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VIGÉSIMO SEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO


Mateo 16: 21-27 Estimados amigos, En el inicio del evangelio de Juan encontramos el centro del plan de Dios para la salvación. La proclamación que sacudiría el mundo. “El Verbo se hizo carne.” (Juan 1: 14) es el plan de Dios. Así es como Jesús aceptó el llamado para salvar al mundo. Volverse de carne no fue un evento aislado. Era al aceptar la totalidad de su humanidad que íbamos a ser salvados. Eso significa que Jesús nos aceptó a todos tal y como somos. Él nos abrazó a todos en nuestra quebrantada y pecaminosa condición como parte de su realidad. Para Jesús, esto significaba un encuentro con el mal que lo llevaría a su pasión y muerte.

De manera que, cuando Jesús nombró a Pedro la roca sobre la cual edificaría su iglesia, Él aceptó a Pedro, y a todos nosotros, sus seguidores, como somos: defectuosos, y en necesidad de ser reparados. Esta es la razón por la que es tan difícil para nosotros entender la iglesia. Es un hogar para pecadores en necesidad de ser sanados, un hogar para los quebrantados y perdidos en necesidad de plenitud y nueva dirección.

En el pasaje de hoy de San Mateo, Jesús le dice a Pedro, y a todos nosotros, su camino elegido para la salvación. Él iba a restaurar el mundo al entrar en el dolor y el sufrimiento de nuestra verdadera humanidad imperfecta para sanarla desde adentro. El sufrimiento y la muerte de Jesús son las últimas consecuencias de “El verbo se hizo carne.” (Juan 1: 14)

Pedro no pudo manejar las palabras de Jesús sobre la cruz y el rechazo, negación y muerte. Más bien él tenía una gran dificultad con la pérdida potencial del poder personal y el prestigio junto con la impensable invitación de tomar su cruz. Pedro estaba en shock por la nueva dirección de Jesús. Un camino que Pedro seguramente no había anticipado ni deseado. Jesús estaba remplazando la expectativa popular del poder militar y prosperidad privilegiada y poder para el pueblo elegido de Dios. Ahora Pedro estaba confrontado con la cruz y la pérdida de su comodidad y conveniencia. De manera que, él hizo lo que hemos estado haciendo a lo largo de la historia del cristianismo, haciendo a Jesús a nuestra imagen en lugar de aceptar a Dios en su palabra, que es Jesús hecho carne. Solamente en Jesús tenemos una verdadera expresión del plan de Dios para la salvación.

El mandamiento de Jesús es muy directo: “Ponte detrás de mí, satanás.” (Mateo 16:18) Pedro acababa de ser llamado “roca” pero ahora se había vuelto piedra de tropiezo.

En un nivel, Jesús está rechazando la declaración desacertada de Pedro. En otro nivel, es un mensaje de perdón. Jesús le está diciendo que se ponga detrás de Él y que sea un discípulo fiel siguiendo a Jesús. Aún cuando Jesús es muy claro en su rechazo, Él aun confía en Pedro y lo perdona.

Jesús comprendió claramente que el discipulado es un proceso, con mucha frecuencia un largo y arduo proceso de ensayo y error. Esta experiencia de Pedro es uno de los muchos eventos donde Jesús es paciente, amable y compresivo con Pedro, así como lo es con nosotros cuando debatimos en el camino a Jerusalén.

El anuncio de hoy del viaje a Jerusalén llevando al rechazo, sufrimiento y la muerte es la primera de las tres proclamaciones en los próximos capítulos del Evangelio de San Mateo. En cada capítulo los discípulos pierden el punto central totalmente.

Seguimos con la difícil tarea de aceptar a Jesús en sus términos y no en los nuestros. La iglesia está siempre en la lucha de buscar la integridad del mensaje del evangelio. Nosotros nunca estamos lejos de la tentación de decirle a Jesús cómo debería hacerlo a nuestro modo, así como lo hizo Pedro. Seguimos viviendo con falsas expectativas de tener esta comunidad perfecta y una vida personal libre de problemas para llevar el ministerio del evangelio. Encontramos duro aceptar que Jesús ha abrazado completamente nuestro ser en nuestro quebrantamiento y confusión. Él nos ha elegido como las vasijas de barro que somos para proclamar y celebrar el mensaje del evangelio.

No podemos soportar el escandalo sexual, el clericalismo, las expresiones anti femeninas de los oficiales del Vaticano, la riqueza distorsionada y tú nombra todo lo demás. La iglesia puede estar agonizando verdaderamente con mucha claridad en sus documentos y tal mediocridad en su realidad. Sin embargo, estas mismas fallas siempre son mezcladas con la increíble fidelidad de tantas familias que trabajan contra todo pronóstico, buenos sacerdotes tratando de hacer lo mejor que pueden, mujeres religiosas que siguen tranquilas y escondidas como heroínas del evangelio, el silencioso y amoroso sufrimiento de muchas vidas escondidas. La cizaña y el trigo estarán con nosotros hasta el final.

Jesús quiere que estemos abiertos al misterio de la encarnación. Necesitamos aceptarnos el uno al otro en nuestro quebrantamiento, así como Jesús hizo cuando se volvió carne. Pablo expresa la maravilla de este evento en su grandioso himno en la carta a los Filipenses:



Él compartía la naturaleza divina,

Igual a Dios por propio derecho,

Sin embargo, se redujo a nada,

Tomando la condición de siervo,

Y se hizo semejante a los hombres.

Y encontrándose en la condición humana,

Se rebajó a sí mismo

Haciéndose obediente hasta la muerte,

Y muerte de cruz.

(Filipenses 2: 6-8)

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DÉCIMO PRIMER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mateo 16: 13-20 

Estimados amigos, Pedro tuvo toda una aventura desde el momento en que Jesús le pidió dejar su bote y las redes y seguirlo. Él lo vio todo: los ciegos viendo, los tullidos caminando, los demonios siendo expulsados, la multiplicación de panes y pescados y por supuesto, su corto, fallido intento de caminar sobre el agua y algunas cosas más. Ahora Jesús les hace una pregunta, “¿Quién dicen ustedes que soy?” (Mateo 16-15)

Pedro estaba listo, o por lo menos así lo pensó. “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo” (Mateo 16: 16)

Pedro lo dijo correcto. Jesús le dijo: “Carne y sangre no te ha revelado esto sino mi Padre que está en los cielos.” (Mateo 16: 17)

Pero una vez más, Pedro tuvo esa expresión profundamente humana de la cizaña y el trigo, una mezcla de generosidad y testarudez. En el siguiente párrafo que es parte del evangelio de la próxima semana, Jesús derriba a Pedro con la frase, “retírate y ponte detrás de mí satanás.” (Mateo 16: 23)

Pedro pensó que ya habían llegado, pero Jesús tenía que darle amor duro para hacerle saber que estaban a mitad del camino. Pedro tenía que cambiar. Tenía que llegar a conocer a aquel en el camino a Jerusalén, un Mesías rechazado y sufriente. Pedro tenía que abandonar sus sueños de poder, prestigio y privilegio.

Todos nosotros tenemos que enfrentar la misma lucha cuando confrontamos la pregunta más importante de nuestras vidas. “¿Quién decimos nosotros que es Jesús?”

Como Pedro, tenemos un problema considerable cuando viene personalmente a nosotros tomar nuestra cruz y seguir a Jesús.

Al elegir a Pedro, Jesús obviamente eligió a un hombre imperfecto y dotado, una gran mezcla de yo y a la vez de altruismo. Jesús hace lo mismo con todos nosotros. Todos tenemos nuestro papel especial en esta gran ventura cristiana de seguir los pasos de Jesús.

A todos nosotros se nos han dado ciertas llaves, necesitamos estar seguros de usarlas para abrir las puertas en lugar de cerrarlas para testimonio de nuestras vidas. Jesús nos invita a seguirlo. Necesitamos orar para hacer esto. Nosotros oramos por muchas cosas, pero no hay regalo más grande que aprender orando que Dios nos ama. Conforme esta conciencia personal del amor de Dios crece en nuestro corazón, lentamente empezamos a aceptar a Jesús y su plan más que imponer nuestra agenda. Es solamente en el contexto de esta relación amorosa con Jesús que podemos contestar verdaderamente la pregunta más importante de nuestra vida: “¿Quién es Jesús para nosotros?

A diferencia de Pedro, no podemos hablar y caminar con Jesús de carne y hueso. Podemos, sin embargo, leer y orar los evangelios. Podemos permitir que las historias entren en nuestra mente y nuestro corazón. Esto nos llevará a orar: una conversación con alguien que sabemos que nos ama.

Esta oración de las escrituras es una rica tradición en nuestra fe católica que está siendo renovada en nuestro tiempo. Se llama Lectio Divina y tiene cuatro pasos sencillos. Primero leemos un pasaje de las escrituras, lo ponderamos y lo reflexionamos para ver cómo aplica a nuestras vidas y como nos llama a cambiar. Luego oramos, esta es la conversación que sabemos que es con alguien que nos ama y quiere permitirnos conocer lo que significa el amor personal para nosotros. Luego nos movemos a solamente descansar en silencio en la presencia de este Dios amoroso.

Esta oración será de mucha ayuda en la respuesta a la pregunta más importante que enfrentaremos en la vida. ¿Quién decimos que es Jesús? La respuesta correcta es el trabajo de toda una vida de oración.

En este encuentro, Jesús le dio a Pedro una tarea que debemos compartir. Debemos identificar a Jesús. Debemos creer en Él. Debemos guiar a otros a compartir nuestra fe y compromiso con Jesús. Debemos hacer esto más especialmente por la forma en que vivimos caminando en los pasos de Jesús.
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VIGÉSIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mateo 15: 21-28 

Estimados amigos, En los días de Jesús y desde los inicios de la historia de la familia de Abraham siempre atesoraron su herencia como el “pueblo elegido.” Es difícil para nosotros comprender cuan profundamente, los judíos en el tiempo de Jesús se vieron a sí mismos como el Pueblo Elegido de Dios ante la exclusión de todos los demás pueblos. Penetró e impregnó su realidad con una clara visión y un conjunto de protocolos extremadamente guardados que definían toda la interacción social con los gentiles. Los judíos amaban esa posición dada por Dios de privilegio y unicidad entre todos los pueblos.

El dialogo entre Jesús y la mujer cananea realmente nos desafía. Nosotros también necesitamos estar alertas de otra verdad muy profunda que está ocurriendo en este bello evento. El Dios de Jesús es el Dios de los Judíos. Era, sin embargo, el pueblo elegido por el que Jesús entró al mundo. El Dios de Jesús es el Dios de los judíos. La fe de la mujer en Jesús tuvo maravillosas consecuencias personales en la sanación de su hija. También desveló una gran verdad para los gentiles. Ellos vienen a Dios por la fe en Jesús.

