buen cristiano” es verdaderamente un camino a Jerusalén. Como los primeros discípulos, necesitaremos viajar en una fe que debe enfrentar malos entendidos, confusión y dudas. El verdadero Jesús está evolucionando de esa caricatura de Él que hemos atesorado por tanto tiempo. Nuestras muy apreciadas esperanzas y ambiciones se están desintegrando justo frente a nuestros ojos. Los preciosos deseos de respeto y reconocimiento, seguridad y aceptación, lentamente se desvanecerán de nuestras perspectivas. Empezamos a reconocer a nuestro Dios en la debilidad, en el rechazo y la devastación total del Cristo crucificado. El pasaje del falso yo al verdadero yo es realmente una experiencia aplastante.

Este pasaje es un momento de transición profunda en nuestra vida. El placer, el éxito, la salud, el dinero e incluso la vida en sí, todo toma un sentido de valores menores. Eventualmente, tenderemos que trascender el dolor, el sufrimiento y la muerte. Todo esto nos lleva a abrazar el llamado amoroso de Dios a la vida que es eterna.

Esta victoria es posible porque en lugar de las consecuencias penetrantes del pecado original, la Gracia de Dios es más poderosa, más universal y más sobrecogedora. Dios no quiere nada más que aceptemos el amor de Dios y su misericordia como el florecimiento pleno del verdadero yo.

CONCLUSIÓN
En el principio fue establecido cuán importante es entender claramente que nuestra meta final, no negociable, es la unión con Dios, un llamado que es eterno. Nuestra vida debe ser una búsqueda constante para vivir los valores de verdadera justicia, misericordia y amor. Esta es la voluntad de Dios para nosotros. Nuestro crecimiento espiritual develará la presencia de Dios en nuestras vidas diarias. Eventualmente veremos la importancia absoluta de nuestras relaciones y responsabilidades diarias. Ellas contienen el oro de la voluntad de Dios en concreto. Ellas serán una constante llamada para alejarnos del egoísmo; lejos del dominio del falso yo. Estos compromisos para con nuestro llamado diario a amar y a servir serán una invitación creciente a alejarnos de las cosas insignificantes de la vida hacia la sustancia del Evangelio. El amor y misericordia de Dios se vuelven los medios para nuestra aceptación del verdadero yo. Toda esta búsqueda por la vida y la verdad es mejorada por medio de un compromiso para una oración personal profunda.
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EPIFANIA

Mateo 2: 1-12 

Estimados amigos, Las narrativas de la infancia de Jesús en los capítulos I y II son llamados mini evangelios. En ellos se afirman tres puntos básicos de la Buena Nueva de la salvación: 

  1. Dios quiere la salvación para todos;
  2. Jesús es el tan esperado Mesías Salvador; 
  3. La misión es para el mundo entero con todas sus variaciones de lenguaje, culturas y razas.
Jesús les habla a todos los pueblos. Esto incluye un mensaje de sabiduría a toda variante de edad, situación de vida, cultura y dones individuales. Todos son bienvenidos a la mesa de la vida y la salvación por el Pan de Vida. Todos somos iluminados por la Luz del Mundo.

La Epifanía es conocida comúnmente como la fiesta de los tres reyes magos. El texto de las escrituras no dice nada sobre el número tres. Tampoco hace mención de que eran reyes y no habla de su raza. Estas son unas de las varias expresiones culturales desarrolladas con el paso de los siglos. El mensaje del Evangelio de la fiesta es sobre la universalidad de la Gracia salvadora de Dios y su amor. Todos los pueblos están invitados al banquete celestial.

Las expresiones culturales y folclóricas siempre han enriquecido la proclamación del evangelio. Con frecuencia, estas adiciones han sido iluminación para el mensaje básico de salvación, por otro lado, el mensaje también ha sido ampliamente distorsionado con exageraciones de piedad e incluso con algunas contradicciones enraizadas en prejuicios y cultura nacional.

Una de las mayores esperanzas del Concilio Vaticano II fue llevarnos de regreso al mensaje central del evangelio, para poner a Jesús en el centro. Uno de los desarrollos más importantes de esta reunión ocurrió una década más tarde cuando el Papa Pablo VI nos dio uno de los documentos papales más grande de todos los tiempos sobre el tema de la evangelización. Pablo VI señaló que el mensaje del evangelio nunca está libre de expresiones culturales pero que tenemos que trabajar siempre para ir más allá de cualquier expresión particular ya sea nacional o racial que limite el evangelio.

Ya sea el desfile del Día de San Patricio o la celebración de la Virgen de Guadalupe, el Cristo Negro de Esquipulas o la celebración de Nuestra Señora de Lourdes; todas tienen su propio empuje para limitar el mensaje del evangelio a una visión parcial de un grupo o nación. La fiesta de hoy de la Epifanía nos abre a la universalidad. Estamos invitados a incluir a cada uno. Esto no es un desafío pequeño.

En el centro de la fiesta de hoy no están los tres reyes, sino la verdad elusiva que todos los seres humanos compartimos: una dignidad común y un destino. Todo ser humano está llamado a la unión con Dios. Hay un evangelio de inclusividad que es un desafío sin fin para los seguidores de Cristo. Nuestro gran obstáculo es la interminable manera en que dividimos y degradamos, con frecuencia en el nombre de Jesús.

Jesús proclamó incesantemente la dignidad de la mujer y de los niños, Jesús constantemente atacó el pecado, la enfermedad, la etnicidad como barreras a la unidad común de todos. La iglesia y todas las religiones e ideologías han luchado duramente a través de la historia incluso hasta estas noticias matutinas con este llamado a la aceptación universal.

El evangelio de hoy dice que el cuento de los magos es mucho más que un lindo cuento sobre unos visitantes extranjeros que vienen de forma inesperada a una familia pobre. Los magos son un símbolo de la universalidad de la salvación. Este es un mensaje de buenas nuevas que nos informa que este niño es el tan esperado Hijo de David, el gobernador prometido y el salvador de Israel. Él abrirá el regalo de la salvación para todos los pueblos. Nadie necesita una visa o una tarjeta verde o papeles de residencia en el pesebre. ¡Todos son bienvenidos!

