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DOMINGO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Juan 3:16-18

Queridos amigos: En las enseñanzas de Jesús no encontramos ninguna descripción de la Trinidad como Padre, Hijo y Espíritu Santo. La Iglesia necesitó siglos de reflexión, conflictos casi constantes y profunda oración para articular la realidad de la Trinidad tal como la expresamos hoy en nuestro Credo.

Jesús fue la revelación de Dios. Su mensaje fue de amor y misericordia. Como Iglesia, aprendimos que no podemos llegar a Dios solo con el pensamiento. El único camino hacia el Misterio Divino es un camino de amor guiado por una fe abierta y una obediencia sincera al amor. Jesús nos enseñó el camino del amor: amor a Dios, al prójimo y al mundo.

A través de Jesús, hemos aprendido que nuestro llamado a la fidelidad se refleja en la fidelidad de Dios a la humanidad. A lo largo de la dolorosa y conflictiva historia de la humanidad, Dios ha respondido con amor y misericordia, mucho más allá de nuestra comprensión. Nuestra resistencia y rebeldía al llamado al amor siempre han recibido una respuesta divina de paciencia, compasión y amor misericordioso. Esta es la única respuesta posible de un Dios trinitario que es amor.

Tenemos una imagen exquisita de cómo sería una verdadera respuesta al amor de Dios. Aristides, un erudito filósofo griego, describió así a los cristianos del siglo II: «Se aman unos a otros. Nunca dejan de ayudar a las viudas; salvan a los huérfanos de quienes les harían daño. Si tienen algo, lo dan generosamente al que no tiene nada; si ven a un extraño, lo acogen en su casa y se alegran como si fuera un hermano. No se consideran hermanos en el sentido habitual, sino hermanos por medio del Espíritu, en Dios».

El pasaje del Evangelio de hoy ha sido a menudo llamado un evangelio en miniatura. Describe en tan solo unas líneas el amor ilimitado de Dios. En Jesús, vemos la continua manifestación de este amor del Padre. ¡Jesús es el don supremo que nunca deja de dar, de llamar y de amar!

El Evangelio de hoy nos dice por qué Dios nos ha salvado. Todo se reduce al amor. Dios ha elegido revelar la magnitud y el poder de este amor a través de los actos salvadores de su Hijo y de la acción constante del Espíritu Santo. Este amor no conoce límites, no tiene condiciones y no necesita invitación. Simplemente lo abarca todo. Como declaró Santa Teresita del Niño Jesús: «¡Todo es gracia!».

El Evangelio de hoy nos presenta este amor divino con gran claridad. Dios toma la iniciativa: «Porque de tal manera amó Dios al mundo» (Jn 3:16).

Al amar al mundo, Dios nos muestra que todos estamos invitados al amor mutuo que es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Jesús plasma este amor totalmente inclusivo en las parábolas del Buen Samaritano, el publicano, Magdalena, el padre de los hijos afligidos y en tantas otras expresiones de aceptación y misericordia. Asimismo, el Evangelio de hoy nos revela el propósito de la misión de Dios: «Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por medio de él y goce de la vida eterna» (Jn 3,16-18).

Este amor divino, descrito en el Evangelio de Juan, trasciende nuestra comprensión, está completamente fuera de nuestro alcance y excede nuestra capacidad de corresponderle. Dios nos amó primero y con una generosidad que jamás podremos igualar. Al final, lo único que podemos hacer es intentar seguir los pasos de Jesús y acoger su amor misericordioso.

Jesús nos invita al misterio del amor y la vida que es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La decisión es nuestra. Podemos aceptar o rechazar.

La gran alegría de la fiesta de la Santísima Trinidad de hoy, como toda proclamación del Evangelio, es que Dios nunca se da por vencido con nosotros. Jesús nos llama constantemente a aceptarlo como el camino, la vida y la verdad. Poco a poco, la vida nos enseña que Jesús tiene un plan mejor, tanto para esta vida como para la venidera. Nuestra vocación se fundamenta en este Dios de amor y estamos destinados a ser uno con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.
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PENTECOSTÉS

Juan 20: 19-23 

Estimados amigos. La fiesta de Pentecostés es la celebración de la caída de las barreras de tiempo y espacio y la apertura plena del mundo para recrear las maravillas del amor. En su pasión y muerte Jesús confrontó el mal. Este fue el encuentro cumbre de toda la historia. El amor ganó.

Todo fue de repente, Jesús está en medio de ellos. Su mensaje no es la venganza. Asombrosamente, Él incluso no señala con el dedo al colapso de cobardía que mostraron ellos. Sus discípulos confiables estaban demasiado asombrados para sentir la pena. Fue un momento que dio tremendo giro de miles de grados. Jesús había resucitado como lo dijo, Aleluya.

Su mensaje fue directo, claro, y sencillo: “Que la paz esté con ustedes” (Juan 20: 19) su paz transmitió el tesoro del perdón. Estos dos regalos de paz y perdón están en el contexto de su comisión para ellos. “Como el Padre me ha enviado, yo los envío a ustedes” Al decir esto, sopló sobre ellos y dijo ´reciban el Espíritu Santo´” (Juan 20: 21-23)

Ese mensaje de victoria es entregado a los discípulos junto con el regalo del Espíritu Santo. Este atemorizado y desesperado grupo recién salido de su abandono en la crisis del Huerto, ahora recibe la paz y el perdón de Jesús junto con el último regalo del Espíritu Santo. El temor y la confusión ahora se convertirá lentamente en convicción imparable de alegría y feroz entusiasmo. Nada iba a superar su certeza en el espíritu. Nada iba a cerrar su mensaje del Cristo crucificado y resucitado. Contra todos los pronósticos, el regalo del Espíritu Santo iba a ganar por medio de estos temerosos, confundidos y desilusionados hombres y a sus hermanos y hermanas.

Recibir al Espíritu Santo es un símbolo de la nueva creación. Justo como Dios sopló vida en Adán en el Jardín del Edén, así también, Jesús sopló nueva vida en los discípulos que los hace santos y los lleva a conquistar el mal.

Lucas, en la segunda lectura de hoy de los Hechos de los Apóstoles, da otra conexión bíblica. La gran cantidad de extranjeros con una gran variedad de idiomas oyen en unidad. Este es el Espíritu manifestando la eliminación de la división y el aislamiento causado por la Torre de Babel.

Después de la recepción del Espíritu Santo, la historia de los discípulos es muy diferente. El temor da paso a la valentía y al compromiso. Una nueva convicción los lleva a confrontar el poder con paciencia y perseverancia. La espada de doble filo del mensaje del evangelio de Jesús corta el yugo del terror y la cobardía. El evangelio es proclamado a pesar del conflicto y la incomprensión.

Las barreras culturales y la estrechez parroquial nativa se abren a la visión de una comunidad universal que sigue en crecimiento en nuestros días.

Obsequiados con el Espíritu Santo, se unen al Cristo resucitado para testificar la victoria del amor sobre el mal y la muerte. Las semillas de la nueva creación fueron sembradas en los corazones de los débiles y peatonales seguidores de Cristo. Ellos empezaron una comunidad de fe siempre en expansión que ha sobrevivido y prosperado durante miles de años.

Hoy, en esta fiesta de Pentecostés, estamos invitados otra vez para recibir el regalo del Espíritu. Para que sea así, necesitamos alejarnos del pecado que es un rechazo al amor. Como con los primeros discípulos, el Espíritu nos llama a expandir continuamente los horizontes de nuestro amor.

El Espíritu nos empodera y nos invita a orar. El Espíritu ofrece una paz que trasciende nuestra búsqueda infinita de seguridad en las cosas del mundo. El Espíritu nos permite romper las cadenas de la esclavitud, de la atadura cultural al racismo, sexismo, a la ceguera de la destrucción de la creación, y más que todo, una falla sencillamente para amarnos unos a otros. Pentecostés es la fiesta de la liberación de nuestro temores, ansiedades y divisiones.

El Espíritu nos llama a ser las manos y pies, y más que todo, el corazón de Cristo dentro del mundo de nuestras responsabilidades y relaciones. Estamos llamados a ser verdaderos testigos del mensaje del evangelio de Jesús. Y no nos olvidemos que un testigo es aquel cuyas acciones de vida hablan tan alto que la gente no diga que no puede oír lo que dices.

La paz de Cristo viene con un precio. La paciencia y la gentileza junto con la alegría y amabilidad y los otros frutos del Espíritu son siempre regalos preciosos. Ellos son posibles solamente en un corazón que está buscando la reconciliación. Esta nueva vida en el Espíritu trae paz y perdón en un mundo devastado por el pecado y la muerte. Este es el llamado para nosotros en este Pentecostés: transformar nuestras vidas por el regalo de la paz de Cristo y su llamado al perdón. Lentamente, tenemos que entender que, por el Espíritu no hay límite en el perdón y que el objetivo de la inclusividad es dinámico y siempre en expansión. Las numerosas descripciones para “esa gente” en nuestros corazones tiene que dar paso a una nueva definición de “nosotros”. En esta lucha para alejarnos de nuestro mundo cómodo, debemos estar abiertos al Espíritu para encontrar el único camino que lleva al merecimiento del regalo de la paz de Cristo.
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FIESTA DE LA ASCENCIÓN

Mateo 28: 16-20 

Estimados amigos, En la fiesta de hoy de la Ascensión, es difícil para nosotros comprender la enormidad del impacto de los apóstoles. Necesitamos una fe verdaderamente profunda para crecer en una conciencia honesta de la profundidad de la convulsión de los apóstoles en la partida de Jesús.

Primero que todo, ellos están solos. Ellos tenían poca organización y menos claridad sobre su misión. No importa la belleza de las reconfortantes palabras finales de Jesús, su mentor, su maestro, su guía y apoyo para esos tres intensos años que ya se habían ido.

Traten de imaginar cuán alarmante y doloroso fue el mensaje de universalidad. La primera iglesia lucharía con eso por décadas.

Una parte significativa del evangelio de Mateo fue sobre el cumplimiento de la ley mosaica y no el retiro de ella. Después de toda una vida de experiencia y siglos de tradición, el concepto de ser “El Pueblo Elegido” fue simplemente parte de su ADN judío. Ahora, en un instante, ellos están misionados para cambiar todo de arriba abajo por dentro y por fuera y predicar el evangelio a los gentiles paganos.

Jesús lo dejó claro, una y otra vez, su misión era para la familia de Abraham. Ahora, en este encuentro final, la misión es “Hacer discípulos de todas las naciones” (Mateo 28: 19) Iba a tomar cierto tiempo para los primeros discípulos y para la primera iglesia entender la profundidad del llamado de Jesús a la inclusión universal. La confusión consecuente está retratada claramente en Los Hechos de los Apóstoles. Decir la verdad, tenemos más que suficientes problemas aceptando a un extraño en nuestras propias parroquias hoy.