La primera iglesia cristiana luchó por dos generaciones para romper las ataduras de esta esclavitud de exclusividad. A través de la historia, la iglesia, y todas las sociedades, han seguido manufacturando varias expresiones de este elitismo.

La historia de hoy del evangelio de San Mateo es tan relevante como el último titular de las noticias de la tarde.

Con el paso de los siglos, las voces de los cristianos han producido algunas fantasías increíbles para explicar el lenguaje tan áspero de Jesús dirigido a la mujer cananea. Sigue representando lo que es: una declaración del prejuicio ciego de sus tiempos. Me gustan especialmente aquellos que dicen que era protocolo y no prejuicio.

La historia está llena con protocolos que vinieron de leyes que simplemente escondían el prejuicio de ese tiempo detrás de una fachada legal. En Irlanda en 1710, una ley dijo que todos los lideres militares y del gobierno debían recibir los sacramentos de la iglesia de Inglaterra. Esta fue la primera de un conjunto de leyes penales que llevaron a la opresión y la pobreza de los irlandeses por más de dos siglos. En 1896, la Corte Suprema de Estados Unidos declaró que separado, pero igual era aceptable bajo la ley. Esto llevó al sistema de segregación que intentó deshumanizar a los afroamericanos durante décadas con frases como: “blancos solamente” y “el último asiento en el bus”, conjunto de protocolos que fueron considerados legales y correctos.

Con el pasaje de la Décimo novena enmienda en 1920 las mujeres finalmente cambiaron otro protocolo y ganaron el derecho a votar. Esto fue un gran paso en la lucha que continua hasta el día de hoy por la igualdad para las mujeres.

Cuando esta madre que pasaba una situación difícil confrontó a Jesús, ella estaba mostrando el camino para los oprimidos de toda la historia humana. Su acción y sus palabras eran una declaración sencilla de su dignidad sin importar lo que los protocolos y los prejuicios de su tiempo tenían para decir en su contra. En uno de los gestos más conmovedores de todos los evangelios, ella se arrodilla ante Jesús en total vulnerabilidad y ruega por ayuda.

Su ingenio giraba en torno a las palabras distantes de Jesús. Sin embargo, al final fue su fe la que movió a Jesús a expandir su misión cuando Él abrazó su dolor y sanó a la pobre niña.

Jesús vio y escuchó esta declaración de derechos humanos y empezó un viaje hacia la inclusividad que continúa para nosotros hoy en día. La gracia de Dios y el amor de Dios son para todos. No importa que tan profundas o expansivas sean las normas culturales, legales o teológicas que se usan para apuntalar los muros de aislamiento y separación.

En su brillante y sencilla respuesta a Jesús, la mujer cananea estaba hablando por todos nosotros. Somos los hijos de Dios. Después de tres confrontaciones, Jesús vio la luz y celebró su verdad expresada en su fe. Su hija fue sanada. Todos nosotros seguimos la sanación cada vez que vamos más allá de los protocolos aceptados y el prejuicio legalizado y abrazamos la humanidad de los “extranjeros.” No importa si el excluido es el ilegal, el musulmán, el homosexual o lesbiana, o simplemente una suegra o un suegro.

En nuestro tiempo, y a través de la historia, hemos usado etiquetas en nombre de lo correcto para esconder el odio y todas las formas de discriminación y actividad deshumanizadora. El anti semitismo ha sido proclamado y practicado a través de la historia en nombre de la religión cristiana. En la historia americana, hemos creado constantemente una hostilidad hacia los inmigrantes en nombre de la verdadera fe cristiana hoy, el racismo y todas las formas de hostilidad hacia el inmigrante se esconden detrás de una etiqueta honorable de nacionalismo cristiano.

El mensaje del evangelio de hoy nos invita a movernos más allá de la sencillez de las etiquetas a la realidad de la presencia de Dios en cada ser humano.

El corazón humano tiene una capacidad aparentemente infinita para dividirnos en “nosotros” y “ustedes.” El mensaje del evangelio de hoy es una invitación a alejarnos de la interpretación del sentido común de la realidad hacia la maravilla del mensaje del evangelio que Jesús modela para nosotros hoy. A través del poder del amor al extranjero abrazamos el potencial para transformar nuestro mundo quebrado en la maravilla del reino de Dios.

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DÉCIMO NOVENO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mateo 14: 22-33 

Estimados amigos, El mensaje del evangelio de hoy es claro. Jesús sigue uniéndonos en las tormentas y en las circunstancias amenazadoras de nuestra vida. Él puede parecer ausente, pero Él está ahí, ya sea en el mar que estuvo a punto de llevarse a Pedro o en el bote que evidenciaba una amenaza diferente.

La historia de hoy del evangelio de Jesús caminando sobre el agua está llena de simbolismo y ecos de lo divino del Antiguo Testamento. Los discípulos se encontraron solos en una barca azotada por la tormenta. Repentinamente, Jesús estaba presente para asegurarlos, enseñándoles a ellos y a nosotros, que no hay conflicto, no hay lucha, no hay dificultad o temor tan grande que la Providencia de Dios no pueda resolver.

De forma más inmediata, la historia del bote en la tormenta es la manifestación de las luchas de la iglesia en los primeros días de su existencia y a lo largo de su historia. De igual manera, el episodio con Pedro hundiéndose en el agua es una expresión de la experiencia básica humana de ser totalmente vulnerables.

Pedro es audaz y aventurero al gritarle a Jesús, “Si tú eres el Señor, mándame a caminar contigo sobre el agua.” (Mateo 14: 28) Pedro empezó su caminata sobre el agua, pero la realidad abruma su débil fe. Conforme Pedro enfrenta el momento de la verdad y empieza a hundirse, él grita, “Señor, sálvame” (Mateo 14: 30) Esta es una expresión de la realidad desnuda y sin filtrar de nuestra humanidad. Al final, somos totalmente dependientes de Dios.

Jesús dice, “No tengan miedo” (Mateo 27) Esta frase es expresada más de trescientas veces en la Biblia. Cada vez nos introduce en la amorosa providencia de Dios, la gracia de la presencia de un Dios amoroso y compasivo. Llamarlo una declaración de comodidad está muy lejos de alcanzar el objetivo. Revela un Dios profundamente comprometido en la lucha humana con el poder de la sanación y liberación. Este episodio, como muchos en la Biblia, revela un Dios que está siempre personalmente presente para nosotros en nuestras luchas. En el episodio de hoy, como un ejemplo, Pedro termina de nuevo en el bote y no en el fondo del mar.

La ventura fallida de Pedro tuvo algunas consecuencias muy beneficiosas. Él aprendió que la exposición aguda de su propia debilidad trajo a la luz el poder salvador del Señor. Inmediatamente, Pedro experimentó la limitación de su propia fe.

Al mismo tiempo, él tuvo el buen sentido de llamar a Jesús. Su “Sálvame Señor” no fue un regalo pequeño. Abrió su corazón a una confianza más profunda en Jesús y a una conciencia de la fragilidad de su fe. Este es el sendero de la fe, un crecimiento lento paso a paso en medio de la áspera y caída realidad del día a día. Para Pedro y para nosotros, nuestra experiencia de fe está siempre conectada al llamado de Jesús y no a nuestros deseos. El verdadero encuentro con Dios siempre será sobre el servicio y el sacrificio más que de egoísmo e indulgencia.

Todos tenemos nuestros momentos de “Señor sálvame” Ellos tienden a ser menos pero más intensos conforme pasan los años. Al final, la situación crece en claridad de que verdaderamente estamos en la tormenta y que estamos a punto de hundirnos. La realidad por la necesidad de Jesús crece en nuestro corazón. Podría ser una crisis de salud, como experimentamos en la pandemia, un hijo o un esposo atrapado en una adicción patológica, la pérdida de un ser amado, las consecuencias de una economía fuera de nuestro control, la emergente hostilidad del cambio climático o simplemente el incesante proceso de la vejez. Los titulares de hoy traen una nueva historia, pero manifiestan la misma tensión que es la siempre presente impredecibilidad de la vida. Siempre estamos justo a un ladito de la tormenta, cuando no que ya estamos en ella. Todos estos elementos de estrés ponen presiones extraordinarias en nuestra vida personal, familiar y comunal. Cualquiera que sea la situación, estos eventos es todo un pago de nuestra última experiencia humana, nuestra mortalidad. La profundidad del grito, “Señor, sálvame” se vuelve más intenso y más dominante. Al mismo tiempo, la necesidad por la mano de Jesús se vuelve más claro y más fuerte e increíblemente más importante. Necesitamos mantener nuestros ojos fijos en Jesús.

San Agustín dice esto sobre Pedro y nuestra experiencia en las tormentas de la vida “Él venía caminando sobre las olas, y entonces, Él aquieta todos los tumultos crecientes de la vida bajo sus pies. (cristianos, ¿por qué temer?)

Santa Teresa de Ávila ofrece una conclusión clara de las reflexiones de hoy. Teresa dice que la historia de su vida es la historia de la misericordia de Dios. Con esto ella quiere decir que cuando ella llegó al momento más profundo y claro de su vida, su momento “Señor, sálvame”, ella aprendió lo que significa ser una criatura. Ella abrazó el hecho de su realidad como criatura porque para ella eso significaba ser acunada en las manos amorosas de un Dios de gracia revelado en su gran amigo y salvador Jesucristo. La última realidad es que Dios es bueno no que nosotros seamos buenos. Al final, la misericordia sin límites de Dios es su victoria.

Es un viaje para que sepamos que la vida también es, en su expresión final, la historia de la misericordia de Dios. Que, en verdad, es una belleza como Pedro la encontró en la historia de hoy.
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DÉCIMO OCTAVO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO


Mateo 14: 13-21 Estimados amigos, La cena de hoy no es principalmente sobre la eucaristía. Sin embargo, refleja la belleza y maravilla del regalo eterno de Jesucristo. Se nos ha dado un símbolo del final, el banquete Mesiánico, el gran día de la victoria total sobre el mal y la muerte. Mientras el pan y los pescados son distintos del Cuerpo y la Sangre de la última cena, son un buen recuerdo de la bendición de la Eucaristía para nuestro viaje diario.

La historia de hoy es sobre los panes y los pescados como un signo del poder de Dios, de su compasión y amor. La historia aparece en seis momentos diferentes en los evangelios. De igual manera, es la única historia de un milagro que aparece en los cuatro evangelios. Obviamente, hay un mensaje profundo para nosotros en este patrón repetitivo tan especial.

La historia mira hacia adelante y hacia atrás en el plan divino. Claramente tiene ecos del Maná en el desierto (Éxodo 16) y un corto similar de Elías alimentando a la multitud con unos pocos panes (II Reyes 4: 42-44) Lo más importante, el lenguaje que Jesús usa es similar al de la institución de la Eucaristía en la última cena (Mateo 26:26) Finalmente, presagia el banquete Mesiánico al final del tiempo.

