EPIFANIA

Mateo 2: 1-12 

Estimados amigos, Las narrativas de la infancia de Jesús en los capítulos I y II son llamados mini evangelios. En ellos se afirman tres puntos básicos de la Buena Nueva de la salvación: 

  1. Dios quiere la salvación para todos;
  2. Jesús es el tan esperado Mesías Salvador; 
  3. La misión es para el mundo entero con todas sus variaciones de lenguaje, culturas y razas.
Jesús les habla a todos los pueblos. Esto incluye un mensaje de sabiduría a toda variante de edad, situación de vida, cultura y dones individuales. Todos son bienvenidos a la mesa de la vida y la salvación por el Pan de Vida. Todos somos iluminados por la Luz del Mundo.

La Epifanía es conocida comúnmente como la fiesta de los tres reyes magos. El texto de las escrituras no dice nada sobre el número tres. Tampoco hace mención de que eran reyes y no habla de su raza. Estas son unas de las varias expresiones culturales desarrolladas con el paso de los siglos. El mensaje del Evangelio de la fiesta es sobre la universalidad de la Gracia salvadora de Dios y su amor. Todos los pueblos están invitados al banquete celestial.

Las expresiones culturales y folclóricas siempre han enriquecido la proclamación del evangelio. Con frecuencia, estas adiciones han sido iluminación para el mensaje básico de salvación, por otro lado, el mensaje también ha sido ampliamente distorsionado con exageraciones de piedad e incluso con algunas contradicciones enraizadas en prejuicios y cultura nacional.

Una de las mayores esperanzas del Concilio Vaticano II fue llevarnos de regreso al mensaje central del evangelio, para poner a Jesús en el centro. Uno de los desarrollos más importantes de esta reunión ocurrió una década más tarde cuando el Papa Pablo VI nos dio uno de los documentos papales más grande de todos los tiempos sobre el tema de la evangelización. Pablo VI señaló que el mensaje del evangelio nunca está libre de expresiones culturales pero que tenemos que trabajar siempre para ir más allá de cualquier expresión particular ya sea nacional o racial que limite el evangelio.

Ya sea el desfile del Día de San Patricio o la celebración de la Virgen de Guadalupe, el Cristo Negro de Esquipulas o la celebración de Nuestra Señora de Lourdes; todas tienen su propio empuje para limitar el mensaje del evangelio a una visión parcial de un grupo o nación. La fiesta de hoy de la Epifanía nos abre a la universalidad. Estamos invitados a incluir a cada uno. Esto no es un desafío pequeño.

En el centro de la fiesta de hoy no están los tres reyes, sino la verdad elusiva que todos los seres humanos compartimos: una dignidad común y un destino. Todo ser humano está llamado a la unión con Dios. Hay un evangelio de inclusividad que es un desafío sin fin para los seguidores de Cristo. Nuestro gran obstáculo es la interminable manera en que dividimos y degradamos, con frecuencia en el nombre de Jesús.

Jesús proclamó incesantemente la dignidad de la mujer y de los niños, Jesús constantemente atacó el pecado, la enfermedad, la etnicidad como barreras a la unidad común de todos. La iglesia y todas las religiones e ideologías han luchado duramente a través de la historia incluso hasta estas noticias matutinas con este llamado a la aceptación universal.

El evangelio de hoy dice que el cuento de los magos es mucho más que un lindo cuento sobre unos visitantes extranjeros que vienen de forma inesperada a una familia pobre. Los magos son un símbolo de la universalidad de la salvación. Este es un mensaje de buenas nuevas que nos informa que este niño es el tan esperado Hijo de David, el gobernador prometido y el salvador de Israel. Él abrirá el regalo de la salvación para todos los pueblos. Nadie necesita una visa o una tarjeta verde o papeles de residencia en el pesebre. ¡Todos son bienvenidos!

El evangelio de hoy nos dice que no necesitamos viajar lejos para buscar a Jesús. Los lugares exóticos no tienen que ser parte de nuestra búsqueda. La Epifanía, la revelación de Jesús, siempre tiene lugar en medio de nuestra vida. Jesús está alrededor de nosotros. Necesitamos mirar con fe para abrazarlo en nuestros hermanos y hermanas, especialmente entre los necesitados y los pobres que hay entre nosotros.

Hace algunas cinco décadas, el Concilio Vaticano II aclaró la verdad de esta fiesta en esta bella y visionaria declaración:

“Las alegrías y esperanzas, el dolor y la angustia de la gente de nuestro tiempo, especialmente los pobres y afligidos en alguna manera, son las alegrías y esperanzas, el dolor y la angustia de los seguidores de Cristo también. Nada genuinamente humano falla para encontrar un eco en sus corazones.” Gaudium et Spes, diciembre de 1965.
Compartir: