MATEO 13: 24-30
Estimados amigos, La parábola de hoy de la cizaña y el trigo, como todas las parábolas, nos habla del mensaje principal de Jesús, la venida del Reino de Dios. Conforme entramos en la parábola empezamos a ver cómo experimentamos la presencia y la acción de Dios en nuestra vida diaria. El conflicto básico de la cizaña y el trigo, el bien y el mal, impregna toda nuestra realidad.
Es claro que Dios está a cargo de la cosecha, nosotros tenemos la tendencia de tomar el trabajo. La mayoría de nosotros tenemos por lo menos un máster en determinar quienes son las buenas personas y las malas. Jesús preferiría que le dejásemos ese trabajo al Padre. Es por eso que, en las enseñanzas de Jesús, poner la otra mejía es mucho más prioritarios que un puño cerrado.
Yo tenía mi introducción a esta parábola de la cizaña y el trigo cuando era un estudiante de segundo año en el bachillerato. Era el tiempo de las audiencias de McCarthy en la televisión. Los políticos de ese tiempo señalaban la infiltración de comunistas en nuestro gobierno y sociedad. Yo estaba muy interesado en este tema.
Al principio, era muy confuso porque había dos puntos que eran muy claros en el gueto del lado sur de mi comunidad irlandesa. Los comunistas eran malos hasta los tuétanos y los católicos eran buenos. Conforme el drama político en la televisión evolucionaba. Lentamente experimenté una embestida en mi prejuicio católico. Aun cuando el senador McCarthy estaba contra los comunistas y era un católico, él estaba siendo etiquetado como el tipo malo. Dolorosamente empecé a darme cuenta que él, era en verdad un tipo malo, el tipo realmente malo. Sus amplios e indiscriminados golpes de acusaciones dejaron un largo sendero de víctimas inocentes. La justicia se perdió al calor de la búsqueda de ventajas políticas. Eventualmente, él fue censurado por el Senado. Esta fue una de las únicas tres condenas en la historia de Estados Unidos.
Este fue el inicio del viaje de toda una vida, donde el claro blanco y negro de mi mundo tuvo que dar paso y aceptación al gris de un mundo complejo, un mundo donde las cizañas y el trigo crecían juntos.
Entre otras cosas, esta parábola nos está llamando a una visión siempre en expansión del evangelio para incluir y aceptar a los demás. El llamado de Jesús a entrar en el reino incluye a muchos pecadores. No tenemos derecho a hacer menos que eso. Dios nos está llamando a compartir su paciencia y misericordia. Nuestro corazón es un campo con mucha cizaña que nos inclina a dividir, a separar, aislar, y más que todo a juzgar. La parábola de la cizaña y el trigo abre al misterio de la justicia y misericordia de Dios invitándonos a entrar en un programa siempre expansivo de inclusión y perdón.
Si solamente tomo los temas de la raza, orientación sexual y respeto por las mujeres en mi propia experiencia personal, puedo ver una abundancia de ceguera, ignorancia, hostilidad abierta y un profundo prejuicio fluyendo y refluyendo a una dolorosa evolución de cambio. La venida del reino me ha desafiado lentamente a crecer en tolerancia, confianza y paciencia. El autoconocimiento solamente viene con esta apertura al llamado de Dios para ser compasivo y paciente. El autoconocimiento siempre revelará un corazón floreciente con abundante cosecha de cizaña y trigo. La lucha para vivir de una manera amorosa con ambos seguirá hasta el final.
La guía de la parábola de hoy nos llevará a separar el mal del hacedor de mal, el pecado del pecador. Nosotros somos más ricos nutriendo el trigo al vivir el evangelio. Demasiada energía va a la cizaña si nos sentamos a juzgar a nuestros hermanos y hermanas. Todos somos mejores si nuestra tarea principal es seguir al manso y humilde Cristo. Dios es muy capaz de discernir cómo tratar la cizaña que está dentro de nosotros y dentro de nuestros hermanos y hermanas. Necesitamos crecer en la conciencia de que el verdadero poder de Dios está en la misericordia de Dios. Esto destaca en Jesús en la cruz.
Esto es por lo que el evangelio se enfoca en los interminables encuentros con las llamadas del mal, debemos enfocarnos en que necesitamos proclamar al Jesús de misericordia y compasión. Necesitamos ofrecer una mano abierta más que un corazón cerrado.
Santa Teresa de Ávila tenía un entendimiento dotado de grandes dones y gracia de sí misma. Aun cuando ella eventualmente sería reconocida como la primera mujer Doctora de la Iglesia y una famosa santa Carmelita, ella vio claramente su cizaña. Ella supo que su vida fue un regalo de Dios. Ella lo dijo con frecuencia, la historia de su vida era ultimadamente la historia de la misericordia de Dios. Ella verdaderamente tenía tolerancia por los demás, confianza en Dios y paciencia con ella misma. Ella entendió, como nosotros necesitamos entender hoy, que el reino de Dios está cerca y con el viene el amor y la misericordia y la justicia revelados en Jesús. Mientras tanto, Dios quiere que seamos fieles a las labores de la cosecha.