Jesús lamentándose por la muerte de Juan el Bautista, fija el contexto para este gran milagro. Jesús modela la generosidad al dejarse a sí mismo para ver las necesidades de la gente a su alrededor. Él respondió a la gente buscando la Palabra de Dios y agregó el gran don de el Pan de Dios, todo esto sucede porque “Su corazón fue movido por la compasión…” (Mateo 14: 14)

Al situarlo después del banquete de Herodes donde Juan el Bautista fue decapitado, Mateo agrega la poderosa historia de los panes y los pescados. Las diferencias en los dos banquetes son sorprendentes. Aquí están solo unos de los pocos contrastes revelados en las dos comidas:

Nuestro mundo hoy en día, y a través de la historia está organizado con los valores de la cena de Herodes, valores de exclusión, violencia y celos. El evangelio nos llama a entrar en el mundo de Cristo al compartir paz, servicio e inclusión de todos.

El festín de Herodes degradaba a las mujeres mientras que el de Jesús reunía y celebraba la dignidad de todos. Los invitados de Herodes eran los ricos, poderosos y con derechos. Los invitados de Jesús eran los pobres, hambrientos y abandonados. Herodes desplegaba extravagancia y desperdicio. Jesús satisfizo a todos y sobraron doce cestos de comida.

Jesús nos enseña que, en el mundo del evangelio, el mundo se abre y acepta del Padre amoroso que Jesús vino a proclamar que las cosas son diferentes. Cuando tú regalas siempre hay más. Solamente cuando esperamos y acumulamos y buscamos encontrar nuestra seguridad en nuestras posesiones experimentamos pérdida e inseguridad y temor. En el mundo de Jesús empezamos a ver a los pobres y hambrientos no como una inconveniencia y carga sino como una oportunidad para compartir y servir y amar. De esta manera multiplicamos nuestros propios panes y pescados pocos como pueden ser.
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DÉCIMO SÉPTIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mateo 13: 44-52

Estimados amigos, Muchos eruditos de la Biblia dicen que la parábola de hoy del tesoro es la más importante de todas. Empieza con la declaración: “el reino del cielo es como…” (Mateo 13: 44) “El reino de Dios” está en el centro de las enseñanzas durante el ministerio de Jesús. Es el plan de Dios que Jesús sobrepasara el odio con amor. Algo que Dios está haciendo no es algo que podemos poseer o adquirir. El reino nos libera de las consecuencias del pecado. Es el movimiento hacia la restauración y total armonía y bienestar del paraíso. Todos los milagros de Jesús manifiestan la presencia salvadora de Dios trayendo esta plenitud anticipada y también libertad. La última expresión de la afluencia de este poder divino está en la conquista de la muerte y en la resurrección.

El reino es el regalo de Dios. Nosotros no lo ganamos, pero necesitamos estar abiertos a su llamado. El reino nos permite entrar y participar en la misma vida de Dios. El reino es caminar con Jesús. Es permitir que los valores del mensaje del evangelio llenen nuestra vida y nuestro corazón. Este gran acto de Dios es como que ganamos la lotería de los valores eternos de nuestros sueños materialistas.

El reino no es algo que nosotros hacemos. Es Dios llamándonos a participar en la acción salvadora de Dios en nuestras vidas diarias. Es nuestro compartir en la acción del reino. La acción multiplicada por tres de la parábola de hoy es: encontrar-vender-comprar. Es un método básico de cómo participamos en la vida de Dios. Es el proceso de nuestra transformación personal. Esto significa moverse del mundo engañoso de nuestra auto absorción hacia el mundo confiable donde Dios es el centro de la realidad. Esto afecta todo lo que experimentamos de una nueva manera: el tesoro ante nosotros es la Buena Nueva de Jesús. Es la maravilla de ser capaces de amar y ser amados. Esto nos invita a entrar en un mundo completamente nuevo de servicio y compasión, de reconciliación y sanación, misericordia y justicia.

En el capítulo trece de Mateo la frase “reino de los cielos” aparece nueve veces. De manera que, la pregunta para nosotros es, ¿cómo esta sencilla historia del tesoro encontrado nos conecta a esta gran acción salvadora y liberadora de Dios revelada en Jesús? La parábola del tesoro, más clara que la mayoría de las otras parábolas, nos dice cómo experimentamos a Dios y lo que necesitamos hacer para responder a este llamado glorioso.

El encontrar es un encuentro muy común con alguien o algo. El encuentro es el hambre más profunda en el corazón humano. Puede ser un evento tan profundo, como enamorarse, tener un hijo o perder a un ser querido. O puede ser un poco más mundano como decidir ir a la universidad o volverse más activo en la iglesia o en la comunidad.

Expresiones interminables de este encuentro son todos parte de nuestro viaje humano. Todos ellos pueden ser sencillos o profundos, sin embargo, son la acción de la gracia de Dios. Dios nunca termina con la dinámica de su llamado y su venida a nuestras vidas.

Para sostenerse de este gran regalo de Dios, necesitamos vender. Necesitamos hacer espacio en nuestro corazón. Necesitamos morir a nuestro control y comodidad. Nuestra responsabilidad es aceptar el hecho de que nuestro pequeño mundo necesita un cambio real. Necesitamos expandir nuestros horizontes. Al final, vender no cuesta menos que cualquier otra cosa porque hace espacio para Dios y espacio para que nosotros podamos operar de acuerdo a la voluntad de Dios.

El paso final es comprar. Cuando aceptamos el desafío, nos volvemos libres y empoderados para aceptar un nuevo mundo, una nueva realidad donde Dios toma un lugar prominente de honor. Esto nos lleva a la acción para el reino.

El proceso encontrar-vender-comprar es una parte esencial de cualquier vida espiritual auténtica, nuestra búsqueda de Dios. La parte más crítica de esto. Cualquier criatura nos ayuda a buscar a Dios o también pueden ser un obstáculo. Nuestro gozo es traer todas estas relaciones a la gente, cosas, ideas o lo que sea que se nos ocurra en nuestra vida en el orden apropiado. Cualquiera nos ayuda o cualquiera es obstáculo en nuestra búsqueda de Dios. Cuando tenemos nuestro encontrar-vender-comprar, en orden, estamos compartiendo la gran acción de Dios que es el reino.

El proceso de las tres cosas nunca termina. Todos llevan a una transformación personal y social llamada el reino de los cielos en el evangelio de San Mateo.

La parábola del tesoro con su sencillez expone como experimentamos a Dios en el curso normal de nuestra vida diaria. Es un llamado interminable que viene de un Dios de gracia para dar un toque al hambre más profunda en nuestros inquietos corazones. La última y más completa expresión del tesoro es Jesús.
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DÉCIMO SEXTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

MATEO 13: 24-30 

Estimados amigos, La parábola de hoy de la cizaña y el trigo, como todas las parábolas, nos habla del mensaje principal de Jesús, la venida del Reino de Dios. Conforme entramos en la parábola empezamos a ver cómo experimentamos la presencia y la acción de Dios en nuestra vida diaria. El conflicto básico de la cizaña y el trigo, el bien y el mal, impregna toda nuestra realidad.

Es claro que Dios está a cargo de la cosecha, nosotros tenemos la tendencia de tomar el trabajo. La mayoría de nosotros tenemos por lo menos un máster en determinar quienes son las buenas personas y las malas. Jesús preferiría que le dejásemos ese trabajo al Padre. Es por eso que, en las enseñanzas de Jesús, poner la otra mejía es mucho más prioritarios que un puño cerrado.

Yo tenía mi introducción a esta parábola de la cizaña y el trigo cuando era un estudiante de segundo año en el bachillerato. Era el tiempo de las audiencias de McCarthy en la televisión. Los políticos de ese tiempo señalaban la infiltración de comunistas en nuestro gobierno y sociedad. Yo estaba muy interesado en este tema.

Al principio, era muy confuso porque había dos puntos que eran muy claros en el gueto del lado sur de mi comunidad irlandesa. Los comunistas eran malos hasta los tuétanos y los católicos eran buenos. Conforme el drama político en la televisión evolucionaba. Lentamente experimenté una embestida en mi prejuicio católico. Aun cuando el senador McCarthy estaba contra los comunistas y era un católico, él estaba siendo etiquetado como el tipo malo. Dolorosamente empecé a darme cuenta que él, era en verdad un tipo malo, el tipo realmente malo. Sus amplios e indiscriminados golpes de acusaciones dejaron un largo sendero de víctimas inocentes. La justicia se perdió al calor de la búsqueda de ventajas políticas. Eventualmente, él fue censurado por el Senado. Esta fue una de las únicas tres condenas en la historia de Estados Unidos.

Este fue el inicio del viaje de toda una vida, donde el claro blanco y negro de mi mundo tuvo que dar paso y aceptación al gris de un mundo complejo, un mundo donde las cizañas y el trigo crecían juntos.

Entre otras cosas, esta parábola nos está llamando a una visión siempre en expansión del evangelio para incluir y aceptar a los demás. El llamado de Jesús a entrar en el reino incluye a muchos pecadores. No tenemos derecho a hacer menos que eso. Dios nos está llamando a compartir su paciencia y misericordia. Nuestro corazón es un campo con mucha cizaña que nos inclina a dividir, a separar, aislar, y más que todo a juzgar. La parábola de la cizaña y el trigo abre al misterio de la justicia y misericordia de Dios invitándonos a entrar en un programa siempre expansivo de inclusión y perdón.

Si solamente tomo los temas de la raza, orientación sexual y respeto por las mujeres en mi propia experiencia personal, puedo ver una abundancia de ceguera, ignorancia, hostilidad abierta y un profundo prejuicio fluyendo y refluyendo a una dolorosa evolución de cambio. La venida del reino me ha desafiado lentamente a crecer en tolerancia, confianza y paciencia. El autoconocimiento solamente viene con esta apertura al llamado de Dios para ser compasivo y paciente. El autoconocimiento siempre revelará un corazón floreciente con abundante cosecha de cizaña y trigo. La lucha para vivir de una manera amorosa con ambos seguirá hasta el final.

La guía de la parábola de hoy nos llevará a separar el mal del hacedor de mal, el pecado del pecador. Nosotros somos más ricos nutriendo el trigo al vivir el evangelio. Demasiada energía va a la cizaña si nos sentamos a juzgar a nuestros hermanos y hermanas. Todos somos mejores si nuestra tarea principal es seguir al manso y humilde Cristo. Dios es muy capaz de discernir cómo tratar la cizaña que está dentro de nosotros y dentro de nuestros hermanos y hermanas. Necesitamos crecer en la conciencia de que el verdadero poder de Dios está en la misericordia de Dios. Esto destaca en Jesús en la cruz.

