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DÉCIMO QUINTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mateo 13: 1-9 

Estimados amigos, El mensaje del evangelio de hoy del sembrador es uno de los tres domingos proclamando parábolas del capítulo trece de San Mateo.

Una parábola es simplemente una historia tomada de los eventos ordinarios de la vida diaria que lleva a una visión más profunda de la realidad. Aun cuando las parábolas están propensas a diferentes interpretaciones, todas ellas llevan a una visión dentro del mensaje de Jesús, el Reino de Dios. Ellas develan la presencia salvadora de Dios en nuestra experiencia humana diaria.

La parábola de hoy es sobre el sembrador de las semillas. Unos pocos hechos de esta práctica agrícola en el tiempo de Jesús son de mucha ayuda para llegar al mismo término con este mensaje de la parábola.

Primeramente, el lanzamiento indiscriminado de las semillas no parece ser una idea tan brillante. Sin embargo, tiene un poco más de sentido cuando nos damos cuenta que la costumbre judía era arar después de lanzarlas. En la mayor parte del mundo se hace lo opuesto.

Segundo, entre un ocho y diez por ciento del campo era considerado bueno para sembrar las semillas.

En la parábola de hoy del sembrador, estamos invitados a comparar la Palabra que recibimos con una semilla. Cada semana estamos convidados a escuchar una vez más la palabra de Dios. La iglesia nos ofrece la liturgia como un suelo fructífero para animar el crecimiento de la palabra en nuestro corazón y en nuestra vida. Es nuestra tarea hacer que la palabra florezca y sea el crecimiento fructífero del reino en servicio y amor.

La parábola del sembrador nos permite saber que hubo un rango de respuesta al mensaje de Jesús en la primera iglesia. Ese mismo es verdad ahora. Aún más, es verdad en lo más profundo de nuestros corazones, donde la aceptación de la palabra de Dios está siempre en turbulencia y ambigüedad. Necesitamos seguir la lucha para ser suficientemente generosos para producir treinta veces, sesenta veces y cien veces.

Para Jesús, el desafío primario del reino se relaciona con el corazón humano. Es en el corazón donde uno resuelve la lucha entre el pecado y la gracia, el amor y el odio, la inclusión y la exclusión; y como en el ejemplo de hoy, entre la cizaña y el trigo.

Consecuentemente, podemos entrar en el mundo de la parábola de Jesús y conseguir algo de verdadera sabiduría. Las semillas son lanzadas en todo tipo de suelo. El mensaje de Jesús es para toda la gente, no importa cuales sean sus circunstancias. El llamado universal está en el centro del mensaje de Jesús.

Todo mundo es bienvenido a la mesa. Por supuesto, “toda la gente” siempre ha sido una elección difícil para todos los cristianos a través de la historia. Inevitablemente, tener un grupo de “toda esa gente” o extranjeros, que no iban a ser incluidos ha sido un desafío universal para todos los seguidores de Cristo. Por siglos ha sido el problema racial. Hace muchas décadas, fueron los protestantes y los divorciados. Recientemente, los homosexuales y los musulmanes estuvieron en el tope de las listas de “esas personas.”

Hoy, estamos llenando ese vacío hecho por el progreso de la comprensión y aceptación social de los rechazos de ayer con nuevos rechazos. Hoy, los transgéneros se están moviendo para volverse el nuevo blanco del rechazo. El fracturado corazón humano se asegurará que nunca nos quedemos cortos de grupos para aislar y desechar.

Otro punto a considerar fue el regreso a multiplicar por treinta veces, por sesenta y por cien veces. Estos números son indignantes. En el tiempo de Jesús, un nivel de ocho a un diez por ciento era considerado muy productivo. Aún más indignante es el amor de Dios. El corazón es el hogar de esa buena tierra que se abre a increíbles nuevas posibilidades aún en este oscuro valle de lágrimas.

La parábola del sembrador revela un misterio en la vida, una posibilidad de una explosión de amor que está escondido en el fluir ordinario de eventos. La realidad está impregnada con gracia y dones más allá de nuestros sueños cuando abrazamos el llamado de Jesús. El resultado del «sí» a Jesús lleva a una nueva vida de libertad y reconciliación que nos guía en la búsqueda para crear un nuevo mundo de justicia, sanación y paz.

La aceptación del llamado de Jesús es la transición a un mundo innovativo de aceptación e inclusión, el comienzo del reino de Dios aquí y ahora. En la lotería de Jesús, la combinación ganadora es 30, 60, y 100. El premio está en la victoria del amor sobre el odio, la paz sobre la violencia, la armonía sobre la división y un corazón humano con un profundo sentido de plenitud, libertad e integridad.

La parábola de hoy del sembrador celebra la universalidad del evangelio. No hay extranjeros en la agenda de Jesús. Es un programa de amor y tolerancia indiscriminados.
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DÉCIMO CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mateo 11: 25-30 

Estimados amigos, En el pasaje del evangelio de hoy, tenemos una atractiva invitación para ser libres de nuestras cargas. Haremos esto cuando descubramos el verdadero centro de la existencia humana. Este es un movimiento fuera de nosotros mismos y que Dios está revelando en Jesús.

Muchas veces, como pastor, aconsejé a mucha gente que Dios no nos permite ser cargados más allá de nuestras habilidades para aceptar los problemas de la vida. Muchas veces obtuve la respuesta: “Bueno, Dios no ha revisado mi situación recientemente porque yo estoy sobrecargado.” El mensaje de las lecturas de hoy nos asegura que Dios está actualizado sobre el estado de los quehaceres en cada una de nuestras vidas. En verdad, el Padre ha enviado a Jesús para compartir nuestras dificultades y juicios y para mostrarnos un nuevo camino y una nueva sabiduría que transforma nuestras cargas en libertad.

En el evangelio de hoy, Jesús se presenta a sí mismo como aquel que verdaderamente conoce al Padre y su voluntad compasiva y salvadora. Cuando Jesús nos está invitando a venir hacia Él, nos está invitando a hacer una elección no solamente contra los líderes religiosos sino a toda la decepción y distorsión humana a través de la historia hasta llegar al presente. Nos está invitando a hacer una elección contra la manipulación de la ley que los Sacerdotes, los Escribas y los Fariseos usaban para mantener poder, privilegio y riqueza. Estamos invitados a venir a Jesús libres de las cargas de cualquiera y de todas las versiones engañosas de la ley. Jesús no ofreció el yugo gravoso de la torsión inclinada de la ley. El suyo fue el yugo de la obediencia fiel y amorosa de la voluntad de Dios. Con Jesús, estamos invitados al mar de misericordia y amor que produce la verdadera comprensión de la ley. La aceptación honesta de la ley trae descanso y libertad genuinos. El descanso que promete Jesús no es la falta de trabajo y cansancio. El descanso que Jesús está proclamando está enraizado en el Día de Descanso de Dios, en el séptimo día de la creación, el Sabbath. Esta es la plenitud de la vida en el reino. El descanso es aquí y ahora, en esta vida, y se abre a la vida eterna.

Jesús dice, “Vengan a mí.” (Mateo 11: 28) Jesús no ofrece el yugo gravoso creado por los líderes religiosos de su tiempo. Como la plena y privilegiada fuente de la revelación completa del Padre, el yugo que Él ofrece, “Es liviano, y la carga ligera.” (Mateo 11: 30) Vamos a tomar su yugo; un yugo enraizado en el amor y no en la obligación. Esto es muy diferente del yugo que ofrecen los líderes con sus varias complejidades, y aun con decepciones, de un sistema legal extraviado. Este fue el caso en el tiempo de Jesús y con frecuencia es la misma distorsión en nuestro tiempo.

Las enseñanzas de Jesús van más allá de los rituales y los dictados externos. Es una invitación para ir a las profundidades de nuestro ser. Este mensaje de Jesús siempre está centrado en el compromiso del corazón y de las relaciones que son verdaderas y significativas.

¿dónde encontraremos descanso para nuestras almas?, ¿dónde descubriremos la paz que anhelan nuestros corazones?, ¿dónde encontraremos la sabiduría que nos hará libres? Jesús abre el camino en su invitación: “Vengan a mí.” (Mateo 11: 28) Jesús nos está invitando a abrazarle a Él y a sus citas para amar. Él nos está llamando a las profundidades de la justicia en el corazón. Él nos está llamando a vivir en apertura y aceptación con todo el prójimo, nos está llamando a tirar los “haz y no hagas” interminables y a tomar nuestro camino a la libertad que ofrece el amor verdadero.

Cuando venimos a Jesús, encontraremos otra manera de vivir, en la manera de Jesús, somos sumergidos en un amor que nos ilumina con la sabiduría para ver el camino de la verdad y el amor. La lucha continua para romper las ataduras del interés propio para acoger el compromiso con el sacrificio y el servicio, para eliminar la seguridad enraizada en las posesiones excesivas, todas estas preferencias llevan a encontrar descanso para nuestras almas. “Sí, mi yugo es liviano y mi carga ligera.” (Mateo 11: 30) Jesús nos llama a un amor a Dios y un amor al prójimo que promete alegría y paz ahora y una vida eterna en el futuro.

El amor es la fuerza motriz detrás de la promesa transformadora de Jesús para aliviar la carga de la vida. Necesitamos mantener nuestros ojos fijos en Jesús porque Él posee las semillas de la sabiduría que nos llevan a la plenitud del reino del Padre.
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DECIMO TERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mateo 10: 37-42 

Estimados amigos, Las enseñanzas de hoy en el evangelio de San Mateo tratan sobre las palabras finales de la misión de nuestro Jesús. Las tres primeras respuestas de los discípulos ante el desafío de Jesús para misionar. Ellos lanzaron las demandas de ser misioneros. Las siguientes tres declaraciones son sobre la respuesta de aquellos que recibieron el mensaje del evangelio.

Está claro que, si vamos a caminar con Jesús, tenemos que pagar un precio. El sacrificio y el sufrimiento son parte del viaje. Este es el camino a la vida y la libertad en la experiencia del evangelio. La ley del amor del evangelio significa que no hay lugar para el egoísmo al seguir a Jesús. Nuestra salvación se encuentra al salirnos de nosotros mismos en servicio y reconciliación. Con el desafío perenne por la justicia racial, con las drogas alimentando el azote de las pandillas y la violencia de las armas, con la amenaza intensificada del cambio climático, todo lo que necesitamos hacer es revisar nuestra red social favorita por el resto de nuestro creciente caos. La calamidad parece estar siempre más cerca. Jesús nos enseña que la respuesta más realista a nuestra crisis es el llamado al auto sacrificio proclamado en el evangelio de hoy.

