Teresa y la humanidad de Cristo
Parte 1
Una de las grandes bendiciones de la espiritualidad de hoy es la rica y desafiante enseñanza del Concilio Vaticano II. Es el esfuerzo constante para traer a Jesús de regreso al centro de nuestra búsqueda de Dios. Esta ventura de entrar en Cristo siempre ha sido un elemento de cada auténtica renovación en nuestra larga y variada historia cristiana.Teresa dice que uno de sus errores más grandes fue pensar que la reflexión y la conciencia sobre la humanidad de Cristo era solo para principiantes. Ella logró entender la centralidad del papel de Jesús y se arrepintió profundamente de su error. Después de todo, ella siempre puso a Jesús en el centro de su oración personal y sus enseñanzas y escritos, no importa cuán avanzado fuera su desarrollo espiritual.
En el libro de su Vida, hay capítulos especiales, del once al veintidós, en las cuatro etapas de la oración. Aquí, ella tiene un mensaje especial sobre la importancia de enfocarse en la humanidad de Cristo.
“El alma puede situarse por sí sola en la presencia de Cristo y crecer acostumbrada a ser inflamada con amor por Su sagrada humanidad. Puede mantenerlo a Él siempre presente y hablar con Él pidiendo por sus necesidades y quejarse por su trabajo, siendo agradable con Él en sus alegrías y no olvidarlo por ellos, tratando de hablar con Él no por medio de oraciones escritas sino con palabras conforme a los deseos y necesidades” (Vida capítulo 12: 2)
Teresa tiene estos tipos de declaraciones sobre la sagrada humanidad en todos sus escritos. Ella siempre realza la necesidad por el encuentro con Cristo como una parte esencial de nuestra búsqueda por nuestro verdadero ser y por Dios.
Aquí hay una declaración de Juan de la Cruz que es especialmente de apoyo de las enseñanzas de Teresa sobre la sagrada humanidad. Describe la necesidad de los principiantes para encontrar al Jesús de los evangelios.
“primereo, tiene un deseo habitual por imitar a Cristo en todas sus andanzas al traer su vida en conformidad con la de Él. Luego tiene que estudiar Su vida para saber cómo imitarlo y comportarse en todos los eventos como Él lo haría.”
Teresa encontró la humanidad de Jesús verdaderamente de mucha ayuda para desarrollar un acercamiento balanceado a la contemplación y a toda su espiritualidad. Jesús era el centro de su vida y su oración. Los evangelios fueron la fuente primaria de su oración. Ella estaba continuamente proclamando a toda urgencia ser amigos de Jesús y amantes de Cristo.
Este compromiso con Cristo siempre involucrará la cruz. “Ya sea en el inicio, en el medio o al final, todos tienen sus cruces aun cuando estas cruces sean diferentes. Para todos los que siguen a Cristo, si no se quieren perder, deben caminar en este sendero que Él pisó.” (Vida 11: 5)
Teresa sabía que sólo en el Jesús de los evangelios podemos encontrar rectitud genuina en nuestra fe cristiana. Cada era debe enfrentar decepciones e imperfecciones culturales que nos impulsan a una ruta más fácil. Ya sea la búsqueda por la verdadera caridad fraternal o la oración honesta, las demandas de la justicia o nuestro apego a las posesiones, el poder del ego está constantemente atacando nuestro compromiso con el evangelio como un cáncer. Se está comiendo la verdad del evangelio. Esto lleva a una imagen de Jesús mucho menos demandante que el Jesús de los cuatro evangelistas. Este falso Jesús ha sido una ocurrencia que se repite en la historia de nuestra fe.
Teresa enseñó que nosotros siempre necesitamos regresar a Jesús por la luz y por la verdad, no importa cuán incómodo o desafiante sea. Jesús es la fuente de toda verdadera integridad en la vida.
Tomando el riesgo de Jesús: “No mi voluntad, sino hágase Su voluntad”
Constantemente tenemos nuestros ojos en Jesús. Tenemos que permitir que su palabra entre en nuestra mente y nuestro corazón para transformar nuestro ser interior.El evangelio revela las bases de toda espiritualidad auténtica y nos llama a la transparencia de una verdadera identidad cristiana. Nos enseña que ser un discípulo de Jesús es seguirlo. Esto es lo que es la vida cristiana, seguir a Jesús.
Teresa nos enseña que el centro del encuentro con Jesús es una transición que se mueve de nuestra visión de la felicidad, de nuestras prioridades, a la visión y llamado de Jesús. Esta conversión inicial se repite muchas veces. Expande nuestro mundo conforme nos mantenemos fieles con Jesús en el camino a Jerusalén. La oración nos lleva a una aceptación más generosa de la voluntad de Dios. Una nueva y más madura experiencia de oración, fluyendo de una serie de conversiones, empoderándonos a vivir de una manera que es genuinamente guiada por la voluntad de Dios. Las demandas de justicia y del medio ambiente siempre están tocando a la puerta de nuestro corazón como lo hacen las necesidades de nuestro prójimo. Esta apertura a las circunstancias de nuestra vida es como la fidelidad crece dentro de nosotros.