Esto es por lo que el evangelio se enfoca en los interminables encuentros con las llamadas del mal, debemos enfocarnos en que necesitamos proclamar al Jesús de misericordia y compasión. Necesitamos ofrecer una mano abierta más que un corazón cerrado.

Santa Teresa de Ávila tenía un entendimiento dotado de grandes dones y gracia de sí misma. Aun cuando ella eventualmente sería reconocida como la primera mujer Doctora de la Iglesia y una famosa santa Carmelita, ella vio claramente su cizaña. Ella supo que su vida fue un regalo de Dios. Ella lo dijo con frecuencia, la historia de su vida era ultimadamente la historia de la misericordia de Dios. Ella verdaderamente tenía tolerancia por los demás, confianza en Dios y paciencia con ella misma. Ella entendió, como nosotros necesitamos entender hoy, que el reino de Dios está cerca y con el viene el amor y la misericordia y la justicia revelados en Jesús. Mientras tanto, Dios quiere que seamos fieles a las labores de la cosecha.
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DÉCIMO QUINTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mateo 13: 1-9 

Estimados amigos, El mensaje del evangelio de hoy del sembrador es uno de los tres domingos proclamando parábolas del capítulo trece de San Mateo.

Una parábola es simplemente una historia tomada de los eventos ordinarios de la vida diaria que lleva a una visión más profunda de la realidad. Aun cuando las parábolas están propensas a diferentes interpretaciones, todas ellas llevan a una visión dentro del mensaje de Jesús, el Reino de Dios. Ellas develan la presencia salvadora de Dios en nuestra experiencia humana diaria.

La parábola de hoy es sobre el sembrador de las semillas. Unos pocos hechos de esta práctica agrícola en el tiempo de Jesús son de mucha ayuda para llegar al mismo término con este mensaje de la parábola.

Primeramente, el lanzamiento indiscriminado de las semillas no parece ser una idea tan brillante. Sin embargo, tiene un poco más de sentido cuando nos damos cuenta que la costumbre judía era arar después de lanzarlas. En la mayor parte del mundo se hace lo opuesto.

Segundo, entre un ocho y diez por ciento del campo era considerado bueno para sembrar las semillas.

En la parábola de hoy del sembrador, estamos invitados a comparar la Palabra que recibimos con una semilla. Cada semana estamos convidados a escuchar una vez más la palabra de Dios. La iglesia nos ofrece la liturgia como un suelo fructífero para animar el crecimiento de la palabra en nuestro corazón y en nuestra vida. Es nuestra tarea hacer que la palabra florezca y sea el crecimiento fructífero del reino en servicio y amor.

La parábola del sembrador nos permite saber que hubo un rango de respuesta al mensaje de Jesús en la primera iglesia. Ese mismo es verdad ahora. Aún más, es verdad en lo más profundo de nuestros corazones, donde la aceptación de la palabra de Dios está siempre en turbulencia y ambigüedad. Necesitamos seguir la lucha para ser suficientemente generosos para producir treinta veces, sesenta veces y cien veces.

Para Jesús, el desafío primario del reino se relaciona con el corazón humano. Es en el corazón donde uno resuelve la lucha entre el pecado y la gracia, el amor y el odio, la inclusión y la exclusión; y como en el ejemplo de hoy, entre la cizaña y el trigo.

Consecuentemente, podemos entrar en el mundo de la parábola de Jesús y conseguir algo de verdadera sabiduría. Las semillas son lanzadas en todo tipo de suelo. El mensaje de Jesús es para toda la gente, no importa cuales sean sus circunstancias. El llamado universal está en el centro del mensaje de Jesús.

Todo mundo es bienvenido a la mesa. Por supuesto, “toda la gente” siempre ha sido una elección difícil para todos los cristianos a través de la historia. Inevitablemente, tener un grupo de “toda esa gente” o extranjeros, que no iban a ser incluidos ha sido un desafío universal para todos los seguidores de Cristo. Por siglos ha sido el problema racial. Hace muchas décadas, fueron los protestantes y los divorciados. Recientemente, los homosexuales y los musulmanes estuvieron en el tope de las listas de “esas personas.”

Hoy, estamos llenando ese vacío hecho por el progreso de la comprensión y aceptación social de los rechazos de ayer con nuevos rechazos. Hoy, los transgéneros se están moviendo para volverse el nuevo blanco del rechazo. El fracturado corazón humano se asegurará que nunca nos quedemos cortos de grupos para aislar y desechar.

Otro punto a considerar fue el regreso a multiplicar por treinta veces, por sesenta y por cien veces. Estos números son indignantes. En el tiempo de Jesús, un nivel de ocho a un diez por ciento era considerado muy productivo. Aún más indignante es el amor de Dios. El corazón es el hogar de esa buena tierra que se abre a increíbles nuevas posibilidades aún en este oscuro valle de lágrimas.

La parábola del sembrador revela un misterio en la vida, una posibilidad de una explosión de amor que está escondido en el fluir ordinario de eventos. La realidad está impregnada con gracia y dones más allá de nuestros sueños cuando abrazamos el llamado de Jesús. El resultado del «sí» a Jesús lleva a una nueva vida de libertad y reconciliación que nos guía en la búsqueda para crear un nuevo mundo de justicia, sanación y paz.

La aceptación del llamado de Jesús es la transición a un mundo innovativo de aceptación e inclusión, el comienzo del reino de Dios aquí y ahora. En la lotería de Jesús, la combinación ganadora es 30, 60, y 100. El premio está en la victoria del amor sobre el odio, la paz sobre la violencia, la armonía sobre la división y un corazón humano con un profundo sentido de plenitud, libertad e integridad.

La parábola de hoy del sembrador celebra la universalidad del evangelio. No hay extranjeros en la agenda de Jesús. Es un programa de amor y tolerancia indiscriminados.
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DÉCIMO CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mateo 11: 25-30 

Estimados amigos, En el pasaje del evangelio de hoy, tenemos una atractiva invitación para ser libres de nuestras cargas. Haremos esto cuando descubramos el verdadero centro de la existencia humana. Este es un movimiento fuera de nosotros mismos y que Dios está revelando en Jesús.

Muchas veces, como pastor, aconsejé a mucha gente que Dios no nos permite ser cargados más allá de nuestras habilidades para aceptar los problemas de la vida. Muchas veces obtuve la respuesta: “Bueno, Dios no ha revisado mi situación recientemente porque yo estoy sobrecargado.” El mensaje de las lecturas de hoy nos asegura que Dios está actualizado sobre el estado de los quehaceres en cada una de nuestras vidas. En verdad, el Padre ha enviado a Jesús para compartir nuestras dificultades y juicios y para mostrarnos un nuevo camino y una nueva sabiduría que transforma nuestras cargas en libertad.

En el evangelio de hoy, Jesús se presenta a sí mismo como aquel que verdaderamente conoce al Padre y su voluntad compasiva y salvadora. Cuando Jesús nos está invitando a venir hacia Él, nos está invitando a hacer una elección no solamente contra los líderes religiosos sino a toda la decepción y distorsión humana a través de la historia hasta llegar al presente. Nos está invitando a hacer una elección contra la manipulación de la ley que los Sacerdotes, los Escribas y los Fariseos usaban para mantener poder, privilegio y riqueza. Estamos invitados a venir a Jesús libres de las cargas de cualquiera y de todas las versiones engañosas de la ley. Jesús no ofreció el yugo gravoso de la torsión inclinada de la ley. El suyo fue el yugo de la obediencia fiel y amorosa de la voluntad de Dios. Con Jesús, estamos invitados al mar de misericordia y amor que produce la verdadera comprensión de la ley. La aceptación honesta de la ley trae descanso y libertad genuinos. El descanso que promete Jesús no es la falta de trabajo y cansancio. El descanso que Jesús está proclamando está enraizado en el Día de Descanso de Dios, en el séptimo día de la creación, el Sabbath. Esta es la plenitud de la vida en el reino. El descanso es aquí y ahora, en esta vida, y se abre a la vida eterna.

Jesús dice, “Vengan a mí.” (Mateo 11: 28) Jesús no ofrece el yugo gravoso creado por los líderes religiosos de su tiempo. Como la plena y privilegiada fuente de la revelación completa del Padre, el yugo que Él ofrece, “Es liviano, y la carga ligera.” (Mateo 11: 30) Vamos a tomar su yugo; un yugo enraizado en el amor y no en la obligación. Esto es muy diferente del yugo que ofrecen los líderes con sus varias complejidades, y aun con decepciones, de un sistema legal extraviado. Este fue el caso en el tiempo de Jesús y con frecuencia es la misma distorsión en nuestro tiempo.

Las enseñanzas de Jesús van más allá de los rituales y los dictados externos. Es una invitación para ir a las profundidades de nuestro ser. Este mensaje de Jesús siempre está centrado en el compromiso del corazón y de las relaciones que son verdaderas y significativas.

¿dónde encontraremos descanso para nuestras almas?, ¿dónde descubriremos la paz que anhelan nuestros corazones?, ¿dónde encontraremos la sabiduría que nos hará libres? Jesús abre el camino en su invitación: “Vengan a mí.” (Mateo 11: 28) Jesús nos está invitando a abrazarle a Él y a sus citas para amar. Él nos está llamando a las profundidades de la justicia en el corazón. Él nos está llamando a vivir en apertura y aceptación con todo el prójimo, nos está llamando a tirar los “haz y no hagas” interminables y a tomar nuestro camino a la libertad que ofrece el amor verdadero.

Cuando venimos a Jesús, encontraremos otra manera de vivir, en la manera de Jesús, somos sumergidos en un amor que nos ilumina con la sabiduría para ver el camino de la verdad y el amor. La lucha continua para romper las ataduras del interés propio para acoger el compromiso con el sacrificio y el servicio, para eliminar la seguridad enraizada en las posesiones excesivas, todas estas preferencias llevan a encontrar descanso para nuestras almas. “Sí, mi yugo es liviano y mi carga ligera.” (Mateo 11: 30) Jesús nos llama a un amor a Dios y un amor al prójimo que promete alegría y paz ahora y una vida eterna en el futuro.

El amor es la fuerza motriz detrás de la promesa transformadora de Jesús para aliviar la carga de la vida. Necesitamos mantener nuestros ojos fijos en Jesús porque Él posee las semillas de la sabiduría que nos llevan a la plenitud del reino del Padre.
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DECIMO TERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mateo 10: 37-42 

Estimados amigos, Las enseñanzas de hoy en el evangelio de San Mateo tratan sobre las palabras finales de la misión de nuestro Jesús. Las tres primeras respuestas de los discípulos ante el desafío de Jesús para misionar. Ellos lanzaron las demandas de ser misioneros. Las siguientes tres declaraciones son sobre la respuesta de aquellos que recibieron el mensaje del evangelio.