Las palabras aparentemente severas de Jesús hoy sobre la familia son simplemente una invitación para poner todo en orden. Cuando amamos a Dios primero, no solamente amamos a nuestra familia más, este amor es más desinteresado y dador de vida. Este amor es libre de decepción e ilusión.

Me gusta reflexionar sobre nuestro encuentro con el llamado de Jesús para misionar con este ejemplo. Cada mañana, nos despertamos con una nota de Dios sobre la mesa imaginaria junto a nuestra cama. Este texto divino es una lista de cosas para hacer hoy. Las prioridades principales son nuestras relaciones y responsabilidades. Cada una de las tareas de responsabilidades y relaciones identifican a alguna persona que es nuestro maravilloso regalo por parte de Dios en todos los aspectos de nuestra vida. Algunos de estos individuos representan la cruz de la que está hablando Jesús: “Cualquiera que no tome su cruz y me siga no es digno de mí” (Mateo 10: 38) cada uno de nosotros en el viaje de la vida ha creado una red de amigos de clases diferentes que necesitan nuestro amor y servicio.

Estas personas específicas son la expresión más clara de la voluntad de Dios para nosotros.

El discipulado de Jesús nos llama para enriquecer y expandir nuestra visión del mundo. Nuestras responsabilidades diarias de familia, trabajo, obligaciones sociales y comunales abren a nuevos horizontes para guiarnos al caminar con Jesús. Estamos invitados a ir más allá de la superficie y fuera de los estrechos límites de nuestra zona de comodidad. Estamos llamados a entrar en las profundidades de la vida donde encontramos las maravillas del amor de Dios en el fluir ordinario de la vida diaria. Nuestra tarea es traer amor a las circunstancias concretas de nuestra vida diaria.

La ley del amor del evangelio busca llevarnos más allá del siempre presente impulso de nuestro profundamente arraigado egoísmo. La voluntad salvadora de nuestro Dios se encontrará en nuestra apertura a las necesidades de nuestros hermanos y hermanas.

Jesús lo deja claro. Necesitamos sacrificio y reflexión más profunda para transformar nuestras vidas con nuestras familias y con nuestras responsabilidades comunales y profesionales. Este mismo esfuerzo de sacrificio se abre a cómo nos relacionamos con nuestro prójimo, incluyendo como enfrentamos el desafío de un mundo sufriente que está relacionado inmediatamente a la indulgencia de nuestro estilo de vida. Nuestra cultura consumista siempre está buscando expandir y satisfacer nuestros deseos. Estamos al borde de destruir nuestro planeta. La voluntad de Dios es clara. ¡Ya es suficiente!

El evangelio de hoy nos dice que aquellos que se buscan a sí mismos están en camino a la auto destrucción. Nuestra relación con Dios, con nuestros seres queridos, con nuestra situación de vida, solo encuentra vida en la auto entrega.

“Cualquiera que no tome su cruz y me siga no es digno de mí. Cualquiera que busque salvar su vida la perderá; cualquiera que pierda su vida por mi causa la encontrará” (Mateo 10: 38-39)

El Jesús de los evangelios es claro. El camino a la vida es por medio del sacrificio, negarse a sí mismo y tomar nuestra cruz diaria. Nuestra grande y continua tentación es crear a un Jesús nuevo a nuestra imagen que nos libere de la claridad y la inmediatez de este potente mensaje.
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DECIMO SEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mateo 10: 26-33 

Estimados amigos, La selección del evangelio de hoy tiene a los discípulos a punto de iniciar su primera ventura misionera. Jesús los está consolando para alejar cualquier temor. Él les está hablando sobre la constante providencia del Padre. Jesús los está dirigiendo a una experiencia humana universal de temor en sus muchas manifestaciones.

Al dirigir el perplejo tema del temor, la Biblia tiene más de setecientas declaraciones sobre este tema. Cada vez, alguna forma de temor es mencionada, el texto bíblico tiene una respuesta expresando un profundo sentido del amor providencial de Dios.

El pasaje de hoy, como muchos de la palabra de Dios, muestra que la fe libera, empodera, anima y ofrece esperanza. En contraste, el temor encarcela, debilita, paraliza e invita a la desesperanza.

El mensaje de Jesús nos ofrece un enfoque triple contra el temor. Su primera declaración contra el temor es que sus enseñanzas tendrán poder liberador. Este punto ha estado escondido, pero ahora es revelado. Segundo, Jesús había dicho al principio que ellos serían como ovejas entre lobos (Mateo 10: 16) Sin embargo, ellos necesitan moverse hacia adelante sin temor. Finalmente, la tercera declaración contra el temor está basada en el cuidado compasivo y amoroso de Dios. Jesús usa los ejemplos de todos los días de los gorriones y de los cabellos en nuestra cabeza.
En el tiempo de Jesús, los gorriones eran vendidos a dos por un centavo y cinco por dos centavos. Aún así Dios conoce cada movimiento de ellos. El cabello en la cabeza de una persona promedio ofrece una prueba real para mantener una cuenta exacta. Si Dios puede mantener un rastreo de estos dos oscuros y casi frívolos puntos, infinitamente más esforzado es el cuido amoroso de Dios por cada uno de nosotros. Esta providencia amorosa del Padre es la verdad central de la enseñanza de hoy. Todos los demás elementos necesitan ser entendidos en este testimonio.

Hay dos clases de temores. El primero es de ayuda y muy razonable. Jesús está hablando del segundo temor que está enraizado en la ignorancia y en la ilusión. Este temor es una fuerza paralizante que agarra a la persona asustada. Este temor distorsiona la realidad en detrimento de las responsabilidades y las relaciones de la persona. Este temor estanca el crecimiento y engaña la razón. Este temor patológico destruye la esperanza y la libertad. Franklin D. Roosevelt habló de este temor en su famoso discurso inaugural: “La única cosa a la que debemos temer es al temor mismo – sin nombre, sin razón, sin justificación, es un terror que paraliza necesitando esfuerzo para convertir el retiro en avance”

Todos nos encontramos en estos días en guerras sin sentido y divisiones crecientes a casi todos los niveles de la sociedad. Todos estamos frente a frente con el temor en muchos niveles de nuestra vida diaria. La clase de temor equivocado con frecuencia está dañando nuestro esfuerzo para vivir el evangelio. Somos dirigidos a un esfuerzo ordinario y mediocre evitando el desafío del evangelio y los nuevos horizontes. ¿Será que tememos el poder honesto del evangelio que nos mostrará la decepción de nuestras costumbres culturales tan alejadas de las enseñanzas de Jesús? Todos tenemos que preguntarnos ¿Qué clase de temor nos está motivando? ¿Nos está llamando a avanzar a un nuevo mundo de las enseñanzas de Jesús o nos está paralizando en el cautivante y cómodo, pero con frecuencia rígido mundo que nos ciega a nuestra propia mortalidad y conciencia por nuestro prójimo? ¿Está construyendo puentes o muros? ¿Nos está dirigiendo más profundo en la inclusión de los demás como nos enseña el evangelio o en el aislamiento de nuestros prejuicios?

Mucho del servicio cristiano y de la verdadera caridad involucra dirigir a nuestros hermanos y hermanas lejos de los estancamientos del temor destructivo. De igual manera, un verdadero amor cristiano identificará y apoyará al verdadero temor saludable. Esto es lo que Jesús está haciendo en el pasaje del evangelio de hoy. Una verdadera conciencia de la presencia amorosa de Dios nos ayudará a ver y abrazar nuestro final y verdadero temor, un temor de perdernos la vida eterna.

La visión de Jesús en el evangelio de hoy es claro y directo. Lo que verdaderamente necesitamos temer es a la separación definitiva de la fuente de toda vida, nuestro Dios de amor y gracia. Todo lo demás, incluso la destrucción del cuerpo en la muerte, descansa en las manos de nuestro Padre amoroso que siempre nos está llamando a la vida.
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DÉCIMO PRIMER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mateo 9: 36; 10: 8 

Estimados amigos, Hoy empezamos el tiempo ordinario. Habiendo terminado la celebración en comunidad del misterio pascual y habiendo agregado celebración por la Santísima Trinidad y la Eucaristía, ahora viajamos con Jesús por el evangelio de San Mateo. En este tiempo especial, el amor de Dios en el Cristo crucificado y resucitado brilla ante nosotros iluminando la presencia de Dios en nuestra experiencia diaria. Nosotros nunca descubriremos otra expresión que nos de más visión e invitación que la misericordia amorosa de Dios en Cristo crucificado y resucitado. Es nuestra invitación constante a caminar en los pasos de Jesús. Este tiempo especial es nuestro pasaje a través de los escombros de la vida. Por medio del impulso de nuestro egoísmo y nuestra siempre expansiva búsqueda de la felicidad. Estamos desafiados a darnos cuenta que Jesús encaja en el estupor ordinario de nuestras cargas diarias.

Este es nuestro viaje litúrgico en el tiempo ordinario. Por las próximas veinticuatro semanas entraremos en el evangelio de San Mateo. Nos invitará a hacer nuestra búsqueda por significado, por justicia, y más que todo nuestra búsqueda por ese amor tan elusivo que dura para siempre. Cada domingo, encontraremos a Jesús una vez más en el maravilloso don de la palabra de la liturgia y en los sacramentos. Este viaje con Jesús será un encuentro de fe. Traeremos nuestras experiencias diarias a la sagrada Palabra de Dios. Seremos desafiados a bajar lentamente y abrir nuestros corazones a la presencia de Dios en nuestras luchas diarias. Se nos dará un don de Jesús semanalmente llamándonos a alejarnos de la confusión y las distracciones. Este llamado de amor abrirá nuestros corazones a un Dios que nos ama apasionadamente. De hecho, no hay manera en que este único Dios pudiera amarnos más.

Nuestro encuentro semanal con Jesús en el tiempo ordinario, está llamándonos al extraordinario tiempo de misericordia y amor. Jesús desplegará ante nosotros el continuo don del perdón y amor misericordioso que nos lleva a la vida eterna.

En la selección del evangelio de hoy, vemos a Jesús movido por una compasión impresionante por los enfermos y por los que sufren, agitado por el dolor de los demás y por el hambre y sed de las multitudes. Su corazón duele con la preocupación por los alienados, marginados y todas las cargas de la humanidad. Su mensaje a los discípulos es enseñar y sanar.