El evangelio de hoy nos dice que no necesitamos viajar lejos para buscar a Jesús. Los lugares exóticos no tienen que ser parte de nuestra búsqueda. La Epifanía, la revelación de Jesús, siempre tiene lugar en medio de nuestra vida. Jesús está alrededor de nosotros. Necesitamos mirar con fe para abrazarlo en nuestros hermanos y hermanas, especialmente entre los necesitados y los pobres que hay entre nosotros.

Hace algunas cinco décadas, el Concilio Vaticano II aclaró la verdad de esta fiesta en esta bella y visionaria declaración:

“Las alegrías y esperanzas, el dolor y la angustia de la gente de nuestro tiempo, especialmente los pobres y afligidos en alguna manera, son las alegrías y esperanzas, el dolor y la angustia de los seguidores de Cristo también. Nada genuinamente humano falla para encontrar un eco en sus corazones.” Gaudium et Spes, diciembre de 1965.
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LA SAGRADA FAMILIA

Mateo 13: 19-23 

Estimados amigos, El mensaje fundamental de nuestra temporada de navidad es que “El Verbo se hizo carne” (Juan 1: 14) el énfasis no es la historia de Jesús bebé, es sobre la humanidad develando la divinidad, es sobre la gracia y el amor entrando a un mundo pecaminoso. Las paradojas del Evangelio penetran en las narrativas de la infancia de Lucas y Mateo. Lo divino que se vuelve humano expone el empuje incesante del nacimiento y la muerte, la inocencia y el sufrimiento. Esta es la luz y el camino para nuestro viaje en nuestra búsqueda de Dios.

Los asuntos de cada familia, relacionada con las vastas diferencias culturales de las relaciones de esposos y la de los padres con los hijos lo encontramos en la sagrada familia. Fue por medio de la institución de la familia que Dios eligió relacionar a la humanidad. Jesús aprendió a vivir y a amar en sus relaciones con María y José. A pesar del impacto y juicio de ser refugiados e inmigrantes y el horror de inimaginable violencia en los Santos Inocentes, el amor abrió un camino para ellos.

Mateo tiene un mensaje adicional más allá de las relaciones de familia de ellos tres, él trató de ofrecernos un prólogo del Evangelio. Jesús iba a resumirlo en la dramática historia de su infancia, la historia de salvación de Israel. En este modo Jesús estaba modelando y guiando la expectativa mesiánica de Israel.

Hay tres historias en la narrativa de la historia de Mateo: el escape a Egipto, la masacre de los inocentes y el regreso de Egipto hacia Nazaret. Todas ellas reflejan una experiencia particular del Pueblo Elegido y Moisés.

Nuestra fe nos llama a aceptar a Jesús como verdaderamente humano. En esta humanidad genuina Él crece como nosotros. Él era parte de una familia, una verdadera sagrada familia. Fue en el contexto de la relación de esta familia que Jesús aprendió que Dios lo destinó a ser. En su papel de salvador, Jesús supo cómo responder a la vida y a sus muchos misterios del bien y el mal en el calor y aceptación de sus amorosos padres, María y José.

El mensaje para nosotros hoy es claro. No importa cuales sean las variaciones culturales y los límites, la familia es la escuela del amor. Todas nuestras relaciones fundamentales y responsabilidades son filtradas por medio de la base fundamental de la experiencia de una familia que nos da nuestra identidad personal. Nuestra tarea es construir sobre buenos puntos y eliminar los elementos de egoísmo y derecho para permitir que el amor fluya abiertamente en lugar de conflictos inherentes. El privilegio y el poder en la vida familiar tiene que dar paso a la aceptación, al servicio y la humildad si esperamos seguir creando una vida alegre y significativa para todos.

José y María se encontraron empapados en confusión y desconcierto. Ellos estaban desarraigados, empobrecidos, exiliados, amenazados y aislados, todo en cuestión de semanas. Todo esto fue el resultado de un niño prometido para ser el salvador. Solamente el compromiso más profundo de fe y confianza les permitieron seguir en la lucha. Ellos no estaban siguiendo un guion. Ellos estaban viviendo aparentemente una tragedia de una profundidad monumental. Necesitamos ponderar la belleza de su sencillez y generosidad en medio de una situación que desafiaría nuestras vidas.

La fiesta de hoy nos invita a entrar en este misterio de oscuridad y dolor. Estamos invitados a traer nuestra historia de lucha familiar para encontrar luz y dirección. El mensaje fue eventualmente claro para María y José como será para nosotros conforme caminamos en la fe. Dios está con nosotros no importa que tan desesperadas sean las circunstancias. “El Verbo se hizo carne” y somos obsequiados con el mejor de todos los regalos, ¡Emmanuel! ¡Dios está con nosotros!
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REFLEXION DE NAVIDAD 2025



Conforme celebramos este día de navidad la verdad es que no tenemos ningún lugar en la tierra y no hay ningún individuo que esté libre de las consecuencias del pecado de nuestros primeros padres descrito en Génesis. Es tan extraordinariamente claro que necesitamos salvación. Donde quiera que miremos, sea lejos o cerca, necesitamos paz. Necesitamos reconciliación. Necesitamos justicia. Necesitamos misericordia y compasión.

Dios sabe esto y Él ha enviado a su Hijo para comprometernos en la conversación que traerá esta sanación y esta libertad que es lo que celebramos este día de navidad.

En el evento más consecuente en la historia, el Verbo se ha vuelto carne. Cuando perdemos de vista al Niño que se vuelve uno de nosotros también perdemos otro punto consecuente. Estamos llamados a volvernos uno con el sobrecogedor misterio que es amor, el Dios de Abraham. Nos estamos perdiendo en la oscuridad en este gran día luz, nuestra celebración rápidamente se opaca en una ilusión pasajera.