Está claro que, si vamos a caminar con Jesús, tenemos que pagar un precio. El sacrificio y el sufrimiento son parte del viaje. Este es el camino a la vida y la libertad en la experiencia del evangelio. La ley del amor del evangelio significa que no hay lugar para el egoísmo al seguir a Jesús. Nuestra salvación se encuentra al salirnos de nosotros mismos en servicio y reconciliación. Con el desafío perenne por la justicia racial, con las drogas alimentando el azote de las pandillas y la violencia de las armas, con la amenaza intensificada del cambio climático, todo lo que necesitamos hacer es revisar nuestra red social favorita por el resto de nuestro creciente caos. La calamidad parece estar siempre más cerca. Jesús nos enseña que la respuesta más realista a nuestra crisis es el llamado al auto sacrificio proclamado en el evangelio de hoy.

Las palabras aparentemente severas de Jesús hoy sobre la familia son simplemente una invitación para poner todo en orden. Cuando amamos a Dios primero, no solamente amamos a nuestra familia más, este amor es más desinteresado y dador de vida. Este amor es libre de decepción e ilusión.

Me gusta reflexionar sobre nuestro encuentro con el llamado de Jesús para misionar con este ejemplo. Cada mañana, nos despertamos con una nota de Dios sobre la mesa imaginaria junto a nuestra cama. Este texto divino es una lista de cosas para hacer hoy. Las prioridades principales son nuestras relaciones y responsabilidades. Cada una de las tareas de responsabilidades y relaciones identifican a alguna persona que es nuestro maravilloso regalo por parte de Dios en todos los aspectos de nuestra vida. Algunos de estos individuos representan la cruz de la que está hablando Jesús: “Cualquiera que no tome su cruz y me siga no es digno de mí” (Mateo 10: 38) cada uno de nosotros en el viaje de la vida ha creado una red de amigos de clases diferentes que necesitan nuestro amor y servicio.

Estas personas específicas son la expresión más clara de la voluntad de Dios para nosotros.

El discipulado de Jesús nos llama para enriquecer y expandir nuestra visión del mundo. Nuestras responsabilidades diarias de familia, trabajo, obligaciones sociales y comunales abren a nuevos horizontes para guiarnos al caminar con Jesús. Estamos invitados a ir más allá de la superficie y fuera de los estrechos límites de nuestra zona de comodidad. Estamos llamados a entrar en las profundidades de la vida donde encontramos las maravillas del amor de Dios en el fluir ordinario de la vida diaria. Nuestra tarea es traer amor a las circunstancias concretas de nuestra vida diaria.

La ley del amor del evangelio busca llevarnos más allá del siempre presente impulso de nuestro profundamente arraigado egoísmo. La voluntad salvadora de nuestro Dios se encontrará en nuestra apertura a las necesidades de nuestros hermanos y hermanas.

Jesús lo deja claro. Necesitamos sacrificio y reflexión más profunda para transformar nuestras vidas con nuestras familias y con nuestras responsabilidades comunales y profesionales. Este mismo esfuerzo de sacrificio se abre a cómo nos relacionamos con nuestro prójimo, incluyendo como enfrentamos el desafío de un mundo sufriente que está relacionado inmediatamente a la indulgencia de nuestro estilo de vida. Nuestra cultura consumista siempre está buscando expandir y satisfacer nuestros deseos. Estamos al borde de destruir nuestro planeta. La voluntad de Dios es clara. ¡Ya es suficiente!

El evangelio de hoy nos dice que aquellos que se buscan a sí mismos están en camino a la auto destrucción. Nuestra relación con Dios, con nuestros seres queridos, con nuestra situación de vida, solo encuentra vida en la auto entrega.

“Cualquiera que no tome su cruz y me siga no es digno de mí. Cualquiera que busque salvar su vida la perderá; cualquiera que pierda su vida por mi causa la encontrará” (Mateo 10: 38-39)

El Jesús de los evangelios es claro. El camino a la vida es por medio del sacrificio, negarse a sí mismo y tomar nuestra cruz diaria. Nuestra grande y continua tentación es crear a un Jesús nuevo a nuestra imagen que nos libere de la claridad y la inmediatez de este potente mensaje.
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DECIMO SEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mateo 10: 26-33 

Estimados amigos, La selección del evangelio de hoy tiene a los discípulos a punto de iniciar su primera ventura misionera. Jesús los está consolando para alejar cualquier temor. Él les está hablando sobre la constante providencia del Padre. Jesús los está dirigiendo a una experiencia humana universal de temor en sus muchas manifestaciones.

Al dirigir el perplejo tema del temor, la Biblia tiene más de setecientas declaraciones sobre este tema. Cada vez, alguna forma de temor es mencionada, el texto bíblico tiene una respuesta expresando un profundo sentido del amor providencial de Dios.

El pasaje de hoy, como muchos de la palabra de Dios, muestra que la fe libera, empodera, anima y ofrece esperanza. En contraste, el temor encarcela, debilita, paraliza e invita a la desesperanza.

El mensaje de Jesús nos ofrece un enfoque triple contra el temor. Su primera declaración contra el temor es que sus enseñanzas tendrán poder liberador. Este punto ha estado escondido, pero ahora es revelado. Segundo, Jesús había dicho al principio que ellos serían como ovejas entre lobos (Mateo 10: 16) Sin embargo, ellos necesitan moverse hacia adelante sin temor. Finalmente, la tercera declaración contra el temor está basada en el cuidado compasivo y amoroso de Dios. Jesús usa los ejemplos de todos los días de los gorriones y de los cabellos en nuestra cabeza.
En el tiempo de Jesús, los gorriones eran vendidos a dos por un centavo y cinco por dos centavos. Aún así Dios conoce cada movimiento de ellos. El cabello en la cabeza de una persona promedio ofrece una prueba real para mantener una cuenta exacta. Si Dios puede mantener un rastreo de estos dos oscuros y casi frívolos puntos, infinitamente más esforzado es el cuido amoroso de Dios por cada uno de nosotros. Esta providencia amorosa del Padre es la verdad central de la enseñanza de hoy. Todos los demás elementos necesitan ser entendidos en este testimonio.

Hay dos clases de temores. El primero es de ayuda y muy razonable. Jesús está hablando del segundo temor que está enraizado en la ignorancia y en la ilusión. Este temor es una fuerza paralizante que agarra a la persona asustada. Este temor distorsiona la realidad en detrimento de las responsabilidades y las relaciones de la persona. Este temor estanca el crecimiento y engaña la razón. Este temor patológico destruye la esperanza y la libertad. Franklin D. Roosevelt habló de este temor en su famoso discurso inaugural: “La única cosa a la que debemos temer es al temor mismo – sin nombre, sin razón, sin justificación, es un terror que paraliza necesitando esfuerzo para convertir el retiro en avance”

Todos nos encontramos en estos días en guerras sin sentido y divisiones crecientes a casi todos los niveles de la sociedad. Todos estamos frente a frente con el temor en muchos niveles de nuestra vida diaria. La clase de temor equivocado con frecuencia está dañando nuestro esfuerzo para vivir el evangelio. Somos dirigidos a un esfuerzo ordinario y mediocre evitando el desafío del evangelio y los nuevos horizontes. ¿Será que tememos el poder honesto del evangelio que nos mostrará la decepción de nuestras costumbres culturales tan alejadas de las enseñanzas de Jesús? Todos tenemos que preguntarnos ¿Qué clase de temor nos está motivando? ¿Nos está llamando a avanzar a un nuevo mundo de las enseñanzas de Jesús o nos está paralizando en el cautivante y cómodo, pero con frecuencia rígido mundo que nos ciega a nuestra propia mortalidad y conciencia por nuestro prójimo? ¿Está construyendo puentes o muros? ¿Nos está dirigiendo más profundo en la inclusión de los demás como nos enseña el evangelio o en el aislamiento de nuestros prejuicios?

Mucho del servicio cristiano y de la verdadera caridad involucra dirigir a nuestros hermanos y hermanas lejos de los estancamientos del temor destructivo. De igual manera, un verdadero amor cristiano identificará y apoyará al verdadero temor saludable. Esto es lo que Jesús está haciendo en el pasaje del evangelio de hoy. Una verdadera conciencia de la presencia amorosa de Dios nos ayudará a ver y abrazar nuestro final y verdadero temor, un temor de perdernos la vida eterna.

La visión de Jesús en el evangelio de hoy es claro y directo. Lo que verdaderamente necesitamos temer es a la separación definitiva de la fuente de toda vida, nuestro Dios de amor y gracia. Todo lo demás, incluso la destrucción del cuerpo en la muerte, descansa en las manos de nuestro Padre amoroso que siempre nos está llamando a la vida.
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DÉCIMO PRIMER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mateo 9: 36; 10: 8 

Estimados amigos, Hoy empezamos el tiempo ordinario. Habiendo terminado la celebración en comunidad del misterio pascual y habiendo agregado celebración por la Santísima Trinidad y la Eucaristía, ahora viajamos con Jesús por el evangelio de San Mateo. En este tiempo especial, el amor de Dios en el Cristo crucificado y resucitado brilla ante nosotros iluminando la presencia de Dios en nuestra experiencia diaria. Nosotros nunca descubriremos otra expresión que nos de más visión e invitación que la misericordia amorosa de Dios en Cristo crucificado y resucitado. Es nuestra invitación constante a caminar en los pasos de Jesús. Este tiempo especial es nuestro pasaje a través de los escombros de la vida. Por medio del impulso de nuestro egoísmo y nuestra siempre expansiva búsqueda de la felicidad. Estamos desafiados a darnos cuenta que Jesús encaja en el estupor ordinario de nuestras cargas diarias.

Este es nuestro viaje litúrgico en el tiempo ordinario. Por las próximas veinticuatro semanas entraremos en el evangelio de San Mateo. Nos invitará a hacer nuestra búsqueda por significado, por justicia, y más que todo nuestra búsqueda por ese amor tan elusivo que dura para siempre. Cada domingo, encontraremos a Jesús una vez más en el maravilloso don de la palabra de la liturgia y en los sacramentos. Este viaje con Jesús será un encuentro de fe. Traeremos nuestras experiencias diarias a la sagrada Palabra de Dios. Seremos desafiados a bajar lentamente y abrir nuestros corazones a la presencia de Dios en nuestras luchas diarias. Se nos dará un don de Jesús semanalmente llamándonos a alejarnos de la confusión y las distracciones. Este llamado de amor abrirá nuestros corazones a un Dios que nos ama apasionadamente. De hecho, no hay manera en que este único Dios pudiera amarnos más.

Nuestro encuentro semanal con Jesús en el tiempo ordinario, está llamándonos al extraordinario tiempo de misericordia y amor. Jesús desplegará ante nosotros el continuo don del perdón y amor misericordioso que nos lleva a la vida eterna.

