Esta es la séptima de once reflexiones sobre las enseñanzas de Tomas Merton sobre la dinámica del verdadero ser y el falso ser. Esta relación conflictiva pero iluminadora impregna la enorme cantidad de escritos sobre la vida espiritual de Tomas Merton. El punto básico del conflicto es el empuje del individuo para acercarse y alejarse de Dios, que es el verdadero y último destino de las personas. La exposición de Merton de las consecuencias del pecado original es cruda en su intensidad. Esta es la tarea del falso ser. Al mismo tiempo el empuje del verdadero ser, la siempre presente llamada personal y amor apasionado de Dios, es aún más poderosa. El corazón humano es el campo de batalla de esta confrontación aparentemente sin final.
Cuando Jesús inició su ministerio público, el anhelo universal por el Mesías fue la realidad dominante. La cuestión sobre qué clase de Mesías pronto se vuelve un elemento definitorio en la vida de Jesús y su ministerio.
Jesús sabía que la intensidad y profundidad del conflicto universal del bien y el mal demandaría que Él se volviese un Mesías sufriente. Tan pronto como en Mateo 3: 6 los líderes de todas partes empezaron a trazar su muerte. Esto se ha vuelto el misterio dador de vida del mensaje cristiano. Cuando Jesús proclamó, “El reino de Dios está cerca, arrepiéntanse y crean en el evangelio” (Marcos 1: 15) muy pocos estuvieron listos para aceptar al Mesías crucificado como la pieza central de esa Buena Nueva del amor de Dios.
Hubo un segundo mayor obstáculo para la proclamación de Jesús del reino. La gente estaba anticipando una transformación completa por la explosión repentina de la actividad salvadora de Dios. Jesús tenía un plan diferente. El insistía que sus seguidores fueran parte de esta transformación divina al tomar su cruz y seguirle a Él. Esto tuvo implicaciones sorprendentes en el tiempo de Jesús tanto como lo hace en nuestros días. Llama a cambios profundos asentados en cómo vemos la realidad.
Transformación de conciencia
Conforme continuamos ponderando la dinámica del verdadero ser/falso ser para entrar más profundamente en el evangelio, hemos visto la importancia vital del autoconocimiento. Una parte importante del autoconocimiento es exteriorizar y cambiar los valores que crean nuestra visión del mundo.Esto es claramente parte de la evolución del proceso de conversión. Esto se llama la transformación de conciencia. Esta es una actividad de elevar y desafiar falsos valores dentro de nuestra mentalidad. Con mucha frecuencia, estos son valores que heredamos y abrazamos con mínima conciencia. Ellos son parte de nuestra cultura y ambiente. Ellos mayormente caen bajo la sombrilla de lo que nosotros llamamos sabiduría convencional.
La mayor parte de la enseñanza de Jesús fue para desafiar esta sabiduría convencional. Sus enseñanzas y su vida y muerte ponen el énfasis en Dios más que en sí mismo. Esto está en el centro de la dinámica del verdadero ser y el falso ser.
En esta visión del mundo heredada de sabiduría convencional, mayormente contraria al evangelio, estamos envueltos en prejuicios escondidos y distorsiones. Somos bombardeados por valores incompatibles con el evangelio. Somos presentados con falsos ídolos, algunas veces oscuros, pero frecuentemente claros y evidentes en su llamado a la autoindulgencia. Se nos dice que los patrones correctos de consumo garantizan nuestro control de la realidad, nos aseguran la juventud, nos permite determinar el futuro por no mencionar avanzar en nuestra habilidad para negar la muerte y para asegurar larga y verdadera felicidad con la tarjeta de crédito correcta, las medicinas correctas e inversiones sabias.
Algo tan sencillo como ver un evento deportivo o un programa semanal por la televisión ofrecen un embate de iniciativas de consumidor que secretamente nos tientan y nos alejan del mensaje de Jesús. Nosotros estamos en una situación muy desafiante donde aparentemente tenemos incontables encuentros con el mensaje consumidor, indulgente y materialista. Esto está en contraste con la hora o con el domingo, si nosotros todavía atendemos la iglesia. Para la mayoría de nosotros, este es el único tiempo organizado en que abrimos nuestra vida a los valores e historia del evangelio.
El poder oculto detrás de la sabiduría convencional resulta en una falsa conciencia. Esta visión distorsionada de la realidad acepta la gran negligencia hacia los pobres y marginados, nos ciega a la deshumanización del consumo excesivo, trivializa una necesidad por apertura en comunidad reduciéndola, con frecuencia, al temor y la exclusión de “los otros”, nos dirige a la indiferencia por la devastación de la creación de Dios por las ganancias económicas, y apoyo a la desplegada negación de la muerte que genuinamente distorsiona la realidad de nuestra naturaleza de criatura.
Estos son solo algunos de los muchos factores que nutren una visión del mundo en constante conflicto con el mensaje de Jesús. Modela verdaderamente la eterna batalla del verdadero ser y el falso ser.
El único lugar en el que encontraremos libertad de la incesante ofensiva de los falsos valores es volver al evangelio. Nosotros estamos en constante necesidad de renovar y mejorar nuestra aceptación del llamado de Jesús, “Arrepiéntanse y crean en el evangelio”
Todos los llamados a las enseñanzas de Jesús sus discípulos para compartir en su actividad salvadora para traer el tan anhelado reino de Dios. Todas sus enseñanzas llevan a una transformación personal y participación en la batalla básica entre el bien y el mal. Las lecciones del evangelio de reversa donde “el primero será el último…” (Marcos 9: 35) “Para salvar tu vida debes perderla” (Marcos 8: 35) “Aquel que quiera ser grande entre ustedes deberá ser su sirviente” (Marcos 10: 43) demandan un cambio personal profundo y un compromiso alejado de la sabiduría convencional de nuestro día a día. De igual manera, el mensaje de la siempre expansiva inclusión en “Cuando lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos y hermanas…” (Mateo 25: 40) y el Buen Samaritano (Lucas 10: 29-37) demandan un involucramiento activo en la venida del reino.
Jesús fue claro. La batalla entre el verdadero ser y el falso ser, de la cizaña y el trigo seguirá hasta el final (Mateo 13: 24-30) La tarea de los discípulos es permitir que la vida de uno sea un testimonio para traer amor, luz, verdad y sanación a un mundo atrapado en la oscuridad, aislamiento, división y destrucción de odio y egoísmo.
La venida del reino sigue en el compromiso fiel de todos los seguidores de Cristo y la gente de buena voluntad. Donde sea que haya amor, ahí esta la continuación de la conquista del odio, la división, el prejuicio y todo lo que deshumaniza. Donde sea que haya amor, no importa cuan pequeño y escondido esté, es como la semilla que es la más pequeña de todas las semillas que se vuelve el árbol para todas las aves del cielo (Mateo 13: 31-32)
La vida vivida en fidelidad al evangelio traerá el amor de Dios a un mundo quebrantado. (Juan 15) esta fidelidad a la misión cristiana es compartir en el amor salvador de Dios. Esta es la última realidad para la superación del mal por la siempre expansiva presencia del amor de Dios en el corazón humano. Este amor demanda servicio y acción responsable. Este amor no tiene significado si no hay conciencia por los pobres y necesitados. La comunidad cristiana siempre estará expandiendo los límites para incluir a los abandonados y olvidados. Habrá acción, pero esta acción debe estar enraizada en el amor para traer la victoria de Dios sobre el mal. Esto sucede cuando el verdadero ser reina dentro de nosotros individualmente y con la siempre creciente influencia en nuestro mundo. Todo esto no sucederá sin la oración personal profunda.