Segundo, nosotros leemos en el texto del evangelio “Cuando ellos lo vieron, lo adoraron, pero ellos dudaron” (Mateo 28: 17) Mientras que Mateo es mucho más gentil que Marcos, él también, retrata a los doce apóstoles originales como un grupo defectuoso de seres humanos. Este texto es un ejemplo de ello. Justo desde el inicio, la iglesia estuvo luchando con los claros limites de la condición humana sin importar cuan exaltada fuese la comisión divina para proclamar el evangelio a los confines de la tierra.

La aflicción de la debilidad humana está un poco presente en la iglesia y sus miembros hoy en día.

La duda y la confusión han sido parte de la realidad de la iglesia a través de la historia. Ha habido poco tiempo en la historia de la iglesia en la que algún grupo no haya estado en el proceso de romperse. La infidelidad y el conflicto han estado presentes desde los primeros tiempos de Los Hechos de los Apóstoles hasta la crisis de la misa en latín de hoy. El abuso de jóvenes en el escándalo sexual de nuestros tiempos es solo una parte de una larga historia de pecado e infidelidad. En el largo viaje de la iglesia de pecado y gracia, Jesús ha mantenido su promesa de estar con nosotros en la iglesia hasta el final.

Una observación final es más reconfortante. En Mateo 1: 23 leemos: “La virgen concebirá y dará a luz, y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa Dios con nosotros.” Ahora otra vez recibimos esta afirmación divina de Jesús: “Y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia.” (Mateo 28: 20)

Mientras que siempre ha habido un gran número de problemas, siempre ha habido un grupo más que sustancial de testimonios en la iglesia llamándonos en palabra y en verdad al mensaje del evangelio.

Hoy, nosotros también enfrentamos nuestra realidad diaria y tenemos el llamado de Cristo para vivir y predicar el evangelio. No hay mayor desafío en la vida si nosotros queremos responder verdaderamente con generosidad. Los obstáculos son enormes. Aparentemente incontables de nuestros hijos y amigos y parientes han abandonado la iglesia. Los jóvenes de hoy parecen mucho más inclinados a encontrar su camino espiritual fuera de la religión organizada. Nuestra cultura se vuelve más materialista por la hora y menos inclinada a tomar la espiritualidad en serio. Junto con esto, y muchos otros factores negativos, tenemos el aparente eterno embate del abuso sexual en la iglesia.

En todo ello, necesitamos aferrarnos a la promesa de Emmanuel, Dios está con nosotros.

El significado de esta bella fiesta de la Ascensión está capturado en las palabras del prefacio de la misa de hoy:

Cristo, el mediador entre Dios y los hombres y mujeres,

Juez del mundo y Señor de todo

Ha pasado más allá de nuestra vista

No para abandonarnos sino para ser nuestra esperanza.

Cristo es el inicio, la cabeza de la iglesia;

A donde Él ha ido esperamos seguirle.

Nuestra esperanza está enraizada en la realidad de que Jesús está con nosotros todo el tiempo. Nuestro destino no es la desesperanza y la confusión. Es un simple compromiso para vivir con fe y confiar en un Dios que tiene un mejor plan. Oramos en la plegaria de apertura de la misa de la Ascensión, “Que lo sigamos en la nueva creación, porque su Ascensión es nuestra gloria y nuestra esperanza”

Nosotros celebraremos el otro gran regalo del Misterio Pascual, el Espíritu Santo, en la fiesta de la próxima semana de Pentecostés.
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SEXTO DOMINGO DE PASCUA

Juan 14: 15-21 

Estimados amigos, Conforme nos acercamos a esta temporada de pascua, es bueno reflexionar sobre Los Hechos de los Apóstoles. Solamente en el tiempo de pascua tenemos esta primera lectura de los hechos. Todos los demás domingos la primera lectura es de las escrituras hebreas.

Los Hechos de los Apóstoles es un libro sobre el nacimiento y el crecimiento de la iglesia. También es una revelación de lo que sucede a la gente cuando comprende y se compromete con el Misterio Pascual, que es la muerte y resurrección de Jesús.

Jesús pudo haber hecho muchas promesas a los primeros discípulos. Él pudo haber cumplido sus sueños de éxito, poder, privilegio y riqueza. Él pudo haberles hablado sobre triunfo fácil y gran admiración entre un siempre creciente grupo de creyentes. Ninguno de estos escenarios se ajusta a la agenda de Jesús.

Su mensaje fue seguirlo a Él en el camino a Jerusalén y tomar su cruz. Esto fue conflicto y confusión. Esto fue rechazo y muerte. Los Hechos de los Apóstoles sigue este libreto claramente.

Por otro lado, Jesús prometió al paracleto para guiarlos en el camino de la verdad y el camino del amor justo como Jesús fue tan fiel al abrazar su pasión, muerte y resurrección.

Los Hechos de los Apóstoles tiene dos personajes principales, Pedro y Pablo. Hay unos pocos momentos idílicos en el principio donde todos están descansando en armonía y paz. A ellos les duró poco. Rápidamente hay un cambio hacia la realidad tan expresiva de la condición humana en la parábola de la cizaña y el trigo.

Una pareja se abstiene de entregar todas las ganancias de la venta de una propiedad a la cartera común. Ellos mueren en el acto. Las viudas griegas inmediatamente se hacen las victimas de prejuicio en la no perfecta nueva comunidad cristiana. Ambos, Pedro y Pablo se preguntan sobre su ortodoxia por la oficina de Jerusalén. En la opinión de muchos, su apertura para con los extranjeros es peligrosa para la fe.

Este asunto de aceptar creyentes gentiles llevó a la mayor ruptura en esta primera comunidad. La elección volátil que confronta la nueva comunidad de una manera muy poderosa es esta: es la nueva realidad del mensaje de Jesús, simplemente y exclusivamente un complemento de la ley mosaica o es una realidad completamente nueva. Este fue un desafío para una transformación cultural que se volvió dolorosa, divisiva y violenta. Sin embargo, al final, se volvió totalmente liberadora. Pedro y Pablo fueron desafiados a todos los niveles por la explosividad de este asunto fundamental y formativo que dio nacimiento a la iglesia. Al mismo tiempo, fueron perseguidos por los lideres judíos.

El resultado fue encarcelamiento frecuente, intentos de asesinato, conflicto constante y escuadrones de la verdad que eran destructivos y brutales. Pablo tenía que escapar con frecuencia en secreto para salvar su vida. Mas de una vez, él fue golpeado casi hasta la muerte. Él tuvo suerte en esto. Esteban y muchos otros de los primeros cristianos no tuvieron tanta suerte. Ellos fueron martirizados.

Conforme la historia en Los Hechos progresaba, se volvió mas claro que el Paracleto que Jesús prometió y entregó tenía un papel muy poderoso. Así como Jesús se había vuelto el camino y la vida y la verdad para los primeros discípulos, el Espíritu Santo se volvió el camino y la vida y la verdad para el desarrollo de la realidad de la primera iglesia. El Espíritu los estuvo guiando a través del tumulto y la persecución.

Todavía en medio de todo este conflicto y confusión, se tomaron decisiones. El evangelio fue proclamado. La iglesia eventualmente abrazó nuevas culturas y nuevos pueblos. El viaje fue ni suave ni derecho. Cuando Pedro y Pablo murieron después de décadas de predicar el evangelio, hubo al menos varios miles de fieles cristianos. Cualquier misa Papal en estos días tendrá por lo menos de veinte a treinta veces más gente asistente.

Las semillas fueron sembradas en las vidas y testimonios de Pedro y Pablo. Ellos fueron verdaderos creyentes que caminaron su difícil viaje con un sentido de alegría y de maravilla en el Cristo resucitado. Ellos tomaron con el corazón las palabras de Cristo en el evangelio de hoy de Juan. “No los dejaré huérfanos, sino que volveré a ustedes. Dentro de poco el mundo ya no me verá. Pero ustedes me verán, porque yo vivo y ustedes también vivirán. Aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre y ustedes están en mí y yo en ustedes. El que guarda mis mandamientos después de recibirlos, ése es el que me ama. El que me ama a mí, será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él.” (Juan 14: 17-21)

Para Pedro y Pablo, el acto concluyente de Cristo, la muerte y resurrección, fue una realidad consumada que llenó sus corazones con un fuego de amor que los llevó a predicar a Cristo en medio del caos, la confusión y la discordia. Esta predicación se volvió una fuente de paz y dirección. Desplegó un sentido de esperanza y fidelidad que fundó en la tierra una nueva iglesia en verdad y amor.

Necesitamos tomar con el corazón el pasaje del evangelio de hoy y el mensaje de este tiempo de pascua. Si lo hacemos, nos llevará a descubrir la paz y la fortaleza que vienen del Cristo resucitado. Las circunstancias de nuestra iglesia hoy comparten mucho del mismo caos y confusión. Tenemos el escándalo del abuso sexual, la división de las denominaciones cristianas, la maldición del clericalismo y el temor de un papel mas poderoso y significativo para las mujeres, y esto sigue.

Pero no estamos huérfanos. Necesitamos volver al Cristo resucitado y orar por el regalo del Espíritu y el poder de amarnos unos a otros. Esto abrirá el camino en nuestra búsqueda por Su dirección y guía. No hay duda, encontraremos el camino al amarnos mutuamente.
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QUINTO DOMINGO DE PASCUA

Juan 14: 1-12 

Estimados amigos, En mis primeros días como seminarista Carmelita, tuve un retiro que recuerdo vívidamente setenta y un años después. No recuerdo nada del mensaje del predicadore. Lo que recuerdo es que él nos dijo que cada noche dormía en un ataúd. Él quería aumentar la conciencia de que un día iba a morir. En aquel momento pensé que era bastante extraño. Ahora que estoy varias décadas más cerca de mi muerte pienso que la rutina del ataúd está mucho más allá de ser extraña.

En el tiempo de pascua, hay un mensaje magnifico sobre nuestra muerte personal. No es del todo malo, de hecho, es un regalo maravilloso. El prefacio para la misa de cuerpo presente narra una descripción de la siguiente manera:

En Él, que resucitó de entre los muertos está nuestra esperanza de la resurrección.

La tristeza de la muerte da paso a la promesa de la inmortalidad.

Señor, para tus fieles la vida sólo cambia, no termina.