Poner a Cristo atrás en la navidad es seguramente el deseo de la mayoría de los cristianos. La intensidad de los “Black Fridays” y de los “ciber lunes” parecen nunca terminar. Es verdaderamente difícil traspasar el mensaje de “comprar hasta desmayarse” a un nivel personal un gran número de personas trata de balancear el gran comercialismo y el significado de las escrituras de la festividad. Una honesta e inteligente lectura de las escrituras abre el abismo entre nuestras celebraciones y el gran misterio de la fiesta. El verdadero mensaje radical en Lucas y Mateo del nacimiento de Jesús va muchísimo más allá del pegadizo eslogan “Poner a Cristo atrás en navidad”, estaos atrapados en una adivinanza de la increíble presión cultural de la conquista comercial de la navidad y el sencillo acto sobrecogedor de amor que es el Verbo hecho carne.

Perdemos el punto de la navidad si no abrimos nuestros ojos al mal que está en nuestra puerta y en nuestro corazón. La navidad nos invita a compartir el romper el dominio completo de la oscuridad al abrazar la luz que es el Verbo hecho carne. El mensaje oculto frecuentemente es que estamos llamados no solamente a celebrar la luz. Necesitamos volvernos la luz para traer esperanza a nuestro mundo destrozado por la manera en que vivimos.

En nuestras liturgias de navidad usamos el Evangelio de Lucas, Mateo y Juan. Nosotros hemos creado una descripción sentimental y florida del nacimiento en Belén que distorsiona la historia de Lucas. La versión comúnmente aceptada esconde el desarraigo, pobreza y el profundo desconcierto de María y José. ¿Cómo podría Dios permitir que su Hijo entrara al mundo en tal destitución?

Nuestra “Noche de Paz” es la interpretación sentimental del evento que deja poco espacio para el verdadero mensaje de Lucas, y prácticamente nada de espacio para la descripción de la historia de Mateo. Ambos evangelistas nos están invitando a ir a la más profunda y más verdadera dimensión de nuestra realidad, una gracia que está siempre llamándonos a salir de la oscuridad y entrar en la luz. La descripción cruda y desafiante de los evangelistas del nacimiento ofrece un telón de fondo adecuado para la última conversación de Dios con una humanidad quebrantada en la persona de Jesucristo.

Un punto importante para recordar es que ambos, Mateo y Lucas describen el nacimiento de Jesús como una obertura para el mensaje completo del Evangelio. El Niño en el pesebre es el inicio de un viaje que lleva al Mesías en la cruz. Dios nos habla en ambos eventos que son una realidad: el amor salvador de Dios por nosotros. Unas pocas culturas captan esta profunda verdad al usar la madera del pesebre para la madera de la cruz en la celebración de su Viernes Santo. La historia de Mateo enfatiza la conexión de el nacimiento de Jesús con el anhelo judío por el Mesías como el hijo de David. Este Mesías en Mateo es Emmanuel, Dios con nosotros. La reacción al nacimiento, visto en el esfuerzo de Herodes por manipular a los Reyes Magos, anticipa toda la intriga y la violencia que sucederá en el viaje al Gólgota.

Mientras que Lucas tiene un elemento fuerte de canto y alegría, la nota sombría en Mateo sigue en el exilio a Egipto y la matanza de los inocentes. El niño de María evita el sacrificio por intervención divina solamente para enfrentar la voluntad del Padre en el Huerto.

La versión de Mateo del conflicto del bien y el mal enfrenta a la Sagrada Familia y a Herodes. Vuelve el momento hacia atrás a Moisés y el faraón y mira hacia adelante hacia la muerte salvadora que termina en la resurrección. El mundo que Mateo está retratando en el nacimiento de Jesús es un retrato de nuestro mundo hoy con nuestra no bienvenida a los migrantes y la esclavitud sexual, pandillas y abusos en las familias, gran injusticia en la distribución de la riqueza y enorme inversión en armas, la siempre presente maldición del racismo todo cristalizado en la guerra de Putin y el horror que vive la gente de Gaza. Y encima de todo, difícilmente tenemos un noticiero que no empiece con los estragos del cambio climático.

Desde el momento de su llamado para ser la madre, María enfrentó la ironía de expresar alegría y maravilla en su corazón contra la continua desorientación, confusión y total desplazamiento de sus planes y eventos en su vida diaria.

Ambos, Mateo y Lucas están dirigiendo la pregunta que invade los evangelios: ¿Qué clase de Mesías será Jesús?

Nuestra celebración cultural y comercial de la navidad está llena con una respuesta que Jesús desafiaba en todos los momentos de su vida, ministrar y enseñar y especialmente en su muerte y resurrección. Él no será un Mesías aislado de los pobres y los marginados. Él no estará envuelto en riqueza y poder. Él será un Mesías de sacrificio y servicio envuelto en ropas humildes. La salvación que ofrece Jesús como un Mesías sufriente no es de la que se arregla fácil. Es una salvación que llama a nuestra purificación y entrega llevando a una transformación personal y aún a un lavado de pies de nuestro vecino en necesidad.

El mensaje de Lucas de esperanza y alegría es más maravilloso en el contexto de este mensaje completo del evangelio.

A pocos meses antes de su muerte el arzobispo Romero captó la profundidad espiritual de la navidad. Él dijo, “Hoy, recordamos que el reino de Dios está ahora en este mundo, y que Cristo ha inaugurado la plenitud de los tiempos. El nacimiento de Cristo testifica que Dios está ahora marchando con nosotros en la historia – que nosotros no estamos solos, y que nuestra aspiración por la paz, por la justicia, por un reino de ley divina, por algo es santa y está lejos de las realidades de la tierra. Sin embargo, podemos esperar todas esas cosas, no porque los seres humanos seamos capaces de construir ese reino de santidad que proclama la sagrada palabra de Dios sino porque el constructor de un reino de justicia, de amor y de paz ya está con nosotros, en medio de nosotros.”