Si abrimos nuestros ojos y quitamos la falsa seguridad que nos da el consumismo y la cultura materialista estaremos mucho más listos para vernos en la necesidad de la compasión de Jesús.

Un corazón abierto y despejado nos permitirá ver las maravillas de la intensa preocupación de Dios por nuestra situación. Nos veremos envueltos en apegos engañosos y en una realidad inmersa en un mensaje de mortalidad que negamos con intensidad obsesiva.

Nosotros leemos en el texto del evangelio de hoy: “Al contemplar aquel gran gentío, Jesús sintió compasión, porque estaban decaídos y desanimados como ovejas sin pastor.” (Mateo 9: 36)

Jesús llama a los doce para compartir su ministerio de testificar el reino con sanación y servicio. Este reino es el plan de Dios para restaurar nuestra inocencia original. Este será el inicio de la eliminación de la enfermedad, el odio el aislamiento, el racismo y cualquier otra forma de prejuicio junto con el inicio de la justicia, la paz, la integridad de la creación y el reino del amor.

Más que todo, creceremos para apreciar y abrazar la victoria sobre la muerte.

Hoy somos llamados para recibir y compartir esa respuesta amorosa hacia el sufrimiento humano, el aislamiento y la marginación. Jesús nos quiere ayudar y sanar. Jesús quiere que compartamos como desatar el poder del amor que es el reino del Padre.

La tarea del reino es el amor, amor por Dios y por nuestro prójimo. Si somos honestos al responder al llamado de Jesús, verdaderamente podemos hacer una diferencia. No todas nuestras súplicas en nuestra agenda serán escuchadas ni todos los corazones a los que nos acerquemos serán sanados. Sin embargo, nuestro esfuerzo, no importa cuán aparentemente inconsecuente pueda parecer, será envuelto en amor divino. Será como la semilla de mostaza que florece más allá de la comprensión humana. Hemos sido enviados. No estamos por nosotros mismos. Jesús lo deja siempre muy claro: “Estoy con ustedes siempre.” (Mateo 28: 20)

Conforme nuestras responsabilidades y relaciones encuentran el desafío de la proclamación del evangelio, nuestro corazón será desafiado a cambiar y a crecer, con mucha frecuencia, un solo paso a la vez. Sin embargo, será un llamado incesante para alcanzar algo más que solo quedarnos estacionados en la comodidad. Nuestro esfuerzo puede parecer despreciable pero cuando se comparte en el amor divino que Jesús nos da, puede transformar el mundo.
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LA FIESTA DEL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO


Juan 6: 51-58 

Estimados amigos, Hoy, celebramos el gran regalo de Jesús, su carne y su sangre en la Eucaristía. En esta maravilla sin límites del amor divino, abrazamos el misterio de Cristo crucificado y resucitado. De igual manera, estamos invitados a entrar más profundamente en la recompensa de la comunidad cristiana. Por medio de nuestro encuentro con Cristo eucarístico, somos animados a abrir nuestro corazón en servicio y amor a todos nuestros hermanos y hermanas. En la mesa de Dios hay un acento que no sea bienvenido. Las sombras de la piel aumentan la belleza de la experiencia. Hay espacio y bienvenida para todos en esta partir sagrado del pan. Nuestro banquete eucarístico es todo sobre hacernos huir de nuestro mundo como sirvientes y como sanadores y como celebrantes del amor.

Jesús nos está diciendo que, si compartimos su cuerpo y su sangre, necesitamos ser diferentes. Necesitamos ser testigos del amor. Necesitamos ser los guardianes de nuestros hermanos y hermanas.

Cuando me convertí en pastor, con esta visión de la Eucaristía, pronto empecé a ver la celebración de la primera comunión más profundamente defectuosa, con mucho de fiesta y con menos Jesús.

Mi respuesta fue requerir que los padres participaran en doce asambleas de fe. Estas sesiones incluían una presentación básica de la historia de la salvación desde Abraham hasta Jesús. Estas fueron mucho más que unas sencillas clases sobre la Biblia porque el énfasis estaba en ver la palabra de Dios interceptando su experiencia ya vivida. Hubo mucho que compartir de sus historias, de su tiempo, para la reflexión y la oración.

Los padres aprendieron una lección fundamental. Para vivir por el pan que sino de la palabra que viene de la boca de Dios requiere disponibilidad para escuchar, para crecer, para cambiar y para ser transformado por la palabra.

El resultado final fue que los padres adquirieron un sentido de poder personal para ser maestros de la fe para sus hijos con una comprensión del llamado fundamental de Jesús a la conversión dentro del amor de Dios.

Los padres fueron invitados a una apreciación más profunda de Jesús y sus obsequios para nosotros en la Eucaristía. En sus enseñanzas, sus sanaciones, su ministerio y su entrega a la voluntad del Padre, Jesús abrió una visión de un Dios que era personal e involucraba a todos los pueblos. En este viaje, los padres empezaron a ver la Eucaristía como una gran expresión del amor de Dios en Cristo crucificado y resucitado. Estos padres fueron desafiados a ir más allá de lo superficial en la primera comunión de sus hijos.

Los padres fueron animados a ver la Eucaristía como un tesoro real de nuestra fe. En este ritual, nosotros vamos.


Más allá del símbolo del vino y el pan. Esta es la presencia real de nuestro salvador, nuestro Señor Jesús que viene a nutrirnos y a amarnos. Su presencia real es un llamado para nosotros para cuidar a nuestros hermanos y hermanas, para amarlos y para entregarnos a ellos.

La meta era no solamente ayudar a los padres a preparar a sus hijos a entender lo que sucede en ese bello día de su primera comunión. Era convencer a los padres que esta es la tarea de muchos años. Parte de esa tarea fue la participación de sus familias en la liturgia, sobre bases regulares. La liturgia es verdaderamente un proceso continuo de escuela para adultos de educación religiosa donde la experiencia diaria está conectada al acto salvador de Jesús aquí y ahora.

A menos que los padres entendieran la importancia de la experiencia básica de la participación regular en la liturgia, las celebraciones de la primera comunión tienen la posibilidad real de distorsionarse y ser inconsecuentes.

La meta real es la participación fiel en la adoración y alabanza en la iglesia. Atender a la misa regularmente nos trae a un encuentro con el gran acto de amor que es la historia fundamental de la Biblia. Ese amor literalmente toma la forma de carne y sangre para nutrirnos y guiarnos en el viaje tortuoso que es nuestra vida. Es por eso que la iglesia nos enseña que la liturgia es la fuente y la cumbre de nuestra fe. La liturgia nos ayuda a tomar la información sobre la fe y nos permite transformar nuestro corazón dirigiéndonos a un encuentro con nuestro Dios amoroso.

En esta fiesta de Corpus Christi, me gustaría invitarnos a ir más allá del mantra sobre la liturgia como “la fuente y cumbre” de nuestra fe. Yo quiero invitarles a ponderar y a orar sobre una expresión más completa de las enseñanzas del Concilio Vaticano II en nuestra participación en la Eucaristía.

“La celebración de la Eucaristía, es una acción de Cristo en el pueblo de Dios…es el centro de toda vida cristiana, para la iglesia universal, la iglesia local y para cada uno de los fieles…la liturgia es la cima hacia donde va toda la actividad de la iglesia; es también la fuente de la cual fluye todo su poder… todo aquel que es hijo de Dios por la fe y por el bautismo debería reunirse y dar alabanza a Dios en medio de la iglesia, para tomar parte en el sacrificio y comer la cena del Señor.” (Constitución de la Sagrada Liturgia, 1963, # 2, 10, 41) Cada misa debería ser como una Primera Comunión donde haya mucho menos fiesta y muchísimo más de Jesús.
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DOMINGO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Juan 3:16-18

Queridos amigos: En las enseñanzas de Jesús no encontramos ninguna descripción de la Trinidad como Padre, Hijo y Espíritu Santo. La Iglesia necesitó siglos de reflexión, conflictos casi constantes y profunda oración para articular la realidad de la Trinidad tal como la expresamos hoy en nuestro Credo.

Jesús fue la revelación de Dios. Su mensaje fue de amor y misericordia. Como Iglesia, aprendimos que no podemos llegar a Dios solo con el pensamiento. El único camino hacia el Misterio Divino es un camino de amor guiado por una fe abierta y una obediencia sincera al amor. Jesús nos enseñó el camino del amor: amor a Dios, al prójimo y al mundo.

A través de Jesús, hemos aprendido que nuestro llamado a la fidelidad se refleja en la fidelidad de Dios a la humanidad. A lo largo de la dolorosa y conflictiva historia de la humanidad, Dios ha respondido con amor y misericordia, mucho más allá de nuestra comprensión. Nuestra resistencia y rebeldía al llamado al amor siempre han recibido una respuesta divina de paciencia, compasión y amor misericordioso. Esta es la única respuesta posible de un Dios trinitario que es amor.

Tenemos una imagen exquisita de cómo sería una verdadera respuesta al amor de Dios. Aristides, un erudito filósofo griego, describió así a los cristianos del siglo II: «Se aman unos a otros. Nunca dejan de ayudar a las viudas; salvan a los huérfanos de quienes les harían daño. Si tienen algo, lo dan generosamente al que no tiene nada; si ven a un extraño, lo acogen en su casa y se alegran como si fuera un hermano. No se consideran hermanos en el sentido habitual, sino hermanos por medio del Espíritu, en Dios».

El pasaje del Evangelio de hoy ha sido a menudo llamado un evangelio en miniatura. Describe en tan solo unas líneas el amor ilimitado de Dios. En Jesús, vemos la continua manifestación de este amor del Padre. ¡Jesús es el don supremo que nunca deja de dar, de llamar y de amar!

El Evangelio de hoy nos dice por qué Dios nos ha salvado. Todo se reduce al amor. Dios ha elegido revelar la magnitud y el poder de este amor a través de los actos salvadores de su Hijo y de la acción constante del Espíritu Santo. Este amor no conoce límites, no tiene condiciones y no necesita invitación. Simplemente lo abarca todo. Como declaró Santa Teresita del Niño Jesús: «¡Todo es gracia!».

El Evangelio de hoy nos presenta este amor divino con gran claridad. Dios toma la iniciativa: «Porque de tal manera amó Dios al mundo» (Jn 3:16).