Cuando nuestro cuerpo mortal yace en la muerte

Ganamos una morada eterna en el cielo.
El evangelio de hoy, con frecuencia es usado en las misas de funerales. En el contexto de este poderoso ritual, la mayoría de gente lo comprende. Vamos a ir a una vida mejor. El problema es que la mayoría de nosotros lo entendemos solamente cuando ya no podemos evadir por más tiempo la realidad de la muerte. La muerte de un ser querido simplemente nos engulle en el grande y doloroso misterio que es la muerte. Hay solamente un asentimiento simbólico hacia el sobrecogedor regalo de la resurrección. Esto usualmente es expresado en las frases “el final de su sufrimiento” y “él o ella está en un mejor lugar ahora”

Nuestra cultura es muy evasiva al enfrentar la muerte por lo que es: una enorme y definitiva parte de la vida. El mensaje del tiempo de pascua seguramente no nos llama a la bizarra y mórbida actividad de dormir en un ataúd, sin embargo, nos invita a enfrentar la muerte como una parte crucial de nuestra vida.

Jesús quiere que sepamos que la vida es un regalo para hoy. Necesito abrazarla en alegría y maravilla lo más entusiasta que pueda porque no tengo garantía para mañana. Dios nos llama a vivir este día en amor y servicio. Aceptando que la muerte es verdaderamente una gran parte de nuestra vida y no es una invitación para vivir en preocupación y ansiedad. Es un llamado a ser realista.

La preocupación de Tomás en el evangelio de hoy se relaciona con nuestra confusión y el balance. Estos dos elementos drásticamente diferentes de la muerte. Ambos son pérdidas horribles que llevan a un tormento personal inevitable y es una gloriosa victoria que trasciende cualquier alegría o expresión de felicidad en esta vida.

Jesús responde a Tomás diciéndole que Él es el camino. Todo lo que necesitamos hacer es caminar con Jesús y Él nos guiará a nuestro verdadero hogar.

Jesús nos dice otra vez que para no permitir que nuestro corazón se turbe, simplemente necesitamos tener fe en Él.

No hay que evitar el bien y el mal, lo armonioso y lo conflictivo, la enfermedad y la salud, y todos los elementos de nuestra condición humana que están en las manos amorosas del Dios de gracia revelado en Jesús. Jesús es el camino, la verdad y la vida (Juan 14: 6) Jesús nos dice No“ se turben; crean en Dios y crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. De no ser así, no les habría dicho que voy a prepararles un lugar (Juan 14: 1-2)

Hoy todos estamos un día más cerca del llamado amoroso de Dios que puede cambiar nuestra muerte en vida eterna. Este es el mensaje del Aleluya de la pascua. Somos tontos si no aceptamos esta realidad y permitimos que defina como vivimos. La resurrección es real. Significa que la muerte ha perdido su aguijón. Nuestro trabajo es celebrar con una vida llena de esperanza y alegría, amor y servicio.

Si mantenemos nuestros ojos en Jesús, reposaremos en la más real y honesta respuesta al siempre presente dilema de la muerte. Jesús nos dice que Él es el camino, el camino más seguro hacia Dios. Jesús es la más completa y la más rica expresión de Dios. Todas sus enseñanzas y patrones de vida, todos sus milagros y servicio, y más que todo, la gran revelación de amor en la pasión, muerte y resurrección – todo eso nos invita a caminar en amor con Jesús. El asombroso canto del Aleluya que proclamamos en la pascua dirige nuestros corazones hacia Jesús. En verdad no hay un camino más seguro que nos lleve a la verdad y a la plenitud de la vida que es Dios.
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CUARTO DOMINGO DE PASCUA

Juan 10: 1-10 

Estimados amigos, Este es el cuarto domingo de nuestro tiempo de pascua. Nuestro mensaje de hoy de enfoca en Jesús como la puerta. En el tiempo del evangelio, el Pastor tenía muchos deberes. Ellos construían una relación significativa con las ovejas.

La imagen de la puerta fue especialmente expresiva del papel de un pastor. Conforme las ovejas entraban, la puerta era una garantía de seguridad de las muchas fuentes de violencia e incluso de la muerte que esperaba en la oscuridad de la noche.

Durante la noche, el pastor literalmente dormía en la puerta, la entrada al aprisco. Cualquiera que iba o venía tenía que pasar por la presencia protectora del pastor.

En la mañana, el pastor guiaba a las ovejas fuera de la puerta a los campos fértiles que ofrecían comida y bebida.

La puerta era verdaderamente un símbolo de vida que era ofrecida en abundancia. Durante la temporada de pascua somos llamados a ponderar y a orar sobre el gran misterio del Cristo crucificado y resucitado. Esta es la verdadera fuente de nuestra vida en abundancia.

Solamente cuando traemos nuestras experiencias de vida al mensaje de pascua podemos empezar a obtener una vista de cómo Jesús vino al mundo para traernos vida y vida en abundancia.

El mensaje de la vida plena es repetido una y otra vez en el evangelio de Juan. Es más apropiado para el tiempo de pascua. En el encuentro amoroso con Jesús, recordamos la gran victoria de la vida sobre la muerte, del bien sobre el mal. Por el evento de la pascua no solamente tenemos vida en abundancia, tenemos la mas grande calidad de vida, vida eterna.

Juan usa la declaración de “Yo soy” en el cuarto evangelio para invitarnos a entrar en el misterio de Dios. El evangelista está revelando, en la persona de Jesús, la fuente de la vida eterna para los pecadores. En la resurrección, Jesús es “La Puerta” que abre hacia la vida eterna. Él es la fuente de vida en “La vid” y “la vida” y “la resurrección”. Él es “la puerta” y “el camino” para los pecadores que buscan en la oscuridad y la impredecibilidad de la vida. Él es “El Pastor” guiándonos en nuestra confusión y desconcierto. Él es “El Pan” que nutre a lo largo del camino.

En el tiempo de pascua, estamos invitados a entrar en “La Puerta” de la vida de cara a las molestias e inseguridades de nuestro día a día. Somos el pueblo del Aleluya. La victoria ha sido ganada. Nosotros alcanzamos la victoria por medio de “La Puerta” que es Jesús, el Señor resucitado. Él nos guiará a abrazar la vida y a vivir al máximo con el Aleluya sonando en nuestros corazones.
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TERCER DOMINGO DE PASCUA

Lucas 24: 13-35 

Estimados amigos. El tiempo de pascua es un tiempo en que nosotros desesperadamente necesitamos permitir que la sobrecogedora verdad de la resurrección penetre en nuestro ser. Hoy, en este tercer domingo de pascua tenemos la maravillosa historia de los discípulos en el camino a Emaus. Como todo lo que tiene que ver con las historias de la resurrección, este bello pasaje invita a entrar en el misterio de Cristo resucitado. Es un viaje de la cabeza al corazón.

La historia de hoy es especialmente sentida. Los dos discípulos le cuentan la historia a Jesús. Para ellos es una tragedia profunda. Ellos están frustrados y tambaleándose en un mundo de sueños destrozados. Su historia transmite dolor y desesperanza. En particular, ellos olvidan el mensaje de las mujeres sobre la tumba vacía y los ángeles.

Jesús toma la historia de ellos y la transforma en un mensaje de esperanza y vida. Él mostró que el misterio de la cruz develó el más profundo y lleno de gracia nivel de la realidad. En la sabiduría de Dios, la debilidad da paso al verdadero poder, lo vacío expresa la plenitud de la presencia de Dios y la muerte da paso a la vida eterna. “Entonces ellos se dijeron a sí mismos, ´ ¿no estaban nuestros corazones ardiendo mientras Él hablaba en el camino y abrió las escrituras a nosotros´?”” (Lucas 24: 32) esta es la historia del Aleluya.

En la experiencia de los discípulos, tenemos una visión fundamental en la vida cristiana. Necesitamos medir la historia del evangelio contra nuestra experiencia de vida. Tarde o temprano, experimentamos el destino humano común de los dos discípulos: sueños rotos, amor rechazado y las múltiples consecuencias de nuestra mortalidad. Una gran parte de nuestros esfuerzos luchan para cubrir todas las contingencias, pero al final no estamos listos para lo que la vida tiene guardado para nosotros. ¿quién podría realmente visualizar la profundidad de la división rota del partidismo en nuestro país, el corona virus y su impacto en nuestro mundo? ¿o quién podría creer que el número de tiroteos masivos sea mas grande que el número de días en el año? Somos como los discípulos envueltos en sueños de grandes cosas que pueden venir de Jesús, aquel que sería el salvador. Sin embargo, como ellos, nuestra visión de la vida tiene poco espacio para el rechazo y la pasión y la crucifixión de aquel fatídico fin de semana.

Lucas usa la frase “ojos abiertos” seis u ocho veces que aparece en el Nuevo Testamento. Siempre es sobre el viaje de la cabeza al corazón, “Mientras Él estaba con ellos a la mesa, tomó el pan, dijo la bendición, lo partió, y se lo dio a ellos. Con eso sus ojos se abrieron y lo reconocieron, pero Él se desvaneció de su vista.” (Lucas 24: 31-32) Cuando reconocemos a Jesús en fe, empezamos a ver la resurrección por lo que es. La victoria del amor sobre todo el mal que el mundo tiene para ofrecer. No todo está perdido. En verdad, la victoria es nuestra cuando caminamos con Jesús. Esta es la historia del Aleluya.

Tomas Merton tiene una bella definición de lo que es oración: la oración es un anhelo por estar en la presencia de Dios, una comprensión personal de la palabra de Dios, conocer la voluntad de Dios y la capacidad de oír y obedecer. Esto es lo que les sucedió a los discípulos en su encuentro con Jesús. Ellos se estaban alejando de la vida. Ellos estaban huyendo de las dificultades de sus sueños rotos. Jesús los dirigió a la presencia de Dios. La gracia de Dios abrió sus ojos al fuego de amor que estuvo ahí todo el tiempo. Esto sucedió cuando Jesús liberó la Palabra de Dios para ellos. Ahora, ellos estaban listos para hacer la voluntad de Dios.

Comparable a los discípulos en el camino a Emaus, nosotros tenemos que traer fe a nuestra historia. Con fe, entramos en la historia de las escrituras y lentamente vemos que Dios está con nosotros todo el tiempo. Esta es la historia del Aleluya.

En Jesús contando la historia otra vez, la esperanza y la fe reemplazan la desesperación y el dolor que dominaron la experiencia de los discípulos de la historia. Como la versión de Jesús de los eventos, necesitamos la palabra de Dios para que nos de dirección en nuestro camino a Emaus de manera que podamos encontrar nuestro camino de regreso a Jerusalén. Dios tiene un plan amoroso para nosotros.

El poder de la oración personal profunda puede abrir este camino de amor y nueva vida para nosotros. Podemos empezar a ver la realidad como impregnada con esperanza y nuevas posibilidades una vez que encontremos al Cristo resucitado. Esta es la historia del Aleluya.

