Mateo 4: 1-11
Estimados amigos, Una de las muchas bendiciones del Concilio Vaticano II fue el regreso a la importancia de la palabra de Dios en la Biblia. Esto llevó a una apreciación más profunda del Antiguo Testamento. A la vuelta hemos aprendido la dependencia del Nuevo Testamento, y particularmente los evangelios en las escrituras judías.
Las historias de hoy sobre las tentaciones están enraizadas en el desafío universal del pecado en el corazón humano. Aquí encontramos el pecado fluyendo constantemente de los apetitos desorientados, el orgullo siempre presente en el jale excesivo de las vanidades y la auto importancia. El retrato de Mateo de las tentaciones está basado en las tentaciones y fallas del pueblo judío en su morada en el desierto antes de su llegada a la tierra prometida.
En contraste con la infidelidad de su nueva libertad del exilio de Egipto, Jesús es fiel a Dios al rechazar los engaños de satanás. La historia del becerro de oro está íntimamente conectada a la historia de hoy de las tentaciones de Jesús. Su encuentro con satanás está modelado después del tiempo del pueblo elegido en el desierto y su infidelidad más claramente expresada con el becerro de oro.
Los judíos en el desierto traicionaron al llamado de Dios a la dependencia y fidelidad. La falla de ellos para confiar en Dios se contrasta con la fidelidad de Jesús al rechazar los engaños de satanás. Así como fue para Israel, así mismo fue para Jesús. Cada tentación es una prueba para abrazar la confianza fundamental en Dios.
Jesús, el nuevo Israel a los ojos de Mateo, descarta todas las peticiones de satanás. Cada tentación y cada respuesta de Jesús, son tomadas de los capítulos 6, 7 y 8 del libro del Deuteronomio donde la historia del becerro de oro está en el centro del escenario. En cada una de las historias de las tres tentaciones, el atractivo para Jesús es ser un Mesías no enraizado en la fidelidad al Padre. Está siendo tentado para ser un Mesías de valores mundanos de poder, prestigio, privilegio y riqueza. Todos estos valores son contrarios al plan de salvación del Padre. Jesús rechazó las estratagemas de satanás. Fue el Mesías sufriente de Isaías el que Jesús abrazó. Él estaba determinado a proclamar el reino desde una posición de sencillez y vulnerabilidad, no de poder y dominio; no de riqueza sino de pobreza; no de exclusividad sino de inclusividad; no de indulgencia personal sino de servicio a los demás; no resaltando al rico y poderoso sino una opción especial por los pobres y marginados. Al final, Jesús supo que era el amor y no la ley lo que es fuente de victoria sobre el mal e incluso sobre la muerte.
Jesús rechazó permitir que alguna cosa o persona reemplazara a Dios en su vida. En este esfuerzo, él se apoyó en la Palabra de Dios. Aquí es donde Él encontró la fortaleza para vencer el mal en las tentaciones en el desierto y para su creciente batalla con la injusticia, mentiras y orgullo que lo llevaron a la cruz.
Las fallas en los amigos y compañeros de Moisés en el desierto reflejan nuestras fallas hoy en día. Estos rechazos al plan de Dios están enraizados en un corazón dividido. La versión de los días modernos del becerro de oro viene en muchas formas. El corazón humano tiene aparentemente una habilidad incansable para crear nuevos ídolos que básicamente nos dan una falsa sensación de seguridad. Reemplazamos a Dios como el centro de la realidad. Este proceso es llamado pecado. Dinero, sexo, bebidas, drogas, prejuicios, falsa ciencia, hostilidades, junto con un hambre siempre creciente de más control y posesiones son simplemente el modelo actualizado del becerro de oro de hoy.
El corazón humano sencillamente encuentra que los nuevos ídolos son más cómodos que el demandante amor del Dios revelado en Jesús. Estamos poco dispuestos a recibir la inseguridad de ser criaturas, gran parte de nuestra vida es una búsqueda por la seguridad personal aparentemente garantizada en la riqueza, en el poder, la reputación e indulgencia. Todas estas son expresiones de los elementos esenciales del pecado: apetitos desorientados, orgullo desproporcionado y vanidad exagerada, además de gran auto importancia. A través de estas venturas estamos tratando de hacer dioses mas pequeños que podemos controlar. El producto final nos pone en el centro de la realidad.
En el evangelio de hoy, Jesús nos muestra el verdadero modelo de fidelidad en medio de las decepciones y engaños del diablo. Jesús no aceptará la versión del reino de acuerdo a los estándares de Hollywood o de Wall Street o de Main Street. Solamente la Palabra de Dios revelará el verdadero reino. Jesús nos muestra el camino de la aceptación fiel del llamado del Padre donde no hay espacio para la falsa seguridad y la decepción del becerro de oro.
Con el inicio de la Cuaresma, la iglesia nos invita a buscar nuestra alma, a descubrir nuestro becerro de oro. Ahora es el tiempo para limpiar nuestra casa de todos los ídolos. Ahora, al inicio de la Cuaresma y en todas estas seis semanas, estamos siendo invitados para presentar un corazón vacío y anhelante para Jesús y para caminar con Él a Jerusalén y así compartir con Él la muerte que lleva a la vida ahora y por toda la eternidad.