Estas palabras, en el mensaje de navidad de esperanza, me llevó a mi historia de navidad que experimenté hace algunos años. Yo estaba en la estación de policía llenando un reporte sobre mi teléfono que fue robado. Esperando por mi reporte, una madre joven y su bebé de seis meses se sentaron cerca de mí. Yo le compartí cómo es de loco perder tu teléfono. Ella respondió, “si tú quieres saber lo que es loco, necesitas tener un esposo violento y abusivo. En nuestra conversación supe que ella era inmigrante de un país musulmán, viviendo en Estados Unidos por dos años y medio. Aún cuando los dos todavía vivían en el mismo edificio, la situación entre ella y su esposo es tan mala, que ellos deben intercambiar al niño en la estación de policía. Esto sucede cuatro días a la semana cuando ella va a la escuela. Ella está sacando un doctorado en psicología clínica.

Lo que me atrapó de esta escena fue cuan esperanzada estaba ella a pesar de ser una mujer abusada, una inmigrante musulmana y la madre de un bebé en un matrimonio fallido.

Era obvio para mí que el mensaje de esperanza y la gracia del Niño de Belén es para toda la gente y en todo momento aún si ellos no tienen la “etiqueta” de cristianos. El Verbo hecho carne ha expuesto una realidad impregnada con vida y amor para toda la gente en todos los tiempos no importa que tan desafiantes sean las circunstancias.
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CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO

Mateo 1: 18-24

Estimados amigos, No importa cuanto lo intentemos, realmente es una batalla cuesta arriba tratar de entender la frase “Jesús es la razón de la temporada”

En el paso de nuestras vidas hemos sido recipientes de billones sobre billones de dólares en propaganda para sumergirnos en la idea empaquetada de una navidad comercial. Es una sutil y atractiva tentación. Al final, sin embargo, muy poco o nada tiene que ver con el Cristo de los Evangelios.

En la oración de entrada de la liturgia de hoy, la iglesia, como una voz en el desierto, está llamándonos a volver a Jesús, en la belleza y maravilla crudas del mensaje del evangelio. Nos dirige a poner cuidado al mensaje del ángel sobre la encarnación. Luego, casi en un chocante contraste para la visión que tenemos de esta temporada, nos tiene orando “Por su pasión y su cruz sea llevado a la gloria de su resurrección.”

Es un mensaje que corta a través de lo malo y la decepción. Nos dice que si realmente vamos a entrar en el misterio del bebé en el pesebre, necesitamos aceptar la totalidad del mensaje. Esto de hecho solamente es posible al aceptar al Cristo crucificado y resucitado. En esta visión más amplia, somos capaces de entender la verdad genuina de la experiencia de Belén. Es el comienzo de la batalla final del bien y el mal que abre la oscuridad de nuestras vidas y del mundo a una nueva luz del mundo que es Cristo.

En este acercamiento al misterio de la navidad, el 26 de diciembre o cualquier otro día del año no es una decepción tener que limpiar el desorden dejado por el evento comercial. La verdadera experiencia de la navidad nos envuelve en un mensaje de esperanza cada día.

De manera que hoy, en este domingo final antes de la navidad, estamos invitados a ponderar claramente dos frases confortantes y reveladoras en nuestras lecciones de las escrituras.

En la historia del evangelio de hoy las dos frases son, “No teman” y “Emmanuel” que significa Dios con nosotros. Estas frases marcan el cambio en el enfoque del mensaje de adviento. La encarnación del tiempo de navidad que se aproxima se está moviendo al centro del escenario. Cada una de las lecturas de hoy es sobre este tema. Emmanuel nace en este tiempo para estar para siempre con su pueblo como la nueva presencia de un Dios amoroso y salvador.

Mientras que la frase “No teman” es usada más de trescientas veces en las escrituras, las narrativas de la infancia según Lucas y Mateo transmiten esta expresión cuatro veces. Siempre está relacionada con la presencia de apoyo de Dios en una situación de desafío tal como el dilema de José con el embarazo de María.

Justo como la casi destructiva ambigüedad que María y José enfrentaron, nuestras vidas nunca están libres de las consecuencias del mal. Enfermedades, ignorancia, prejuicio, violencia y odio vienen a nosotros en todas las maneras y formas. Esta es la realidad de vivir con la aparentemente interminable batalla del bien y el mal en los eventos de nuestro diario vivir. Ni bien se había reducido el COVID a solo una amenaza, cuando ya teníamos encima la guerra de Putin y Ucrania o la violencia aparentemente sin fin en el Oriente Medio. Estos horrores increíbles nos confrontan con la carnicería humana, la destrucción del medio ambiente, amenazas de desastres nucleares, y el desperdicio de todos estos recursos a la negligencia del pobre y el hambriento. Esta gran manifestación del mal afecta a cada persona.

“Emmanuel” revela la fidelidad de Dios y el involucramiento en toda la realidad humana. Dios está siempre presente llamándonos a entrar en el misterio de la nueva vida y del nuevo amor en medio del mal. En este cuarto domingo de adviento, empezamos a recordar el gran evento de Dios que se vuelve humano en la persona de Jesús. Esta es la última revelación del involucramiento salvador de Dios en nuestro mundo quebrantado. Nuestro desafío es estar abiertos y receptivos a la llamada en los términos de Dios.

Mientras “No teman” y “Emmanuel” son declaraciones profundamente confortantes, María y José necesitaron de todo el apoyo que pudieran obtener. Si usted puede hacer un análisis mínimo de su situación, el desafío para su relación era enorme. En todo momento la prometida dice que quedó embarazada del Espíritu Santo, ¿A dónde va el diálogo después de eso? Agregue el hecho de que el niño va a ser el salvador de su pueblo, la única gracia salvadora tendría que ser la intervención divina. Eso es lo que sucedió.

María y José tuvieron que ir muy profundo en la confortación y reasegurar el mensaje del ángel para darle cualquier tipo de sentido a la realidad de su pobreza y el desarraigo que iba a ser parte de la crisis que los rodeaba. Realmente los desafiaba mirar con fe al bebé que necesitaba un cambio de pañal y ver esperanza para el mundo.

