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VIGÉSIMO OCTAVO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

San Mateo 22: 1-14 

Estimados amigos, El evangelio de hoy resalta el llamado, la invitación a la fiesta de la boda celestial. En la Biblia, el tema de la invitación o llamado se repite con frecuencia. Abraham es el primero, luego Moises, después David y los profetas. En el Nuevo Testamento es Pedro y los apóstoles y finalmente Pablo.

Todos nosotros nos reunimos en ese prestigioso grupo en nuestras propias vidas. Estamos invitados a la fiesta de la boda. Todos somos invitados de honor con quienes Dios compartirá el banquete celestial. Todo está listo, sin embargo, es preciso que atendamos la invitación de Dios y respondamos con hambre en nuestros corazones ya mismo. De lo contrario, nos encontraremos afuera mirando la fiesta de nuestra salvación. El mensaje de hoy del evangelio es claro. Hay responsabilidades con la invitación divina. El mensaje de la liturgia de hoy también nos desafía sobre nuestras actitudes y prejuicios aquí y ahora.

La invitación de Jesús, así como su vida, es un inconmensurable e incesante acto de amor. La fiesta que Jesús ofrece está abierta para todos en todo momento. Nuestra tarea es sencilla, aunque profunda. Necesitamos reconocer que aceptar la invitación demanda que el atuendo de la boda se viva de acuerdo a los valores del evangelio. El atuendo de la boda significa dar buenos frutos de reconciliación, servicio, dar la bienvenida a los extranjeros y todas las demandas del evangelio. Estos buenos frutos asegurarán el lugar de los creyentes en la mesa.

El banquete está más allá de cualquier cosa que uno pudiera imaginar. Está esperando nuestra llegada. Nuestro asiento está reservado para la eternidad. La historia de la vestimenta de la boda nos ayuda a entender esta realidad. Cuando Dios llama, lo hace con tanta frecuencia, que necesitamos tomar acción. Tenemos que aceptar el mensaje de Jesús. Tenemos que hacer que nuestro sí se exprese en sí mismo en una nueva forma de vida. El vestuario de la boda es un testigo para el mensaje del evangelio. Las demandas de la sabiduría de Jesús no se cumplen como quien cambia un vale, o simplemente siguiendo a la multitud. Demanda un cambio de corazón, una conversión que significa un cambio radical de valores. Nuestra invitación es un llamado a alejarnos de los estándares del mundo consumista hacia el mensaje liberador del evangelio. Esto es una vida de sencillez y humildad. Un llamado de servicio hacia los más pequeños de nosotros.

El traje de bodas nos dice que simplemente mostrarse no es suficiente. Necesitamos un compromiso que va más profundo. El hecho es que Dios nunca termina con nosotros. Dios siempre quiere más. La vida cristiana nos pide que constantemente elijamos a Jesús, quien, en verdad, es la fiesta de la boda. La vida cristiana nunca está satisfecha con solo seguir la rutina.

Necesitamos trabajar en la reconciliación para poder perdonar no solo 7 veces sino setenta veces siete. Necesitamos escuchar el llanto de los pobres y el grito de la tierra no con un esfuerzo casual sino con verdadero sacrificio. Necesitamos estar abiertos a todo, no solo a nuestra parroquia o nuestro grupo, sino también a los extraños y a los que son diferentes.

Es lo que realmente quería decir Jesús cuando dijo que si queremos salvar nuestra vida tenemos que perderla. Si vamos a ser el líder, tenemos que ser el sirviente de todos. Él tiene muchísimos más cambios de estos conceptos al revés de la realidad que nunca nos deja olvidar ponernos el atuendo de boda que es tan necesario para entrar a la fiesta de la boda. todo esto es así porque el amor de Dios no tiene límites. Dios quiere que compartamos en la plenitud de la fiesta de ese amor. Debemos morir incesantemente a nuestro amor propio. Como siempre, hacemos esto caminando en los pasos de Jesús.
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VIGÉSIMO SÉPTIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mateo 21: 33-43 

Estimados amigos, Nuestro año litúrgico sigue avanzando. No hay nada que detenga el reloj. Nuestro viaje con el evangelio de Mateo está por llegar a su conclusión. En los siguientes domingos, tendremos unas selecciones que resaltan dos cosas: el conflicto de Jesús con los líderes judíos y su llamado para elegir la vida siguiendo sus pasos.

A través de la historia de la iglesia estos capítulos finales de Mateo han sido distorsionados para producir un antisemitismo que ha sido una terrible distorsión del evangelio. La mala representación del mensaje de Jesús ha llevado a actividades abominablemente inhumanas e injustas en las relaciones entre judíos y cristianos.

El mensaje básico de la parábola del inquilino asesino nos dirige a la necesidad de decidir. ¿seremos administradores de los dones que Dios nos ha dado? ¿estamos viviendo el mensaje del evangelio en nuestra familia? ¿estamos contribuyendo en nuestra comunidad para hacerlo más dador de vida para todos? ¿estamos respondiendo al llamado para actuar justamente y ser instrumentos de paz? ¿estamos siendo responsables y no desperdiciando las bendiciones de nuestro medio ambiente?

Jesús demanda una decisión. ¿aceptamos su llamado y el regalo de amor incondicional? ¿estamos listos para reconocer que toda vida es un regalo para ser querida y desarrollada? El llamado a la administración nos pide reconocer el dominio de Dios y nuestra realidad como criaturas finitas que son perdonadas, dotadas y amadas.

El pasaje del evangelio de hoy de Mateo señala el rechazo de la prédica de Jesús por parte de los líderes de Israel. Pero también debería plantear la pregunta para nosotros. ¿será que nuestra forma de vida ofrece alguna clase de asociación con los administrados asesinos? Podemos preguntarnos a nosotros mismos: ¿qué papel desempeñan la justicia y la rectitud en el huerto de la vida diaria para nosotros? Mateo señalará en el famoso pasaje del capítulo 25 sobre: “El más pequeño de mis hermanos y hermanas” Se nos dice que fallar en alimentar al pobre es lo mismo que negar a Jesús. Esta falta de justicia y preocupación por los pobres es lo opuesto a dar vida. Este es el asesinato del hijo en nuestro tiempo. Estamos eligiendo la muerte sobre la vida. El rechazo del hijo del dueño no fue el monopolio de los líderes judíos. Sigue a través de la historia.

Nuestra tarea es ser trabajadores fieles en el viñedo de la vida. Hoy, esto nos llama a hacer dos cosas: la preocupación por los pobres y marginados y la preocupación por el regalo de Dios de la creación. Ambas cosas son víctimas de tremenda negligencia. Los pobres son casi siempre las primeras víctimas del cambio climático y otros abusos a la naturaleza.

Ya que estamos llamados a dirigir estos problemas abrumadores, estamos llamados a aceptar al hijo. Es Jesús quien nos guiará hacia la verdad y la libertad, que es la verdadera hambre en nuestros corazones. La administración en el viñedo de la vida esta hecha mucho más clara y mucho más fácil cuando aceptamos el regalo del Padre, Jesucristo.

No estamos solos, Dios está siempre con nosotros. Necesitamos darnos cuenta que nuestro pequeño esfuerzo personal es importante. Este pequeño esfuerzo beneficia a la sociedad en una forma que con frecuencia está escondida para nosotros. De igual manera, estos pequeños esfuerzos ayudan a nuestra auto estima, animándonos a seguir en la batalla.

Conforme empezamos a entender el desafío a nuestro medio ambiente, la mayoría de nosotros necesitará cambiar su entendimiento sobre la creación. La vista más común sobre la creación es que Dios creó el mundo y era bueno y eso fue todo. Nuestra retirada de la creación fluye de esta vista estática que tenemos de ella. La realidad, sin embargo, es que la creación es dinámica. La creación está llena con la presencia de Dios. Laudato Si, la elocuente reflexión del Papa Francisco sobre la crisis medioambiental, habla elocuentemente sobre esta presencia dinámica de Dios en la creación. Declara que la violación del medio ambiente natural es una afrenta directa a Dios. La tala de bosques y contaminación de ríos, lagos y océanos no son actos neutrales sino violaciones directas de la presencia de Dios y el plan para la creación. Hay una súplica para la participación responsable con la naturaleza, no la negación violenta de la responsabilidad. Este pecado contra el mundo natural es un pecado contra nosotros y contra Dios.

El mensaje del evangelio de Jesús nos libera para ver con los ojos de la mente y los del corazón. Las enseñanzas de Jesús nos animan a crear las virtudes que nos permitan vivir responsablemente con lo que necesitamos, no con los deseos que vienen de la publicidad multi millonaria que es una industria que nos envuelve en nuestra vida diaria con falsedades. Estos son los primeros pasos en un viaje para ayudar a que toda la humanidad viva una vida responsable, saludable y productiva que respete y nutra la creación de Dios que es un regalo. Cuando empecemos a vivir este llamado a respetar la creación de Dios, estaremos eligiendo la vida para nosotros mismos y para los pobres.
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VIGÉSIMO SEXTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mateo 21: 28-32 

Estimados amigos. Los eventos de hoy de Mateo emergen justo después de la gloriosa entrada de Jesús en Jerusalén en el lomo de un burro. La limpieza del templo escala la ya intensa hostilidad entre Jesús y los líderes religiosos. El impacto de estos eventos fija la escena para el conflicto aún más profundo. Con la parábola de hoy de los dos hijos, Jesús no es sutil acelerando la tensión.

Un punto importante para recordar justo al inicio es que el orden del desafío a los dos hijos elimina un prejuicio muy fuerte mantenido a lo largo de los siglos que el pueblo de Israel que primero es el hijo y segundo es la iglesia. Este no es el caso en esta parábola o en cualquier enseñanza cristiana auténtica. No es cuestión de cronología. Lo que está en juego es algo más profundo y más permanente en la vida de un creyente: hacer la voluntad del Padre.

Las acciones contrarias de los dos hermanos resaltadas en la parábola de hoy señalan la contradicción entre el programa de los líderes y la toda inclusiva misericordia de Dios revelada por Jesús. El punto de Jesús sobre los recaudadores de impuestos y las prostitutas entrando al reino antes que el líder de los sacerdotes y los ancianos fue destinado como un desafío para aquellos que se creían ellos mismos como los elegidos de Dios y, por lo tanto, los hijos e hijas favorecidos. Más tarde, esto iba a ser una prueba para los judíos cristianos para aceptar a los gentiles en la primera iglesia. También cuestiona nuestra aceptación a la siempre expansiva invitación del evangelio para los supuestos marginados de nuestros tiempos en cualquier manera que ellos invadan nuestra complacencia.