Al amar al mundo, Dios nos muestra que todos estamos invitados al amor mutuo que es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Jesús plasma este amor totalmente inclusivo en las parábolas del Buen Samaritano, el publicano, Magdalena, el padre de los hijos afligidos y en tantas otras expresiones de aceptación y misericordia. Asimismo, el Evangelio de hoy nos revela el propósito de la misión de Dios: «Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por medio de él y goce de la vida eterna» (Jn 3,16-18).

Este amor divino, descrito en el Evangelio de Juan, trasciende nuestra comprensión, está completamente fuera de nuestro alcance y excede nuestra capacidad de corresponderle. Dios nos amó primero y con una generosidad que jamás podremos igualar. Al final, lo único que podemos hacer es intentar seguir los pasos de Jesús y acoger su amor misericordioso.

Jesús nos invita al misterio del amor y la vida que es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La decisión es nuestra. Podemos aceptar o rechazar.

La gran alegría de la fiesta de la Santísima Trinidad de hoy, como toda proclamación del Evangelio, es que Dios nunca se da por vencido con nosotros. Jesús nos llama constantemente a aceptarlo como el camino, la vida y la verdad. Poco a poco, la vida nos enseña que Jesús tiene un plan mejor, tanto para esta vida como para la venidera. Nuestra vocación se fundamenta en este Dios de amor y estamos destinados a ser uno con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.
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PENTECOSTÉS

Juan 20: 19-23 

Estimados amigos. La fiesta de Pentecostés es la celebración de la caída de las barreras de tiempo y espacio y la apertura plena del mundo para recrear las maravillas del amor. En su pasión y muerte Jesús confrontó el mal. Este fue el encuentro cumbre de toda la historia. El amor ganó.

Todo fue de repente, Jesús está en medio de ellos. Su mensaje no es la venganza. Asombrosamente, Él incluso no señala con el dedo al colapso de cobardía que mostraron ellos. Sus discípulos confiables estaban demasiado asombrados para sentir la pena. Fue un momento que dio tremendo giro de miles de grados. Jesús había resucitado como lo dijo, Aleluya.

Su mensaje fue directo, claro, y sencillo: “Que la paz esté con ustedes” (Juan 20: 19) su paz transmitió el tesoro del perdón. Estos dos regalos de paz y perdón están en el contexto de su comisión para ellos. “Como el Padre me ha enviado, yo los envío a ustedes” Al decir esto, sopló sobre ellos y dijo ´reciban el Espíritu Santo´” (Juan 20: 21-23)

Ese mensaje de victoria es entregado a los discípulos junto con el regalo del Espíritu Santo. Este atemorizado y desesperado grupo recién salido de su abandono en la crisis del Huerto, ahora recibe la paz y el perdón de Jesús junto con el último regalo del Espíritu Santo. El temor y la confusión ahora se convertirá lentamente en convicción imparable de alegría y feroz entusiasmo. Nada iba a superar su certeza en el espíritu. Nada iba a cerrar su mensaje del Cristo crucificado y resucitado. Contra todos los pronósticos, el regalo del Espíritu Santo iba a ganar por medio de estos temerosos, confundidos y desilusionados hombres y a sus hermanos y hermanas.

Recibir al Espíritu Santo es un símbolo de la nueva creación. Justo como Dios sopló vida en Adán en el Jardín del Edén, así también, Jesús sopló nueva vida en los discípulos que los hace santos y los lleva a conquistar el mal.

Lucas, en la segunda lectura de hoy de los Hechos de los Apóstoles, da otra conexión bíblica. La gran cantidad de extranjeros con una gran variedad de idiomas oyen en unidad. Este es el Espíritu manifestando la eliminación de la división y el aislamiento causado por la Torre de Babel.

Después de la recepción del Espíritu Santo, la historia de los discípulos es muy diferente. El temor da paso a la valentía y al compromiso. Una nueva convicción los lleva a confrontar el poder con paciencia y perseverancia. La espada de doble filo del mensaje del evangelio de Jesús corta el yugo del terror y la cobardía. El evangelio es proclamado a pesar del conflicto y la incomprensión.

Las barreras culturales y la estrechez parroquial nativa se abren a la visión de una comunidad universal que sigue en crecimiento en nuestros días.

Obsequiados con el Espíritu Santo, se unen al Cristo resucitado para testificar la victoria del amor sobre el mal y la muerte. Las semillas de la nueva creación fueron sembradas en los corazones de los débiles y peatonales seguidores de Cristo. Ellos empezaron una comunidad de fe siempre en expansión que ha sobrevivido y prosperado durante miles de años.

Hoy, en esta fiesta de Pentecostés, estamos invitados otra vez para recibir el regalo del Espíritu. Para que sea así, necesitamos alejarnos del pecado que es un rechazo al amor. Como con los primeros discípulos, el Espíritu nos llama a expandir continuamente los horizontes de nuestro amor.

El Espíritu nos empodera y nos invita a orar. El Espíritu ofrece una paz que trasciende nuestra búsqueda infinita de seguridad en las cosas del mundo. El Espíritu nos permite romper las cadenas de la esclavitud, de la atadura cultural al racismo, sexismo, a la ceguera de la destrucción de la creación, y más que todo, una falla sencillamente para amarnos unos a otros. Pentecostés es la fiesta de la liberación de nuestro temores, ansiedades y divisiones.

El Espíritu nos llama a ser las manos y pies, y más que todo, el corazón de Cristo dentro del mundo de nuestras responsabilidades y relaciones. Estamos llamados a ser verdaderos testigos del mensaje del evangelio de Jesús. Y no nos olvidemos que un testigo es aquel cuyas acciones de vida hablan tan alto que la gente no diga que no puede oír lo que dices.

La paz de Cristo viene con un precio. La paciencia y la gentileza junto con la alegría y amabilidad y los otros frutos del Espíritu son siempre regalos preciosos. Ellos son posibles solamente en un corazón que está buscando la reconciliación. Esta nueva vida en el Espíritu trae paz y perdón en un mundo devastado por el pecado y la muerte. Este es el llamado para nosotros en este Pentecostés: transformar nuestras vidas por el regalo de la paz de Cristo y su llamado al perdón. Lentamente, tenemos que entender que, por el Espíritu no hay límite en el perdón y que el objetivo de la inclusividad es dinámico y siempre en expansión. Las numerosas descripciones para “esa gente” en nuestros corazones tiene que dar paso a una nueva definición de “nosotros”. En esta lucha para alejarnos de nuestro mundo cómodo, debemos estar abiertos al Espíritu para encontrar el único camino que lleva al merecimiento del regalo de la paz de Cristo.
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FIESTA DE LA ASCENCIÓN

Mateo 28: 16-20 

Estimados amigos, En la fiesta de hoy de la Ascensión, es difícil para nosotros comprender la enormidad del impacto de los apóstoles. Necesitamos una fe verdaderamente profunda para crecer en una conciencia honesta de la profundidad de la convulsión de los apóstoles en la partida de Jesús.

Primero que todo, ellos están solos. Ellos tenían poca organización y menos claridad sobre su misión. No importa la belleza de las reconfortantes palabras finales de Jesús, su mentor, su maestro, su guía y apoyo para esos tres intensos años que ya se habían ido.

Traten de imaginar cuán alarmante y doloroso fue el mensaje de universalidad. La primera iglesia lucharía con eso por décadas.

Una parte significativa del evangelio de Mateo fue sobre el cumplimiento de la ley mosaica y no el retiro de ella. Después de toda una vida de experiencia y siglos de tradición, el concepto de ser “El Pueblo Elegido” fue simplemente parte de su ADN judío. Ahora, en un instante, ellos están misionados para cambiar todo de arriba abajo por dentro y por fuera y predicar el evangelio a los gentiles paganos.

Jesús lo dejó claro, una y otra vez, su misión era para la familia de Abraham. Ahora, en este encuentro final, la misión es “Hacer discípulos de todas las naciones” (Mateo 28: 19) Iba a tomar cierto tiempo para los primeros discípulos y para la primera iglesia entender la profundidad del llamado de Jesús a la inclusión universal. La confusión consecuente está retratada claramente en Los Hechos de los Apóstoles. Decir la verdad, tenemos más que suficientes problemas aceptando a un extraño en nuestras propias parroquias hoy.

Segundo, nosotros leemos en el texto del evangelio “Cuando ellos lo vieron, lo adoraron, pero ellos dudaron” (Mateo 28: 17) Mientras que Mateo es mucho más gentil que Marcos, él también, retrata a los doce apóstoles originales como un grupo defectuoso de seres humanos. Este texto es un ejemplo de ello. Justo desde el inicio, la iglesia estuvo luchando con los claros limites de la condición humana sin importar cuan exaltada fuese la comisión divina para proclamar el evangelio a los confines de la tierra.

La aflicción de la debilidad humana está un poco presente en la iglesia y sus miembros hoy en día.

La duda y la confusión han sido parte de la realidad de la iglesia a través de la historia. Ha habido poco tiempo en la historia de la iglesia en la que algún grupo no haya estado en el proceso de romperse. La infidelidad y el conflicto han estado presentes desde los primeros tiempos de Los Hechos de los Apóstoles hasta la crisis de la misa en latín de hoy. El abuso de jóvenes en el escándalo sexual de nuestros tiempos es solo una parte de una larga historia de pecado e infidelidad. En el largo viaje de la iglesia de pecado y gracia, Jesús ha mantenido su promesa de estar con nosotros en la iglesia hasta el final.

Una observación final es más reconfortante. En Mateo 1: 23 leemos: “La virgen concebirá y dará a luz, y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa Dios con nosotros.” Ahora otra vez recibimos esta afirmación divina de Jesús: “Y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia.” (Mateo 28: 20)

Mientras que siempre ha habido un gran número de problemas, siempre ha habido un grupo más que sustancial de testimonios en la iglesia llamándonos en palabra y en verdad al mensaje del evangelio.

Hoy, nosotros también enfrentamos nuestra realidad diaria y tenemos el llamado de Cristo para vivir y predicar el evangelio. No hay mayor desafío en la vida si nosotros queremos responder verdaderamente con generosidad. Los obstáculos son enormes. Aparentemente incontables de nuestros hijos y amigos y parientes han abandonado la iglesia. Los jóvenes de hoy parecen mucho más inclinados a encontrar su camino espiritual fuera de la religión organizada. Nuestra cultura se vuelve más materialista por la hora y menos inclinada a tomar la espiritualidad en serio. Junto con esto, y muchos otros factores negativos, tenemos el aparente eterno embate del abuso sexual en la iglesia.

En todo ello, necesitamos aferrarnos a la promesa de Emmanuel, Dios está con nosotros.