En este cuarto domingo de adviento cuando recordamos la maravilla de Dios volviéndose de carne, estamos invitados a abrazar el gran regalo de “Emmanuel”. Dios está con nosotros en amor, misericordia y gracia salvadora en la persona de Jesús, el hijo de María. Nuestro desafío es responder a este llamado de amor en los términos de Dios.

Para María fue sólo el comienzo de un largo viaje de confusión y soledad. Solo su fe y confianza podrían confortarla en medio de una serie perpleja de eventos que ultimadamente la trajeron al pie de la cruz.

Cuando piensas en eso, es similar a nuestro viaje. No es de maravillarse que la gran oración de adviento sea tan relevante para nuestra vida. “¡Ven Señor Jesús!”
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EL FALSO SER Y EL VERDADERO SER-1

El Regalo de Merton que lleva a la oración personal profunda 
Hace poco, tuve la oportunidad de leer, reflexionar y orar con algunos de los maravillosos libros de Thomas Merton. Él fue definitivamente una persona prominente como erudito y como figura profética en el siglo XX en América.

La mayoría de sus escritos tienen que ver con una espiritualidad más avanzada. Yo siempre estoy en busca de reunir información para ayudar a la gente en el inicio del viaje de la oración personal profunda. Encontré dos temas que verdaderamente se ajustan al mensaje para mis blogs en las primeras etapas de la oración.

Estos dos temas son: la definición de Merton de lo que es oración y su enseñanza sobre el falso yo y el verdadero yo. En estas dos materias Merton señala hacia la importancia para alcanzar la meta final de la oración, la contemplación. Me gustaría ofrecer una serie de reflexiones sobre estas visiones tan importantes de Merton. Los dos temas de Merton son de ayuda sobresaliente en las etapas iniciales de la búsqueda por la oración personal profunda.

En un breve análisis de los dos temas, espero describir cómo ellos se conectan con algunos de los factores más significativos que ayudan al crecimiento en la oración personal profunda.

Definición de Oración de Merton

Desde el inicio de mis escritos sobre oración personal profunda, que empezó hace casi diez años, he usado la definición de Merton de lo que es oración. “Oración es un anhelo por la conciencia de la presencia de Dios, una comprensión personal de la Palabra de Dios, conocer la voluntad de Dios y tener la capacidad para escucharla y obedecerla.”

Hay algunas consecuencias inmediatas que fluyen de este acercamiento a la oración:

  1. Se centra en Dios y no en nosotros mismos.
  2. Es sobre nuestra transformación personal fluyendo de la palabra y voluntad de Dios.
  3. Se centra en el hambre de nuestro corazón por Dios más que en nuestras necesidades personales.
  4. Estas tres visiones iniciales ofrecen un gran comienzo de una espiritualidad que ayudará al crecimiento continuo en la oración que lleva a una vida enraizada en los valores del Evangelio.

El falso yo y el Verdadero yo

Merton da un tratamiento extenso a esta enseñanza fundamental sobre el viaje espiritual. La mayor parte está relacionada a la necesidad por la búsqueda de la etapa final de la oración, la contemplación. De hecho, su concepción es que el verdadero yo se alcanza verdaderamente sólo en la contemplación o en el momento de la muerte.

Creo que sus enseñanzas sobre el tema también ofrecen una gran guía y resaltan las implicaciones significativas para aquellos en las etapas iniciales del viaje de la oración.

Al tratar el falso yo, Merton empieza por señalar que somos dominados por falsos valores que ultimadamente no solo nos engañan, sino que no nos llevan a ninguna parte. Merton tiene una larga lista de adjetivos que usa en varios momentos en lugar de la palabra principal para describir falso. Estos adjetivos son: superficial, empírico, exterior, contingente, privado, sombrío, ilusorio, ficticio, humo, pequeño y externo. Todo esto contribuye a su mensaje principal, describir las consecuencias del pecado original en la experiencia humana diaria.

El verdadero yo, ofrece una meta de libertad y transformación, y en nuestra búsqueda por Dios, un regreso a la inocencia original. Sucede conforme vivimos los valores del Evangelio. Su expresión final es cuando alcanzamos nuestra meta, la unión con Dios.

A lo largo del camino, hay muchas actividades que ayudan a facilitar este movimiento de un egoísmo absorbente a caminar con Jesús. Estos elementos contribuyentes son el autoconocimiento, transformación de conciencia, desapego, eliminación de adicciones, humildad y un enfoque creciente en Jesús y su mensaje.

Todos estos son indicadores y facilitadores de la transición del falso yo hacia el verdadero yo. La oración personal profunda es central a esta actividad que es el asunto básico para la vida espiritual.

Espero que estas contribuciones positivas se materialicen para nuestra vida cristiana en la búsqueda del Evangelio en una serie de reflexiones en el blog. En particular, me gustaría conectar con muchas de las historias del evangelio, personajes y parábolas para nuestro pasaje personal del dominio de nuestro falso yo a la búsqueda dadora de vida del verdadero yo. En el proceso básicamente estamos buscando compartir la realidad de Pablo: “No vivo yo, más Cristo vive en mí.” (Gálatas 2: 20)
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TERCER DOMINGO DE ADVIENTO


Mateo 11: 2-11


Estimados amigos,

En la escritura de hoy, Isaías nos dirige hacia un cuadro poético de los judíos caminando hacia la libertad después de 50 años de angustia y exilio en Babilonia. Él usa un bello y poético lenguaje para reflejar el gran evento del Antiguo Testamento, el éxodo de la esclavitud hacia la tierra prometida.

El evangelio de hoy es sobre la pregunta de Juan el Bautista: “¿Eres tú el que ha de venir?” Esto nos sumerge en el misterio que celebramos en esta temporada de adviento. Cada uno de nosotros en las profundidades de nuestro corazón tenemos un anhelo básico por Jesús. Esperamos que Él traiga salvación para nosotros y para nuestro mundo.

El mensaje de adviento tiene muchas dimensiones ricas y bellas. Pero más, centrado en la venida del Señor. Hoy estamos llamados a experimentar esta venida en los actos salvadores de Jesús como fueron vistos en el pasado y experimentados en nuestra vida de hoy. La fe nos llevará a la maravillosa verdad que Jesús es verdaderamente el elegido para nosotros y para el mundo.

Tenemos que ver los problemas de nuestra vida en el contexto de estos viajes bíblicos hacia la libertad y la sanación. Jesús dice: “Vayan y cuéntenle a Juan lo que están oyendo y viendo.” (Mateo 11: 4) El mensaje real del adviento nos hace capaces de ver que no solamente a los ciegos se les está devolviendo la vista, sino que también los cojos ahora son capaces de saltar como ciervos e incluso están listos para ir a bailar con las estrellas. Esto es por lo que el mensaje del adviento nos dice que nuestra realidad está llena de gracia. Las implicaciones del adviento para hoy revelan cómo Jesús todavía hace restauración en el camino a nuestra inocencia original. Estamos, en verdad, siendo liberados en nuestras vidas hoy. Necesitamos permitir que el grito del adviento explote desde nuestros corazones: ¡Ven Señor Jesús! Lo que es más, necesitamos permitir que esta hambre por un nuevo día en nuestros corazones nos lleve a vivir el mensaje del evangelio. Tenemos que caminar en los pasos de Jesús hoy. Nuestro compromiso vivido trae la transformación de la realidad que anhelamos justo ahora. Una vida vivida en amor es la respuesta a nuestra oración de adviento ¡Ven Señor Jesús! La plenitud de la salvación por la que esperamos en el futuro tendrá lugar ahora cuando caminamos en amor en los pasos de Jesús.

El mensaje de Jesús a Juan en el evangelio de hoy es claro. Hay un nuevo día naciendo para conquistar el mal y el poder demoniaco en sus milagros de sanación. Justo como el retorno de los exiliados de Babilonia reflejaron la libertad en el gran acto de liberación en el viaje del pueblo fuera de Egipto, Dios sigue manifestando el gran acto salvador de Jesús en nuestros días. Necesitamos ver con los ojos del corazón. La salvación por la que esperamos está teniendo lugar ahora cuando estamos compartiendo el amor y la compasión que Jesús sigue dando en nuestros días. Esto nos llama a romper las barreras. Esto nos llama a trabajar por la reconciliación siempre y en todo lugar. Esto nos llama a escuchar el clamor de los pobres y el grito de la tierra.

El regalo de la esperanza nos saca del miedo y la desesperación hacia una vida de acción y compromiso, hacia la maravilla del mensaje del evangelio. La batalla del bien y el mal todavía domina nuestro mundo. El tirón hacia la libertad, la búsqueda de la felicidad y seguridad todavía encuentran una solución duradera en Jesús. Jesús posee Él solo, el mensaje y el poder para dirigirnos a la vida eterna. Todavía somos los ciegos, los paralíticos y los pecadores que necesitan sanación y misericordia. La respuesta a nuestro llanto por libertad del envolvente poder del mal en nuestros días nos espera. Eso es lo que pedimos en nuestra oración de adviento, “¡Ven Señor Jesús!”

Mientras esperamos, tenemos que elegir la situación de nuestra vida ahora. Santa Teresa de Ávila nos da dirección en su oración clásica del marcador de libros:



Nada te turbe,
Nada te espante.
Todo se pasa,
Dios no se muda-
La paciencia todo lo alcanza,
Quien a Dios tiene nada le falta.
Solo Dios basta.

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SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO

Mateo 3: 1-12

Estimados amigos, El adviento es una invitación a ponderar la perspectiva cristiana sobre el tiempo. El tiempo para los cristianos no es el incesante movimiento de las manecillas del reloj. No es la espera sin sentido y sin propósito de Dios. El evento de Cristo ha hecho que el tiempo esté impregnado con posibilidades infinitas de vida nueva. El tiempo es el mensajero de Dios llamándonos a un futuro de gracia donde prevalecerá un nuevo día.

En adviento, vemos el misterio del tiempo íntimamente conectado al pasado, presente y futuro en el evento de Cristo. El pasado nos recuerda la encarnación del Verbo. El presente es el encuentro con la gracia de Dios llamándonos a caminar con JESÚS. El futuro es el cumplimiento de la victoria de Cristo en su segunda venida, el cumplimiento final de nuestro destino personal y de la historia humana.

Para entender este misterio del tiempo, miramos hacia atrás en los eventos salvadores del pasado. Hoy, es Isaías quien presenta el bello pasaje de esperanza que presagia la venida de Cristo. Estas relaciones aparentemente imposibles serán posibles solamente por la intervención divina de la presencia Mesiánica en Cristo en Belén y en la conclusión de nuestra histórica ventura.

“La justicia será una banda en su cintura,
Y la fidelidad un cinturón sobre sus caderas.
Cuando morará el lobo con el cordero,
Y el leopardo con el cabrito se acostará;
El becerro y el león andarán juntos y un niño los pastoreará,
La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas.
El león comerá paja como el buey, y el niño de pecho
Jugará sobre la cueva del áspid
Y el recién destetado extenderá su mano
Sobre la caverna de la víbora.
No harán mal, ni dañarán en todo mi santo monte;
Porque la tierra será llena del conocimiento del Señor
Como las aguas cubren el mar.” (Isaías 11: 5-9)

El adviento más que ninguna otra cosa, es un tiempo de alegría y lleno de propósito por Dios que ha asegurado su venida. Porque ya sabemos a quien estamos esperando, la mejor forma de anticipar su venida es volvernos como Él. Necesitamos permitir que nuestra vida exprese la alegría y la esperanza que es el mensaje central de la época de adviento. Necesitamos ser los instrumentos de paz y justicia, de servicio y sanación que anticipa el nuevo día que anhelamos.

El evangelio de hoy nos dirige hacia Juan El Bautista. Es el llamado para prepararnos para Cristo como el misterio total del Verbo hecho carne, no un regreso nostálgico a la belleza de Belén. Necesitamos recordar el evento completo de Jesús. Esto incluye su mensaje desafiante y los eventos salvadores de la muerte y la resurrección. Al anhelar por Jesús, entendemos el mensaje de Juan, “Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca” (Mateo 3: 20) Esto demanda que cambiemos nuestras vidas conforme nos preparamos para la venida del Señor.