La parábola es un vehículo de autoconciencia. No hace falta mucha perspicacia para ver que compartimos la ambigüedad del compromiso que Jesús revela en los dos hermanos. La perenne inconstancia del corazón humano nunca está lejos de nosotros. Cuando se trata del auténtico discipulado, el hecho tiene prioridad sobre el dicho. No se puede negar que jugamos el papel de los dos hermanos en diferentes momentos de nuestras vidas. La lucha para nosotros es buscar constantemente la unidad de propósito. Necesitamos hacer que nuestro sí a Dios sea más fiel y más determinado en nuestras vidas diarias.

La pregunta de Jesús: “¿Cuál de los dos hizo la voluntad del Padre?” (Mateo 21: 31) es un desafío para los oyentes y para nosotros. Él está preguntando ¿Cuál de los dos hermanos es verdaderamente correcto? ¿Con cuál nos identificamos?

Una verdadera vida espiritual nos ayuda a entender a fondo la ambigüedad personal. La oración abre los ojos del corazón a la experiencia del Sabueso Celestial. Este es el bello poema que revela la gracia de Dios en una persecución incesante de nosotros en nuestra perenne resistencia al llamado de Dios. El amor de Dios busca continuamente hacer nuestro sí más generoso y consistente. La oración personal fiel y comprometida nos permite crecer gradualmente en la conciencia de nuestra ambigüedad personal. El maravilloso y misericordioso amor de Dios está siempre presente para nosotros, no importan las distracciones, los apegos o las ilusiones de nuestro fracturado corazón. Necesitamos simplemente aceptar nuestra pobreza que nos dispone a responder el llamado sin fin a la nueva vida. Este es nuestro sí a Jesús. Esta es nuestra conversión. No es un evento de una vez. Es un proceso que va en aumento de una lucha incesante para ser fieles en el compromiso de caminar en los pasos de Jesús.

Resulta especialmente apropiado que usamos nuestra presencia semanal en la eucaristía como un momento de renovación de nuestro sí a Dios para una semana entera. Nuestro encuentro semanal con Cristo Eucaristía está siempre preparándonos para los especiales y, con frecuencia, sorpresivos momentos de gracia que nos esperan durante la semana.

Conforme llegamos a conocernos a nosotros mismos, nos volvemos más familiares con nuestra tendencia a la auto decepción. Nuestras inclinaciones más fuertes son para ejercitar un compromiso cómodo donde nuestro sí es un mínimo para Dios y un máximo para nosotros. Por la fidelidad a la oración, entendemos la geografía del corazón humano. Aprendemos a identificar el gran abismo entre la buena intención en la mente y la realidad vivida. Aprendemos que cada uno que elige cambiar su corazón por uno mejor, será bienvenido en el reino de Dios.

Dios es paciente con nosotros, pero justo como los discípulos, llega el momento en el que tenemos que caminar con Jesús a Jerusalén. Es en la fidelidad a la oración que nos liberaremos de un corazón atribulado atrapado en el enigma del compromiso o de la auto indulgencia. La fidelidad a Jesús nos deja con solamente un anhelo en nuestro corazón, un libre y generoso sí al mensaje del evangelio.
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VIGÉSIMO QUINTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mateo 20: 1-16 

Estimados amigos, Cada domingo, en las lecturas de la misa, encontramos los valores de Jesús. Se nos dice que los últimos serán los primeros, el líder debe ser el sirviente de todos, y que debemos ser el que lava los pies de todos los demás. La respuesta a la violencia no es la venganza sino hay que poner la otra mejilla. Estas son algunas de las perspectivas verdaderamente demandantes que Jesús tiene para nosotros.

En las parábolas, Jesús espera desmoronar nuestra clara y confiable comprensión de nuestra realidad diaria. Nuestra mentalidad de sentido común de cómo pensamos que son las cosas realmente no puede soportar al poder y sabiduría de las parábolas de Jesús.

Estamos invitados a la maravillosa misericordia de Dios en el evangelio de hoy de Deuteronomio de Isaías. Sin esta calidad de la misericordia de Dios nuestra situación estaría indefensa y sin esperanza. La misericordia de Dios no tiene límites ni condiciones. El mensaje principal para nosotros en nuestra confusión para los trabajadores de jornada completa es este. Nosotros nunca ganaremos la misericordia de Dios.

La clave para entender esta parábola y nuestro profundo sentido de justicia es esto: el mensaje es sobre el reino del cielo diciéndonos que podemos empezar temprano o que podemos empezar tarde. No hay diferencia. Nunca podemos entrar en el reino por nuestros propios medios. Todo es un regalo de la misericordia de Dios. La generosa misericordia por parte de Dios es el único camino para llegar al reino del cielo.

Es obvio que la parábola de hoy es impactante. Nuestra respuesta inmediata es, “de ninguna manera” como puede ser que aquellos que trabajan del “alba al anochecer” no se quejen de aquellos que solo trabajan una hora y obtienen igual paga.

En todas las parábolas, Jesús nos está preparando para el cambio. Él nos está invitando a un nuevo mundo de la generosidad de Dios. Cuando se trata de justicia y misericordia, usamos una cucharita para tener la medida correcta. Jesús nos está enseñando que la justicia y misericordia de Dios parece más como un torrencial y que nunca podría tener un instrumento para medirlas y tampoco hay límites en la emanación de amor.

No cabe duda, Mateo entendió nuestra extraordinaria y fuerte tendencia a medir a Dios por nuestros limitados estándares. Estamos inclinados naturalmente a pensar que Dios ve las cosas como nosotros las vemos. Dios, de hecho, tiene un modo de operación diferente. Dios abarca a todos, merecedores y no merecedores. Para nosotros, es solo una persona metiéndose adelante en la fila. Dios mira si la persona es alguien que le agarró la tarde porque anoche estuvo en “la hora feliz” o si es un hombre que anoche tuvo que llevar a su esposa a la sala de partos o miles más de variaciones en los motivos de la tardanza.

Isaías (55: 7-9) nos dice “pues sus proyectos no son los míos, y mis caminos no son los mismos de ustedes. Así como el cielo está muy alto por encima de la tierra, así también mis caminos se elevan por encima de sus caminos y mis proyectos son muy superiores a los de ustedes.”

El mensaje completo del evangelio de Jesús es un ataque incesante a nuestro auto centrado enfoque profundamente arraigado de la realidad. La parábola del terrateniente generoso es solo una invitación más para que veamos y abracemos el nuevo mundo que Jesús nos ofrece.

Hace pocos años tuve un encuentro muy singular con la realidad de la parábola de Jesús de los trabajadores del viñedo.

Me pidieron visitar a un hombre joven que estaba paralizado de los hombros hacia abajo, él fue la víctima inocente de un tiroteo de un auto en movimiento. Naturalmente, me sentí bastante aprensivo porque yo tenía muy poco en mi arsenal de pastor consejero que tuviera algo de sentido en una situación como esa.

Inmediatamente, el hombre me hizo sentir tranquilo. Él compartió la historia de cómo otros veteranos en condiciones similares le habían ayudado para sacar la desesperación y abrazar la vida. Él compartió cuán agradecido estaba por seguir vivo, de ser capaz de ver a su hija y ver un campeonato de los L A Lakers, su primo fue asesinado el mismo día en esta tragedia, y el compartió su dolor con la familia.

Si alguna vez hubo un trabajador de “alba al anochecer” en las circunstancias de la vida, yo estaba en su presencia en el joven paralizado. No hubo auto compasión por la injusticia de la vida, aunque el área de rehabilitación del hospital estaba llena de victimas de la arbitrariedad de la vida.

Nuestro encuentro con la parábola de Jesús nos invita a apreciar el regalo de la vida que nos encuentra a la mayoría de nosotros en el equipo de “trabajadores de una hora” aun cuando imaginamos que hemos estado en el viñedo de la vida por larguísimas horas. Jesús quiere provocarnos para contar nuestras bendiciones con nuevos ojos y con un corazón abierto. La fusión de la justicia de Dios y su misericordia está siempre en medio de nosotros. Nuestra tarea es crecer en una conciencia de la abrumadora bondad de Dios y no estar cegados por el traslado de cargas de nuestra vida diaria.
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VIGÉSIMO CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mateo 18: 21-35 
La comunidad que perdona 


El perdón está en el centro del reino que Jesús proclamó y vivió. En el principio, Él dijo, “Arrepiéntanse, el reino está cerca” (Mateo 4: 17) aquellos que aceptan la invitación al reino necesitan entender sus demandas. La intervención de Dios es una explosión desatadora y abrumadora de misericordia divina y perdón. Esto nos llama a todos a absorber y compartir la corriente dadora de vida de la nueva realidad que Jesús está liberando. Esta gran bendición de misericordia es un poder sanador que debe ser compartido. El perdón es para ser extendido a todos en la gracia y en la manera abundante que Dios ha desplegado. Lo que Dios quiere es “Misericordia, no sacrificio” (Mateo 9: 12; 12: 7)

El perdón es la sangre vital de la comunidad amorosa. Para cruzar este punto, Jesús usa una parábola. Las parábolas tienden a hacernos deslizar sobre la superficie y perderse la profundidad de su mensaje principal. Esto es especialmente verdadero con la parábola del siervo implacable. También deberíamos estar conscientes de que el rey es un rey gentil y no un sustituto de Dios.

Al leer y experimentar esta parábola, deberíamos poner atención a la gran sobreestimación que se usa para hacer sencillo y claro un punto. Las primeras exageraciones son sobre la deuda del sirviente implacable. En el contexto del tiempo de Jesús era el equivalente de billones de dólares. La plegaria del sirviente en ese tiempo fue otra decepción. No había manera en la que él pudiera pagar la deuda. La generosidad del rey en su perdón misericordioso está presionando de igual manera los límites de la imaginación. Luego, al recibir la increíble misericordia, el sirviente implacable casi inmediatamente ataca a su compañero sirviente, cuya deuda es bastante manejable. El segundo sirviente tiene casi una declaración literal por misericordia, pero es rechazado. Él es lanzado a la prisión quedando sin una forma de pagar la deuda y ninguna forma de ser libre.

Ninguna de estas cosas tiene sentido si el problema es pagar la deuda. Por supuesto, no lo es. El problema es el perdón recibido y el perdón que debe ser compartido. El rey no condena al siervo implacable porque él ha robado el dinero. La queja principal del rey es la falla al no compartir el perdón. La pregunta del rey es directa para cada uno de nosotros “¿No deberías tener misericordia de tu compañero como yo la he tenido contigo?” (Mateo 18: 34)

El atractivo es evidente. Hemos sido perdonados. En la economía divina, nuestro perdón tiene consecuencias. Debemos compartirlo con todos nuestros hermanos y hermanas. Si el perdón es verdaderamente nuestro don, fluirá hacia los demás. De otra manera, lo cancelamos si permanecemos cerrados y rígidos en la condición egocéntrica del sirviente implacable.