En la selección del evangelio de hoy, vemos a Jesús movido por una compasión impresionante por los enfermos y por los que sufren, agitado por el dolor de los demás y por el hambre y sed de las multitudes. Su corazón duele con la preocupación por los alienados, marginados y todas las cargas de la humanidad. Su mensaje a los discípulos es enseñar y sanar.

Si abrimos nuestros ojos y quitamos la falsa seguridad que nos da el consumismo y la cultura materialista estaremos mucho más listos para vernos en la necesidad de la compasión de Jesús.

Un corazón abierto y despejado nos permitirá ver las maravillas de la intensa preocupación de Dios por nuestra situación. Nos veremos envueltos en apegos engañosos y en una realidad inmersa en un mensaje de mortalidad que negamos con intensidad obsesiva.

Nosotros leemos en el texto del evangelio de hoy: “Al contemplar aquel gran gentío, Jesús sintió compasión, porque estaban decaídos y desanimados como ovejas sin pastor.” (Mateo 9: 36)

Jesús llama a los doce para compartir su ministerio de testificar el reino con sanación y servicio. Este reino es el plan de Dios para restaurar nuestra inocencia original. Este será el inicio de la eliminación de la enfermedad, el odio el aislamiento, el racismo y cualquier otra forma de prejuicio junto con el inicio de la justicia, la paz, la integridad de la creación y el reino del amor.

Más que todo, creceremos para apreciar y abrazar la victoria sobre la muerte.

Hoy somos llamados para recibir y compartir esa respuesta amorosa hacia el sufrimiento humano, el aislamiento y la marginación. Jesús nos quiere ayudar y sanar. Jesús quiere que compartamos como desatar el poder del amor que es el reino del Padre.

La tarea del reino es el amor, amor por Dios y por nuestro prójimo. Si somos honestos al responder al llamado de Jesús, verdaderamente podemos hacer una diferencia. No todas nuestras súplicas en nuestra agenda serán escuchadas ni todos los corazones a los que nos acerquemos serán sanados. Sin embargo, nuestro esfuerzo, no importa cuán aparentemente inconsecuente pueda parecer, será envuelto en amor divino. Será como la semilla de mostaza que florece más allá de la comprensión humana. Hemos sido enviados. No estamos por nosotros mismos. Jesús lo deja siempre muy claro: “Estoy con ustedes siempre.” (Mateo 28: 20)

Conforme nuestras responsabilidades y relaciones encuentran el desafío de la proclamación del evangelio, nuestro corazón será desafiado a cambiar y a crecer, con mucha frecuencia, un solo paso a la vez. Sin embargo, será un llamado incesante para alcanzar algo más que solo quedarnos estacionados en la comodidad. Nuestro esfuerzo puede parecer despreciable pero cuando se comparte en el amor divino que Jesús nos da, puede transformar el mundo.
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LA FIESTA DEL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO


Juan 6: 51-58 

Estimados amigos, Hoy, celebramos el gran regalo de Jesús, su carne y su sangre en la Eucaristía. En esta maravilla sin límites del amor divino, abrazamos el misterio de Cristo crucificado y resucitado. De igual manera, estamos invitados a entrar más profundamente en la recompensa de la comunidad cristiana. Por medio de nuestro encuentro con Cristo eucarístico, somos animados a abrir nuestro corazón en servicio y amor a todos nuestros hermanos y hermanas. En la mesa de Dios hay un acento que no sea bienvenido. Las sombras de la piel aumentan la belleza de la experiencia. Hay espacio y bienvenida para todos en esta partir sagrado del pan. Nuestro banquete eucarístico es todo sobre hacernos huir de nuestro mundo como sirvientes y como sanadores y como celebrantes del amor.

Jesús nos está diciendo que, si compartimos su cuerpo y su sangre, necesitamos ser diferentes. Necesitamos ser testigos del amor. Necesitamos ser los guardianes de nuestros hermanos y hermanas.

Cuando me convertí en pastor, con esta visión de la Eucaristía, pronto empecé a ver la celebración de la primera comunión más profundamente defectuosa, con mucho de fiesta y con menos Jesús.

Mi respuesta fue requerir que los padres participaran en doce asambleas de fe. Estas sesiones incluían una presentación básica de la historia de la salvación desde Abraham hasta Jesús. Estas fueron mucho más que unas sencillas clases sobre la Biblia porque el énfasis estaba en ver la palabra de Dios interceptando su experiencia ya vivida. Hubo mucho que compartir de sus historias, de su tiempo, para la reflexión y la oración.

Los padres aprendieron una lección fundamental. Para vivir por el pan que sino de la palabra que viene de la boca de Dios requiere disponibilidad para escuchar, para crecer, para cambiar y para ser transformado por la palabra.

El resultado final fue que los padres adquirieron un sentido de poder personal para ser maestros de la fe para sus hijos con una comprensión del llamado fundamental de Jesús a la conversión dentro del amor de Dios.

Los padres fueron invitados a una apreciación más profunda de Jesús y sus obsequios para nosotros en la Eucaristía. En sus enseñanzas, sus sanaciones, su ministerio y su entrega a la voluntad del Padre, Jesús abrió una visión de un Dios que era personal e involucraba a todos los pueblos. En este viaje, los padres empezaron a ver la Eucaristía como una gran expresión del amor de Dios en Cristo crucificado y resucitado. Estos padres fueron desafiados a ir más allá de lo superficial en la primera comunión de sus hijos.

Los padres fueron animados a ver la Eucaristía como un tesoro real de nuestra fe. En este ritual, nosotros vamos.


Más allá del símbolo del vino y el pan. Esta es la presencia real de nuestro salvador, nuestro Señor Jesús que viene a nutrirnos y a amarnos. Su presencia real es un llamado para nosotros para cuidar a nuestros hermanos y hermanas, para amarlos y para entregarnos a ellos.

La meta era no solamente ayudar a los padres a preparar a sus hijos a entender lo que sucede en ese bello día de su primera comunión. Era convencer a los padres que esta es la tarea de muchos años. Parte de esa tarea fue la participación de sus familias en la liturgia, sobre bases regulares. La liturgia es verdaderamente un proceso continuo de escuela para adultos de educación religiosa donde la experiencia diaria está conectada al acto salvador de Jesús aquí y ahora.

A menos que los padres entendieran la importancia de la experiencia básica de la participación regular en la liturgia, las celebraciones de la primera comunión tienen la posibilidad real de distorsionarse y ser inconsecuentes.

La meta real es la participación fiel en la adoración y alabanza en la iglesia. Atender a la misa regularmente nos trae a un encuentro con el gran acto de amor que es la historia fundamental de la Biblia. Ese amor literalmente toma la forma de carne y sangre para nutrirnos y guiarnos en el viaje tortuoso que es nuestra vida. Es por eso que la iglesia nos enseña que la liturgia es la fuente y la cumbre de nuestra fe. La liturgia nos ayuda a tomar la información sobre la fe y nos permite transformar nuestro corazón dirigiéndonos a un encuentro con nuestro Dios amoroso.

En esta fiesta de Corpus Christi, me gustaría invitarnos a ir más allá del mantra sobre la liturgia como “la fuente y cumbre” de nuestra fe. Yo quiero invitarles a ponderar y a orar sobre una expresión más completa de las enseñanzas del Concilio Vaticano II en nuestra participación en la Eucaristía.

“La celebración de la Eucaristía, es una acción de Cristo en el pueblo de Dios…es el centro de toda vida cristiana, para la iglesia universal, la iglesia local y para cada uno de los fieles…la liturgia es la cima hacia donde va toda la actividad de la iglesia; es también la fuente de la cual fluye todo su poder… todo aquel que es hijo de Dios por la fe y por el bautismo debería reunirse y dar alabanza a Dios en medio de la iglesia, para tomar parte en el sacrificio y comer la cena del Señor.” (Constitución de la Sagrada Liturgia, 1963, # 2, 10, 41) Cada misa debería ser como una Primera Comunión donde haya mucho menos fiesta y muchísimo más de Jesús.
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DOMINGO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Juan 3:16-18

Queridos amigos: En las enseñanzas de Jesús no encontramos ninguna descripción de la Trinidad como Padre, Hijo y Espíritu Santo. La Iglesia necesitó siglos de reflexión, conflictos casi constantes y profunda oración para articular la realidad de la Trinidad tal como la expresamos hoy en nuestro Credo.

Jesús fue la revelación de Dios. Su mensaje fue de amor y misericordia. Como Iglesia, aprendimos que no podemos llegar a Dios solo con el pensamiento. El único camino hacia el Misterio Divino es un camino de amor guiado por una fe abierta y una obediencia sincera al amor. Jesús nos enseñó el camino del amor: amor a Dios, al prójimo y al mundo.

A través de Jesús, hemos aprendido que nuestro llamado a la fidelidad se refleja en la fidelidad de Dios a la humanidad. A lo largo de la dolorosa y conflictiva historia de la humanidad, Dios ha respondido con amor y misericordia, mucho más allá de nuestra comprensión. Nuestra resistencia y rebeldía al llamado al amor siempre han recibido una respuesta divina de paciencia, compasión y amor misericordioso. Esta es la única respuesta posible de un Dios trinitario que es amor.

Tenemos una imagen exquisita de cómo sería una verdadera respuesta al amor de Dios. Aristides, un erudito filósofo griego, describió así a los cristianos del siglo II: «Se aman unos a otros. Nunca dejan de ayudar a las viudas; salvan a los huérfanos de quienes les harían daño. Si tienen algo, lo dan generosamente al que no tiene nada; si ven a un extraño, lo acogen en su casa y se alegran como si fuera un hermano. No se consideran hermanos en el sentido habitual, sino hermanos por medio del Espíritu, en Dios».

El pasaje del Evangelio de hoy ha sido a menudo llamado un evangelio en miniatura. Describe en tan solo unas líneas el amor ilimitado de Dios. En Jesús, vemos la continua manifestación de este amor del Padre. ¡Jesús es el don supremo que nunca deja de dar, de llamar y de amar!

El Evangelio de hoy nos dice por qué Dios nos ha salvado. Todo se reduce al amor. Dios ha elegido revelar la magnitud y el poder de este amor a través de los actos salvadores de su Hijo y de la acción constante del Espíritu Santo. Este amor no conoce límites, no tiene condiciones y no necesita invitación. Simplemente lo abarca todo. Como declaró Santa Teresita del Niño Jesús: «¡Todo es gracia!».

El Evangelio de hoy nos presenta este amor divino con gran claridad. Dios toma la iniciativa: «Porque de tal manera amó Dios al mundo» (Jn 3:16).

Al amar al mundo, Dios nos muestra que todos estamos invitados al amor mutuo que es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Jesús plasma este amor totalmente inclusivo en las parábolas del Buen Samaritano, el publicano, Magdalena, el padre de los hijos afligidos y en tantas otras expresiones de aceptación y misericordia. Asimismo, el Evangelio de hoy nos revela el propósito de la misión de Dios: «Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por medio de él y goce de la vida eterna» (Jn 3,16-18).