La fe nos permite ver a Jesús poniendo la historia de los discípulos y la nuestra cabeza abajo como hizo con tantas experiencias en sus enseñanzas del evangelio. A través del misterio de la cruz, Él develó el nivel más profundo de la realidad. En esta revelación de la sabiduría de Dios, la debilidad da paso al verdadero poder, el vacío expresa la plenitud de la presencia de Dios y la muerte abre el camino a la vida que es eterna. Esta es la historia del Aleluya.

En nuestra celebración de la Eucaristía, recordamos en una forma más poderosa a Jesús partiendo el pan. Necesitamos permitir que nuestros corazones también ardan al reconocer la presencia de Jesús. Conforme avanzamos en nuestro viaje de vida con Jesús, Él está una vez más recontando la historia que es nuestra vida. ¡Esta es la historia del Aleluya!
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SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA

Juan 20: 19-31 

Estimados amigos en Cristo, En el desafiante y confuso viaje de tres años con Jesús, los apóstoles habían experimentado diferentes clases de inicios. A pesar de eso, nada los preparó para las 72 horas finales que los encontraron encerrados en su cuarto “Por temor de los judíos.” (Juan 20: 19)

Nadie estuvo en la montaña rusa de emociones más que Pedro. Primero, escuchamos su protesta en la Última Cena: “Tú nunca lavarás mis pies” luego, de una manera inmediata dice: “Maestro, entonces no solo mis pies, sino también mis manos y mi cara” (Juan 13: 8-9) justo después de eso: “Yo daría mi vida por ti” (Juan 13: 37) entonces, unas horas después de dormirse en el Huerto, nos asombramos al escuchar: “Entonces la mujer que vigilaba los portones le dijo a Pedro, “¿Tú no eres uno de sus hombres?” Pedro dijo, “No lo soy” (Juan 18: 17) finalmente, Pedro tiene una idea del horror de todo eso y de su debilidad personal: “Él salió y lloró amargamente.” (Mateo 26: 75)

Para Pedro y los otros discípulos, fue una pequeña caída de la arrogancia total a la devastación total. Ellos, que estaban anhelando el regalo de poder, riqueza, prestigio y privilegio, ahora estaban sumergidos en sueños aplastados y encerrados en temor y desesperanza. Lentamente, ellos se dieron cuenta que los eventos del fin de semana los habían expuesto como perdedores por desperdiciar tres años de sus vidas persiguiendo una ilusión. Ahora, había un peligro más grande en su puerta. Ellos de hecho estaban enfrentando el riesgo de prisión, y talvez incluso podían perder sus vidas.

El manejo de la crisis no les dio mucho tiempo para permitir que vieran que la profundidad de su cambio de circunstancias era para hundirse. De igual manera, ellos eran incapaces de ver con claridad la amplitud de su cobardía personal. Su increíble abandono de Jesús fue una negación chocante de tres años de discipulado e intimidad a los pies de Jesús. Su viaje de autoconocimiento estaba experimentando una invitación tumultuosa hacia una nueva y alarmante iluminación.

Entonces, en medio del dolor, del temor, de la pérdida y de la pronunciada confusión, ellos lo ven y lo oyen, “La paz esté con ustedes” (Juan 20: 19)

Ellos tenían mucha experiencia con el mundo de cabeza de Jesús. Sin embargo, nada los preparó para esto. En un instante, la derrota y la falla son ahora victoria y triunfo. La oscuridad es ahora luz. El abandono abre al abrazo. El pecado y la negación son lavados en amor, misericordia y sanación. En verdad, “La paz esté con ustedes.”

La iglesia es muy sabia al llamarnos a ponderar y a orar sobre este asombroso misterio de la resurrección para las próximas siete semanas. Hay muchas cosas buenas que aprender.

Si estamos dispuestos a ir suficientemente profundo, gradualmente veremos la historia de nuestras vidas en la vulnerabilidad de los discípulos. Veremos que nosotros, igual que los discípulos en el cuarto con llave, estamos siendo llamados a salir del dominio y control de nuestro temor y nuestras ansiedades. Se nos está ofreciendo el más magnifico de todos los regalos en esperanza. Tenemos ante nosotros el despliegue brillante de la misericordia de Dios, “Aquellos a quienes perdonen sus pecados, les serán perdonados.” (Juan 20: 23) es por esta razón que este segundo domingo de pascua está dedicado a recordar y a celebrar la misericordia de Dios.

Las lecturas de este segundo domingo de pascua, proclaman la presencia del Señor resucitado en medio del reino de temor, escepticismos y aprensión. En esta fiesta de la pascua Jesús viene a nosotros con paz y sanación. Él nos ofrece valor y alegría indescriptible.

Igual que los discípulos, somos amados en nuestro quebrantamiento. Somos aceptados en nuestra debilidad y pecaminosidad. Lentamente, obtendremos una débil luz del amor que Jesús tiene para nosotros. Es sin límite y sin condición. Es un tesoro tan rico y espléndido que difícilmente podemos empezar a darnos cuenta. Ya sea que lo entendamos o no, la meta de nuestro viaje espiritual en la vida es permitir que el poder y la belleza de este amor nos transforme en una nueva creación justo como hizo con los discípulos.

En verdad, Cristo ha resucitado, ¡Aleluya! Cuando permitimos que este misterio penetre la realidad más profunda de nuestro ser, nada volverá a ser lo mismo otra vez. Necesitamos estar entre aquellos que creen y aman a Jesús aun cuando no lo hemos “visto”. En Él tenemos paz, esperanza y alegría indescriptible. La maravilla del amor de Dios esta siempre ahí. Estamos invitados a entrar en este amor a través de nuestra celebración de pascua. Necesitamos permitir que el Aleluya nos traiga a las profundidades del amor de Dios, la verdadera experiencia de la pascua. Que la alegría de pascua nos lleve a ser testigos para dirigir a otros hacia el Aleluya de salvación.
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DOMINGO DE RESURRECCIÓN


Estimados amigos, El evangelio de Mateo nos ofrece un mensaje que está lejos de un final de Hollywood donde todo es paz, bien y amor. En el evangelio de Mateo, la Resurrección no es una garantía de que todos los problemas pasarán. No es una solución fácil para el encuentro incesante de la carga de la vida con el pecado, la injusticia, la enfermedad, el envejecimiento e incluso la muerte.

Lo que es la resurrección, sin embargo, es otro ataque glorioso de un Dios amoroso que empezó con la descripción de Emmanuel, (Dios con nosotros) en el capítulo uno. A lo largo de todo el evangelio tenemos esta exposición creciente de un Dios de amor y vida: Emmanuel. El evangelio completo es de una sola pieza. Por nuestra parte, estamos llamados a una transformación personal que nos dirige al amor renovador y dador de vida de Emmanuel.

Así, en la pasión, mientras tenemos un cuadro de la injusticia de la gente y de odio y de rechazo, también tenemos un tema que resalta que es el plan del amor de Dios que está trabajando. En el huerto, Jesús ora que ese cáliz amargo no sea necesario. En la cruz, la escritura es avistada que este sufrimiento fue el plan de Dios para revelar la verdadera naturaleza del Mesías. Aquí está nuestro Dios que comparte nuestro dolor y pérdida. Aquí está nuestro Dios que comparte la parodia de nuestro sufrimiento en este valle de lágrimas. Aquí está nuestro Dios que entra en las profundidades de la última angustia de la muerte solamente para abrir la expresión final de nuestra realidad, el destino de la vida eterna y la felicidad. En la resurrección tenemos la revelación de la vida libre de todas las consecuencias del pecado. Esta es la última expresión de amor y libertad en manos de nuestro Dios salvador. Este es Emmanuel.

La pascua es una expresión más de Emmanuel. La pascua es la invitación renovada para entrar en el misterio de la victoria de la vida sobre la muerte, el dominio final de la gracia sobre el pecado, y el bien encarnado, en la persona de Jesús, devastando el mal.

Con frecuencia, en la vida somos llevados a preguntar, ¿Cómo puede ser esto posible? El poder crudo y salvaje del mal nunca está lejos de nuestra puerta. Sus fuerzas destructivas están arañando los bordes de nuestra vida. Puede ser la muerte de un niño inocente o un familiar joven, el poder de una pandemia como el Covid, la destrucción sin sentido de la guerra o la violencia de las pandillas. Estas realidades siempre están surgiendo en nuestra vida diaria.

Cuando estos encuentros se liberan con fuerza de las sombras de la vida, el nuevo encuentro con el mal siempre parece llevarnos a preguntar otra vez con nueva intensidad, “¿Cómo puede ser esto posible?”

En el misterio pascual del sufrimiento de Jesús, su muerte y resurrección, Dios responde a nuestra pregunta que es la misma pregunta a través de toda la historia humana. Jesús se ha encargado de sí mismo, en la búsqueda del Padre, todo el mal, de manera que Él comparte con determinación todo el sufrimiento humano. Él es la respuesta de Dios a nuestra pregunta profundamente dolorosa. Él es la victoria de la vida y del amor en la resurrección. El Aleluya de la pascua es nuestra invitación para compartir gradualmente en la victoria sobre el mal, la destrucción y la muerte. Estamos llamados a crecer en fe, esperanza y amor y a liberarnos de las fuerzas que atan nuestra quebrantada condición humana. El aleluya nos llama a la vida y a la libertad, a la esperanza y a la convicción cuando caminamos con Jesús en el misterio de Emmanuel.

Este evangelio completo de Mateo está entretejido para develar a Emmanuel (Dios con nosotros). Este evangelio es una revelación de amor sin limites o condiciones. Este mensaje de la Buena Nueva proclama la palabra final de Dios. Se mueve más allá de la enfermedad y el sufrimiento. Rompe las barreras de división y violencia. Permite que la reconciliación y la paz superen lo imposible. Permite que el perdón y el amor sean la semilla de mostaza que se vuelve el árbol cuya sombra sanadora cubre todo el dolor de la vida en su abrazo amoroso. Es la plenitud de la verdad y la última invitación a la vida y al amor, Emmanuel.

Nuestro desafío es saber que esto no es solo información para que entendamos, sino un profundo y fascinante misterio que se abre a nosotros solamente si aceptamos a Cristo crucificado y resucitado. Es solamente en nuestra lucha personal entre la gracia y el pecado que encontraremos la dirección dadora de vida y el significado de este misterio de Emmanuel. Esto se logra solamente caminando sobre los pasos de Jesús en el viaje a Jerusalén y compartiendo en la maravilla del misterio pascual donde la muerte da paso a la vida.
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DOMINGO DE RAMOS


A través de la historia hemos tenido numerosas distorsiones del mensaje del evangelio. Cuando yo era joven, nuestra celebración de Cuaresma había perdido claramente el enfoque. El énfasis estaba en el sacrificio personal. La cuaresma era un concurso de resistencia. Al mediodía del sábado de gloria la cuaresma se declaraba finalizada. Se volvía un momento para gozarnos con dulces y otros elementos de los que nos absteníamos por la cuaresma. Esta era una caricatura increíble del mensaje de la iglesia. Jesús se perdía en nuestras indulgencias.

