
Juan 1: 29-34
Estimados amigos, San Mateo es nuestro guía conforme caminamos con Jesús en el inicio del tiempo ordinario de nuestro año litúrgico. Yo siempre miro hacia adelante por un nuevo viaje que es el mismo, pero siempre más profundo, siempre más invitador conforme crecemos más en nuestra madurez personal y en nuestra fe.
Hoy, sin embargo, empezamos con San Juan y no solamente con Juan, sino que aparentemente la misma historia que tuvimos la semana pasada sobre el encuentro de Jesús con el Bautista. Esto significa que necesitamos ir más profundo por el mensaje de la versión de Juan sobre el bautismo para entender cómo se conecta con el viaje de San Mateo.
Una nota sobre el evangelio de San Juan será de ayuda. Juan fue escrito muchos años después que los otros evangelios. Tiene una comprensión más profunda y más madura de la identidad de Jesús. Esta es una de las razones por las que es muy diferente de los otros evangelios.
Juan se dio cuenta que Jesús fue la más completa y la más perfecta revelación de quién es Dios. En la persona de Jesús, tenemos ese glorioso descubrimiento.
Ver a Jesús es ver a Dios. La declaración de hoy de “Yo soy” el cordero de Dios es la primera de muchas. Todas ellas son revelaciones directamente de Dios en la persona de Jesús. Este es uno de muchos títulos que Juan le da a Jesús tales como la Luz del Mundo, el Agua Viva, el Pan de Vida, la Vida y la Resurrección, y por supuesto, el Camino, la verdad y la vida.
Este es un segundo punto en Juan que es de mucha ayuda conforme empezamos nuestro empeño con Mateo. Este título “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” este título lleva a una expectativa mesiánica en una forma diferente. No fue el libertador nacional o la persona con poder político y económico. Fue el comienzo de una transformación de la idea de salvación y la naturaleza del Mesías que fue mucho más significativa y más rica y más universal que la anticipación común de la gente en el tiempo de Jesús. Las semillas del Mesías sirviente y sufriente fueron sembradas justo desde el inicio.
Nosotros aún luchamos con la idea de un Mesías crucificado más que con un “Hazme sentir bien Jesús” también en nuestros días. Aún somos mucho más propensos a ver a Dios como la respuesta a nuestros problemas más que como al Dios que nos librará del egoísmo y nos llevará a servir y a entregarnos en el camino a Jerusalén con Jesús.
El mensaje del evangelio de hoy es claro y al punto. Jesús es la plenitud de la revelación de Dios. Él nos llevará en el viaje a la salvación. Necesitamos ser fieles a su llamado porque Él tiene la respuesta a los anhelos más profundos del corazón humano.
Conforme empezamos el viaje con San Mateo, necesitamos saber que la respuesta a nuestra búsqueda es una apertura a la llamada de Dios en la persona de su Hijo. Jesús es el Cordero de Dios que nos guía a la libertad del mensaje del evangelio de la Buena Nueva. Esto es por lo que la iglesia nos invita a empezar con este pasaje al inicio del evangelio de Juan, un panorama de Cristo que es fuerte desde el mero principio.
Así como los discípulos caminaron los caminos polvosos de Galilea, nosotros también, tenemos la oportunidad de caminar una vez más con el Hijo de Dios hecho Carne y nos llama a salir de la oscuridad a la luz.
El estribillo del Salmo responsorial captura esta imagen del cordero de Dios para nosotros. Jesús es el siervo, el siervo sufriente por un mundo roto y pecaminoso. Él ha venido a liberarnos de las consecuencias del pecado que es nuestra herencia por el pecado original. También estamos llamados para ser sirvientes en la causa de la salvación. El Salmo tiene la respuesta para nosotros: Aquí estoy Señor, para hacer tu voluntad.
Hoy, sin embargo, empezamos con San Juan y no solamente con Juan, sino que aparentemente la misma historia que tuvimos la semana pasada sobre el encuentro de Jesús con el Bautista. Esto significa que necesitamos ir más profundo por el mensaje de la versión de Juan sobre el bautismo para entender cómo se conecta con el viaje de San Mateo.
Una nota sobre el evangelio de San Juan será de ayuda. Juan fue escrito muchos años después que los otros evangelios. Tiene una comprensión más profunda y más madura de la identidad de Jesús. Esta es una de las razones por las que es muy diferente de los otros evangelios.
Juan se dio cuenta que Jesús fue la más completa y la más perfecta revelación de quién es Dios. En la persona de Jesús, tenemos ese glorioso descubrimiento.
Ver a Jesús es ver a Dios. La declaración de hoy de “Yo soy” el cordero de Dios es la primera de muchas. Todas ellas son revelaciones directamente de Dios en la persona de Jesús. Este es uno de muchos títulos que Juan le da a Jesús tales como la Luz del Mundo, el Agua Viva, el Pan de Vida, la Vida y la Resurrección, y por supuesto, el Camino, la verdad y la vida.
Este es un segundo punto en Juan que es de mucha ayuda conforme empezamos nuestro empeño con Mateo. Este título “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” este título lleva a una expectativa mesiánica en una forma diferente. No fue el libertador nacional o la persona con poder político y económico. Fue el comienzo de una transformación de la idea de salvación y la naturaleza del Mesías que fue mucho más significativa y más rica y más universal que la anticipación común de la gente en el tiempo de Jesús. Las semillas del Mesías sirviente y sufriente fueron sembradas justo desde el inicio.
Nosotros aún luchamos con la idea de un Mesías crucificado más que con un “Hazme sentir bien Jesús” también en nuestros días. Aún somos mucho más propensos a ver a Dios como la respuesta a nuestros problemas más que como al Dios que nos librará del egoísmo y nos llevará a servir y a entregarnos en el camino a Jerusalén con Jesús.
El mensaje del evangelio de hoy es claro y al punto. Jesús es la plenitud de la revelación de Dios. Él nos llevará en el viaje a la salvación. Necesitamos ser fieles a su llamado porque Él tiene la respuesta a los anhelos más profundos del corazón humano.
Conforme empezamos el viaje con San Mateo, necesitamos saber que la respuesta a nuestra búsqueda es una apertura a la llamada de Dios en la persona de su Hijo. Jesús es el Cordero de Dios que nos guía a la libertad del mensaje del evangelio de la Buena Nueva. Esto es por lo que la iglesia nos invita a empezar con este pasaje al inicio del evangelio de Juan, un panorama de Cristo que es fuerte desde el mero principio.
Así como los discípulos caminaron los caminos polvosos de Galilea, nosotros también, tenemos la oportunidad de caminar una vez más con el Hijo de Dios hecho Carne y nos llama a salir de la oscuridad a la luz.
El estribillo del Salmo responsorial captura esta imagen del cordero de Dios para nosotros. Jesús es el siervo, el siervo sufriente por un mundo roto y pecaminoso. Él ha venido a liberarnos de las consecuencias del pecado que es nuestra herencia por el pecado original. También estamos llamados para ser sirvientes en la causa de la salvación. El Salmo tiene la respuesta para nosotros: Aquí estoy Señor, para hacer tu voluntad.