El punto es tan evidentísimo. Lo decimos en el Padre Nuestro. Lo expresamos en la regla de oro (Mateo 7: 12) El sermón en el monte está saturado con estas implicaciones. Más que todo, Jesús las pronuncia durante su muerte agonizante. Necesitamos perdonar, si no lo hacemos, bloqueamos el fluir de la misericordia divina. No podemos ganar el perdón de Dios, pero la simple verdad dolorosa es que podemos perderlo si no compartimos.

El mensaje principal de la parábola es una invitación a un mar de misericordia divina. La consecuencia de este regalo de gracia es nuestra responsabilidad hacia nuestros hermanos y hermanas. Nuestra ambigüedad nos dirige hacia una lucha para dejar ir las penas. La presencia de la cizaña y el trigo dentro de nuestro corazón nos impulsa lejos de la obvia y sobrecogedora demanda de perdonar a los demás. Aun con toda la claridad y el poder de la palabra revelada, sabemos cuan difícil es perdonar.

De hecho, perdonar es una de las tareas humanas más problemáticas. La inmensidad del daño, la infidelidad, la injusticia o la negligencia consumen nuestra alma. Para la mayoría de nosotros, el viaje del daño y el dolor al “yo te perdono” es un camino largo y atrincherado. El mensaje de hoy de la misericordia divina, tan claro y sobrecogedoramente correcto, es muy lento para penetrar un corazón dañado.

Me gusta describirlo así. Cuando viene la misericordia y el perdón, tendemos a usar una cucharita para medir nuestra distribución de misericordia a aquellos que nos han ofendido. Por la parte de Dios, la misericordia y el perdón son como un torrente que limpia todo a su paso. El contraste es alarmante, pero muy real.

Hay algunas cosas que podemos hacer para ayudarnos en este dilema. Deberíamos tener paciencia con nosotros mismos y admitir que debemos dejar ir el daño. Deberíamos orar por la persona y por nosotros. Deberíamos aceptar nuestra debilidad ante Dios y buscar inclinarnos ante el incesante amor y misericordia de Dios. También deberíamos enfrentar a otra auto decepción común. Nosotros etiquetamos a los individuos indignos de nuestro perdón.

Tomas Merton habla de lo absurdo de tratar de determinar quien es digno de nuestro perdón. Él pregunta quien de entre nuestros indignos es alguien por quien no murió Jesús. Sabemos bien que Cristo murió por todos, simple y sencillo. Necesitamos compartir ese amor universal en nuestra vida. Seguramente será una lucha perdonar. Pero también es una tontería pronunciar que tenemos una lista de los que no son dignos de nuestro perdón. Nuestra elección obvia debería ser usar la lista de Dios. Dios lo ha dejado claro, que cada uno de nosotros está en el inventario divino.
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VIGÉSIMO TERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mateo 18: 15-21 

Estimados amigos, El mensaje de hoy sobre el perdón y reconciliación es parte de una sección especial de Mateo (18: 1-35) sobre la iglesia como comunidad. La membresía de la comunidad cristiana está hecha de seres humanos imperfectos. Hay una gran necesidad de sanar las diferencias siempre presentes y los conflictos que surgen. Jesús presenta un programa de visión profunda y sabiduría.

Cuando suceden los conflictos, Jesús nos pide acercarnos con humildad y un corazón abierto para un perdón radical. Recuerda el sermón en el Monte (Mateo 5- 7) hay toda clase de enseñanzas sobre perdón y reconciliación. Un caso que es muy relevante es el mensaje de hoy “remueve primero la viga de tu propio ojo, para que veas claramente la pelusa en el ojo de tu hermano (Mateo 7: 5)

Segundo, Jesús nos aconseja sacar el conflicto o el dolor, a la luz del día. Traer amor y vulnerabilidad hacia aquel que nos ofende nos ayuda a ver desde otro punto de vista. Con frecuencia vemos que no hay solamente dos lados en cada historia. Algunas veces hay seis o siete maneras de interpretar la realidad.

Cuando necesitamos corregir a otros, la clave es el amor. Solamente el amor puede abrir una mente cerrada y un corazón cerrado. Las emboscadas emocionales con alta mentalidad de corrección y amonestaciones dolorosas con frecuencia abren la puerta para la reconciliación. El amor es un sendero para la sanación y para la verdad que nos hace libres.

La enseñanza de Jesús es guardarnos de la trampa de ser la víctima. La víctima busca dividir no sanar. Cuando somos la víctima, escalamos el problema al decirle a otros cómo hemos sido dañados. De esta manera nosotros alteramos aún más la comunidad. Lo que estamos haciendo únicamente es buscar poder para controlar a los demás.

Jesús nos pide involucrar a los demás en una forma completamente diferente. Solamente cuando hemos buscado realmente la reconciliación, es cuando involucramos a uno o dos en una forma positiva. La meta no es el castigo y control sino perdón y compasión.

Esta es la esencia del evangelio. Jesús precede esta lección con la historia del pastor que dejó noventa y nueve ovejas para ir en busca de la oveja perdida. Él continua al contestar la pregunta de Pedro de cuantas veces necesitamos perdonar. Jesús dice que no solamente vamos a perdonar siete veces sino setenta veces siete, que significa sin límites.

Sin embargo, Jesús también nos enseña que hasta el final vamos a tener la cizaña entre el trigo. Por el bien de la comunidad, va a ser necesario remover un impenitente de la comunidad. Pero aún en este caso, deberíamos seguir abiertos, y donde sea posible, buscar la reconciliación.

Finalmente, Jesús nos enseña a poner todo en oración. Como mi muy buena amiga Teresa de Ávila nos enseña, uno de los grandes dones de la oración es el autoconocimiento. Es con este don que podemos afrontar la vida en comunidad con humildad más profunda y una apertura más grande para no ser el primero en lanzar la piedra (Juan 8: 7)
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VIGÉSIMO SEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO


Mateo 16: 21-27 Estimados amigos, En el inicio del evangelio de Juan encontramos el centro del plan de Dios para la salvación. La proclamación que sacudiría el mundo. “El Verbo se hizo carne.” (Juan 1: 14) es el plan de Dios. Así es como Jesús aceptó el llamado para salvar al mundo. Volverse de carne no fue un evento aislado. Era al aceptar la totalidad de su humanidad que íbamos a ser salvados. Eso significa que Jesús nos aceptó a todos tal y como somos. Él nos abrazó a todos en nuestra quebrantada y pecaminosa condición como parte de su realidad. Para Jesús, esto significaba un encuentro con el mal que lo llevaría a su pasión y muerte.

De manera que, cuando Jesús nombró a Pedro la roca sobre la cual edificaría su iglesia, Él aceptó a Pedro, y a todos nosotros, sus seguidores, como somos: defectuosos, y en necesidad de ser reparados. Esta es la razón por la que es tan difícil para nosotros entender la iglesia. Es un hogar para pecadores en necesidad de ser sanados, un hogar para los quebrantados y perdidos en necesidad de plenitud y nueva dirección.

En el pasaje de hoy de San Mateo, Jesús le dice a Pedro, y a todos nosotros, su camino elegido para la salvación. Él iba a restaurar el mundo al entrar en el dolor y el sufrimiento de nuestra verdadera humanidad imperfecta para sanarla desde adentro. El sufrimiento y la muerte de Jesús son las últimas consecuencias de “El verbo se hizo carne.” (Juan 1: 14)

Pedro no pudo manejar las palabras de Jesús sobre la cruz y el rechazo, negación y muerte. Más bien él tenía una gran dificultad con la pérdida potencial del poder personal y el prestigio junto con la impensable invitación de tomar su cruz. Pedro estaba en shock por la nueva dirección de Jesús. Un camino que Pedro seguramente no había anticipado ni deseado. Jesús estaba remplazando la expectativa popular del poder militar y prosperidad privilegiada y poder para el pueblo elegido de Dios. Ahora Pedro estaba confrontado con la cruz y la pérdida de su comodidad y conveniencia. De manera que, él hizo lo que hemos estado haciendo a lo largo de la historia del cristianismo, haciendo a Jesús a nuestra imagen en lugar de aceptar a Dios en su palabra, que es Jesús hecho carne. Solamente en Jesús tenemos una verdadera expresión del plan de Dios para la salvación.

El mandamiento de Jesús es muy directo: “Ponte detrás de mí, satanás.” (Mateo 16:18) Pedro acababa de ser llamado “roca” pero ahora se había vuelto piedra de tropiezo.

En un nivel, Jesús está rechazando la declaración desacertada de Pedro. En otro nivel, es un mensaje de perdón. Jesús le está diciendo que se ponga detrás de Él y que sea un discípulo fiel siguiendo a Jesús. Aún cuando Jesús es muy claro en su rechazo, Él aun confía en Pedro y lo perdona.

Jesús comprendió claramente que el discipulado es un proceso, con mucha frecuencia un largo y arduo proceso de ensayo y error. Esta experiencia de Pedro es uno de los muchos eventos donde Jesús es paciente, amable y compresivo con Pedro, así como lo es con nosotros cuando debatimos en el camino a Jerusalén.

El anuncio de hoy del viaje a Jerusalén llevando al rechazo, sufrimiento y la muerte es la primera de las tres proclamaciones en los próximos capítulos del Evangelio de San Mateo. En cada capítulo los discípulos pierden el punto central totalmente.

Seguimos con la difícil tarea de aceptar a Jesús en sus términos y no en los nuestros. La iglesia está siempre en la lucha de buscar la integridad del mensaje del evangelio. Nosotros nunca estamos lejos de la tentación de decirle a Jesús cómo debería hacerlo a nuestro modo, así como lo hizo Pedro. Seguimos viviendo con falsas expectativas de tener esta comunidad perfecta y una vida personal libre de problemas para llevar el ministerio del evangelio. Encontramos duro aceptar que Jesús ha abrazado completamente nuestro ser en nuestro quebrantamiento y confusión. Él nos ha elegido como las vasijas de barro que somos para proclamar y celebrar el mensaje del evangelio.

No podemos soportar el escandalo sexual, el clericalismo, las expresiones anti femeninas de los oficiales del Vaticano, la riqueza distorsionada y tú nombra todo lo demás. La iglesia puede estar agonizando verdaderamente con mucha claridad en sus documentos y tal mediocridad en su realidad. Sin embargo, estas mismas fallas siempre son mezcladas con la increíble fidelidad de tantas familias que trabajan contra todo pronóstico, buenos sacerdotes tratando de hacer lo mejor que pueden, mujeres religiosas que siguen tranquilas y escondidas como heroínas del evangelio, el silencioso y amoroso sufrimiento de muchas vidas escondidas. La cizaña y el trigo estarán con nosotros hasta el final.