Hoy, tenemos otra distorsión de la pascua debido a la negligencia. El gran día es el viernes santo. Para muchos, cuando no que, para la mayoría, la pascua es una idea tardía en muchas de nuestras prácticas religiosas populares.

La enseñanza de la iglesia es muy clara. La muerte y la resurrección son un solo evento. Tomamos trece semanas para celebrar, en la forma mas bella y solemne, la realidad central de nuestra fe, el misterio pascual. Este evento en sí incluye la pasión, muerte, resurrección y ascensión de Cristo Jesús. Este mismo evento es celebrado y experimentado en cada misa.

Nosotros tomamos una buena parte del año litúrgico para recordar esta historia. Sin embargo, es mucho más que una lección de historia. En las trece semanas desde el Miércoles de Ceniza hasta Pentecostés tenemos tres momentos del año litúrgico. El propósito principal de la oración y la penitencia de la cuaresma es prepararnos para estar listos espiritualmente para celebrar los tres días santos del Triduo. Del jueves santo hasta el domingo de resurrección.

Necesitamos entender que este momento de la pasión y muerte era complementado por la unión y entrega de Jesús al Padre. Este es el plan de salvación de Dios, la vida que viene por medio de la muerte todo envuelto en amor eterno. Nosotros oramos en el prefacio de la misa del domingo de ramos: “Aunque era inocente Él sufrió de buena gana por los pecadores y aceptó una condena injusta para salvar a los culpables.”

No importa que tan clara sea la ultima expresión del mal en el sufrimiento de un inocente y amoroso Dios, la declaración final de Dios gana en la resurrección. El Padre ha elegido a través del cáliz del sufrimiento de Cristo que la victoria final de la vida y el amor ha envuelto al mundo en la gracia salvadora de Jesús.

Para abrazar esta verdad, tenemos siete semanas del tiempo de Pascua como un tiempo de oración y reflexión en la realidad central de nuestra fe, el Misterio Pascual, Cristo crucificado y resucitado.

Aquí está la línea final de todo este material. La iglesia entiende el Triduo, y la liturgia en general, de esta forma. No es una recreación. No es una simple repetición de la historia no importa qué tan solemne sea. No estamos repitiendo la historia. La iglesia enseña que nosotros celebramos el Misterio. En la celebración, estamos presentes para el misterio, el único y singular e histórico evento. El poder del espíritu en la iglesia nos hace presentes para el evento salvador, el Misterio Pascual.

La celebración es el poder y la presencia salvadora de la gracia de Dios viniendo a nuestras vidas aquí y ahora. Este evento único de salvación no está partido en pedazos. Es el misterio de la acción salvadora de Dios en Cristo Jesús. Estamos entrando en la realidad más profunda de nuestra vida presente. Estamos experimentando aquí y ahora, en nuestra adoración, la presencia del amor salvador llamándonos a la vida. Cuando nosotros recibimos la comunión el ministro no dice esto es un recuerdo del Cuerpo de Cristo. Las palabras declaran la realidad. ¡Este es el Cuerpo de Cristo!

Así que, esta semana tenemos el más especial de todos los eventos sagrados en nuestra liturgia. Este es el tiempo más bendito para celebrar, y en la celebración no solamente recordamos, sino que estamos presentes en la muerte y resurrección de Jesús. Esto es lo que hace la liturgia. Nos trae la presencia del Misterio Pascual que celebramos. Nosotros no lo repetimos. Entramos en él. Por esto es que somos pueblo de Pascua. Nosotros, a la vuelta, somos llamados a vivir una vida de amor y servicio en que reflejamos nuestro amor por nuestro salvador crucificado y resucitado.
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QUINTO DOMINGO DE CURESMA

Juan 11: 1-45 

Estimados amigos, En este quinto domingo de cuaresma, tenemos la bella historia de Lázaro. Esta es la tercera historia de nuestro mensaje de Cuaresma tomada del Evangelio según San Juan. La mujer samaritana, el hombre que nació ciego y Lázaro están esperando por nosotros. En estos compromisos muy especiales con Jesús, testificamos un mensaje que sobresale que es la salvación de la humanidad pecaminosa. Estamos invitados a ver nuestro llamado a la nueva vida en el encuentro que ellos tuvieron con Cristo.

Agua, luz y vida en estas tres historias son los elementos básicos que Jesús usa para dirigirnos en las profundidades del misterio de salvación. Estas historias develan nuestra necesidad por estas experiencias espirituales. Las historias tienen grandes riquezas en muchas dimensiones de nuestra experiencia humana pero especialmente en el tema de conversión para el viaje de cuaresma.

Lázaro es descrito como aquel al que Jesús amaba. Nosotros también, somos los que Jesús ama. Estamos invitados a permitir que la historia nos abra a la presencia del amor divino en nuestra vida. Un pasaje puede quitar lo que tapa nuestros ojos y nuestro corazón a este amor de Jesús por nosotros. “Cuando Jesús vio el llanto de María y de todos los judíos que estaban con ella, su espíritu se conmovió profundamente y se turbó. Y preguntó: ¿Dónde lo han puesto? Le contestaron “Señor, ven a ver” y Jesús lloró” (Juan 11: 33-35)

“Jesús lloró” sólo esa frase en sí misma se presta para muchas interpretaciones. La siguiente es especialmente bella. Jesús estaba encontrando en la muerte de Lázaro la realidad universal de la muerte y del mal. Sería esta misma cara del pecado la que en breve lo dirigiría a Él a la cruz. Pero fue más.

Así como Jesús lloró por Lázaro, Él llora por cada uno de nosotros y por la gente de todos los tiempos conforme encontramos las consecuencias del pecado y la muerte. Ninguna injusticia ni cualquier otra expresión del mal está libre de esta compasión divina. Ya sea el horror de la guerra o el odio del prejuicio o los estragos de la enfermedad y la pobreza, todos tocan el corazón de Jesús. Dios tiene una respuesta para el gran misterio del mal y de la muerte. Jesús entró en ella. Esto es parte de la verdad más profunda de la pasión y muerte. Pero esto no fue el final. En Lázaro, Dios muestra que Jesús puede traer vida aun en la muerte.

Jesús demostró eso más poderosamente en su propia muerte. Él fue mucho más allá del llanto y abrazó la muerte y todo el mal para mostrar la victoria de la vida y el amor en la resurrección. Él pasó por eso con un amor transformador. En la resurrección, Dios tiene la última palabra sobre toda muerte. Eso es el Aleluya de la Pascua.

Nosotros tenemos muchas tumbas en el viaje de la vida que nos hacen sentir como los huesos secos a los que se refiere Ezequiel en la primera lectura. Puede ser la hostilidad paralizadora dentro de una situación familiar. Puede ser el abuso del alcohol o las drogas, o más frecuentemente, las relaciones destructivas que fluyen de esas adicciones. Luego están los abusos que rodean las varias manifestaciones de la sexualidad que están fuera de las normas socialmente aceptadas o el racismo o la pobreza o la violencia de las pandillas. Todas esas son las tumbas que experimentamos. Todas vienen en diferentes tamaños y duración, pero todas se sienten como la muerte, por todas estas Jesús nos habló su palabra, “Salgan, porque yo soy la resurrección y la vida”

Cada vez que celebramos la Eucaristía y nuestra salvación es proclamada una vez más, Jesús tiene el mismo mensaje para nosotros. “Salgan” estamos siendo llamados de nuestra pecaminosidad y de nuestra auto suficiencia. Estamos siendo llamados a una nueva vida que pasará de la muerte a la vida eterna.

En verdad, necesitamos salir. Necesitamos experimentar la conversión del tiempo de cuaresma. Necesitamos aceptar el poder y la belleza del evangelio ya que somos parte de la solución y no del problema. Necesitamos sacar la esclavitud del paño de la muerte de nuestras adicciones y pecados y así podemos ser libres para caminar con Jesús.

La victoria sobre la muerte necesita ser abrazada y aclamada otra vez. Esa es la meta de nuestro viaje de cuaresma. Los ojos de nuestro corazón que no solamente Jesús llora por nosotros, sino que nos demos cuenta lo que el Salmo 56:9 nos dice. Él “puso mis lagrimas en su odre. ¿no son contadas? En verdad, Él cuenta nuestras lágrimas y extiende la mano salvadora que es nuestro seguro de la “resurrección y la vida”
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CUARTO DOMINGO DE CUARESMA

Juan 9: 1-41 

Estimados amigos, Una vez más tenemos una historia de conversión de San Juan en nuestro viaje de cuaresma. Jesús es la luz del mundo llamándonos a salir de la oscuridad de la ceguera del espíritu.

Me gusta llamar a la historia del hombre ciego la forma católica de la conversión. A diferencia de la semana pasada donde la mujer samaritana luchó contra Jesús hasta el ultimo momento, el hombre ciego de hoy empieza con el bello encuentro con Jesús en la restauración de su vista.

En la forma católica de conversión, empezamos con lo que creemos que es fe verdadera, el verdadero conocimiento de Jesús. En realidad, tenemos un largo camino por andar, un camino verdaderamente largo para conocer a Jesús. Esta es la experiencia del hombre ciego en el pasaje de hoy del evangelio.

Habiendo experimentado el grandioso regalo de la vista, el ciego no dudó, ni siquiera ante la reacción de los líderes judíos, de la gente e incluso de sus padres. Cada paso a lo largo del camino estuvo lleno de obstáculos que demandaron una nueva decisión y un compromiso más fuerte con Jesús. Él responde a las crecientes preguntas y hostilidades al elegir a Jesús a un nivel cada vez más profundo. En el versículo (9: 12) él dice, “Un hombre llamado Jesús”, en el versículo (9: 17) él dice, “Es un profeta”, luego en el versículo (9:38) él profesa “Creo (en el Hijo del Hombre) y le adoró”

La historia de Teresa de Ávila sigue este mismo patrón. Ella fue una religiosa mediocre por veinte años. Básicamente, ella permitió que los rituales secos de la vida del convento la definieran. Entonces, evolucionó con un encuentro transformador con Cristo. Ella se movió de su cabeza a las profundidades más intimas de su corazón y descubrió que era amada sin condición o límite. Esto fue posible solamente conforme ella luchó con los tentáculos matadores de espíritu de la vida religiosa de su tiempo. Esto era una vida alejada del fuego y de la pasión del Jesús de los evangelios. Su búsqueda consecuente y radical para el cambio transformador fue anclado en la creciente conciencia de la misericordia sin límites de Dios revelado en Jesús.