Este amor divino, descrito en el Evangelio de Juan, trasciende nuestra comprensión, está completamente fuera de nuestro alcance y excede nuestra capacidad de corresponderle. Dios nos amó primero y con una generosidad que jamás podremos igualar. Al final, lo único que podemos hacer es intentar seguir los pasos de Jesús y acoger su amor misericordioso.

Jesús nos invita al misterio del amor y la vida que es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La decisión es nuestra. Podemos aceptar o rechazar.

La gran alegría de la fiesta de la Santísima Trinidad de hoy, como toda proclamación del Evangelio, es que Dios nunca se da por vencido con nosotros. Jesús nos llama constantemente a aceptarlo como el camino, la vida y la verdad. Poco a poco, la vida nos enseña que Jesús tiene un plan mejor, tanto para esta vida como para la venidera. Nuestra vocación se fundamenta en este Dios de amor y estamos destinados a ser uno con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.
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PENTECOSTÉS

Juan 20: 19-23 

Estimados amigos. La fiesta de Pentecostés es la celebración de la caída de las barreras de tiempo y espacio y la apertura plena del mundo para recrear las maravillas del amor. En su pasión y muerte Jesús confrontó el mal. Este fue el encuentro cumbre de toda la historia. El amor ganó.

Todo fue de repente, Jesús está en medio de ellos. Su mensaje no es la venganza. Asombrosamente, Él incluso no señala con el dedo al colapso de cobardía que mostraron ellos. Sus discípulos confiables estaban demasiado asombrados para sentir la pena. Fue un momento que dio tremendo giro de miles de grados. Jesús había resucitado como lo dijo, Aleluya.

Su mensaje fue directo, claro, y sencillo: “Que la paz esté con ustedes” (Juan 20: 19) su paz transmitió el tesoro del perdón. Estos dos regalos de paz y perdón están en el contexto de su comisión para ellos. “Como el Padre me ha enviado, yo los envío a ustedes” Al decir esto, sopló sobre ellos y dijo ´reciban el Espíritu Santo´” (Juan 20: 21-23)

Ese mensaje de victoria es entregado a los discípulos junto con el regalo del Espíritu Santo. Este atemorizado y desesperado grupo recién salido de su abandono en la crisis del Huerto, ahora recibe la paz y el perdón de Jesús junto con el último regalo del Espíritu Santo. El temor y la confusión ahora se convertirá lentamente en convicción imparable de alegría y feroz entusiasmo. Nada iba a superar su certeza en el espíritu. Nada iba a cerrar su mensaje del Cristo crucificado y resucitado. Contra todos los pronósticos, el regalo del Espíritu Santo iba a ganar por medio de estos temerosos, confundidos y desilusionados hombres y a sus hermanos y hermanas.

Recibir al Espíritu Santo es un símbolo de la nueva creación. Justo como Dios sopló vida en Adán en el Jardín del Edén, así también, Jesús sopló nueva vida en los discípulos que los hace santos y los lleva a conquistar el mal.

Lucas, en la segunda lectura de hoy de los Hechos de los Apóstoles, da otra conexión bíblica. La gran cantidad de extranjeros con una gran variedad de idiomas oyen en unidad. Este es el Espíritu manifestando la eliminación de la división y el aislamiento causado por la Torre de Babel.

Después de la recepción del Espíritu Santo, la historia de los discípulos es muy diferente. El temor da paso a la valentía y al compromiso. Una nueva convicción los lleva a confrontar el poder con paciencia y perseverancia. La espada de doble filo del mensaje del evangelio de Jesús corta el yugo del terror y la cobardía. El evangelio es proclamado a pesar del conflicto y la incomprensión.

Las barreras culturales y la estrechez parroquial nativa se abren a la visión de una comunidad universal que sigue en crecimiento en nuestros días.

Obsequiados con el Espíritu Santo, se unen al Cristo resucitado para testificar la victoria del amor sobre el mal y la muerte. Las semillas de la nueva creación fueron sembradas en los corazones de los débiles y peatonales seguidores de Cristo. Ellos empezaron una comunidad de fe siempre en expansión que ha sobrevivido y prosperado durante miles de años.

Hoy, en esta fiesta de Pentecostés, estamos invitados otra vez para recibir el regalo del Espíritu. Para que sea así, necesitamos alejarnos del pecado que es un rechazo al amor. Como con los primeros discípulos, el Espíritu nos llama a expandir continuamente los horizontes de nuestro amor.

El Espíritu nos empodera y nos invita a orar. El Espíritu ofrece una paz que trasciende nuestra búsqueda infinita de seguridad en las cosas del mundo. El Espíritu nos permite romper las cadenas de la esclavitud, de la atadura cultural al racismo, sexismo, a la ceguera de la destrucción de la creación, y más que todo, una falla sencillamente para amarnos unos a otros. Pentecostés es la fiesta de la liberación de nuestro temores, ansiedades y divisiones.

El Espíritu nos llama a ser las manos y pies, y más que todo, el corazón de Cristo dentro del mundo de nuestras responsabilidades y relaciones. Estamos llamados a ser verdaderos testigos del mensaje del evangelio de Jesús. Y no nos olvidemos que un testigo es aquel cuyas acciones de vida hablan tan alto que la gente no diga que no puede oír lo que dices.

La paz de Cristo viene con un precio. La paciencia y la gentileza junto con la alegría y amabilidad y los otros frutos del Espíritu son siempre regalos preciosos. Ellos son posibles solamente en un corazón que está buscando la reconciliación. Esta nueva vida en el Espíritu trae paz y perdón en un mundo devastado por el pecado y la muerte. Este es el llamado para nosotros en este Pentecostés: transformar nuestras vidas por el regalo de la paz de Cristo y su llamado al perdón. Lentamente, tenemos que entender que, por el Espíritu no hay límite en el perdón y que el objetivo de la inclusividad es dinámico y siempre en expansión. Las numerosas descripciones para “esa gente” en nuestros corazones tiene que dar paso a una nueva definición de “nosotros”. En esta lucha para alejarnos de nuestro mundo cómodo, debemos estar abiertos al Espíritu para encontrar el único camino que lleva al merecimiento del regalo de la paz de Cristo.
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FIESTA DE LA ASCENCIÓN

Mateo 28: 16-20 

Estimados amigos, En la fiesta de hoy de la Ascensión, es difícil para nosotros comprender la enormidad del impacto de los apóstoles. Necesitamos una fe verdaderamente profunda para crecer en una conciencia honesta de la profundidad de la convulsión de los apóstoles en la partida de Jesús.

Primero que todo, ellos están solos. Ellos tenían poca organización y menos claridad sobre su misión. No importa la belleza de las reconfortantes palabras finales de Jesús, su mentor, su maestro, su guía y apoyo para esos tres intensos años que ya se habían ido.

Traten de imaginar cuán alarmante y doloroso fue el mensaje de universalidad. La primera iglesia lucharía con eso por décadas.

Una parte significativa del evangelio de Mateo fue sobre el cumplimiento de la ley mosaica y no el retiro de ella. Después de toda una vida de experiencia y siglos de tradición, el concepto de ser “El Pueblo Elegido” fue simplemente parte de su ADN judío. Ahora, en un instante, ellos están misionados para cambiar todo de arriba abajo por dentro y por fuera y predicar el evangelio a los gentiles paganos.

Jesús lo dejó claro, una y otra vez, su misión era para la familia de Abraham. Ahora, en este encuentro final, la misión es “Hacer discípulos de todas las naciones” (Mateo 28: 19) Iba a tomar cierto tiempo para los primeros discípulos y para la primera iglesia entender la profundidad del llamado de Jesús a la inclusión universal. La confusión consecuente está retratada claramente en Los Hechos de los Apóstoles. Decir la verdad, tenemos más que suficientes problemas aceptando a un extraño en nuestras propias parroquias hoy.

Segundo, nosotros leemos en el texto del evangelio “Cuando ellos lo vieron, lo adoraron, pero ellos dudaron” (Mateo 28: 17) Mientras que Mateo es mucho más gentil que Marcos, él también, retrata a los doce apóstoles originales como un grupo defectuoso de seres humanos. Este texto es un ejemplo de ello. Justo desde el inicio, la iglesia estuvo luchando con los claros limites de la condición humana sin importar cuan exaltada fuese la comisión divina para proclamar el evangelio a los confines de la tierra.

La aflicción de la debilidad humana está un poco presente en la iglesia y sus miembros hoy en día.

La duda y la confusión han sido parte de la realidad de la iglesia a través de la historia. Ha habido poco tiempo en la historia de la iglesia en la que algún grupo no haya estado en el proceso de romperse. La infidelidad y el conflicto han estado presentes desde los primeros tiempos de Los Hechos de los Apóstoles hasta la crisis de la misa en latín de hoy. El abuso de jóvenes en el escándalo sexual de nuestros tiempos es solo una parte de una larga historia de pecado e infidelidad. En el largo viaje de la iglesia de pecado y gracia, Jesús ha mantenido su promesa de estar con nosotros en la iglesia hasta el final.

Una observación final es más reconfortante. En Mateo 1: 23 leemos: “La virgen concebirá y dará a luz, y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa Dios con nosotros.” Ahora otra vez recibimos esta afirmación divina de Jesús: “Y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia.” (Mateo 28: 20)

Mientras que siempre ha habido un gran número de problemas, siempre ha habido un grupo más que sustancial de testimonios en la iglesia llamándonos en palabra y en verdad al mensaje del evangelio.

Hoy, nosotros también enfrentamos nuestra realidad diaria y tenemos el llamado de Cristo para vivir y predicar el evangelio. No hay mayor desafío en la vida si nosotros queremos responder verdaderamente con generosidad. Los obstáculos son enormes. Aparentemente incontables de nuestros hijos y amigos y parientes han abandonado la iglesia. Los jóvenes de hoy parecen mucho más inclinados a encontrar su camino espiritual fuera de la religión organizada. Nuestra cultura se vuelve más materialista por la hora y menos inclinada a tomar la espiritualidad en serio. Junto con esto, y muchos otros factores negativos, tenemos el aparente eterno embate del abuso sexual en la iglesia.

En todo ello, necesitamos aferrarnos a la promesa de Emmanuel, Dios está con nosotros.

El significado de esta bella fiesta de la Ascensión está capturado en las palabras del prefacio de la misa de hoy:

Cristo, el mediador entre Dios y los hombres y mujeres,

Juez del mundo y Señor de todo

Ha pasado más allá de nuestra vista

No para abandonarnos sino para ser nuestra esperanza.

Cristo es el inicio, la cabeza de la iglesia;

A donde Él ha ido esperamos seguirle.