Jesús quiere que estemos abiertos al misterio de la encarnación. Necesitamos aceptarnos el uno al otro en nuestro quebrantamiento, así como Jesús hizo cuando se volvió carne. Pablo expresa la maravilla de este evento en su grandioso himno en la carta a los Filipenses:



Él compartía la naturaleza divina,

Igual a Dios por propio derecho,

Sin embargo, se redujo a nada,

Tomando la condición de siervo,

Y se hizo semejante a los hombres.

Y encontrándose en la condición humana,

Se rebajó a sí mismo

Haciéndose obediente hasta la muerte,

Y muerte de cruz.

(Filipenses 2: 6-8)

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DÉCIMO PRIMER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mateo 16: 13-20 

Estimados amigos, Pedro tuvo toda una aventura desde el momento en que Jesús le pidió dejar su bote y las redes y seguirlo. Él lo vio todo: los ciegos viendo, los tullidos caminando, los demonios siendo expulsados, la multiplicación de panes y pescados y por supuesto, su corto, fallido intento de caminar sobre el agua y algunas cosas más. Ahora Jesús les hace una pregunta, “¿Quién dicen ustedes que soy?” (Mateo 16-15)

Pedro estaba listo, o por lo menos así lo pensó. “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo” (Mateo 16: 16)

Pedro lo dijo correcto. Jesús le dijo: “Carne y sangre no te ha revelado esto sino mi Padre que está en los cielos.” (Mateo 16: 17)

Pero una vez más, Pedro tuvo esa expresión profundamente humana de la cizaña y el trigo, una mezcla de generosidad y testarudez. En el siguiente párrafo que es parte del evangelio de la próxima semana, Jesús derriba a Pedro con la frase, “retírate y ponte detrás de mí satanás.” (Mateo 16: 23)

Pedro pensó que ya habían llegado, pero Jesús tenía que darle amor duro para hacerle saber que estaban a mitad del camino. Pedro tenía que cambiar. Tenía que llegar a conocer a aquel en el camino a Jerusalén, un Mesías rechazado y sufriente. Pedro tenía que abandonar sus sueños de poder, prestigio y privilegio.

Todos nosotros tenemos que enfrentar la misma lucha cuando confrontamos la pregunta más importante de nuestras vidas. “¿Quién decimos nosotros que es Jesús?”

Como Pedro, tenemos un problema considerable cuando viene personalmente a nosotros tomar nuestra cruz y seguir a Jesús.

Al elegir a Pedro, Jesús obviamente eligió a un hombre imperfecto y dotado, una gran mezcla de yo y a la vez de altruismo. Jesús hace lo mismo con todos nosotros. Todos tenemos nuestro papel especial en esta gran ventura cristiana de seguir los pasos de Jesús.

A todos nosotros se nos han dado ciertas llaves, necesitamos estar seguros de usarlas para abrir las puertas en lugar de cerrarlas para testimonio de nuestras vidas. Jesús nos invita a seguirlo. Necesitamos orar para hacer esto. Nosotros oramos por muchas cosas, pero no hay regalo más grande que aprender orando que Dios nos ama. Conforme esta conciencia personal del amor de Dios crece en nuestro corazón, lentamente empezamos a aceptar a Jesús y su plan más que imponer nuestra agenda. Es solamente en el contexto de esta relación amorosa con Jesús que podemos contestar verdaderamente la pregunta más importante de nuestra vida: “¿Quién es Jesús para nosotros?

A diferencia de Pedro, no podemos hablar y caminar con Jesús de carne y hueso. Podemos, sin embargo, leer y orar los evangelios. Podemos permitir que las historias entren en nuestra mente y nuestro corazón. Esto nos llevará a orar: una conversación con alguien que sabemos que nos ama.

Esta oración de las escrituras es una rica tradición en nuestra fe católica que está siendo renovada en nuestro tiempo. Se llama Lectio Divina y tiene cuatro pasos sencillos. Primero leemos un pasaje de las escrituras, lo ponderamos y lo reflexionamos para ver cómo aplica a nuestras vidas y como nos llama a cambiar. Luego oramos, esta es la conversación que sabemos que es con alguien que nos ama y quiere permitirnos conocer lo que significa el amor personal para nosotros. Luego nos movemos a solamente descansar en silencio en la presencia de este Dios amoroso.

Esta oración será de mucha ayuda en la respuesta a la pregunta más importante que enfrentaremos en la vida. ¿Quién decimos que es Jesús? La respuesta correcta es el trabajo de toda una vida de oración.

En este encuentro, Jesús le dio a Pedro una tarea que debemos compartir. Debemos identificar a Jesús. Debemos creer en Él. Debemos guiar a otros a compartir nuestra fe y compromiso con Jesús. Debemos hacer esto más especialmente por la forma en que vivimos caminando en los pasos de Jesús.
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VIGÉSIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mateo 15: 21-28 

Estimados amigos, En los días de Jesús y desde los inicios de la historia de la familia de Abraham siempre atesoraron su herencia como el “pueblo elegido.” Es difícil para nosotros comprender cuan profundamente, los judíos en el tiempo de Jesús se vieron a sí mismos como el Pueblo Elegido de Dios ante la exclusión de todos los demás pueblos. Penetró e impregnó su realidad con una clara visión y un conjunto de protocolos extremadamente guardados que definían toda la interacción social con los gentiles. Los judíos amaban esa posición dada por Dios de privilegio y unicidad entre todos los pueblos.

El dialogo entre Jesús y la mujer cananea realmente nos desafía. Nosotros también necesitamos estar alertas de otra verdad muy profunda que está ocurriendo en este bello evento. El Dios de Jesús es el Dios de los Judíos. Era, sin embargo, el pueblo elegido por el que Jesús entró al mundo. El Dios de Jesús es el Dios de los judíos. La fe de la mujer en Jesús tuvo maravillosas consecuencias personales en la sanación de su hija. También desveló una gran verdad para los gentiles. Ellos vienen a Dios por la fe en Jesús.

La primera iglesia cristiana luchó por dos generaciones para romper las ataduras de esta esclavitud de exclusividad. A través de la historia, la iglesia, y todas las sociedades, han seguido manufacturando varias expresiones de este elitismo.

La historia de hoy del evangelio de San Mateo es tan relevante como el último titular de las noticias de la tarde.

Con el paso de los siglos, las voces de los cristianos han producido algunas fantasías increíbles para explicar el lenguaje tan áspero de Jesús dirigido a la mujer cananea. Sigue representando lo que es: una declaración del prejuicio ciego de sus tiempos. Me gustan especialmente aquellos que dicen que era protocolo y no prejuicio.

La historia está llena con protocolos que vinieron de leyes que simplemente escondían el prejuicio de ese tiempo detrás de una fachada legal. En Irlanda en 1710, una ley dijo que todos los lideres militares y del gobierno debían recibir los sacramentos de la iglesia de Inglaterra. Esta fue la primera de un conjunto de leyes penales que llevaron a la opresión y la pobreza de los irlandeses por más de dos siglos. En 1896, la Corte Suprema de Estados Unidos declaró que separado, pero igual era aceptable bajo la ley. Esto llevó al sistema de segregación que intentó deshumanizar a los afroamericanos durante décadas con frases como: “blancos solamente” y “el último asiento en el bus”, conjunto de protocolos que fueron considerados legales y correctos.

Con el pasaje de la Décimo novena enmienda en 1920 las mujeres finalmente cambiaron otro protocolo y ganaron el derecho a votar. Esto fue un gran paso en la lucha que continua hasta el día de hoy por la igualdad para las mujeres.

Cuando esta madre que pasaba una situación difícil confrontó a Jesús, ella estaba mostrando el camino para los oprimidos de toda la historia humana. Su acción y sus palabras eran una declaración sencilla de su dignidad sin importar lo que los protocolos y los prejuicios de su tiempo tenían para decir en su contra. En uno de los gestos más conmovedores de todos los evangelios, ella se arrodilla ante Jesús en total vulnerabilidad y ruega por ayuda.

Su ingenio giraba en torno a las palabras distantes de Jesús. Sin embargo, al final fue su fe la que movió a Jesús a expandir su misión cuando Él abrazó su dolor y sanó a la pobre niña.

Jesús vio y escuchó esta declaración de derechos humanos y empezó un viaje hacia la inclusividad que continúa para nosotros hoy en día. La gracia de Dios y el amor de Dios son para todos. No importa que tan profundas o expansivas sean las normas culturales, legales o teológicas que se usan para apuntalar los muros de aislamiento y separación.

En su brillante y sencilla respuesta a Jesús, la mujer cananea estaba hablando por todos nosotros. Somos los hijos de Dios. Después de tres confrontaciones, Jesús vio la luz y celebró su verdad expresada en su fe. Su hija fue sanada. Todos nosotros seguimos la sanación cada vez que vamos más allá de los protocolos aceptados y el prejuicio legalizado y abrazamos la humanidad de los “extranjeros.” No importa si el excluido es el ilegal, el musulmán, el homosexual o lesbiana, o simplemente una suegra o un suegro.

En nuestro tiempo, y a través de la historia, hemos usado etiquetas en nombre de lo correcto para esconder el odio y todas las formas de discriminación y actividad deshumanizadora. El anti semitismo ha sido proclamado y practicado a través de la historia en nombre de la religión cristiana. En la historia americana, hemos creado constantemente una hostilidad hacia los inmigrantes en nombre de la verdadera fe cristiana hoy, el racismo y todas las formas de hostilidad hacia el inmigrante se esconden detrás de una etiqueta honorable de nacionalismo cristiano.

El mensaje del evangelio de hoy nos invita a movernos más allá de la sencillez de las etiquetas a la realidad de la presencia de Dios en cada ser humano.

El corazón humano tiene una capacidad aparentemente infinita para dividirnos en “nosotros” y “ustedes.” El mensaje del evangelio de hoy es una invitación a alejarnos de la interpretación del sentido común de la realidad hacia la maravilla del mensaje del evangelio que Jesús modela para nosotros hoy. A través del poder del amor al extranjero abrazamos el potencial para transformar nuestro mundo quebrado en la maravilla del reino de Dios.

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DÉCIMO NOVENO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mateo 14: 22-33 

Estimados amigos, El mensaje del evangelio de hoy es claro. Jesús sigue uniéndonos en las tormentas y en las circunstancias amenazadoras de nuestra vida. Él puede parecer ausente, pero Él está ahí, ya sea en el mar que estuvo a punto de llevarse a Pedro o en el bote que evidenciaba una amenaza diferente.

La historia de hoy del evangelio de Jesús caminando sobre el agua está llena de simbolismo y ecos de lo divino del Antiguo Testamento. Los discípulos se encontraron solos en una barca azotada por la tormenta. Repentinamente, Jesús estaba presente para asegurarlos, enseñándoles a ellos y a nosotros, que no hay conflicto, no hay lucha, no hay dificultad o temor tan grande que la Providencia de Dios no pueda resolver.