Ya que su mantra fue “Mantén tus ojos en Jesús”, en el proceso, Teresa avanzó del doloroso pero gozoso viaje de ser una monja piadosa a una santa gloriosa, una reformadora de la vida religiosa y una doctora de la iglesia.

El hombre ciego estaba en un viaje similar para conocer a Jesús. Su experiencia fue bastante diferente en la rígida, limitada visión y respuesta hostil de los líderes judíos.

El mensaje del evangelio de hoy celebra el llamado del hombre ciego a la luz físicamente, y mucho más, espiritualmente. Esta brilla en contraste con el rechazo de los líderes judíos y la hostilidad hacia Jesús que es la luz del mundo. Ellos estaban discapacitados por su orgullo y egocentrismo. Nosotros estamos desafiados a romper las ataduras de nuestro orgullo y ensimismamiento y ceguera espiritual que nos permite pensar que vemos. Estamos llamados a compartir la alegría y la maravilla del hombre ciego al aceptar la luz de Cristo en la oscuridad de nuestros corazones. Necesitamos responder a la pregunta que el ciego hizo a los líderes judíos “¿Ustedes también quieren ser sus discípulos?”

En este cuarto domingo de cuaresma estamos llamados a abrazar la luz y a mantener nuestros ojos en Jesús, necesitamos aceptar el mensaje del hombre ciego. Él es, el que cuyo viaje le permitió ver a Jesús.

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TERCER DOMINGO DE CUARESMA

Juan 4: 4-42 

Estimados amigos, En las próximas tres semanas de nuestro viaje de cuaresma, hay tres episodios dirigiendo la condición pecaminosa de nuestra humanidad. Ellos incluyen la historia de hoy de la mujer samaritana, seguida por la sanación del hombre ciego y la resurrección de Lázaro. Las tres son una invitación en la experiencia salvadora de Jesús. El tema básico de la cuaresma es el bautismo y la penitencia. Se aplica de forma especial a los catecúmenos y a cada uno de nosotros.

El evangelio de hoy tiene muchos niveles, uno más profundo que el siguiente, dirigiéndonos a un dialogo salvador con un Dios muy implacable. Jesús está hablando de la sed que es un símbolo de una cita para los anhelos más profundos del corazón humano, un tema muy relevante para todos nosotros. La mujer de Samaria es un modelo para nosotros. Ella personifica la transición a la plenitud que está motivada por la sed que Dios pone en cada uno de nosotros.

Inmediatamente, la mujer básicamente rechaza cualquier tipo de dialogo. Que un hombre y una mujer hablaran en público era una gran violación y un tabú sexual. Luego, agrega elementos de hostilidad entre judíos y samaritanos y tienes una situación explosiva. Es como si ella le dijera a Jesús: “Realmente que eres un hombre ignorante al pedirme de beber. ¿Tienes idea de los problemas que esto puede traer para ambos?”

Jesús cortó todas las defensas de ella a la primera de muchas veces. Él le preguntó por su esposo. Ella se pone teológica para evadir este tema tan delicado. Sus relaciones son la última cosa de lo que ella quiere hablar. Ni tampoco parece ser preocupación de Jesús. Con la mujer y con nosotros, la agenda de Jesús es sobre las posibilidades del futuro no de los frecuentes problemas del pasado. La mujer de mala gana permitió salir a la superficie la sed de su corazón por algo más. Su apertura gradual a Jesús la dirigiría hacia el agua viva que es Jesús. La misericordia no conoce límites cuando Jesús está preocupado.

Jesús persiste, como antes, ella toma su respuesta y va más profundo. La verdad sobre su agua viva sube a la superficie. Ella toma un sorbo. La libera de sus temores y resistencia. Pronto ella descubre que está sobre algo bueno aquí. Su apertura genuina brilla con gran resplandor en contraste con las mentes cerradas de ese tiempo y en nuestro tiempo. A pesar del costo personal, ella es receptiva al dialogo y expuesta a algo de dolor de auto conciencia. Ella es un modelo para nosotros. Nosotros también tenemos sed de la verdad, sed de entendimiento, sed de misericordia, sed de un cambio de corazón y de un nuevo comienzo. El costo para nosotros es también un doloroso autoconocimiento y un llamado a cambiar.

Cuando ella se abre finalmente a Jesús, experimenta una nueva libertad y un poder más allá de sus sueños. Ella lanza la carga de su desgracia y todo el resto de equipaje destructivo que era su vida junto con el dolor en su corazón.

Ella bebe profundamente el agua viva de Jesús. Ella empieza a entender que esto es lo que siempre estuvo buscando en la confusión y auto decepción que había sido la fuerza guía en su vida. Ahora nuestra amiga samaritana se vuelve una discípula para sus compatriotas. Ella entendió que el agua viva de Jesús fue un regalo de salvación que debe ser compartido con todos.

Como Jesús había dicho antes a los primeros discípulos, ella ahora proclama a la gente de su villa: “vengan y vean” (Juan 1: 39) ellos lo hacen y están gozosos por lo que encontraron. Es la combinación de la sed de Dios por nosotros y nuestra sed por Dios que nos invita a compartir su gozo común.

Esta es una historia de salvación y muestra cómo trabaja. Es nuestra historia. Nuestro Dios es un Dios muy paciente pero también muy insistente que está abierto a nuestra búsqueda, nos acepta en nuestro quebrantamiento y tiene una invitación permanente al agua viva. Como con la mujer samaritana, que es un símbolo de humanidad pecadora, Dios espera por nosotros. El dialogo y la interacción con la realidad de nuestra experiencia de vida está impregnada con la posibilidad de nueva vida que trae el agua viva. Conforme entregamos gradualmente nuestros temores y defensas, estamos listos para admitir y nombrar nuestra sed. Es de tal profundidad y magnitud que solamente Jesús puede aplacarla con el poder de su palabra que es el agua viva.
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SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA

Mateo 17: 1-9

Estimados amigos, La Cuaresma es un tiempo para prepararnos para celebrar la muerte y resurrección de Jesucristo con una nueva alegría, fe mas fuerte y un amor creciente. Este es el gran misterio de nuestra fe y que abre al misterio de nuestra vida.

El pasaje del evangelio de hoy se enfoca en la transfiguración. Esta misma celebración de la transfiguración tiene lugar en los tres ciclos de la cuaresma. Obviamente tiene un mensaje especial para nuestro viaje comunal de cuaresma. Nuestra es permitir que nos ilumine verdaderamente conforme nos preparamos para nuestra tarea básica de cuaresma: abrazar el gran acto de amor que es la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

El mensaje clave en el evangelio de hoy son las palabras del Padre: “Este es mi Hijo bien amado en el que encuentro complacencia; escúchenlo” (Mateo 17: 5)

Justo antes de subir al monte con Jesús para esta revelación especial, Pedro ha reconocido a Jesús como el Mesías solamente para negar su misión de sufrir y morir. (Mateo 16: 13-23) al reprender a Pedro, Jesús nos desafió a todos nosotros a perder nuestra vida, a tomar nuestra cruz y seguirlo. (Mateo 16: 24-25) ahora, el Padre está una vez más invitando a Pedro y a nosotros, a reconocer a Jesús en toda su verdad, no solo una versión diluida para encajar en nuestros estándares limitados. El evento de la transfiguración es nuestra invitación para entrar en el misterio del Mesías sufriente. Como Pedro, estamos llamados a tratar de balancear las verdades aparentemente contrarias de Jesús como Mesías y Jesús como el salvador crucificado.

Las palabras del padre nos dicen como el Hijo bien amado de Dios sufrirá y morirá. Nuestra tarea es abrazar a Jesús en sus términos y “Escucharlo a Él”

Pedro tiene un largo viaje frente a él. Lentamente aprendió a “Escucharlo a Él”

Poco tiempo después de la visión en el Monte Tabor, los mismos tres discípulos se unieron a Jesús para otro momento muy especial en el Huerto de Getsemaní. Ellos tuvieron una oportunidad de “escucharlo a Él” y de presenciar la increíble angustia de la pasión y muerte que estaba por venir. Como los discípulos, necesitamos aprender que la transfiguración de dolor y sufrimiento que fue previsible en Getsemaní fue igualmente importante como la transfiguración de gloria y maravilla en el Monte Tabor. La salvación a la que Jesús nos llama necesita experimentar la muerte del egoísmo junto con la gloria de nuestro destino final verdadero en la vida eterna de la resurrección.

Muy lentamente los discípulos conectaron el mensaje del Monte Tabor y el Huerto de Getsemaní: la muerte da paso a la vida cuando seguimos a Jesús y “lo escuchamos” Jesús se volvió el mapa de los discípulos y una guía. Ese es nuestro llamado en este tiempo de cuaresma. Necesitamos aprender a “escucharlo” conforme enfrentamos la oscuridad de la vida.

Como con los discípulos, es lo mismo con nosotros. Conforme somos atrapados en los aparentemente interminables desafíos del bien y el mal: ya sea la guerra en Ucrania o la interminable violencia con armas, la turbulencia de nuestro escenario político o la carga de distorsión y el abuso de las múltiples expresiones de nuestra sexualidad, o las simples e incesantes demandas de la vida familiar o los muchos pasajes en la vida, desde el inicio de la escuela hasta nuestro envejecimiento. Todo esto y mucho más, nos llama a “Escucharlo a Él” (Mateo 17: 5) Él es el Hijo bien amado que nos mostrará el camino.

Tantas veces como hemos escuchado la historia de la transfiguración, aún contiene las semillas de luz y sabiduría, de esperanza y de ternura. Nos recuerda cuán cerca está Dios de nosotros y cuán delgada es la cortina entre lo divino y lo humano. Siempre estamos al borde de nuestra fragilidad humana y nuestra mortalidad. Igualmente, estamos en el límite de la vida eterna y la felicidad. Ya sea por el quebrantamiento de nuestras relaciones, por las consecuencias del pecado, o la corrupción de nuestro mundo, necesitamos buscar la profundidad de nuestros corazones y “Escucharlo a Él” y revelará de nuevo que la última palabra no es enfermedad, injusticia, prejuicio y las debilidades ante el asombroso poder de la naturaleza o incluso la muerte. La última palabra revelada en el Cristo crucificado y resucitado es vida y la victoria del amor. Una vez más nuestro viaje a Jerusalén en cuaresma y más aún en nuestra vida, es una invitación a entrar en el misterio. Este misterio une lo divino y las incesantes aflicciones en nuestra vida con el sufriente y glorioso Mesías, que lleva a la victoria de la Pascua.
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PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

Mateo 4: 1-11 

Estimados amigos, Una de las muchas bendiciones del Concilio Vaticano II fue el regreso a la importancia de la palabra de Dios en la Biblia. Esto llevó a una apreciación más profunda del Antiguo Testamento. A la vuelta hemos aprendido la dependencia del Nuevo Testamento, y particularmente los evangelios en las escrituras judías.