Nuestra esperanza está enraizada en la realidad de que Jesús está con nosotros todo el tiempo. Nuestro destino no es la desesperanza y la confusión. Es un simple compromiso para vivir con fe y confiar en un Dios que tiene un mejor plan. Oramos en la plegaria de apertura de la misa de la Ascensión, “Que lo sigamos en la nueva creación, porque su Ascensión es nuestra gloria y nuestra esperanza”

Nosotros celebraremos el otro gran regalo del Misterio Pascual, el Espíritu Santo, en la fiesta de la próxima semana de Pentecostés.
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SEXTO DOMINGO DE PASCUA

Juan 14: 15-21 

Estimados amigos, Conforme nos acercamos a esta temporada de pascua, es bueno reflexionar sobre Los Hechos de los Apóstoles. Solamente en el tiempo de pascua tenemos esta primera lectura de los hechos. Todos los demás domingos la primera lectura es de las escrituras hebreas.

Los Hechos de los Apóstoles es un libro sobre el nacimiento y el crecimiento de la iglesia. También es una revelación de lo que sucede a la gente cuando comprende y se compromete con el Misterio Pascual, que es la muerte y resurrección de Jesús.

Jesús pudo haber hecho muchas promesas a los primeros discípulos. Él pudo haber cumplido sus sueños de éxito, poder, privilegio y riqueza. Él pudo haberles hablado sobre triunfo fácil y gran admiración entre un siempre creciente grupo de creyentes. Ninguno de estos escenarios se ajusta a la agenda de Jesús.

Su mensaje fue seguirlo a Él en el camino a Jerusalén y tomar su cruz. Esto fue conflicto y confusión. Esto fue rechazo y muerte. Los Hechos de los Apóstoles sigue este libreto claramente.

Por otro lado, Jesús prometió al paracleto para guiarlos en el camino de la verdad y el camino del amor justo como Jesús fue tan fiel al abrazar su pasión, muerte y resurrección.

Los Hechos de los Apóstoles tiene dos personajes principales, Pedro y Pablo. Hay unos pocos momentos idílicos en el principio donde todos están descansando en armonía y paz. A ellos les duró poco. Rápidamente hay un cambio hacia la realidad tan expresiva de la condición humana en la parábola de la cizaña y el trigo.

Una pareja se abstiene de entregar todas las ganancias de la venta de una propiedad a la cartera común. Ellos mueren en el acto. Las viudas griegas inmediatamente se hacen las victimas de prejuicio en la no perfecta nueva comunidad cristiana. Ambos, Pedro y Pablo se preguntan sobre su ortodoxia por la oficina de Jerusalén. En la opinión de muchos, su apertura para con los extranjeros es peligrosa para la fe.

Este asunto de aceptar creyentes gentiles llevó a la mayor ruptura en esta primera comunidad. La elección volátil que confronta la nueva comunidad de una manera muy poderosa es esta: es la nueva realidad del mensaje de Jesús, simplemente y exclusivamente un complemento de la ley mosaica o es una realidad completamente nueva. Este fue un desafío para una transformación cultural que se volvió dolorosa, divisiva y violenta. Sin embargo, al final, se volvió totalmente liberadora. Pedro y Pablo fueron desafiados a todos los niveles por la explosividad de este asunto fundamental y formativo que dio nacimiento a la iglesia. Al mismo tiempo, fueron perseguidos por los lideres judíos.

El resultado fue encarcelamiento frecuente, intentos de asesinato, conflicto constante y escuadrones de la verdad que eran destructivos y brutales. Pablo tenía que escapar con frecuencia en secreto para salvar su vida. Mas de una vez, él fue golpeado casi hasta la muerte. Él tuvo suerte en esto. Esteban y muchos otros de los primeros cristianos no tuvieron tanta suerte. Ellos fueron martirizados.

Conforme la historia en Los Hechos progresaba, se volvió mas claro que el Paracleto que Jesús prometió y entregó tenía un papel muy poderoso. Así como Jesús se había vuelto el camino y la vida y la verdad para los primeros discípulos, el Espíritu Santo se volvió el camino y la vida y la verdad para el desarrollo de la realidad de la primera iglesia. El Espíritu los estuvo guiando a través del tumulto y la persecución.

Todavía en medio de todo este conflicto y confusión, se tomaron decisiones. El evangelio fue proclamado. La iglesia eventualmente abrazó nuevas culturas y nuevos pueblos. El viaje fue ni suave ni derecho. Cuando Pedro y Pablo murieron después de décadas de predicar el evangelio, hubo al menos varios miles de fieles cristianos. Cualquier misa Papal en estos días tendrá por lo menos de veinte a treinta veces más gente asistente.

Las semillas fueron sembradas en las vidas y testimonios de Pedro y Pablo. Ellos fueron verdaderos creyentes que caminaron su difícil viaje con un sentido de alegría y de maravilla en el Cristo resucitado. Ellos tomaron con el corazón las palabras de Cristo en el evangelio de hoy de Juan. “No los dejaré huérfanos, sino que volveré a ustedes. Dentro de poco el mundo ya no me verá. Pero ustedes me verán, porque yo vivo y ustedes también vivirán. Aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre y ustedes están en mí y yo en ustedes. El que guarda mis mandamientos después de recibirlos, ése es el que me ama. El que me ama a mí, será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él.” (Juan 14: 17-21)

Para Pedro y Pablo, el acto concluyente de Cristo, la muerte y resurrección, fue una realidad consumada que llenó sus corazones con un fuego de amor que los llevó a predicar a Cristo en medio del caos, la confusión y la discordia. Esta predicación se volvió una fuente de paz y dirección. Desplegó un sentido de esperanza y fidelidad que fundó en la tierra una nueva iglesia en verdad y amor.

Necesitamos tomar con el corazón el pasaje del evangelio de hoy y el mensaje de este tiempo de pascua. Si lo hacemos, nos llevará a descubrir la paz y la fortaleza que vienen del Cristo resucitado. Las circunstancias de nuestra iglesia hoy comparten mucho del mismo caos y confusión. Tenemos el escándalo del abuso sexual, la división de las denominaciones cristianas, la maldición del clericalismo y el temor de un papel mas poderoso y significativo para las mujeres, y esto sigue.

Pero no estamos huérfanos. Necesitamos volver al Cristo resucitado y orar por el regalo del Espíritu y el poder de amarnos unos a otros. Esto abrirá el camino en nuestra búsqueda por Su dirección y guía. No hay duda, encontraremos el camino al amarnos mutuamente.
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QUINTO DOMINGO DE PASCUA

Juan 14: 1-12 

Estimados amigos, En mis primeros días como seminarista Carmelita, tuve un retiro que recuerdo vívidamente setenta y un años después. No recuerdo nada del mensaje del predicadore. Lo que recuerdo es que él nos dijo que cada noche dormía en un ataúd. Él quería aumentar la conciencia de que un día iba a morir. En aquel momento pensé que era bastante extraño. Ahora que estoy varias décadas más cerca de mi muerte pienso que la rutina del ataúd está mucho más allá de ser extraña.

En el tiempo de pascua, hay un mensaje magnifico sobre nuestra muerte personal. No es del todo malo, de hecho, es un regalo maravilloso. El prefacio para la misa de cuerpo presente narra una descripción de la siguiente manera:

En Él, que resucitó de entre los muertos está nuestra esperanza de la resurrección.

La tristeza de la muerte da paso a la promesa de la inmortalidad.

Señor, para tus fieles la vida sólo cambia, no termina.

Cuando nuestro cuerpo mortal yace en la muerte

Ganamos una morada eterna en el cielo.
El evangelio de hoy, con frecuencia es usado en las misas de funerales. En el contexto de este poderoso ritual, la mayoría de gente lo comprende. Vamos a ir a una vida mejor. El problema es que la mayoría de nosotros lo entendemos solamente cuando ya no podemos evadir por más tiempo la realidad de la muerte. La muerte de un ser querido simplemente nos engulle en el grande y doloroso misterio que es la muerte. Hay solamente un asentimiento simbólico hacia el sobrecogedor regalo de la resurrección. Esto usualmente es expresado en las frases “el final de su sufrimiento” y “él o ella está en un mejor lugar ahora”

Nuestra cultura es muy evasiva al enfrentar la muerte por lo que es: una enorme y definitiva parte de la vida. El mensaje del tiempo de pascua seguramente no nos llama a la bizarra y mórbida actividad de dormir en un ataúd, sin embargo, nos invita a enfrentar la muerte como una parte crucial de nuestra vida.

Jesús quiere que sepamos que la vida es un regalo para hoy. Necesito abrazarla en alegría y maravilla lo más entusiasta que pueda porque no tengo garantía para mañana. Dios nos llama a vivir este día en amor y servicio. Aceptando que la muerte es verdaderamente una gran parte de nuestra vida y no es una invitación para vivir en preocupación y ansiedad. Es un llamado a ser realista.

La preocupación de Tomás en el evangelio de hoy se relaciona con nuestra confusión y el balance. Estos dos elementos drásticamente diferentes de la muerte. Ambos son pérdidas horribles que llevan a un tormento personal inevitable y es una gloriosa victoria que trasciende cualquier alegría o expresión de felicidad en esta vida.

Jesús responde a Tomás diciéndole que Él es el camino. Todo lo que necesitamos hacer es caminar con Jesús y Él nos guiará a nuestro verdadero hogar.

Jesús nos dice otra vez que para no permitir que nuestro corazón se turbe, simplemente necesitamos tener fe en Él.

No hay que evitar el bien y el mal, lo armonioso y lo conflictivo, la enfermedad y la salud, y todos los elementos de nuestra condición humana que están en las manos amorosas del Dios de gracia revelado en Jesús. Jesús es el camino, la verdad y la vida (Juan 14: 6) Jesús nos dice No“ se turben; crean en Dios y crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. De no ser así, no les habría dicho que voy a prepararles un lugar (Juan 14: 1-2)

Hoy todos estamos un día más cerca del llamado amoroso de Dios que puede cambiar nuestra muerte en vida eterna. Este es el mensaje del Aleluya de la pascua. Somos tontos si no aceptamos esta realidad y permitimos que defina como vivimos. La resurrección es real. Significa que la muerte ha perdido su aguijón. Nuestro trabajo es celebrar con una vida llena de esperanza y alegría, amor y servicio.

Si mantenemos nuestros ojos en Jesús, reposaremos en la más real y honesta respuesta al siempre presente dilema de la muerte. Jesús nos dice que Él es el camino, el camino más seguro hacia Dios. Jesús es la más completa y la más rica expresión de Dios. Todas sus enseñanzas y patrones de vida, todos sus milagros y servicio, y más que todo, la gran revelación de amor en la pasión, muerte y resurrección – todo eso nos invita a caminar en amor con Jesús. El asombroso canto del Aleluya que proclamamos en la pascua dirige nuestros corazones hacia Jesús. En verdad no hay un camino más seguro que nos lleve a la verdad y a la plenitud de la vida que es Dios.
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