De forma más inmediata, la historia del bote en la tormenta es la manifestación de las luchas de la iglesia en los primeros días de su existencia y a lo largo de su historia. De igual manera, el episodio con Pedro hundiéndose en el agua es una expresión de la experiencia básica humana de ser totalmente vulnerables.

Pedro es audaz y aventurero al gritarle a Jesús, “Si tú eres el Señor, mándame a caminar contigo sobre el agua.” (Mateo 14: 28) Pedro empezó su caminata sobre el agua, pero la realidad abruma su débil fe. Conforme Pedro enfrenta el momento de la verdad y empieza a hundirse, él grita, “Señor, sálvame” (Mateo 14: 30) Esta es una expresión de la realidad desnuda y sin filtrar de nuestra humanidad. Al final, somos totalmente dependientes de Dios.

Jesús dice, “No tengan miedo” (Mateo 27) Esta frase es expresada más de trescientas veces en la Biblia. Cada vez nos introduce en la amorosa providencia de Dios, la gracia de la presencia de un Dios amoroso y compasivo. Llamarlo una declaración de comodidad está muy lejos de alcanzar el objetivo. Revela un Dios profundamente comprometido en la lucha humana con el poder de la sanación y liberación. Este episodio, como muchos en la Biblia, revela un Dios que está siempre personalmente presente para nosotros en nuestras luchas. En el episodio de hoy, como un ejemplo, Pedro termina de nuevo en el bote y no en el fondo del mar.

La ventura fallida de Pedro tuvo algunas consecuencias muy beneficiosas. Él aprendió que la exposición aguda de su propia debilidad trajo a la luz el poder salvador del Señor. Inmediatamente, Pedro experimentó la limitación de su propia fe.

Al mismo tiempo, él tuvo el buen sentido de llamar a Jesús. Su “Sálvame Señor” no fue un regalo pequeño. Abrió su corazón a una confianza más profunda en Jesús y a una conciencia de la fragilidad de su fe. Este es el sendero de la fe, un crecimiento lento paso a paso en medio de la áspera y caída realidad del día a día. Para Pedro y para nosotros, nuestra experiencia de fe está siempre conectada al llamado de Jesús y no a nuestros deseos. El verdadero encuentro con Dios siempre será sobre el servicio y el sacrificio más que de egoísmo e indulgencia.

Todos tenemos nuestros momentos de “Señor sálvame” Ellos tienden a ser menos pero más intensos conforme pasan los años. Al final, la situación crece en claridad de que verdaderamente estamos en la tormenta y que estamos a punto de hundirnos. La realidad por la necesidad de Jesús crece en nuestro corazón. Podría ser una crisis de salud, como experimentamos en la pandemia, un hijo o un esposo atrapado en una adicción patológica, la pérdida de un ser amado, las consecuencias de una economía fuera de nuestro control, la emergente hostilidad del cambio climático o simplemente el incesante proceso de la vejez. Los titulares de hoy traen una nueva historia, pero manifiestan la misma tensión que es la siempre presente impredecibilidad de la vida. Siempre estamos justo a un ladito de la tormenta, cuando no que ya estamos en ella. Todos estos elementos de estrés ponen presiones extraordinarias en nuestra vida personal, familiar y comunal. Cualquiera que sea la situación, estos eventos es todo un pago de nuestra última experiencia humana, nuestra mortalidad. La profundidad del grito, “Señor, sálvame” se vuelve más intenso y más dominante. Al mismo tiempo, la necesidad por la mano de Jesús se vuelve más claro y más fuerte e increíblemente más importante. Necesitamos mantener nuestros ojos fijos en Jesús.

San Agustín dice esto sobre Pedro y nuestra experiencia en las tormentas de la vida “Él venía caminando sobre las olas, y entonces, Él aquieta todos los tumultos crecientes de la vida bajo sus pies. (cristianos, ¿por qué temer?)

Santa Teresa de Ávila ofrece una conclusión clara de las reflexiones de hoy. Teresa dice que la historia de su vida es la historia de la misericordia de Dios. Con esto ella quiere decir que cuando ella llegó al momento más profundo y claro de su vida, su momento “Señor, sálvame”, ella aprendió lo que significa ser una criatura. Ella abrazó el hecho de su realidad como criatura porque para ella eso significaba ser acunada en las manos amorosas de un Dios de gracia revelado en su gran amigo y salvador Jesucristo. La última realidad es que Dios es bueno no que nosotros seamos buenos. Al final, la misericordia sin límites de Dios es su victoria.

Es un viaje para que sepamos que la vida también es, en su expresión final, la historia de la misericordia de Dios. Que, en verdad, es una belleza como Pedro la encontró en la historia de hoy.
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DÉCIMO OCTAVO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO


Mateo 14: 13-21 Estimados amigos, La cena de hoy no es principalmente sobre la eucaristía. Sin embargo, refleja la belleza y maravilla del regalo eterno de Jesucristo. Se nos ha dado un símbolo del final, el banquete Mesiánico, el gran día de la victoria total sobre el mal y la muerte. Mientras el pan y los pescados son distintos del Cuerpo y la Sangre de la última cena, son un buen recuerdo de la bendición de la Eucaristía para nuestro viaje diario.

La historia de hoy es sobre los panes y los pescados como un signo del poder de Dios, de su compasión y amor. La historia aparece en seis momentos diferentes en los evangelios. De igual manera, es la única historia de un milagro que aparece en los cuatro evangelios. Obviamente, hay un mensaje profundo para nosotros en este patrón repetitivo tan especial.

La historia mira hacia adelante y hacia atrás en el plan divino. Claramente tiene ecos del Maná en el desierto (Éxodo 16) y un corto similar de Elías alimentando a la multitud con unos pocos panes (II Reyes 4: 42-44) Lo más importante, el lenguaje que Jesús usa es similar al de la institución de la Eucaristía en la última cena (Mateo 26:26) Finalmente, presagia el banquete Mesiánico al final del tiempo.

Jesús lamentándose por la muerte de Juan el Bautista, fija el contexto para este gran milagro. Jesús modela la generosidad al dejarse a sí mismo para ver las necesidades de la gente a su alrededor. Él respondió a la gente buscando la Palabra de Dios y agregó el gran don de el Pan de Dios, todo esto sucede porque “Su corazón fue movido por la compasión…” (Mateo 14: 14)

Al situarlo después del banquete de Herodes donde Juan el Bautista fue decapitado, Mateo agrega la poderosa historia de los panes y los pescados. Las diferencias en los dos banquetes son sorprendentes. Aquí están solo unos de los pocos contrastes revelados en las dos comidas:

Nuestro mundo hoy en día, y a través de la historia está organizado con los valores de la cena de Herodes, valores de exclusión, violencia y celos. El evangelio nos llama a entrar en el mundo de Cristo al compartir paz, servicio e inclusión de todos.

El festín de Herodes degradaba a las mujeres mientras que el de Jesús reunía y celebraba la dignidad de todos. Los invitados de Herodes eran los ricos, poderosos y con derechos. Los invitados de Jesús eran los pobres, hambrientos y abandonados. Herodes desplegaba extravagancia y desperdicio. Jesús satisfizo a todos y sobraron doce cestos de comida.

Jesús nos enseña que, en el mundo del evangelio, el mundo se abre y acepta del Padre amoroso que Jesús vino a proclamar que las cosas son diferentes. Cuando tú regalas siempre hay más. Solamente cuando esperamos y acumulamos y buscamos encontrar nuestra seguridad en nuestras posesiones experimentamos pérdida e inseguridad y temor. En el mundo de Jesús empezamos a ver a los pobres y hambrientos no como una inconveniencia y carga sino como una oportunidad para compartir y servir y amar. De esta manera multiplicamos nuestros propios panes y pescados pocos como pueden ser.
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DÉCIMO SÉPTIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mateo 13: 44-52

Estimados amigos, Muchos eruditos de la Biblia dicen que la parábola de hoy del tesoro es la más importante de todas. Empieza con la declaración: “el reino del cielo es como…” (Mateo 13: 44) “El reino de Dios” está en el centro de las enseñanzas durante el ministerio de Jesús. Es el plan de Dios que Jesús sobrepasara el odio con amor. Algo que Dios está haciendo no es algo que podemos poseer o adquirir. El reino nos libera de las consecuencias del pecado. Es el movimiento hacia la restauración y total armonía y bienestar del paraíso. Todos los milagros de Jesús manifiestan la presencia salvadora de Dios trayendo esta plenitud anticipada y también libertad. La última expresión de la afluencia de este poder divino está en la conquista de la muerte y en la resurrección.

El reino es el regalo de Dios. Nosotros no lo ganamos, pero necesitamos estar abiertos a su llamado. El reino nos permite entrar y participar en la misma vida de Dios. El reino es caminar con Jesús. Es permitir que los valores del mensaje del evangelio llenen nuestra vida y nuestro corazón. Este gran acto de Dios es como que ganamos la lotería de los valores eternos de nuestros sueños materialistas.

El reino no es algo que nosotros hacemos. Es Dios llamándonos a participar en la acción salvadora de Dios en nuestras vidas diarias. Es nuestro compartir en la acción del reino. La acción multiplicada por tres de la parábola de hoy es: encontrar-vender-comprar. Es un método básico de cómo participamos en la vida de Dios. Es el proceso de nuestra transformación personal. Esto significa moverse del mundo engañoso de nuestra auto absorción hacia el mundo confiable donde Dios es el centro de la realidad. Esto afecta todo lo que experimentamos de una nueva manera: el tesoro ante nosotros es la Buena Nueva de Jesús. Es la maravilla de ser capaces de amar y ser amados. Esto nos invita a entrar en un mundo completamente nuevo de servicio y compasión, de reconciliación y sanación, misericordia y justicia.

En el capítulo trece de Mateo la frase “reino de los cielos” aparece nueve veces. De manera que, la pregunta para nosotros es, ¿cómo esta sencilla historia del tesoro encontrado nos conecta a esta gran acción salvadora y liberadora de Dios revelada en Jesús? La parábola del tesoro, más clara que la mayoría de las otras parábolas, nos dice cómo experimentamos a Dios y lo que necesitamos hacer para responder a este llamado glorioso.

El encontrar es un encuentro muy común con alguien o algo. El encuentro es el hambre más profunda en el corazón humano. Puede ser un evento tan profundo, como enamorarse, tener un hijo o perder a un ser querido. O puede ser un poco más mundano como decidir ir a la universidad o volverse más activo en la iglesia o en la comunidad.

Expresiones interminables de este encuentro son todos parte de nuestro viaje humano. Todos ellos pueden ser sencillos o profundos, sin embargo, son la acción de la gracia de Dios. Dios nunca termina con la dinámica de su llamado y su venida a nuestras vidas.