Estos cambios sucederán como parte de una conversión personal y comunitaria. Junto con esa conversión, reconocemos que estamos respondiendo a la llamada de invitación de Dios. Este tiempo de adviento nos recuerda de la sobrecogedora misericordia que es revelada en la venida de Jesús en nuestra vida y en nuestra historia.

La espera del adviento no es como lo penoso de estar atascado en el tráfico, ni como la fila aparentemente sin fin en el supermercado. Tampoco es como el tiempo de ansias esperando los resultados de un examen o como cualquier otra respuesta del Doctor que te cambia la vida. La espera del adviento es una anticipación gozosa de nueva vida. Esta nueva vida demanda una apertura creativa que lleva al arrepentimiento y a la conversión. Significa que le damos la bienvenida al Dios que continuamente viene y toca a la puerta de nuestro corazón humano. El adviento nos lleva a desarrollar una espiritualidad de vigilancia que abre a la apreciación del regalo del hoy y la esperanza del mañana. Nos preparamos para este espera el adviento con la oración especial de la época ¡VEN SEÑOR JESUS!
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EL FALSO SER Y EL VERDADERO SER

INTRODUCCIÓN

Voy a ofrecer once reflexiones sobre la enseñanza de Tomás Merton sobre la dinámica del verdadero ser y el falso ser. Esta relación conflictiva pero iluminadora impregna la enorme cantidad de escritos sobre la vida espiritual de Merton. El punto básico del conflicto es el acercamiento y alejamiento hacia Dios por parte de la gente, pero esto es en realidad el verdadero y último destino de las personas. La exposición de Merton de las consecuencias del pecado original es despiadada en su intensidad. Esta es la tarea del falso ser. De vez en cuando asoma el verdadero ser, el siempre presente llamado al apasionado y personal amor de Dios, es aún más poderoso. El corazón humano es el campo de batalla de esta aparente confrontación eterna. Merton retrata el verdadero ser como una invitación siempre presente a un glorioso futuro que nunca es alcanzado con la excepción de una purificación efectiva de contemplación o la experiencia de la muerte. Sin embargo, es una fuerza dirigente en el esfuerzo humano para buscar a Dios.

Esta atracción poderosa del verdadero ser nos llama a las profundidades de nuestro ser donde habita Dios. Esta es la base de la vida cristiana. Abrazar verdaderamente al verdadero ser en Dios, uno tiene que abandonarse y darse a los demás en amor. Esto es casi siempre un esfuerzo parcial e incompleto para la mayoría de nosotros. La lucha del verdadero ser con el falso ser es siempre una experiencia que nos llama hacia un nuevo futuro. La gracia para nosotros está en la aparente lucha sin fin para elegir al verdadero ser y abandonar la súplica del falso ser que pide indulgencia, superación personal y glorificación de nuestra esclavitud a la egocentricidad. Esta es la batalla de la vida espiritual. Esta es la liberación de la aflicción de nuestro ensimismamiento para ser libres para caminar con Jesús.

El acercamiento de Merton a la espiritualidad es muy humano y con los pies sobre la tierra. Para Merton la verdadera relevancia de la dinámica del verdadero ser y el falso ser fluye de una espiritualidad auténtica que afecta cada nivel de la vida. Responde a la vida como es experimentada por la gente normal. En contraste, las espiritualidades más distorsionadas usualmente terminan en fanatismo o elitismo más alejados de la experiencia de la mayoría de individuos.
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PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

Mateo 24: 37-44

Estimados amigos, el adviento nos invita a un año nuevo en el que viajaremos con el Evangelio según San Mateo. Este es un tiempo de gracia en el cual estamos convocados una vez más a un encuentro con Cristo como nuestro Salvador y Señor. El tiempo de adviento primero nos guía para prepararnos para la segunda venida y, en los días finales nos sumergimos en el misterio del verbo hecho carne.

El adviento nos hace mirar hacia atrás para poder mirar hacia adelante. Ambas vistas nos llaman a vivir en el presente. El adviento no es un tiempo de penitencia sino una celebración. Estamos llamados a regocijarnos en el regalo que es Cristo. Recordemos que viene hoy, viene en la pobreza desde la primera cuna. Un elemento especial del adviento es el desafío de hacer que la segunda venida produzca consecuencias en nuestra vida diaria. Jesús enfatiza la brusquedad y la sorpresa de las horas finales. Habrá un juicio rápido que tamiza lo bueno de lo malo con una decisión que es final y absoluta. Sin embargo, Él no nos llama a hacer algo diferente más allá de la importancia absoluta de nuestra responsabilidad y relaciones ordinarias. En ambas situaciones, la encarnación y la segunda venida tenemos una invitación poderosa para abrazar el regalo del hoy, el hoy del momento presente, como una oportunidad concreta para caminar con Cristo.

Isaías es el autor que presentó el tiempo de Adviento en el Antiguo Testamento. La belleza de su poesía está llena con esperanza para la entrega y el anhelo para la expresión final del poder salvador de Dios.

El mensaje de Mateo en este tiempo de adviento, está basado en la confianza fundamental que fluye del mensaje cristiano. Cristo volverá en gloria y con Él volverá la plenitud de la redención. Un nuevo día se acerca. Mateo es enfático: necesitamos estar preparados.

Este anhelo por la venida del Señor refleja el anhelo apasionado expresado en Isaías. Aun así, está increíblemente enriquecido y sostenido por nuestro regalo de la realidad del evangelio. Pablo nos dice: “Revístanse del Señor Jesucristo, y no se preocupen por satisfacer los deseos de la carne.” (Romanos 13: 14) de esta manera nos reunimos en nuestras liturgias de adviento y en nuestras vidas para proclamar el anhelo del adviento “¡Ven Señor Jesús!”

