Mateo 17: 1-9
Estimados amigos, La Cuaresma es un tiempo para prepararnos para celebrar la muerte y resurrección de Jesucristo con una nueva alegría, fe mas fuerte y un amor creciente. Este es el gran misterio de nuestra fe y que abre al misterio de nuestra vida.El pasaje del evangelio de hoy se enfoca en la transfiguración. Esta misma celebración de la transfiguración tiene lugar en los tres ciclos de la cuaresma. Obviamente tiene un mensaje especial para nuestro viaje comunal de cuaresma. Nuestra es permitir que nos ilumine verdaderamente conforme nos preparamos para nuestra tarea básica de cuaresma: abrazar el gran acto de amor que es la pasión, muerte y resurrección de Jesús.
El mensaje clave en el evangelio de hoy son las palabras del Padre: “Este es mi Hijo bien amado en el que encuentro complacencia; escúchenlo” (Mateo 17: 5)
Justo antes de subir al monte con Jesús para esta revelación especial, Pedro ha reconocido a Jesús como el Mesías solamente para negar su misión de sufrir y morir. (Mateo 16: 13-23) al reprender a Pedro, Jesús nos desafió a todos nosotros a perder nuestra vida, a tomar nuestra cruz y seguirlo. (Mateo 16: 24-25) ahora, el Padre está una vez más invitando a Pedro y a nosotros, a reconocer a Jesús en toda su verdad, no solo una versión diluida para encajar en nuestros estándares limitados. El evento de la transfiguración es nuestra invitación para entrar en el misterio del Mesías sufriente. Como Pedro, estamos llamados a tratar de balancear las verdades aparentemente contrarias de Jesús como Mesías y Jesús como el salvador crucificado.
Las palabras del padre nos dicen como el Hijo bien amado de Dios sufrirá y morirá. Nuestra tarea es abrazar a Jesús en sus términos y “Escucharlo a Él”
Pedro tiene un largo viaje frente a él. Lentamente aprendió a “Escucharlo a Él”
Poco tiempo después de la visión en el Monte Tabor, los mismos tres discípulos se unieron a Jesús para otro momento muy especial en el Huerto de Getsemaní. Ellos tuvieron una oportunidad de “escucharlo a Él” y de presenciar la increíble angustia de la pasión y muerte que estaba por venir. Como los discípulos, necesitamos aprender que la transfiguración de dolor y sufrimiento que fue previsible en Getsemaní fue igualmente importante como la transfiguración de gloria y maravilla en el Monte Tabor. La salvación a la que Jesús nos llama necesita experimentar la muerte del egoísmo junto con la gloria de nuestro destino final verdadero en la vida eterna de la resurrección.
Muy lentamente los discípulos conectaron el mensaje del Monte Tabor y el Huerto de Getsemaní: la muerte da paso a la vida cuando seguimos a Jesús y “lo escuchamos” Jesús se volvió el mapa de los discípulos y una guía. Ese es nuestro llamado en este tiempo de cuaresma. Necesitamos aprender a “escucharlo” conforme enfrentamos la oscuridad de la vida.
Como con los discípulos, es lo mismo con nosotros. Conforme somos atrapados en los aparentemente interminables desafíos del bien y el mal: ya sea la guerra en Ucrania o la interminable violencia con armas, la turbulencia de nuestro escenario político o la carga de distorsión y el abuso de las múltiples expresiones de nuestra sexualidad, o las simples e incesantes demandas de la vida familiar o los muchos pasajes en la vida, desde el inicio de la escuela hasta nuestro envejecimiento. Todo esto y mucho más, nos llama a “Escucharlo a Él” (Mateo 17: 5) Él es el Hijo bien amado que nos mostrará el camino.
Tantas veces como hemos escuchado la historia de la transfiguración, aún contiene las semillas de luz y sabiduría, de esperanza y de ternura. Nos recuerda cuán cerca está Dios de nosotros y cuán delgada es la cortina entre lo divino y lo humano. Siempre estamos al borde de nuestra fragilidad humana y nuestra mortalidad. Igualmente, estamos en el límite de la vida eterna y la felicidad. Ya sea por el quebrantamiento de nuestras relaciones, por las consecuencias del pecado, o la corrupción de nuestro mundo, necesitamos buscar la profundidad de nuestros corazones y “Escucharlo a Él” y revelará de nuevo que la última palabra no es enfermedad, injusticia, prejuicio y las debilidades ante el asombroso poder de la naturaleza o incluso la muerte. La última palabra revelada en el Cristo crucificado y resucitado es vida y la victoria del amor. Una vez más nuestro viaje a Jerusalén en cuaresma y más aún en nuestra vida, es una invitación a entrar en el misterio. Este misterio une lo divino y las incesantes aflicciones en nuestra vida con el sufriente y glorioso Mesías, que lleva a la victoria de la Pascua.