Las historias de hoy sobre las tentaciones están enraizadas en el desafío universal del pecado en el corazón humano. Aquí encontramos el pecado fluyendo constantemente de los apetitos desorientados, el orgullo siempre presente en el jale excesivo de las vanidades y la auto importancia. El retrato de Mateo de las tentaciones está basado en las tentaciones y fallas del pueblo judío en su morada en el desierto antes de su llegada a la tierra prometida.

En contraste con la infidelidad de su nueva libertad del exilio de Egipto, Jesús es fiel a Dios al rechazar los engaños de satanás. La historia del becerro de oro está íntimamente conectada a la historia de hoy de las tentaciones de Jesús. Su encuentro con satanás está modelado después del tiempo del pueblo elegido en el desierto y su infidelidad más claramente expresada con el becerro de oro.

Los judíos en el desierto traicionaron al llamado de Dios a la dependencia y fidelidad. La falla de ellos para confiar en Dios se contrasta con la fidelidad de Jesús al rechazar los engaños de satanás. Así como fue para Israel, así mismo fue para Jesús. Cada tentación es una prueba para abrazar la confianza fundamental en Dios.

Jesús, el nuevo Israel a los ojos de Mateo, descarta todas las peticiones de satanás. Cada tentación y cada respuesta de Jesús, son tomadas de los capítulos 6, 7 y 8 del libro del Deuteronomio donde la historia del becerro de oro está en el centro del escenario. En cada una de las historias de las tres tentaciones, el atractivo para Jesús es ser un Mesías no enraizado en la fidelidad al Padre. Está siendo tentado para ser un Mesías de valores mundanos de poder, prestigio, privilegio y riqueza. Todos estos valores son contrarios al plan de salvación del Padre. Jesús rechazó las estratagemas de satanás. Fue el Mesías sufriente de Isaías el que Jesús abrazó. Él estaba determinado a proclamar el reino desde una posición de sencillez y vulnerabilidad, no de poder y dominio; no de riqueza sino de pobreza; no de exclusividad sino de inclusividad; no de indulgencia personal sino de servicio a los demás; no resaltando al rico y poderoso sino una opción especial por los pobres y marginados. Al final, Jesús supo que era el amor y no la ley lo que es fuente de victoria sobre el mal e incluso sobre la muerte.

Jesús rechazó permitir que alguna cosa o persona reemplazara a Dios en su vida. En este esfuerzo, él se apoyó en la Palabra de Dios. Aquí es donde Él encontró la fortaleza para vencer el mal en las tentaciones en el desierto y para su creciente batalla con la injusticia, mentiras y orgullo que lo llevaron a la cruz.

Las fallas en los amigos y compañeros de Moisés en el desierto reflejan nuestras fallas hoy en día. Estos rechazos al plan de Dios están enraizados en un corazón dividido. La versión de los días modernos del becerro de oro viene en muchas formas. El corazón humano tiene aparentemente una habilidad incansable para crear nuevos ídolos que básicamente nos dan una falsa sensación de seguridad. Reemplazamos a Dios como el centro de la realidad. Este proceso es llamado pecado. Dinero, sexo, bebidas, drogas, prejuicios, falsa ciencia, hostilidades, junto con un hambre siempre creciente de más control y posesiones son simplemente el modelo actualizado del becerro de oro de hoy.

El corazón humano sencillamente encuentra que los nuevos ídolos son más cómodos que el demandante amor del Dios revelado en Jesús. Estamos poco dispuestos a recibir la inseguridad de ser criaturas, gran parte de nuestra vida es una búsqueda por la seguridad personal aparentemente garantizada en la riqueza, en el poder, la reputación e indulgencia. Todas estas son expresiones de los elementos esenciales del pecado: apetitos desorientados, orgullo desproporcionado y vanidad exagerada, además de gran auto importancia. A través de estas venturas estamos tratando de hacer dioses mas pequeños que podemos controlar. El producto final nos pone en el centro de la realidad.

En el evangelio de hoy, Jesús nos muestra el verdadero modelo de fidelidad en medio de las decepciones y engaños del diablo. Jesús no aceptará la versión del reino de acuerdo a los estándares de Hollywood o de Wall Street o de Main Street. Solamente la Palabra de Dios revelará el verdadero reino. Jesús nos muestra el camino de la aceptación fiel del llamado del Padre donde no hay espacio para la falsa seguridad y la decepción del becerro de oro.

Con el inicio de la Cuaresma, la iglesia nos invita a buscar nuestra alma, a descubrir nuestro becerro de oro. Ahora es el tiempo para limpiar nuestra casa de todos los ídolos. Ahora, al inicio de la Cuaresma y en todas estas seis semanas, estamos siendo invitados para presentar un corazón vacío y anhelante para Jesús y para caminar con Él a Jerusalén y así compartir con Él la muerte que lleva a la vida ahora y por toda la eternidad.
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SEXTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mateo 5: 17-37 

Estimados amigos, En el sermón en el monte, Jesús nos está invitando a cambiar totalmente nuestro sistema de valores. Él nos está llamando a una conversión que abraza su misión del evangelio. Él está insistiendo en que vayamos más profundo en la vida para experimentar la presencia de Dios en nuestras relaciones y responsabilidades. Él está poniendo en cuatro partes el gran regalo de la ley judía y nos enseña gratis a dejar la carga del compromiso humano y la distorsión. Es un pasaje a la sabiduría de Dios y a la verdad. Es una guía verdadera en la oscuridad de nuestro mundo quebrantado.

Mateo es enfático en que Jesús no se está apartando del Antiguo Testamento. Jesús nos trae profundidad más grande y claridad en el Tora y las enseñanzas del Antiguo Testamento. Él está mostrando claramente el significado de las enseñanzas que no estaban claras todavía en el Antiguo Testamento. Él nos invita a ir más profundo para encontrar el verdadero significado en toda la sabiduría y belleza del mensaje de Dios en el Antiguo Testamento. Jesús está enfatizando la importancia del corazón como fuente de interpretación que se mueve más allá de una observancia rígida y legalista.

En la selección de hoy de Mateo, hay cuatro o seis declaraciones que empiezan con la frase: “Ustedes han oído que se dijo… pero yo digo” todas ellas tienen que ver con que Jesús nos trae a una comprensión mucho más desafiante de la enseñanza del Antiguo Testamento. Todas tienen que ver con las relaciones humanas. Las cuatro declaraciones del evangelio de hoy son asesinato, adulterio, divorcio y juramentos. La próxima semana tendremos las otras dos: venganza y amor por los enemigos.

Cuando yo era un joven sacerdote, era como un tizón por la justicia racial fui abundantemente bendecido con el regalo del entusiasmo juvenil y también recibí la maldición de una abundante auto justificación juvenil. Un día, uno de mis hermanos Carmelitas mayores y más sabio me dijo que sería más efectivo si yo llamaba a la gente a ir hacia adelante en lugar de menospreciarla. Ya que la viga en mi ojo era del tamaño XXXL me tomó un buen tiempo entender el consejo de mi hermano. Lentamente, empecé a enfocar. Llamar a avanzar y no menospreciar simplemente significaba reconocer la dignidad humana de los demás.

Jesús tenía un manejo claro del proceso. Estas seis declaraciones son una expresión hermosa de cómo celebrar la dignidad humana de la gente.

Aquí hay un pensamiento sobre una de las enseñanzas de Jesús en la selección del evangelio de hoy. Al hablar sobre, “No matarás” Jesús dice “Si alguien se enoja y llama tonto a su hermano…merece ser enviado al fuego del infierno” (Mateo 5: 22)

Sólo piense cuán importante es poner nombre y etiquetas en cualquier movimiento de un grupo que busca libertad y dignidad. Nosotros en Estados Unidos fuimos de llamar “gente de color, a negros, a black, hasta llegar a Afroamericanos” también pasamos de llamar frutita, a maricas, a maricones, a gays para alguien con orientación sexual diferente y ahora son la comunidad LGBTQ y aparentemente esto no terminará. Cada uno de estos cambios fue difícil, y con frecuencia también fue doloroso, porque lentamente surgía un prejuicio profundamente acomodado. Cada cambio fue un paso más cerca al desafío del evangelio para reconocer la dignidad básica humana “de los otros”

Hoy podemos usar el término “ilegal” ALIEN o etiquetar a alguien que busca el Sueño Americano. Sólo una de estas etiquetas identifica la dignidad humana de hijo de Dios.

El evangelio tiene un ejemplo perfecto de este reconocimiento de la dignidad humana en la historia del hijo pródigo. A la vista de nuestro sentido común de la realidad, el padre habría estado totalmente justificado si enojado hubiese llamado tonto a su hijo (Mateo 5: 22)

La historia del evangelio nos dice que el padre no usó tal expresión. Su respuesta fue mucho más elegante y llena de gozo. Él ordenó a los sirvientes preparar una fiesta para celebrar porque “Este hijo mío estaba muerto y ha resucitado; estaba perdido y ha sido encontrado” (Lucas 15: 23)

Jesús entendió el Tora como un pasaje verdadero a una relación significativa con Dios y con nuestros hermanos y hermanas. Dios quiere que sus seguidores vean la belleza y el poder del Tora. Jesús no estaba rechazando la revelación de Dios. Él estaba reformando la práctica distorsionada que había evolucionado. Todo su mensaje del evangelio está enraizado en este regalo al pueblo elegido. El sermón en el monte es un llamado a la plenitud y a la santidad.

Jesús nos está invitando a ponderar la profundidad del poder de los nombres que usamos para los demás. Ellos necesitan expresar y celebrar la dignidad humana de los demás. Necesitan llevarnos hacia adelante y no menospreciar si vamos a “ser perfectos como nuestro Padre Celestial es perfecto” (Mateo 5: 48)
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QUINTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mateo 5: 13-16 

Estimados amigos, Aquí hay una estadística sorprendente sobre la escena religiosa en Estados Unidos. El grupo más grande es el de la iglesia católica romana, el segundo grupo más grande es el de los retirados de la iglesia católica romana. Igualmente sorprendente es esto, en muchos países latinos, tradicionalmente católicos, los evangélicos son el grupo más grande.

A lo largo de la línea de tiempo, un gran número de nosotros, en todos estos grupos religiosos, fallamos en recibir el mensaje de Jesús que necesitamos para ser “la sal de la tierra y la luz del mundo”

Cuando uno profundiza en las razones por las que mucha gente deja la iglesia católica, las razones son muchas y la culpa está en todos lados. Sin embargo, la respuesta no se señala con el dedo. Necesitamos volver atrás al mensaje del Evangelio. Necesitamos evangelizarnos a nosotros mismos y a los demás.