El significado de esta bella fiesta de la Ascensión está capturado en las palabras del prefacio de la misa de hoy:

Cristo, el mediador entre Dios y los hombres y mujeres,

Juez del mundo y Señor de todo

Ha pasado más allá de nuestra vista

No para abandonarnos sino para ser nuestra esperanza.

Cristo es el inicio, la cabeza de la iglesia;

A donde Él ha ido esperamos seguirle.

Nuestra esperanza está enraizada en la realidad de que Jesús está con nosotros todo el tiempo. Nuestro destino no es la desesperanza y la confusión. Es un simple compromiso para vivir con fe y confiar en un Dios que tiene un mejor plan. Oramos en la plegaria de apertura de la misa de la Ascensión, “Que lo sigamos en la nueva creación, porque su Ascensión es nuestra gloria y nuestra esperanza”

Nosotros celebraremos el otro gran regalo del Misterio Pascual, el Espíritu Santo, en la fiesta de la próxima semana de Pentecostés.
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SEXTO DOMINGO DE PASCUA

Juan 14: 15-21 

Estimados amigos, Conforme nos acercamos a esta temporada de pascua, es bueno reflexionar sobre Los Hechos de los Apóstoles. Solamente en el tiempo de pascua tenemos esta primera lectura de los hechos. Todos los demás domingos la primera lectura es de las escrituras hebreas.

Los Hechos de los Apóstoles es un libro sobre el nacimiento y el crecimiento de la iglesia. También es una revelación de lo que sucede a la gente cuando comprende y se compromete con el Misterio Pascual, que es la muerte y resurrección de Jesús.

Jesús pudo haber hecho muchas promesas a los primeros discípulos. Él pudo haber cumplido sus sueños de éxito, poder, privilegio y riqueza. Él pudo haberles hablado sobre triunfo fácil y gran admiración entre un siempre creciente grupo de creyentes. Ninguno de estos escenarios se ajusta a la agenda de Jesús.

Su mensaje fue seguirlo a Él en el camino a Jerusalén y tomar su cruz. Esto fue conflicto y confusión. Esto fue rechazo y muerte. Los Hechos de los Apóstoles sigue este libreto claramente.

Por otro lado, Jesús prometió al paracleto para guiarlos en el camino de la verdad y el camino del amor justo como Jesús fue tan fiel al abrazar su pasión, muerte y resurrección.

Los Hechos de los Apóstoles tiene dos personajes principales, Pedro y Pablo. Hay unos pocos momentos idílicos en el principio donde todos están descansando en armonía y paz. A ellos les duró poco. Rápidamente hay un cambio hacia la realidad tan expresiva de la condición humana en la parábola de la cizaña y el trigo.

Una pareja se abstiene de entregar todas las ganancias de la venta de una propiedad a la cartera común. Ellos mueren en el acto. Las viudas griegas inmediatamente se hacen las victimas de prejuicio en la no perfecta nueva comunidad cristiana. Ambos, Pedro y Pablo se preguntan sobre su ortodoxia por la oficina de Jerusalén. En la opinión de muchos, su apertura para con los extranjeros es peligrosa para la fe.

Este asunto de aceptar creyentes gentiles llevó a la mayor ruptura en esta primera comunidad. La elección volátil que confronta la nueva comunidad de una manera muy poderosa es esta: es la nueva realidad del mensaje de Jesús, simplemente y exclusivamente un complemento de la ley mosaica o es una realidad completamente nueva. Este fue un desafío para una transformación cultural que se volvió dolorosa, divisiva y violenta. Sin embargo, al final, se volvió totalmente liberadora. Pedro y Pablo fueron desafiados a todos los niveles por la explosividad de este asunto fundamental y formativo que dio nacimiento a la iglesia. Al mismo tiempo, fueron perseguidos por los lideres judíos.

El resultado fue encarcelamiento frecuente, intentos de asesinato, conflicto constante y escuadrones de la verdad que eran destructivos y brutales. Pablo tenía que escapar con frecuencia en secreto para salvar su vida. Mas de una vez, él fue golpeado casi hasta la muerte. Él tuvo suerte en esto. Esteban y muchos otros de los primeros cristianos no tuvieron tanta suerte. Ellos fueron martirizados.

Conforme la historia en Los Hechos progresaba, se volvió mas claro que el Paracleto que Jesús prometió y entregó tenía un papel muy poderoso. Así como Jesús se había vuelto el camino y la vida y la verdad para los primeros discípulos, el Espíritu Santo se volvió el camino y la vida y la verdad para el desarrollo de la realidad de la primera iglesia. El Espíritu los estuvo guiando a través del tumulto y la persecución.

Todavía en medio de todo este conflicto y confusión, se tomaron decisiones. El evangelio fue proclamado. La iglesia eventualmente abrazó nuevas culturas y nuevos pueblos. El viaje fue ni suave ni derecho. Cuando Pedro y Pablo murieron después de décadas de predicar el evangelio, hubo al menos varios miles de fieles cristianos. Cualquier misa Papal en estos días tendrá por lo menos de veinte a treinta veces más gente asistente.

Las semillas fueron sembradas en las vidas y testimonios de Pedro y Pablo. Ellos fueron verdaderos creyentes que caminaron su difícil viaje con un sentido de alegría y de maravilla en el Cristo resucitado. Ellos tomaron con el corazón las palabras de Cristo en el evangelio de hoy de Juan. “No los dejaré huérfanos, sino que volveré a ustedes. Dentro de poco el mundo ya no me verá. Pero ustedes me verán, porque yo vivo y ustedes también vivirán. Aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre y ustedes están en mí y yo en ustedes. El que guarda mis mandamientos después de recibirlos, ése es el que me ama. El que me ama a mí, será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él.” (Juan 14: 17-21)

Para Pedro y Pablo, el acto concluyente de Cristo, la muerte y resurrección, fue una realidad consumada que llenó sus corazones con un fuego de amor que los llevó a predicar a Cristo en medio del caos, la confusión y la discordia. Esta predicación se volvió una fuente de paz y dirección. Desplegó un sentido de esperanza y fidelidad que fundó en la tierra una nueva iglesia en verdad y amor.

Necesitamos tomar con el corazón el pasaje del evangelio de hoy y el mensaje de este tiempo de pascua. Si lo hacemos, nos llevará a descubrir la paz y la fortaleza que vienen del Cristo resucitado. Las circunstancias de nuestra iglesia hoy comparten mucho del mismo caos y confusión. Tenemos el escándalo del abuso sexual, la división de las denominaciones cristianas, la maldición del clericalismo y el temor de un papel mas poderoso y significativo para las mujeres, y esto sigue.

Pero no estamos huérfanos. Necesitamos volver al Cristo resucitado y orar por el regalo del Espíritu y el poder de amarnos unos a otros. Esto abrirá el camino en nuestra búsqueda por Su dirección y guía. No hay duda, encontraremos el camino al amarnos mutuamente.
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QUINTO DOMINGO DE PASCUA

Juan 14: 1-12 

Estimados amigos, En mis primeros días como seminarista Carmelita, tuve un retiro que recuerdo vívidamente setenta y un años después. No recuerdo nada del mensaje del predicadore. Lo que recuerdo es que él nos dijo que cada noche dormía en un ataúd. Él quería aumentar la conciencia de que un día iba a morir. En aquel momento pensé que era bastante extraño. Ahora que estoy varias décadas más cerca de mi muerte pienso que la rutina del ataúd está mucho más allá de ser extraña.

En el tiempo de pascua, hay un mensaje magnifico sobre nuestra muerte personal. No es del todo malo, de hecho, es un regalo maravilloso. El prefacio para la misa de cuerpo presente narra una descripción de la siguiente manera:

En Él, que resucitó de entre los muertos está nuestra esperanza de la resurrección.

La tristeza de la muerte da paso a la promesa de la inmortalidad.

Señor, para tus fieles la vida sólo cambia, no termina.

Cuando nuestro cuerpo mortal yace en la muerte

Ganamos una morada eterna en el cielo.
El evangelio de hoy, con frecuencia es usado en las misas de funerales. En el contexto de este poderoso ritual, la mayoría de gente lo comprende. Vamos a ir a una vida mejor. El problema es que la mayoría de nosotros lo entendemos solamente cuando ya no podemos evadir por más tiempo la realidad de la muerte. La muerte de un ser querido simplemente nos engulle en el grande y doloroso misterio que es la muerte. Hay solamente un asentimiento simbólico hacia el sobrecogedor regalo de la resurrección. Esto usualmente es expresado en las frases “el final de su sufrimiento” y “él o ella está en un mejor lugar ahora”

Nuestra cultura es muy evasiva al enfrentar la muerte por lo que es: una enorme y definitiva parte de la vida. El mensaje del tiempo de pascua seguramente no nos llama a la bizarra y mórbida actividad de dormir en un ataúd, sin embargo, nos invita a enfrentar la muerte como una parte crucial de nuestra vida.

Jesús quiere que sepamos que la vida es un regalo para hoy. Necesito abrazarla en alegría y maravilla lo más entusiasta que pueda porque no tengo garantía para mañana. Dios nos llama a vivir este día en amor y servicio. Aceptando que la muerte es verdaderamente una gran parte de nuestra vida y no es una invitación para vivir en preocupación y ansiedad. Es un llamado a ser realista.

La preocupación de Tomás en el evangelio de hoy se relaciona con nuestra confusión y el balance. Estos dos elementos drásticamente diferentes de la muerte. Ambos son pérdidas horribles que llevan a un tormento personal inevitable y es una gloriosa victoria que trasciende cualquier alegría o expresión de felicidad en esta vida.

Jesús responde a Tomás diciéndole que Él es el camino. Todo lo que necesitamos hacer es caminar con Jesús y Él nos guiará a nuestro verdadero hogar.

Jesús nos dice otra vez que para no permitir que nuestro corazón se turbe, simplemente necesitamos tener fe en Él.

No hay que evitar el bien y el mal, lo armonioso y lo conflictivo, la enfermedad y la salud, y todos los elementos de nuestra condición humana que están en las manos amorosas del Dios de gracia revelado en Jesús. Jesús es el camino, la verdad y la vida (Juan 14: 6) Jesús nos dice No“ se turben; crean en Dios y crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. De no ser así, no les habría dicho que voy a prepararles un lugar (Juan 14: 1-2)

Hoy todos estamos un día más cerca del llamado amoroso de Dios que puede cambiar nuestra muerte en vida eterna. Este es el mensaje del Aleluya de la pascua. Somos tontos si no aceptamos esta realidad y permitimos que defina como vivimos. La resurrección es real. Significa que la muerte ha perdido su aguijón. Nuestro trabajo es celebrar con una vida llena de esperanza y alegría, amor y servicio.