Para sostenerse de este gran regalo de Dios, necesitamos vender. Necesitamos hacer espacio en nuestro corazón. Necesitamos morir a nuestro control y comodidad. Nuestra responsabilidad es aceptar el hecho de que nuestro pequeño mundo necesita un cambio real. Necesitamos expandir nuestros horizontes. Al final, vender no cuesta menos que cualquier otra cosa porque hace espacio para Dios y espacio para que nosotros podamos operar de acuerdo a la voluntad de Dios.

El paso final es comprar. Cuando aceptamos el desafío, nos volvemos libres y empoderados para aceptar un nuevo mundo, una nueva realidad donde Dios toma un lugar prominente de honor. Esto nos lleva a la acción para el reino.

El proceso encontrar-vender-comprar es una parte esencial de cualquier vida espiritual auténtica, nuestra búsqueda de Dios. La parte más crítica de esto. Cualquier criatura nos ayuda a buscar a Dios o también pueden ser un obstáculo. Nuestro gozo es traer todas estas relaciones a la gente, cosas, ideas o lo que sea que se nos ocurra en nuestra vida en el orden apropiado. Cualquiera nos ayuda o cualquiera es obstáculo en nuestra búsqueda de Dios. Cuando tenemos nuestro encontrar-vender-comprar, en orden, estamos compartiendo la gran acción de Dios que es el reino.

El proceso de las tres cosas nunca termina. Todos llevan a una transformación personal y social llamada el reino de los cielos en el evangelio de San Mateo.

La parábola del tesoro con su sencillez expone como experimentamos a Dios en el curso normal de nuestra vida diaria. Es un llamado interminable que viene de un Dios de gracia para dar un toque al hambre más profunda en nuestros inquietos corazones. La última y más completa expresión del tesoro es Jesús.
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DÉCIMO SEXTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

MATEO 13: 24-30 

Estimados amigos, La parábola de hoy de la cizaña y el trigo, como todas las parábolas, nos habla del mensaje principal de Jesús, la venida del Reino de Dios. Conforme entramos en la parábola empezamos a ver cómo experimentamos la presencia y la acción de Dios en nuestra vida diaria. El conflicto básico de la cizaña y el trigo, el bien y el mal, impregna toda nuestra realidad.

Es claro que Dios está a cargo de la cosecha, nosotros tenemos la tendencia de tomar el trabajo. La mayoría de nosotros tenemos por lo menos un máster en determinar quienes son las buenas personas y las malas. Jesús preferiría que le dejásemos ese trabajo al Padre. Es por eso que, en las enseñanzas de Jesús, poner la otra mejía es mucho más prioritarios que un puño cerrado.

Yo tenía mi introducción a esta parábola de la cizaña y el trigo cuando era un estudiante de segundo año en el bachillerato. Era el tiempo de las audiencias de McCarthy en la televisión. Los políticos de ese tiempo señalaban la infiltración de comunistas en nuestro gobierno y sociedad. Yo estaba muy interesado en este tema.

Al principio, era muy confuso porque había dos puntos que eran muy claros en el gueto del lado sur de mi comunidad irlandesa. Los comunistas eran malos hasta los tuétanos y los católicos eran buenos. Conforme el drama político en la televisión evolucionaba. Lentamente experimenté una embestida en mi prejuicio católico. Aun cuando el senador McCarthy estaba contra los comunistas y era un católico, él estaba siendo etiquetado como el tipo malo. Dolorosamente empecé a darme cuenta que él, era en verdad un tipo malo, el tipo realmente malo. Sus amplios e indiscriminados golpes de acusaciones dejaron un largo sendero de víctimas inocentes. La justicia se perdió al calor de la búsqueda de ventajas políticas. Eventualmente, él fue censurado por el Senado. Esta fue una de las únicas tres condenas en la historia de Estados Unidos.

Este fue el inicio del viaje de toda una vida, donde el claro blanco y negro de mi mundo tuvo que dar paso y aceptación al gris de un mundo complejo, un mundo donde las cizañas y el trigo crecían juntos.

Entre otras cosas, esta parábola nos está llamando a una visión siempre en expansión del evangelio para incluir y aceptar a los demás. El llamado de Jesús a entrar en el reino incluye a muchos pecadores. No tenemos derecho a hacer menos que eso. Dios nos está llamando a compartir su paciencia y misericordia. Nuestro corazón es un campo con mucha cizaña que nos inclina a dividir, a separar, aislar, y más que todo a juzgar. La parábola de la cizaña y el trigo abre al misterio de la justicia y misericordia de Dios invitándonos a entrar en un programa siempre expansivo de inclusión y perdón.

Si solamente tomo los temas de la raza, orientación sexual y respeto por las mujeres en mi propia experiencia personal, puedo ver una abundancia de ceguera, ignorancia, hostilidad abierta y un profundo prejuicio fluyendo y refluyendo a una dolorosa evolución de cambio. La venida del reino me ha desafiado lentamente a crecer en tolerancia, confianza y paciencia. El autoconocimiento solamente viene con esta apertura al llamado de Dios para ser compasivo y paciente. El autoconocimiento siempre revelará un corazón floreciente con abundante cosecha de cizaña y trigo. La lucha para vivir de una manera amorosa con ambos seguirá hasta el final.

La guía de la parábola de hoy nos llevará a separar el mal del hacedor de mal, el pecado del pecador. Nosotros somos más ricos nutriendo el trigo al vivir el evangelio. Demasiada energía va a la cizaña si nos sentamos a juzgar a nuestros hermanos y hermanas. Todos somos mejores si nuestra tarea principal es seguir al manso y humilde Cristo. Dios es muy capaz de discernir cómo tratar la cizaña que está dentro de nosotros y dentro de nuestros hermanos y hermanas. Necesitamos crecer en la conciencia de que el verdadero poder de Dios está en la misericordia de Dios. Esto destaca en Jesús en la cruz.

Esto es por lo que el evangelio se enfoca en los interminables encuentros con las llamadas del mal, debemos enfocarnos en que necesitamos proclamar al Jesús de misericordia y compasión. Necesitamos ofrecer una mano abierta más que un corazón cerrado.

Santa Teresa de Ávila tenía un entendimiento dotado de grandes dones y gracia de sí misma. Aun cuando ella eventualmente sería reconocida como la primera mujer Doctora de la Iglesia y una famosa santa Carmelita, ella vio claramente su cizaña. Ella supo que su vida fue un regalo de Dios. Ella lo dijo con frecuencia, la historia de su vida era ultimadamente la historia de la misericordia de Dios. Ella verdaderamente tenía tolerancia por los demás, confianza en Dios y paciencia con ella misma. Ella entendió, como nosotros necesitamos entender hoy, que el reino de Dios está cerca y con el viene el amor y la misericordia y la justicia revelados en Jesús. Mientras tanto, Dios quiere que seamos fieles a las labores de la cosecha.
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DÉCIMO QUINTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mateo 13: 1-9 

Estimados amigos, El mensaje del evangelio de hoy del sembrador es uno de los tres domingos proclamando parábolas del capítulo trece de San Mateo.

Una parábola es simplemente una historia tomada de los eventos ordinarios de la vida diaria que lleva a una visión más profunda de la realidad. Aun cuando las parábolas están propensas a diferentes interpretaciones, todas ellas llevan a una visión dentro del mensaje de Jesús, el Reino de Dios. Ellas develan la presencia salvadora de Dios en nuestra experiencia humana diaria.

La parábola de hoy es sobre el sembrador de las semillas. Unos pocos hechos de esta práctica agrícola en el tiempo de Jesús son de mucha ayuda para llegar al mismo término con este mensaje de la parábola.

Primeramente, el lanzamiento indiscriminado de las semillas no parece ser una idea tan brillante. Sin embargo, tiene un poco más de sentido cuando nos damos cuenta que la costumbre judía era arar después de lanzarlas. En la mayor parte del mundo se hace lo opuesto.

Segundo, entre un ocho y diez por ciento del campo era considerado bueno para sembrar las semillas.

En la parábola de hoy del sembrador, estamos invitados a comparar la Palabra que recibimos con una semilla. Cada semana estamos convidados a escuchar una vez más la palabra de Dios. La iglesia nos ofrece la liturgia como un suelo fructífero para animar el crecimiento de la palabra en nuestro corazón y en nuestra vida. Es nuestra tarea hacer que la palabra florezca y sea el crecimiento fructífero del reino en servicio y amor.

La parábola del sembrador nos permite saber que hubo un rango de respuesta al mensaje de Jesús en la primera iglesia. Ese mismo es verdad ahora. Aún más, es verdad en lo más profundo de nuestros corazones, donde la aceptación de la palabra de Dios está siempre en turbulencia y ambigüedad. Necesitamos seguir la lucha para ser suficientemente generosos para producir treinta veces, sesenta veces y cien veces.

Para Jesús, el desafío primario del reino se relaciona con el corazón humano. Es en el corazón donde uno resuelve la lucha entre el pecado y la gracia, el amor y el odio, la inclusión y la exclusión; y como en el ejemplo de hoy, entre la cizaña y el trigo.

Consecuentemente, podemos entrar en el mundo de la parábola de Jesús y conseguir algo de verdadera sabiduría. Las semillas son lanzadas en todo tipo de suelo. El mensaje de Jesús es para toda la gente, no importa cuales sean sus circunstancias. El llamado universal está en el centro del mensaje de Jesús.

Todo mundo es bienvenido a la mesa. Por supuesto, “toda la gente” siempre ha sido una elección difícil para todos los cristianos a través de la historia. Inevitablemente, tener un grupo de “toda esa gente” o extranjeros, que no iban a ser incluidos ha sido un desafío universal para todos los seguidores de Cristo. Por siglos ha sido el problema racial. Hace muchas décadas, fueron los protestantes y los divorciados. Recientemente, los homosexuales y los musulmanes estuvieron en el tope de las listas de “esas personas.”

Hoy, estamos llenando ese vacío hecho por el progreso de la comprensión y aceptación social de los rechazos de ayer con nuevos rechazos. Hoy, los transgéneros se están moviendo para volverse el nuevo blanco del rechazo. El fracturado corazón humano se asegurará que nunca nos quedemos cortos de grupos para aislar y desechar.

Otro punto a considerar fue el regreso a multiplicar por treinta veces, por sesenta y por cien veces. Estos números son indignantes. En el tiempo de Jesús, un nivel de ocho a un diez por ciento era considerado muy productivo. Aún más indignante es el amor de Dios. El corazón es el hogar de esa buena tierra que se abre a increíbles nuevas posibilidades aún en este oscuro valle de lágrimas.

