Mateo 16: 21-27 Estimados amigos, En el inicio del evangelio de Juan encontramos el centro del plan de Dios para la salvación. La proclamación que sacudiría el mundo. “El Verbo se hizo carne.” (Juan 1: 14) es el plan de Dios. Así es como Jesús aceptó el llamado para salvar al mundo. Volverse de carne no fue un evento aislado. Era al aceptar la totalidad de su humanidad que íbamos a ser salvados. Eso significa que Jesús nos aceptó a todos tal y como somos. Él nos abrazó a todos en nuestra quebrantada y pecaminosa condición como parte de su realidad. Para Jesús, esto significaba un encuentro con el mal que lo llevaría a su pasión y muerte.
De manera que, cuando Jesús nombró a Pedro la roca sobre la cual edificaría su iglesia, Él aceptó a Pedro, y a todos nosotros, sus seguidores, como somos: defectuosos, y en necesidad de ser reparados. Esta es la razón por la que es tan difícil para nosotros entender la iglesia. Es un hogar para pecadores en necesidad de ser sanados, un hogar para los quebrantados y perdidos en necesidad de plenitud y nueva dirección.
En el pasaje de hoy de San Mateo, Jesús le dice a Pedro, y a todos nosotros, su camino elegido para la salvación. Él iba a restaurar el mundo al entrar en el dolor y el sufrimiento de nuestra verdadera humanidad imperfecta para sanarla desde adentro. El sufrimiento y la muerte de Jesús son las últimas consecuencias de “El verbo se hizo carne.” (Juan 1: 14)
Pedro no pudo manejar las palabras de Jesús sobre la cruz y el rechazo, negación y muerte. Más bien él tenía una gran dificultad con la pérdida potencial del poder personal y el prestigio junto con la impensable invitación de tomar su cruz. Pedro estaba en shock por la nueva dirección de Jesús. Un camino que Pedro seguramente no había anticipado ni deseado. Jesús estaba remplazando la expectativa popular del poder militar y prosperidad privilegiada y poder para el pueblo elegido de Dios. Ahora Pedro estaba confrontado con la cruz y la pérdida de su comodidad y conveniencia. De manera que, él hizo lo que hemos estado haciendo a lo largo de la historia del cristianismo, haciendo a Jesús a nuestra imagen en lugar de aceptar a Dios en su palabra, que es Jesús hecho carne. Solamente en Jesús tenemos una verdadera expresión del plan de Dios para la salvación.
El mandamiento de Jesús es muy directo: “Ponte detrás de mí, satanás.” (Mateo 16:18) Pedro acababa de ser llamado “roca” pero ahora se había vuelto piedra de tropiezo.
En un nivel, Jesús está rechazando la declaración desacertada de Pedro. En otro nivel, es un mensaje de perdón. Jesús le está diciendo que se ponga detrás de Él y que sea un discípulo fiel siguiendo a Jesús. Aún cuando Jesús es muy claro en su rechazo, Él aun confía en Pedro y lo perdona.
Jesús comprendió claramente que el discipulado es un proceso, con mucha frecuencia un largo y arduo proceso de ensayo y error. Esta experiencia de Pedro es uno de los muchos eventos donde Jesús es paciente, amable y compresivo con Pedro, así como lo es con nosotros cuando debatimos en el camino a Jerusalén.
El anuncio de hoy del viaje a Jerusalén llevando al rechazo, sufrimiento y la muerte es la primera de las tres proclamaciones en los próximos capítulos del Evangelio de San Mateo. En cada capítulo los discípulos pierden el punto central totalmente.
Seguimos con la difícil tarea de aceptar a Jesús en sus términos y no en los nuestros. La iglesia está siempre en la lucha de buscar la integridad del mensaje del evangelio. Nosotros nunca estamos lejos de la tentación de decirle a Jesús cómo debería hacerlo a nuestro modo, así como lo hizo Pedro. Seguimos viviendo con falsas expectativas de tener esta comunidad perfecta y una vida personal libre de problemas para llevar el ministerio del evangelio. Encontramos duro aceptar que Jesús ha abrazado completamente nuestro ser en nuestro quebrantamiento y confusión. Él nos ha elegido como las vasijas de barro que somos para proclamar y celebrar el mensaje del evangelio.
No podemos soportar el escandalo sexual, el clericalismo, las expresiones anti femeninas de los oficiales del Vaticano, la riqueza distorsionada y tú nombra todo lo demás. La iglesia puede estar agonizando verdaderamente con mucha claridad en sus documentos y tal mediocridad en su realidad. Sin embargo, estas mismas fallas siempre son mezcladas con la increíble fidelidad de tantas familias que trabajan contra todo pronóstico, buenos sacerdotes tratando de hacer lo mejor que pueden, mujeres religiosas que siguen tranquilas y escondidas como heroínas del evangelio, el silencioso y amoroso sufrimiento de muchas vidas escondidas. La cizaña y el trigo estarán con nosotros hasta el final.
Jesús quiere que estemos abiertos al misterio de la encarnación. Necesitamos aceptarnos el uno al otro en nuestro quebrantamiento, así como Jesús hizo cuando se volvió carne. Pablo expresa la maravilla de este evento en su grandioso himno en la carta a los Filipenses:
Él compartía la naturaleza divina,
Igual a Dios por propio derecho,
Sin embargo, se redujo a nada,
Tomando la condición de siervo,
Y se hizo semejante a los hombres.
Y encontrándose en la condición humana,
Se rebajó a sí mismo
Haciéndose obediente hasta la muerte,
Y muerte de cruz.
(Filipenses 2: 6-8)