Si mantenemos nuestros ojos en Jesús, reposaremos en la más real y honesta respuesta al siempre presente dilema de la muerte. Jesús nos dice que Él es el camino, el camino más seguro hacia Dios. Jesús es la más completa y la más rica expresión de Dios. Todas sus enseñanzas y patrones de vida, todos sus milagros y servicio, y más que todo, la gran revelación de amor en la pasión, muerte y resurrección – todo eso nos invita a caminar en amor con Jesús. El asombroso canto del Aleluya que proclamamos en la pascua dirige nuestros corazones hacia Jesús. En verdad no hay un camino más seguro que nos lleve a la verdad y a la plenitud de la vida que es Dios.
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CUARTO DOMINGO DE PASCUA

Juan 10: 1-10 

Estimados amigos, Este es el cuarto domingo de nuestro tiempo de pascua. Nuestro mensaje de hoy de enfoca en Jesús como la puerta. En el tiempo del evangelio, el Pastor tenía muchos deberes. Ellos construían una relación significativa con las ovejas.

La imagen de la puerta fue especialmente expresiva del papel de un pastor. Conforme las ovejas entraban, la puerta era una garantía de seguridad de las muchas fuentes de violencia e incluso de la muerte que esperaba en la oscuridad de la noche.

Durante la noche, el pastor literalmente dormía en la puerta, la entrada al aprisco. Cualquiera que iba o venía tenía que pasar por la presencia protectora del pastor.

En la mañana, el pastor guiaba a las ovejas fuera de la puerta a los campos fértiles que ofrecían comida y bebida.

La puerta era verdaderamente un símbolo de vida que era ofrecida en abundancia. Durante la temporada de pascua somos llamados a ponderar y a orar sobre el gran misterio del Cristo crucificado y resucitado. Esta es la verdadera fuente de nuestra vida en abundancia.

Solamente cuando traemos nuestras experiencias de vida al mensaje de pascua podemos empezar a obtener una vista de cómo Jesús vino al mundo para traernos vida y vida en abundancia.

El mensaje de la vida plena es repetido una y otra vez en el evangelio de Juan. Es más apropiado para el tiempo de pascua. En el encuentro amoroso con Jesús, recordamos la gran victoria de la vida sobre la muerte, del bien sobre el mal. Por el evento de la pascua no solamente tenemos vida en abundancia, tenemos la mas grande calidad de vida, vida eterna.

Juan usa la declaración de “Yo soy” en el cuarto evangelio para invitarnos a entrar en el misterio de Dios. El evangelista está revelando, en la persona de Jesús, la fuente de la vida eterna para los pecadores. En la resurrección, Jesús es “La Puerta” que abre hacia la vida eterna. Él es la fuente de vida en “La vid” y “la vida” y “la resurrección”. Él es “la puerta” y “el camino” para los pecadores que buscan en la oscuridad y la impredecibilidad de la vida. Él es “El Pastor” guiándonos en nuestra confusión y desconcierto. Él es “El Pan” que nutre a lo largo del camino.

En el tiempo de pascua, estamos invitados a entrar en “La Puerta” de la vida de cara a las molestias e inseguridades de nuestro día a día. Somos el pueblo del Aleluya. La victoria ha sido ganada. Nosotros alcanzamos la victoria por medio de “La Puerta” que es Jesús, el Señor resucitado. Él nos guiará a abrazar la vida y a vivir al máximo con el Aleluya sonando en nuestros corazones.
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TERCER DOMINGO DE PASCUA

Lucas 24: 13-35 

Estimados amigos. El tiempo de pascua es un tiempo en que nosotros desesperadamente necesitamos permitir que la sobrecogedora verdad de la resurrección penetre en nuestro ser. Hoy, en este tercer domingo de pascua tenemos la maravillosa historia de los discípulos en el camino a Emaus. Como todo lo que tiene que ver con las historias de la resurrección, este bello pasaje invita a entrar en el misterio de Cristo resucitado. Es un viaje de la cabeza al corazón.

La historia de hoy es especialmente sentida. Los dos discípulos le cuentan la historia a Jesús. Para ellos es una tragedia profunda. Ellos están frustrados y tambaleándose en un mundo de sueños destrozados. Su historia transmite dolor y desesperanza. En particular, ellos olvidan el mensaje de las mujeres sobre la tumba vacía y los ángeles.

Jesús toma la historia de ellos y la transforma en un mensaje de esperanza y vida. Él mostró que el misterio de la cruz develó el más profundo y lleno de gracia nivel de la realidad. En la sabiduría de Dios, la debilidad da paso al verdadero poder, lo vacío expresa la plenitud de la presencia de Dios y la muerte da paso a la vida eterna. “Entonces ellos se dijeron a sí mismos, ´ ¿no estaban nuestros corazones ardiendo mientras Él hablaba en el camino y abrió las escrituras a nosotros´?”” (Lucas 24: 32) esta es la historia del Aleluya.

En la experiencia de los discípulos, tenemos una visión fundamental en la vida cristiana. Necesitamos medir la historia del evangelio contra nuestra experiencia de vida. Tarde o temprano, experimentamos el destino humano común de los dos discípulos: sueños rotos, amor rechazado y las múltiples consecuencias de nuestra mortalidad. Una gran parte de nuestros esfuerzos luchan para cubrir todas las contingencias, pero al final no estamos listos para lo que la vida tiene guardado para nosotros. ¿quién podría realmente visualizar la profundidad de la división rota del partidismo en nuestro país, el corona virus y su impacto en nuestro mundo? ¿o quién podría creer que el número de tiroteos masivos sea mas grande que el número de días en el año? Somos como los discípulos envueltos en sueños de grandes cosas que pueden venir de Jesús, aquel que sería el salvador. Sin embargo, como ellos, nuestra visión de la vida tiene poco espacio para el rechazo y la pasión y la crucifixión de aquel fatídico fin de semana.

Lucas usa la frase “ojos abiertos” seis u ocho veces que aparece en el Nuevo Testamento. Siempre es sobre el viaje de la cabeza al corazón, “Mientras Él estaba con ellos a la mesa, tomó el pan, dijo la bendición, lo partió, y se lo dio a ellos. Con eso sus ojos se abrieron y lo reconocieron, pero Él se desvaneció de su vista.” (Lucas 24: 31-32) Cuando reconocemos a Jesús en fe, empezamos a ver la resurrección por lo que es. La victoria del amor sobre todo el mal que el mundo tiene para ofrecer. No todo está perdido. En verdad, la victoria es nuestra cuando caminamos con Jesús. Esta es la historia del Aleluya.

Tomas Merton tiene una bella definición de lo que es oración: la oración es un anhelo por estar en la presencia de Dios, una comprensión personal de la palabra de Dios, conocer la voluntad de Dios y la capacidad de oír y obedecer. Esto es lo que les sucedió a los discípulos en su encuentro con Jesús. Ellos se estaban alejando de la vida. Ellos estaban huyendo de las dificultades de sus sueños rotos. Jesús los dirigió a la presencia de Dios. La gracia de Dios abrió sus ojos al fuego de amor que estuvo ahí todo el tiempo. Esto sucedió cuando Jesús liberó la Palabra de Dios para ellos. Ahora, ellos estaban listos para hacer la voluntad de Dios.

Comparable a los discípulos en el camino a Emaus, nosotros tenemos que traer fe a nuestra historia. Con fe, entramos en la historia de las escrituras y lentamente vemos que Dios está con nosotros todo el tiempo. Esta es la historia del Aleluya.

En Jesús contando la historia otra vez, la esperanza y la fe reemplazan la desesperación y el dolor que dominaron la experiencia de los discípulos de la historia. Como la versión de Jesús de los eventos, necesitamos la palabra de Dios para que nos de dirección en nuestro camino a Emaus de manera que podamos encontrar nuestro camino de regreso a Jerusalén. Dios tiene un plan amoroso para nosotros.

El poder de la oración personal profunda puede abrir este camino de amor y nueva vida para nosotros. Podemos empezar a ver la realidad como impregnada con esperanza y nuevas posibilidades una vez que encontremos al Cristo resucitado. Esta es la historia del Aleluya.

La fe nos permite ver a Jesús poniendo la historia de los discípulos y la nuestra cabeza abajo como hizo con tantas experiencias en sus enseñanzas del evangelio. A través del misterio de la cruz, Él develó el nivel más profundo de la realidad. En esta revelación de la sabiduría de Dios, la debilidad da paso al verdadero poder, el vacío expresa la plenitud de la presencia de Dios y la muerte abre el camino a la vida que es eterna. Esta es la historia del Aleluya.

En nuestra celebración de la Eucaristía, recordamos en una forma más poderosa a Jesús partiendo el pan. Necesitamos permitir que nuestros corazones también ardan al reconocer la presencia de Jesús. Conforme avanzamos en nuestro viaje de vida con Jesús, Él está una vez más recontando la historia que es nuestra vida. ¡Esta es la historia del Aleluya!
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SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA

Juan 20: 19-31 

Estimados amigos en Cristo, En el desafiante y confuso viaje de tres años con Jesús, los apóstoles habían experimentado diferentes clases de inicios. A pesar de eso, nada los preparó para las 72 horas finales que los encontraron encerrados en su cuarto “Por temor de los judíos.” (Juan 20: 19)

Nadie estuvo en la montaña rusa de emociones más que Pedro. Primero, escuchamos su protesta en la Última Cena: “Tú nunca lavarás mis pies” luego, de una manera inmediata dice: “Maestro, entonces no solo mis pies, sino también mis manos y mi cara” (Juan 13: 8-9) justo después de eso: “Yo daría mi vida por ti” (Juan 13: 37) entonces, unas horas después de dormirse en el Huerto, nos asombramos al escuchar: “Entonces la mujer que vigilaba los portones le dijo a Pedro, “¿Tú no eres uno de sus hombres?” Pedro dijo, “No lo soy” (Juan 18: 17) finalmente, Pedro tiene una idea del horror de todo eso y de su debilidad personal: “Él salió y lloró amargamente.” (Mateo 26: 75)

Para Pedro y los otros discípulos, fue una pequeña caída de la arrogancia total a la devastación total. Ellos, que estaban anhelando el regalo de poder, riqueza, prestigio y privilegio, ahora estaban sumergidos en sueños aplastados y encerrados en temor y desesperanza. Lentamente, ellos se dieron cuenta que los eventos del fin de semana los habían expuesto como perdedores por desperdiciar tres años de sus vidas persiguiendo una ilusión. Ahora, había un peligro más grande en su puerta. Ellos de hecho estaban enfrentando el riesgo de prisión, y talvez incluso podían perder sus vidas.