Mientras tanto, Isaías, Pablo y Mateo tienen un mensaje claro y sencillo para nosotros. Vivir el hoy en fidelidad al Señor. Entrar en nuestra realidad. No conocemos el futuro, pero se nos ha obsequiado el presente. Estamos llamados a vivir el evangelio con actos de misericordia y perdón, con la preocupación por la justicia y la lucha constante “Convertirán sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en hoces.” (Isaías 2: 4)

Espadas y rejas de arado no son arsenal ordinario en nuestras batallas diarias. Con frecuencia tenemos miradas, palabras y actitudes que están listas para el trabajo de antagonizar a nuestro vecino. Nuestro enojo y resentimiento se unen con nuestro prejuicio para crear muros de aislamiento y hostilidad. Tenemos una forma de hacer de nuestro tiempo, intereses y conveniencia la medida de nuestras acciones, todo en detrimento de la caridad fraternal. Con muchísima frecuencia se hace con una fachada de rectitud. El adviento es un tiempo para deponer las armas de la hostilidad y la división y el aislamiento. Es un tiempo para orar con un corazón verdaderamente humilde, ¡” Ven Señor Jesús”!

El adviento nos desafía a mirar las oportunidades perdidas, el tiempo desperdiciado y mal dirigido. Todos tenemos más que suficiente con lo que contar. El adviento nos llama a reunirnos y vivir el hoy, con el regalo del momento presente. El mañana está en las manos de Dios. En verdad necesitamos gritar “Ven Señor Jesús” Una vida buscando caminar con Jesús en este momento hace nuestra oración de adviento más real y enfocada.

Dios es muy capaz de mantener la agenda. Él hará su trabajo de finalizar el programa en el tiempo apropiado. Es un tanto normal para nosotros usar esa pregunta familiar de nuestra juventud “¿ya llegamos?” Dios nos dejará saberlo. Mientras tanto, nuestra tarea es ser fieles al mensaje del evangelio y expresar el hambre en nuestro corazón por un nuevo día con la bella oración de adviento ¡Ven Señor Jesús!
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CRISTO REY

Décimo cuarto domingo del tiempo ordinario

Lucas 23: 35-43


Estimados amigos, En esta festividad de Cristo Rey, celebramos un “Reino de Verdad y Vida, un Reino de santidad y gracia, un Reino de justicia, amor y paz” (prefacio de Cristo Rey) se nos pide mirar otra vez al Cristo crucificado. Estamos siendo dirigidos a ponderar las palabras de María: “¿Cómo puede ser esto?

El ángel dijo a María “Lo llamarás Jesús. Él será grande y será llamado el Hijo del Altísimo y el Señor Dios le dará el trono de David su padre…y María dijo, “¿Cómo puede ser esto? (Lucas 1: 31-34)

Hemos viajado el año litúrgico con el Evangelio de San Lucas, un evangelio donde el tema de reverso es un mensaje dominante. Hemos sido invitados a entrar en el misterio donde los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos. Hemos escuchado la rara enseñanza donde tenemos que perder nuestra vida para salvarla, y aún más extraño, se nos dijo “Amen a sus enemigos, hagan el bien a quienes los odian …a la persona que les golpea una mejilla ofrézcanle también la otra” (Lucas 6: 27-29)

Conforme contemplamos el cuerpo mutilado de nuestro Rey, muchos de los eventos del viaje del Evangelio parecen un pasado lejano. El hacedor de milagros y el sanador está escondido en la agonía de la cruz. La barca de Pedro desbordante con la gran pesca, la multiplicación de panes y pescados, Bartimeo saltando de alegría por recuperar su vista, la mujer penitente regocijándose en sus lágrimas y muchos otros eventos develados en las posibilidades de la vida.

Tenemos que preguntarnos: ¿Cómo puede ser posible un cambio tan radical a la oscuridad? La contradicción de la cruz va más allá de cualquier entendimiento humano. Sin embargo, reflexionamos y vemos a un Salvador y Mesías crucificado, un Rey en total pobreza y aparente derrota. Un líder que ha sido abandonado por casi todos. Con buena razón necesitamos preguntar ¿Cómo puede ser esto?

Una parte de la pasión de Jesús es la expresión inicial de su servicio y compasión por los demás a pesar de su sufrimiento personal y rechazo recibido a todos los niveles.

En el huerto, Él sana la oreja de uno de los miembros de la turba. Después del juicio, Él hace contacto con Pedro en simpatía y ternura. En el camino al Calvario, Jesús expresa su bondad de corazón por las mujeres sufrientes. En la cruz, Él perdona al buen ladrón. Con un corazón abierto por su amor compasivo, Dimas es capaz de ver a un Salvador y a un Rey. “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23: 43)

Este es el Rey en su momento más profundo de pérdida personal y denuncia. Su reinado es claramente un vacío del yo y una apertura a Dios en los hermanos y hermanas.

La burla de los gobernadores, de los soldados y hasta del ladrón que no se arrepintió contienen la semilla de la respuesta “Sálvate a ti mismo.” En verdad, escondida en toda la oscuridad de la aparente victoria del mal está la realidad de la salvación para todos.

En este Rey y Salvador crucificado encontramos la sabiduría más profunda de Dios. El grandioso poder de Jesús es revelado en la manifestación de su debilidad. Los líderes verdaderamente pobres y desorientados hablan la verdad en su petición santurrona “El Cristo”, “El elegido”. Su argumento “Sálvate a ti mismo” fue, de hecho, dirigiendo el último y mayor evento consecuente en la historia de la humanidad, la muerte salvadora universal de Jesucristo. Este fue el regalo de vida eterna ofrecido a toda la humanidad.

El patrón de reversos seguido por Lucas, el mundo de cabeza del Evangelio de Jesús, tiene su última expresión en el Evangelio de hoy. ¡la muerte dando paso a la vida! No es solamente el buen ladrón, somos todos nosotros, los que celebramos la victoria de un Dios amoroso contestando nuestra pregunta ¿Cómo puede ser esto? El amor incondicional de Dios revelado en Jesús crucificado y resucitado nos dice como es que esto puede ser. ¡Aleluya!
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