El mandamiento de Jesús que fuéramos la sal de la tierra y la luz del mundo ha recibido una mínima respuesta de parte de la mayoría de nosotros que nos llamamos cristianos. El mandamiento de Jesús es claro como el cristal. Todos estamos llamados a permanecer con el evangelio en contraste con la sociedad consumista y materialista que se mantiene tan flagrante en contraste con el mensaje de Jesús. Nuestro verdadero llamado como sal de la tierra y luz del mundo es ser un contraste del pueblo de Dios, un contraste que ilumine la oscuridad de nuestro mundo quebrantado. Estamos llamados a ser la sal que nutre el hambre del mundo espiritualmente al vivir vidas en justicia y trabajar hacia la reconciliación. Tenemos que ser testigos de nuestro Dios de amor y misericordia.

Pablo VI nos enseñó que la evangelización es el proceso para traer la Buena Nueva a todos los estratos de la humanidad y por cuya influencia se transforma la humanidad desde adentro y la hace nueva. (Evangelii Nuntiandi # 19)
él dijo que necesitamos ser testigos más que maestros. Para él, un testigo es aquel cuya vida habla tan alto y claro del evangelio que no podrías decir no oír lo que está diciendo. San Francisco de Asís señaló el mismo punto cuando dijo, prediquen el evangelio siempre, hablen solo cuando sea necesario.

En estos tres versículos del evangelio de hoy, Jesús nos está llamando a abrazar la totalidad del sermón del monte. Él nos está diciendo vivir el mensaje y proclamar el mensaje. Él nos está pidiendo permitir que nuestra vida sea el mensaje del evangelio para que todos vean y oigan. Se nos pide invitar a todos a un abrazo de bienvenida en los brazos amorosos de nuestro Dios de gracia.

Esta evangelización que proclama el evangelio es todo sobre el amor. Tenemos un buen ejemplo de como manifestar este amor en la primera lectura de hoy de Isaías “Compartan su pan con el hambriento, abrigo con el que no tiene un techo; vistan al desnudo cuando lo vean y no se den la espalda a sí mismos.” (Isaías 5: 8)

Esta vida de servicio, no importa que tan humilde sea, verdaderamente deja brillar nuestra luz. Nos permite genuinamente ser la sal de la tierra. Esto abre el camino al amor que transforma a nuestro mundo y a nosotros. Este es nuestro llamado en el evangelio de hoy. Es así como somos testigos que no necesitan palabras para proclamar el mensaje.

Nosotros como iglesia y como individuos seguidores de Cristo, necesitamos encontrar el poder y la belleza del llamado para permitir que brille nuestra luz. Necesitamos hacer una diferencia al abrazar la vida en los pasos de Jesús.

La reconciliación y el servicio, el perdón y la generosidad llevan al poder de la sanación que quita la división y elimina la insipidez de la mediocridad. Este es el verdadero llamado a la unidad. Necesitamos enfocarnos de nuevo al mensaje de Jesús cuando él se presenta a sí mismo y a su mensaje en el sermón del monte. El sermón está cargado con estrategias para que nosotros seamos la sal de la tierra y la luz del mundo.
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CAURTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mateo 1: 5-12 

Estimados amigos, En este cuarto domingo del tiempo ordinario, tenemos la primera selección del evangelio de los siguientes cinco domingos. Esta es nuestra invitación al sermón en el monte. Estos son tres capítulos (5,6,7) en Mateo. Estos son un resumen del mensaje del evangelio. El pasaje de hoy de las Bienaventuranzas es un resumen del sermón en el monte.

Las Bienaventuranzas son leyes ahora. Ellas son un llamamiento a entrar en el misterio de Jesús. Él es el verdaderamente bendecido. Las Bienaventuranzas son una revelación de la profundidad y amplitud del misterio de amor en nuestro mundo quebrantado que es Jesucristo.

Las Bienaventuranzas no son pensamientos piadosos que no tienen nada que ver con la vida ordinaria de un verdadero seguidor de Cristo. Por otro lado, no son ningunas leyes que un cristiano sincero deba seguir. Ellas son una invitación para atestiguar la venida del reino que Jesús ha proclamado. Ellas son una invitación a un compromiso más profundo con el mensaje del evangelio. Son una expresión de esperanza en medio del sufrimiento presente y la pérdida en el camino de la última victoria. Ellas expresan una aseguranza de la victoria final del reino, un regreso a la inocencia original.

Las Bienaventuranzas son un llamado a una vida de fe, una vida de esperanza y amor en los pasos de Jesús en el camino a Jerusalén. Es en la crucifixión y muerte que la victoria final de nuestra presente agonía y mortalidad será superada. La victoria final y completa de las Bienaventuranzas en el Cristo resucitado es la primera etapa del reino final de Dios.

Las Bienaventuranzas son una descripción de Jesús, son una invitación a la cruz que es el tejido en el misterio de Dios. Son un llamado a ponderar el mundo que es Jesús. Esto nos dirige a abrazar la voluntad de Dios. El siguiente paso para nosotros es pasar esta nueva sabiduría en acción. Esto es exactamente lo que haría. Somos llamados a conectar nuestra experiencia interior del llamado de Dios y nuestra vida, la experiencia vivida del evangelio.

Tomas Merton nos da una definición de oración y resalta esta unión entre nuestra oración y vida. Él dice: “La oración es un anhelo de estar en la presencia de Dios, una comprensión personal de la palabra de Dios, conocimiento de la voluntad de Dios y la capacidad para oír y obedecer”

Me gustaría usar unos ejemplos cortos de su sabiduría del mundo del evangelio de las Bienaventuranzas donde los primeros son los últimos y necesitamos perder nuestra vida para salvarla.

Jesús dice: “Felices los que lloran, porque recibirán consuelo” (Mateo 5: 4) esta, como todas las Bienaventuranzas, aplastan nuestro sentido común del sentido de percepción de la realidad. Estar llorando y ser consolado no van juntos en nuestra búsqueda ordinaria de la felicidad.

Un vistazo más profundo que Jesús está proclamando empieza a derramar luz sobre la realidad. Para Jesús, la muerte es verdaderamente parte de la vida. La muerte es parte de un pasaje a una nueva vida que es eterna. Este destino a la vida eterna siempre ha sido parte del plan de Dios para cada uno de nosotros.

¿Por qué lloramos? La razón por la que lloramos es porque amamos. Sin amor no hay necesidad de llorar. Jesús nos está enseñando que al final, el amor vencerá. Todas nuestras pérdidas están en transición cuando caminamos con Jesús. Él nos invita a entrar en un camino y una vida y una verdad que garantiza la victoria del amor. Él revela que esa victoria está en la resurrección. Él nos da la presencia de una nueva realidad donde cada lágrima será enjugada. Esa realidad comienza hoy cuando amamos. Al final, ese amor será compartido en su plenitud en la victoria que es el Cristo resucitado. Somos mucho más ricos cuando lloramos porque amamos. Cuando somos indiferentes y no necesitamos llorar operamos en un egoísmo que nos lleva a la muerte no a la vida. En verdad, podemos decir en la plenitud de la verdad plena y en gozo “Felices los que lloran porque ellos serán recibirán consuelo” (Mateo 5: 4)

En una moda similar todas las Bienaventuranzas son una invitación en el mundo de cabeza del evangelio. Cada una nos revela una verdad más profunda del gran reverso que es la venida del Reino de Dios donde el amor tendrá la última palabra.
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TERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO


Mateo 4:12-23 

Estimados amigos,Hoy tenemos nuestra primera selección del Evangelio de Mateo. Jesús introduce dos temas que serán la base de su mensaje a lo largo del año: el reino y el llamado.

Es útil para nosotros recordar la mentalidad de la gente al comienzo de la vida pública de Jesús. Para los judíos, en ese momento, Satanás estaba a cargo. Su poder para el mal se veía en toda la vida: enfermedad, violencia, injusticia, pobreza, división. Del mismo modo, el opresivo Imperio de Roma fue visto como una expresión de este mal. Incluso la turbulencia de la naturaleza fue experimentada como la exhibición de la dominación de Satanás. La esperanza para el Mesías, y su don de liberación, se definió en relación con este control abrumador del poder devastador de los demonios.

Jesús entra en escena en el contexto de aparente impotencia frente al mal. Las primeras palabras de su ministerio público fueron: "Perdón, porque el reino de los cielos está cerca. (Mateo 4:17) En esta declaración, Jesús nos está diciendo que el fin del reinado indiscutible del mal de oscuridad y destrucción está llegando a su fin. En su enseñanza, sus milagros y, sobre todo, en su viday muerte, está llegando un nuevo día. La batalla del bien y del mal, el conflicto constante del amor y el odio, la enfermedad y la salud están ahora en una etapa final. La proclamación del reino por parte de Jesús es el principio del fin. La justicia y la paz, como el grano de mostaza, prevalecerán en última instancia en esta transformación. Jesús dará el golpe final a la muerte en su resurrección.

Estamos llamados a arrepentirnos. Necesitamos abrir nuestros corazones a esta realidad cambiante en la humilde aceptación de nuestra pecaminosidad y el llamado misericordioso de Dios a una nueva vida.

En la historia de la llamada de los primeros discípulos, Jesús nos dice que tenemos un papel en la venida del reino. Nuestra participación es crítica para nuestra salvación. La vida del fiel discípulo de Cristo es básicamente una aceptación de corazón abierto del llamado de Dios al amor que es el reino.

A los primeros discípulos vemos salir de sus barcas y aparentemente todo lo demás, tenemos un modelo de nuestro llamado personal a estar con Jesús. Al igual que Pedro y los demás, la llamada inicial es extremadamente importante. Sin embargo, la historia del Evangelio nos mostrará que la "llamada de Jesús" es un evento que se repite siempre expandiendo la prueba de nuestra generosidad. Aparentemente nunca se termina. Nuestros horizontes nos mantienen inquietos en nuestra búsqueda de seguridad y estabilidad. En Pedro, tendremos un espejo para ver la profundidad de nuestro compromiso que continuamente se queda corto. Su historia es un maravilloso ejemplo de la necesidad de humildad siempre buscando la liberación del engaño, la ceguera y la ignorancia.

Jesús revela la insistencia inquebrantable de Dios. Al mismo tiempo, encontramos una demostración igualmente eficaz de la paciencia y la misericordia de Dios. A pesar de nuestra ambivalencia humana, el llamado divino persiste suavemente. Nuestro fiel caminar con el Evangelio de Mateo nos ayudará a ser fieles al llamado del reino este año.
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