El manejo de la crisis no les dio mucho tiempo para permitir que vieran que la profundidad de su cambio de circunstancias era para hundirse. De igual manera, ellos eran incapaces de ver con claridad la amplitud de su cobardía personal. Su increíble abandono de Jesús fue una negación chocante de tres años de discipulado e intimidad a los pies de Jesús. Su viaje de autoconocimiento estaba experimentando una invitación tumultuosa hacia una nueva y alarmante iluminación.

Entonces, en medio del dolor, del temor, de la pérdida y de la pronunciada confusión, ellos lo ven y lo oyen, “La paz esté con ustedes” (Juan 20: 19)

Ellos tenían mucha experiencia con el mundo de cabeza de Jesús. Sin embargo, nada los preparó para esto. En un instante, la derrota y la falla son ahora victoria y triunfo. La oscuridad es ahora luz. El abandono abre al abrazo. El pecado y la negación son lavados en amor, misericordia y sanación. En verdad, “La paz esté con ustedes.”

La iglesia es muy sabia al llamarnos a ponderar y a orar sobre este asombroso misterio de la resurrección para las próximas siete semanas. Hay muchas cosas buenas que aprender.

Si estamos dispuestos a ir suficientemente profundo, gradualmente veremos la historia de nuestras vidas en la vulnerabilidad de los discípulos. Veremos que nosotros, igual que los discípulos en el cuarto con llave, estamos siendo llamados a salir del dominio y control de nuestro temor y nuestras ansiedades. Se nos está ofreciendo el más magnifico de todos los regalos en esperanza. Tenemos ante nosotros el despliegue brillante de la misericordia de Dios, “Aquellos a quienes perdonen sus pecados, les serán perdonados.” (Juan 20: 23) es por esta razón que este segundo domingo de pascua está dedicado a recordar y a celebrar la misericordia de Dios.

Las lecturas de este segundo domingo de pascua, proclaman la presencia del Señor resucitado en medio del reino de temor, escepticismos y aprensión. En esta fiesta de la pascua Jesús viene a nosotros con paz y sanación. Él nos ofrece valor y alegría indescriptible.

Igual que los discípulos, somos amados en nuestro quebrantamiento. Somos aceptados en nuestra debilidad y pecaminosidad. Lentamente, obtendremos una débil luz del amor que Jesús tiene para nosotros. Es sin límite y sin condición. Es un tesoro tan rico y espléndido que difícilmente podemos empezar a darnos cuenta. Ya sea que lo entendamos o no, la meta de nuestro viaje espiritual en la vida es permitir que el poder y la belleza de este amor nos transforme en una nueva creación justo como hizo con los discípulos.

En verdad, Cristo ha resucitado, ¡Aleluya! Cuando permitimos que este misterio penetre la realidad más profunda de nuestro ser, nada volverá a ser lo mismo otra vez. Necesitamos estar entre aquellos que creen y aman a Jesús aun cuando no lo hemos “visto”. En Él tenemos paz, esperanza y alegría indescriptible. La maravilla del amor de Dios esta siempre ahí. Estamos invitados a entrar en este amor a través de nuestra celebración de pascua. Necesitamos permitir que el Aleluya nos traiga a las profundidades del amor de Dios, la verdadera experiencia de la pascua. Que la alegría de pascua nos lleve a ser testigos para dirigir a otros hacia el Aleluya de salvación.
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DOMINGO DE RESURRECCIÓN


Estimados amigos, El evangelio de Mateo nos ofrece un mensaje que está lejos de un final de Hollywood donde todo es paz, bien y amor. En el evangelio de Mateo, la Resurrección no es una garantía de que todos los problemas pasarán. No es una solución fácil para el encuentro incesante de la carga de la vida con el pecado, la injusticia, la enfermedad, el envejecimiento e incluso la muerte.

Lo que es la resurrección, sin embargo, es otro ataque glorioso de un Dios amoroso que empezó con la descripción de Emmanuel, (Dios con nosotros) en el capítulo uno. A lo largo de todo el evangelio tenemos esta exposición creciente de un Dios de amor y vida: Emmanuel. El evangelio completo es de una sola pieza. Por nuestra parte, estamos llamados a una transformación personal que nos dirige al amor renovador y dador de vida de Emmanuel.

Así, en la pasión, mientras tenemos un cuadro de la injusticia de la gente y de odio y de rechazo, también tenemos un tema que resalta que es el plan del amor de Dios que está trabajando. En el huerto, Jesús ora que ese cáliz amargo no sea necesario. En la cruz, la escritura es avistada que este sufrimiento fue el plan de Dios para revelar la verdadera naturaleza del Mesías. Aquí está nuestro Dios que comparte nuestro dolor y pérdida. Aquí está nuestro Dios que comparte la parodia de nuestro sufrimiento en este valle de lágrimas. Aquí está nuestro Dios que entra en las profundidades de la última angustia de la muerte solamente para abrir la expresión final de nuestra realidad, el destino de la vida eterna y la felicidad. En la resurrección tenemos la revelación de la vida libre de todas las consecuencias del pecado. Esta es la última expresión de amor y libertad en manos de nuestro Dios salvador. Este es Emmanuel.

La pascua es una expresión más de Emmanuel. La pascua es la invitación renovada para entrar en el misterio de la victoria de la vida sobre la muerte, el dominio final de la gracia sobre el pecado, y el bien encarnado, en la persona de Jesús, devastando el mal.

Con frecuencia, en la vida somos llevados a preguntar, ¿Cómo puede ser esto posible? El poder crudo y salvaje del mal nunca está lejos de nuestra puerta. Sus fuerzas destructivas están arañando los bordes de nuestra vida. Puede ser la muerte de un niño inocente o un familiar joven, el poder de una pandemia como el Covid, la destrucción sin sentido de la guerra o la violencia de las pandillas. Estas realidades siempre están surgiendo en nuestra vida diaria.

Cuando estos encuentros se liberan con fuerza de las sombras de la vida, el nuevo encuentro con el mal siempre parece llevarnos a preguntar otra vez con nueva intensidad, “¿Cómo puede ser esto posible?”

En el misterio pascual del sufrimiento de Jesús, su muerte y resurrección, Dios responde a nuestra pregunta que es la misma pregunta a través de toda la historia humana. Jesús se ha encargado de sí mismo, en la búsqueda del Padre, todo el mal, de manera que Él comparte con determinación todo el sufrimiento humano. Él es la respuesta de Dios a nuestra pregunta profundamente dolorosa. Él es la victoria de la vida y del amor en la resurrección. El Aleluya de la pascua es nuestra invitación para compartir gradualmente en la victoria sobre el mal, la destrucción y la muerte. Estamos llamados a crecer en fe, esperanza y amor y a liberarnos de las fuerzas que atan nuestra quebrantada condición humana. El aleluya nos llama a la vida y a la libertad, a la esperanza y a la convicción cuando caminamos con Jesús en el misterio de Emmanuel.

Este evangelio completo de Mateo está entretejido para develar a Emmanuel (Dios con nosotros). Este evangelio es una revelación de amor sin limites o condiciones. Este mensaje de la Buena Nueva proclama la palabra final de Dios. Se mueve más allá de la enfermedad y el sufrimiento. Rompe las barreras de división y violencia. Permite que la reconciliación y la paz superen lo imposible. Permite que el perdón y el amor sean la semilla de mostaza que se vuelve el árbol cuya sombra sanadora cubre todo el dolor de la vida en su abrazo amoroso. Es la plenitud de la verdad y la última invitación a la vida y al amor, Emmanuel.

Nuestro desafío es saber que esto no es solo información para que entendamos, sino un profundo y fascinante misterio que se abre a nosotros solamente si aceptamos a Cristo crucificado y resucitado. Es solamente en nuestra lucha personal entre la gracia y el pecado que encontraremos la dirección dadora de vida y el significado de este misterio de Emmanuel. Esto se logra solamente caminando sobre los pasos de Jesús en el viaje a Jerusalén y compartiendo en la maravilla del misterio pascual donde la muerte da paso a la vida.
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DOMINGO DE RAMOS


A través de la historia hemos tenido numerosas distorsiones del mensaje del evangelio. Cuando yo era joven, nuestra celebración de Cuaresma había perdido claramente el enfoque. El énfasis estaba en el sacrificio personal. La cuaresma era un concurso de resistencia. Al mediodía del sábado de gloria la cuaresma se declaraba finalizada. Se volvía un momento para gozarnos con dulces y otros elementos de los que nos absteníamos por la cuaresma. Esta era una caricatura increíble del mensaje de la iglesia. Jesús se perdía en nuestras indulgencias.

Hoy, tenemos otra distorsión de la pascua debido a la negligencia. El gran día es el viernes santo. Para muchos, cuando no que, para la mayoría, la pascua es una idea tardía en muchas de nuestras prácticas religiosas populares.

La enseñanza de la iglesia es muy clara. La muerte y la resurrección son un solo evento. Tomamos trece semanas para celebrar, en la forma mas bella y solemne, la realidad central de nuestra fe, el misterio pascual. Este evento en sí incluye la pasión, muerte, resurrección y ascensión de Cristo Jesús. Este mismo evento es celebrado y experimentado en cada misa.

Nosotros tomamos una buena parte del año litúrgico para recordar esta historia. Sin embargo, es mucho más que una lección de historia. En las trece semanas desde el Miércoles de Ceniza hasta Pentecostés tenemos tres momentos del año litúrgico. El propósito principal de la oración y la penitencia de la cuaresma es prepararnos para estar listos espiritualmente para celebrar los tres días santos del Triduo. Del jueves santo hasta el domingo de resurrección.

Necesitamos entender que este momento de la pasión y muerte era complementado por la unión y entrega de Jesús al Padre. Este es el plan de salvación de Dios, la vida que viene por medio de la muerte todo envuelto en amor eterno. Nosotros oramos en el prefacio de la misa del domingo de ramos: “Aunque era inocente Él sufrió de buena gana por los pecadores y aceptó una condena injusta para salvar a los culpables.”