La parábola del sembrador revela un misterio en la vida, una posibilidad de una explosión de amor que está escondido en el fluir ordinario de eventos. La realidad está impregnada con gracia y dones más allá de nuestros sueños cuando abrazamos el llamado de Jesús. El resultado del «sí» a Jesús lleva a una nueva vida de libertad y reconciliación que nos guía en la búsqueda para crear un nuevo mundo de justicia, sanación y paz.

La aceptación del llamado de Jesús es la transición a un mundo innovativo de aceptación e inclusión, el comienzo del reino de Dios aquí y ahora. En la lotería de Jesús, la combinación ganadora es 30, 60, y 100. El premio está en la victoria del amor sobre el odio, la paz sobre la violencia, la armonía sobre la división y un corazón humano con un profundo sentido de plenitud, libertad e integridad.

La parábola de hoy del sembrador celebra la universalidad del evangelio. No hay extranjeros en la agenda de Jesús. Es un programa de amor y tolerancia indiscriminados.
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DÉCIMO CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mateo 11: 25-30 

Estimados amigos, En el pasaje del evangelio de hoy, tenemos una atractiva invitación para ser libres de nuestras cargas. Haremos esto cuando descubramos el verdadero centro de la existencia humana. Este es un movimiento fuera de nosotros mismos y que Dios está revelando en Jesús.

Muchas veces, como pastor, aconsejé a mucha gente que Dios no nos permite ser cargados más allá de nuestras habilidades para aceptar los problemas de la vida. Muchas veces obtuve la respuesta: “Bueno, Dios no ha revisado mi situación recientemente porque yo estoy sobrecargado.” El mensaje de las lecturas de hoy nos asegura que Dios está actualizado sobre el estado de los quehaceres en cada una de nuestras vidas. En verdad, el Padre ha enviado a Jesús para compartir nuestras dificultades y juicios y para mostrarnos un nuevo camino y una nueva sabiduría que transforma nuestras cargas en libertad.

En el evangelio de hoy, Jesús se presenta a sí mismo como aquel que verdaderamente conoce al Padre y su voluntad compasiva y salvadora. Cuando Jesús nos está invitando a venir hacia Él, nos está invitando a hacer una elección no solamente contra los líderes religiosos sino a toda la decepción y distorsión humana a través de la historia hasta llegar al presente. Nos está invitando a hacer una elección contra la manipulación de la ley que los Sacerdotes, los Escribas y los Fariseos usaban para mantener poder, privilegio y riqueza. Estamos invitados a venir a Jesús libres de las cargas de cualquiera y de todas las versiones engañosas de la ley. Jesús no ofreció el yugo gravoso de la torsión inclinada de la ley. El suyo fue el yugo de la obediencia fiel y amorosa de la voluntad de Dios. Con Jesús, estamos invitados al mar de misericordia y amor que produce la verdadera comprensión de la ley. La aceptación honesta de la ley trae descanso y libertad genuinos. El descanso que promete Jesús no es la falta de trabajo y cansancio. El descanso que Jesús está proclamando está enraizado en el Día de Descanso de Dios, en el séptimo día de la creación, el Sabbath. Esta es la plenitud de la vida en el reino. El descanso es aquí y ahora, en esta vida, y se abre a la vida eterna.

Jesús dice, “Vengan a mí.” (Mateo 11: 28) Jesús no ofrece el yugo gravoso creado por los líderes religiosos de su tiempo. Como la plena y privilegiada fuente de la revelación completa del Padre, el yugo que Él ofrece, “Es liviano, y la carga ligera.” (Mateo 11: 30) Vamos a tomar su yugo; un yugo enraizado en el amor y no en la obligación. Esto es muy diferente del yugo que ofrecen los líderes con sus varias complejidades, y aun con decepciones, de un sistema legal extraviado. Este fue el caso en el tiempo de Jesús y con frecuencia es la misma distorsión en nuestro tiempo.

Las enseñanzas de Jesús van más allá de los rituales y los dictados externos. Es una invitación para ir a las profundidades de nuestro ser. Este mensaje de Jesús siempre está centrado en el compromiso del corazón y de las relaciones que son verdaderas y significativas.

¿dónde encontraremos descanso para nuestras almas?, ¿dónde descubriremos la paz que anhelan nuestros corazones?, ¿dónde encontraremos la sabiduría que nos hará libres? Jesús abre el camino en su invitación: “Vengan a mí.” (Mateo 11: 28) Jesús nos está invitando a abrazarle a Él y a sus citas para amar. Él nos está llamando a las profundidades de la justicia en el corazón. Él nos está llamando a vivir en apertura y aceptación con todo el prójimo, nos está llamando a tirar los “haz y no hagas” interminables y a tomar nuestro camino a la libertad que ofrece el amor verdadero.

Cuando venimos a Jesús, encontraremos otra manera de vivir, en la manera de Jesús, somos sumergidos en un amor que nos ilumina con la sabiduría para ver el camino de la verdad y el amor. La lucha continua para romper las ataduras del interés propio para acoger el compromiso con el sacrificio y el servicio, para eliminar la seguridad enraizada en las posesiones excesivas, todas estas preferencias llevan a encontrar descanso para nuestras almas. “Sí, mi yugo es liviano y mi carga ligera.” (Mateo 11: 30) Jesús nos llama a un amor a Dios y un amor al prójimo que promete alegría y paz ahora y una vida eterna en el futuro.

El amor es la fuerza motriz detrás de la promesa transformadora de Jesús para aliviar la carga de la vida. Necesitamos mantener nuestros ojos fijos en Jesús porque Él posee las semillas de la sabiduría que nos llevan a la plenitud del reino del Padre.
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DECIMO TERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mateo 10: 37-42 

Estimados amigos, Las enseñanzas de hoy en el evangelio de San Mateo tratan sobre las palabras finales de la misión de nuestro Jesús. Las tres primeras respuestas de los discípulos ante el desafío de Jesús para misionar. Ellos lanzaron las demandas de ser misioneros. Las siguientes tres declaraciones son sobre la respuesta de aquellos que recibieron el mensaje del evangelio.

Está claro que, si vamos a caminar con Jesús, tenemos que pagar un precio. El sacrificio y el sufrimiento son parte del viaje. Este es el camino a la vida y la libertad en la experiencia del evangelio. La ley del amor del evangelio significa que no hay lugar para el egoísmo al seguir a Jesús. Nuestra salvación se encuentra al salirnos de nosotros mismos en servicio y reconciliación. Con el desafío perenne por la justicia racial, con las drogas alimentando el azote de las pandillas y la violencia de las armas, con la amenaza intensificada del cambio climático, todo lo que necesitamos hacer es revisar nuestra red social favorita por el resto de nuestro creciente caos. La calamidad parece estar siempre más cerca. Jesús nos enseña que la respuesta más realista a nuestra crisis es el llamado al auto sacrificio proclamado en el evangelio de hoy.

Las palabras aparentemente severas de Jesús hoy sobre la familia son simplemente una invitación para poner todo en orden. Cuando amamos a Dios primero, no solamente amamos a nuestra familia más, este amor es más desinteresado y dador de vida. Este amor es libre de decepción e ilusión.

Me gusta reflexionar sobre nuestro encuentro con el llamado de Jesús para misionar con este ejemplo. Cada mañana, nos despertamos con una nota de Dios sobre la mesa imaginaria junto a nuestra cama. Este texto divino es una lista de cosas para hacer hoy. Las prioridades principales son nuestras relaciones y responsabilidades. Cada una de las tareas de responsabilidades y relaciones identifican a alguna persona que es nuestro maravilloso regalo por parte de Dios en todos los aspectos de nuestra vida. Algunos de estos individuos representan la cruz de la que está hablando Jesús: “Cualquiera que no tome su cruz y me siga no es digno de mí” (Mateo 10: 38) cada uno de nosotros en el viaje de la vida ha creado una red de amigos de clases diferentes que necesitan nuestro amor y servicio.

Estas personas específicas son la expresión más clara de la voluntad de Dios para nosotros.

El discipulado de Jesús nos llama para enriquecer y expandir nuestra visión del mundo. Nuestras responsabilidades diarias de familia, trabajo, obligaciones sociales y comunales abren a nuevos horizontes para guiarnos al caminar con Jesús. Estamos invitados a ir más allá de la superficie y fuera de los estrechos límites de nuestra zona de comodidad. Estamos llamados a entrar en las profundidades de la vida donde encontramos las maravillas del amor de Dios en el fluir ordinario de la vida diaria. Nuestra tarea es traer amor a las circunstancias concretas de nuestra vida diaria.

La ley del amor del evangelio busca llevarnos más allá del siempre presente impulso de nuestro profundamente arraigado egoísmo. La voluntad salvadora de nuestro Dios se encontrará en nuestra apertura a las necesidades de nuestros hermanos y hermanas.

Jesús lo deja claro. Necesitamos sacrificio y reflexión más profunda para transformar nuestras vidas con nuestras familias y con nuestras responsabilidades comunales y profesionales. Este mismo esfuerzo de sacrificio se abre a cómo nos relacionamos con nuestro prójimo, incluyendo como enfrentamos el desafío de un mundo sufriente que está relacionado inmediatamente a la indulgencia de nuestro estilo de vida. Nuestra cultura consumista siempre está buscando expandir y satisfacer nuestros deseos. Estamos al borde de destruir nuestro planeta. La voluntad de Dios es clara. ¡Ya es suficiente!

El evangelio de hoy nos dice que aquellos que se buscan a sí mismos están en camino a la auto destrucción. Nuestra relación con Dios, con nuestros seres queridos, con nuestra situación de vida, solo encuentra vida en la auto entrega.

“Cualquiera que no tome su cruz y me siga no es digno de mí. Cualquiera que busque salvar su vida la perderá; cualquiera que pierda su vida por mi causa la encontrará” (Mateo 10: 38-39)

El Jesús de los evangelios es claro. El camino a la vida es por medio del sacrificio, negarse a sí mismo y tomar nuestra cruz diaria. Nuestra grande y continua tentación es crear a un Jesús nuevo a nuestra imagen que nos libere de la claridad y la inmediatez de este potente mensaje.
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DECIMO SEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mateo 10: 26-33 

Estimados amigos, La selección del evangelio de hoy tiene a los discípulos a punto de iniciar su primera ventura misionera. Jesús los está consolando para alejar cualquier temor. Él les está hablando sobre la constante providencia del Padre. Jesús los está dirigiendo a una experiencia humana universal de temor en sus muchas manifestaciones.

Al dirigir el perplejo tema del temor, la Biblia tiene más de setecientas declaraciones sobre este tema. Cada vez, alguna forma de temor es mencionada, el texto bíblico tiene una respuesta expresando un profundo sentido del amor providencial de Dios.

El pasaje de hoy, como muchos de la palabra de Dios, muestra que la fe libera, empodera, anima y ofrece esperanza. En contraste, el temor encarcela, debilita, paraliza e invita a la desesperanza.