No importa que tan clara sea la ultima expresión del mal en el sufrimiento de un inocente y amoroso Dios, la declaración final de Dios gana en la resurrección. El Padre ha elegido a través del cáliz del sufrimiento de Cristo que la victoria final de la vida y el amor ha envuelto al mundo en la gracia salvadora de Jesús.

Para abrazar esta verdad, tenemos siete semanas del tiempo de Pascua como un tiempo de oración y reflexión en la realidad central de nuestra fe, el Misterio Pascual, Cristo crucificado y resucitado.

Aquí está la línea final de todo este material. La iglesia entiende el Triduo, y la liturgia en general, de esta forma. No es una recreación. No es una simple repetición de la historia no importa qué tan solemne sea. No estamos repitiendo la historia. La iglesia enseña que nosotros celebramos el Misterio. En la celebración, estamos presentes para el misterio, el único y singular e histórico evento. El poder del espíritu en la iglesia nos hace presentes para el evento salvador, el Misterio Pascual.

La celebración es el poder y la presencia salvadora de la gracia de Dios viniendo a nuestras vidas aquí y ahora. Este evento único de salvación no está partido en pedazos. Es el misterio de la acción salvadora de Dios en Cristo Jesús. Estamos entrando en la realidad más profunda de nuestra vida presente. Estamos experimentando aquí y ahora, en nuestra adoración, la presencia del amor salvador llamándonos a la vida. Cuando nosotros recibimos la comunión el ministro no dice esto es un recuerdo del Cuerpo de Cristo. Las palabras declaran la realidad. ¡Este es el Cuerpo de Cristo!

Así que, esta semana tenemos el más especial de todos los eventos sagrados en nuestra liturgia. Este es el tiempo más bendito para celebrar, y en la celebración no solamente recordamos, sino que estamos presentes en la muerte y resurrección de Jesús. Esto es lo que hace la liturgia. Nos trae la presencia del Misterio Pascual que celebramos. Nosotros no lo repetimos. Entramos en él. Por esto es que somos pueblo de Pascua. Nosotros, a la vuelta, somos llamados a vivir una vida de amor y servicio en que reflejamos nuestro amor por nuestro salvador crucificado y resucitado.
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QUINTO DOMINGO DE CURESMA

Juan 11: 1-45 

Estimados amigos, En este quinto domingo de cuaresma, tenemos la bella historia de Lázaro. Esta es la tercera historia de nuestro mensaje de Cuaresma tomada del Evangelio según San Juan. La mujer samaritana, el hombre que nació ciego y Lázaro están esperando por nosotros. En estos compromisos muy especiales con Jesús, testificamos un mensaje que sobresale que es la salvación de la humanidad pecaminosa. Estamos invitados a ver nuestro llamado a la nueva vida en el encuentro que ellos tuvieron con Cristo.

Agua, luz y vida en estas tres historias son los elementos básicos que Jesús usa para dirigirnos en las profundidades del misterio de salvación. Estas historias develan nuestra necesidad por estas experiencias espirituales. Las historias tienen grandes riquezas en muchas dimensiones de nuestra experiencia humana pero especialmente en el tema de conversión para el viaje de cuaresma.

Lázaro es descrito como aquel al que Jesús amaba. Nosotros también, somos los que Jesús ama. Estamos invitados a permitir que la historia nos abra a la presencia del amor divino en nuestra vida. Un pasaje puede quitar lo que tapa nuestros ojos y nuestro corazón a este amor de Jesús por nosotros. “Cuando Jesús vio el llanto de María y de todos los judíos que estaban con ella, su espíritu se conmovió profundamente y se turbó. Y preguntó: ¿Dónde lo han puesto? Le contestaron “Señor, ven a ver” y Jesús lloró” (Juan 11: 33-35)

“Jesús lloró” sólo esa frase en sí misma se presta para muchas interpretaciones. La siguiente es especialmente bella. Jesús estaba encontrando en la muerte de Lázaro la realidad universal de la muerte y del mal. Sería esta misma cara del pecado la que en breve lo dirigiría a Él a la cruz. Pero fue más.

Así como Jesús lloró por Lázaro, Él llora por cada uno de nosotros y por la gente de todos los tiempos conforme encontramos las consecuencias del pecado y la muerte. Ninguna injusticia ni cualquier otra expresión del mal está libre de esta compasión divina. Ya sea el horror de la guerra o el odio del prejuicio o los estragos de la enfermedad y la pobreza, todos tocan el corazón de Jesús. Dios tiene una respuesta para el gran misterio del mal y de la muerte. Jesús entró en ella. Esto es parte de la verdad más profunda de la pasión y muerte. Pero esto no fue el final. En Lázaro, Dios muestra que Jesús puede traer vida aun en la muerte.

Jesús demostró eso más poderosamente en su propia muerte. Él fue mucho más allá del llanto y abrazó la muerte y todo el mal para mostrar la victoria de la vida y el amor en la resurrección. Él pasó por eso con un amor transformador. En la resurrección, Dios tiene la última palabra sobre toda muerte. Eso es el Aleluya de la Pascua.

Nosotros tenemos muchas tumbas en el viaje de la vida que nos hacen sentir como los huesos secos a los que se refiere Ezequiel en la primera lectura. Puede ser la hostilidad paralizadora dentro de una situación familiar. Puede ser el abuso del alcohol o las drogas, o más frecuentemente, las relaciones destructivas que fluyen de esas adicciones. Luego están los abusos que rodean las varias manifestaciones de la sexualidad que están fuera de las normas socialmente aceptadas o el racismo o la pobreza o la violencia de las pandillas. Todas esas son las tumbas que experimentamos. Todas vienen en diferentes tamaños y duración, pero todas se sienten como la muerte, por todas estas Jesús nos habló su palabra, “Salgan, porque yo soy la resurrección y la vida”

Cada vez que celebramos la Eucaristía y nuestra salvación es proclamada una vez más, Jesús tiene el mismo mensaje para nosotros. “Salgan” estamos siendo llamados de nuestra pecaminosidad y de nuestra auto suficiencia. Estamos siendo llamados a una nueva vida que pasará de la muerte a la vida eterna.

En verdad, necesitamos salir. Necesitamos experimentar la conversión del tiempo de cuaresma. Necesitamos aceptar el poder y la belleza del evangelio ya que somos parte de la solución y no del problema. Necesitamos sacar la esclavitud del paño de la muerte de nuestras adicciones y pecados y así podemos ser libres para caminar con Jesús.

La victoria sobre la muerte necesita ser abrazada y aclamada otra vez. Esa es la meta de nuestro viaje de cuaresma. Los ojos de nuestro corazón que no solamente Jesús llora por nosotros, sino que nos demos cuenta lo que el Salmo 56:9 nos dice. Él “puso mis lagrimas en su odre. ¿no son contadas? En verdad, Él cuenta nuestras lágrimas y extiende la mano salvadora que es nuestro seguro de la “resurrección y la vida”
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CUARTO DOMINGO DE CUARESMA

Juan 9: 1-41 

Estimados amigos, Una vez más tenemos una historia de conversión de San Juan en nuestro viaje de cuaresma. Jesús es la luz del mundo llamándonos a salir de la oscuridad de la ceguera del espíritu.

Me gusta llamar a la historia del hombre ciego la forma católica de la conversión. A diferencia de la semana pasada donde la mujer samaritana luchó contra Jesús hasta el ultimo momento, el hombre ciego de hoy empieza con el bello encuentro con Jesús en la restauración de su vista.

En la forma católica de conversión, empezamos con lo que creemos que es fe verdadera, el verdadero conocimiento de Jesús. En realidad, tenemos un largo camino por andar, un camino verdaderamente largo para conocer a Jesús. Esta es la experiencia del hombre ciego en el pasaje de hoy del evangelio.

Habiendo experimentado el grandioso regalo de la vista, el ciego no dudó, ni siquiera ante la reacción de los líderes judíos, de la gente e incluso de sus padres. Cada paso a lo largo del camino estuvo lleno de obstáculos que demandaron una nueva decisión y un compromiso más fuerte con Jesús. Él responde a las crecientes preguntas y hostilidades al elegir a Jesús a un nivel cada vez más profundo. En el versículo (9: 12) él dice, “Un hombre llamado Jesús”, en el versículo (9: 17) él dice, “Es un profeta”, luego en el versículo (9:38) él profesa “Creo (en el Hijo del Hombre) y le adoró”

La historia de Teresa de Ávila sigue este mismo patrón. Ella fue una religiosa mediocre por veinte años. Básicamente, ella permitió que los rituales secos de la vida del convento la definieran. Entonces, evolucionó con un encuentro transformador con Cristo. Ella se movió de su cabeza a las profundidades más intimas de su corazón y descubrió que era amada sin condición o límite. Esto fue posible solamente conforme ella luchó con los tentáculos matadores de espíritu de la vida religiosa de su tiempo. Esto era una vida alejada del fuego y de la pasión del Jesús de los evangelios. Su búsqueda consecuente y radical para el cambio transformador fue anclado en la creciente conciencia de la misericordia sin límites de Dios revelado en Jesús.

Ya que su mantra fue “Mantén tus ojos en Jesús”, en el proceso, Teresa avanzó del doloroso pero gozoso viaje de ser una monja piadosa a una santa gloriosa, una reformadora de la vida religiosa y una doctora de la iglesia.

El hombre ciego estaba en un viaje similar para conocer a Jesús. Su experiencia fue bastante diferente en la rígida, limitada visión y respuesta hostil de los líderes judíos.

El mensaje del evangelio de hoy celebra el llamado del hombre ciego a la luz físicamente, y mucho más, espiritualmente. Esta brilla en contraste con el rechazo de los líderes judíos y la hostilidad hacia Jesús que es la luz del mundo. Ellos estaban discapacitados por su orgullo y egocentrismo. Nosotros estamos desafiados a romper las ataduras de nuestro orgullo y ensimismamiento y ceguera espiritual que nos permite pensar que vemos. Estamos llamados a compartir la alegría y la maravilla del hombre ciego al aceptar la luz de Cristo en la oscuridad de nuestros corazones. Necesitamos responder a la pregunta que el ciego hizo a los líderes judíos “¿Ustedes también quieren ser sus discípulos?”

En este cuarto domingo de cuaresma estamos llamados a abrazar la luz y a mantener nuestros ojos en Jesús, necesitamos aceptar el mensaje del hombre ciego. Él es, el que cuyo viaje le permitió ver a Jesús.

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