El mensaje de Jesús nos ofrece un enfoque triple contra el temor. Su primera declaración contra el temor es que sus enseñanzas tendrán poder liberador. Este punto ha estado escondido, pero ahora es revelado. Segundo, Jesús había dicho al principio que ellos serían como ovejas entre lobos (Mateo 10: 16) Sin embargo, ellos necesitan moverse hacia adelante sin temor. Finalmente, la tercera declaración contra el temor está basada en el cuidado compasivo y amoroso de Dios. Jesús usa los ejemplos de todos los días de los gorriones y de los cabellos en nuestra cabeza.
En el tiempo de Jesús, los gorriones eran vendidos a dos por un centavo y cinco por dos centavos. Aún así Dios conoce cada movimiento de ellos. El cabello en la cabeza de una persona promedio ofrece una prueba real para mantener una cuenta exacta. Si Dios puede mantener un rastreo de estos dos oscuros y casi frívolos puntos, infinitamente más esforzado es el cuido amoroso de Dios por cada uno de nosotros. Esta providencia amorosa del Padre es la verdad central de la enseñanza de hoy. Todos los demás elementos necesitan ser entendidos en este testimonio.

Hay dos clases de temores. El primero es de ayuda y muy razonable. Jesús está hablando del segundo temor que está enraizado en la ignorancia y en la ilusión. Este temor es una fuerza paralizante que agarra a la persona asustada. Este temor distorsiona la realidad en detrimento de las responsabilidades y las relaciones de la persona. Este temor estanca el crecimiento y engaña la razón. Este temor patológico destruye la esperanza y la libertad. Franklin D. Roosevelt habló de este temor en su famoso discurso inaugural: “La única cosa a la que debemos temer es al temor mismo – sin nombre, sin razón, sin justificación, es un terror que paraliza necesitando esfuerzo para convertir el retiro en avance”

Todos nos encontramos en estos días en guerras sin sentido y divisiones crecientes a casi todos los niveles de la sociedad. Todos estamos frente a frente con el temor en muchos niveles de nuestra vida diaria. La clase de temor equivocado con frecuencia está dañando nuestro esfuerzo para vivir el evangelio. Somos dirigidos a un esfuerzo ordinario y mediocre evitando el desafío del evangelio y los nuevos horizontes. ¿Será que tememos el poder honesto del evangelio que nos mostrará la decepción de nuestras costumbres culturales tan alejadas de las enseñanzas de Jesús? Todos tenemos que preguntarnos ¿Qué clase de temor nos está motivando? ¿Nos está llamando a avanzar a un nuevo mundo de las enseñanzas de Jesús o nos está paralizando en el cautivante y cómodo, pero con frecuencia rígido mundo que nos ciega a nuestra propia mortalidad y conciencia por nuestro prójimo? ¿Está construyendo puentes o muros? ¿Nos está dirigiendo más profundo en la inclusión de los demás como nos enseña el evangelio o en el aislamiento de nuestros prejuicios?

Mucho del servicio cristiano y de la verdadera caridad involucra dirigir a nuestros hermanos y hermanas lejos de los estancamientos del temor destructivo. De igual manera, un verdadero amor cristiano identificará y apoyará al verdadero temor saludable. Esto es lo que Jesús está haciendo en el pasaje del evangelio de hoy. Una verdadera conciencia de la presencia amorosa de Dios nos ayudará a ver y abrazar nuestro final y verdadero temor, un temor de perdernos la vida eterna.

La visión de Jesús en el evangelio de hoy es claro y directo. Lo que verdaderamente necesitamos temer es a la separación definitiva de la fuente de toda vida, nuestro Dios de amor y gracia. Todo lo demás, incluso la destrucción del cuerpo en la muerte, descansa en las manos de nuestro Padre amoroso que siempre nos está llamando a la vida.
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DÉCIMO PRIMER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mateo 9: 36; 10: 8 

Estimados amigos, Hoy empezamos el tiempo ordinario. Habiendo terminado la celebración en comunidad del misterio pascual y habiendo agregado celebración por la Santísima Trinidad y la Eucaristía, ahora viajamos con Jesús por el evangelio de San Mateo. En este tiempo especial, el amor de Dios en el Cristo crucificado y resucitado brilla ante nosotros iluminando la presencia de Dios en nuestra experiencia diaria. Nosotros nunca descubriremos otra expresión que nos de más visión e invitación que la misericordia amorosa de Dios en Cristo crucificado y resucitado. Es nuestra invitación constante a caminar en los pasos de Jesús. Este tiempo especial es nuestro pasaje a través de los escombros de la vida. Por medio del impulso de nuestro egoísmo y nuestra siempre expansiva búsqueda de la felicidad. Estamos desafiados a darnos cuenta que Jesús encaja en el estupor ordinario de nuestras cargas diarias.

Este es nuestro viaje litúrgico en el tiempo ordinario. Por las próximas veinticuatro semanas entraremos en el evangelio de San Mateo. Nos invitará a hacer nuestra búsqueda por significado, por justicia, y más que todo nuestra búsqueda por ese amor tan elusivo que dura para siempre. Cada domingo, encontraremos a Jesús una vez más en el maravilloso don de la palabra de la liturgia y en los sacramentos. Este viaje con Jesús será un encuentro de fe. Traeremos nuestras experiencias diarias a la sagrada Palabra de Dios. Seremos desafiados a bajar lentamente y abrir nuestros corazones a la presencia de Dios en nuestras luchas diarias. Se nos dará un don de Jesús semanalmente llamándonos a alejarnos de la confusión y las distracciones. Este llamado de amor abrirá nuestros corazones a un Dios que nos ama apasionadamente. De hecho, no hay manera en que este único Dios pudiera amarnos más.

Nuestro encuentro semanal con Jesús en el tiempo ordinario, está llamándonos al extraordinario tiempo de misericordia y amor. Jesús desplegará ante nosotros el continuo don del perdón y amor misericordioso que nos lleva a la vida eterna.

En la selección del evangelio de hoy, vemos a Jesús movido por una compasión impresionante por los enfermos y por los que sufren, agitado por el dolor de los demás y por el hambre y sed de las multitudes. Su corazón duele con la preocupación por los alienados, marginados y todas las cargas de la humanidad. Su mensaje a los discípulos es enseñar y sanar.

Si abrimos nuestros ojos y quitamos la falsa seguridad que nos da el consumismo y la cultura materialista estaremos mucho más listos para vernos en la necesidad de la compasión de Jesús.

Un corazón abierto y despejado nos permitirá ver las maravillas de la intensa preocupación de Dios por nuestra situación. Nos veremos envueltos en apegos engañosos y en una realidad inmersa en un mensaje de mortalidad que negamos con intensidad obsesiva.

Nosotros leemos en el texto del evangelio de hoy: “Al contemplar aquel gran gentío, Jesús sintió compasión, porque estaban decaídos y desanimados como ovejas sin pastor.” (Mateo 9: 36)

Jesús llama a los doce para compartir su ministerio de testificar el reino con sanación y servicio. Este reino es el plan de Dios para restaurar nuestra inocencia original. Este será el inicio de la eliminación de la enfermedad, el odio el aislamiento, el racismo y cualquier otra forma de prejuicio junto con el inicio de la justicia, la paz, la integridad de la creación y el reino del amor.

Más que todo, creceremos para apreciar y abrazar la victoria sobre la muerte.

Hoy somos llamados para recibir y compartir esa respuesta amorosa hacia el sufrimiento humano, el aislamiento y la marginación. Jesús nos quiere ayudar y sanar. Jesús quiere que compartamos como desatar el poder del amor que es el reino del Padre.

La tarea del reino es el amor, amor por Dios y por nuestro prójimo. Si somos honestos al responder al llamado de Jesús, verdaderamente podemos hacer una diferencia. No todas nuestras súplicas en nuestra agenda serán escuchadas ni todos los corazones a los que nos acerquemos serán sanados. Sin embargo, nuestro esfuerzo, no importa cuán aparentemente inconsecuente pueda parecer, será envuelto en amor divino. Será como la semilla de mostaza que florece más allá de la comprensión humana. Hemos sido enviados. No estamos por nosotros mismos. Jesús lo deja siempre muy claro: “Estoy con ustedes siempre.” (Mateo 28: 20)

Conforme nuestras responsabilidades y relaciones encuentran el desafío de la proclamación del evangelio, nuestro corazón será desafiado a cambiar y a crecer, con mucha frecuencia, un solo paso a la vez. Sin embargo, será un llamado incesante para alcanzar algo más que solo quedarnos estacionados en la comodidad. Nuestro esfuerzo puede parecer despreciable pero cuando se comparte en el amor divino que Jesús nos da, puede transformar el mundo.
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LA FIESTA DEL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO


Juan 6: 51-58 

Estimados amigos, Hoy, celebramos el gran regalo de Jesús, su carne y su sangre en la Eucaristía. En esta maravilla sin límites del amor divino, abrazamos el misterio de Cristo crucificado y resucitado. De igual manera, estamos invitados a entrar más profundamente en la recompensa de la comunidad cristiana. Por medio de nuestro encuentro con Cristo eucarístico, somos animados a abrir nuestro corazón en servicio y amor a todos nuestros hermanos y hermanas. En la mesa de Dios hay un acento que no sea bienvenido. Las sombras de la piel aumentan la belleza de la experiencia. Hay espacio y bienvenida para todos en esta partir sagrado del pan. Nuestro banquete eucarístico es todo sobre hacernos huir de nuestro mundo como sirvientes y como sanadores y como celebrantes del amor.

Jesús nos está diciendo que, si compartimos su cuerpo y su sangre, necesitamos ser diferentes. Necesitamos ser testigos del amor. Necesitamos ser los guardianes de nuestros hermanos y hermanas.

Cuando me convertí en pastor, con esta visión de la Eucaristía, pronto empecé a ver la celebración de la primera comunión más profundamente defectuosa, con mucho de fiesta y con menos Jesús.

Mi respuesta fue requerir que los padres participaran en doce asambleas de fe. Estas sesiones incluían una presentación básica de la historia de la salvación desde Abraham hasta Jesús. Estas fueron mucho más que unas sencillas clases sobre la Biblia porque el énfasis estaba en ver la palabra de Dios interceptando su experiencia ya vivida. Hubo mucho que compartir de sus historias, de su tiempo, para la reflexión y la oración.

Los padres aprendieron una lección fundamental. Para vivir por el pan que sino de la palabra que viene de la boca de Dios requiere disponibilidad para escuchar, para crecer, para cambiar y para ser transformado por la palabra.

El resultado final fue que los padres adquirieron un sentido de poder personal para ser maestros de la fe para sus hijos con una comprensión del llamado fundamental de Jesús a la conversión dentro del amor de Dios.

Los padres fueron invitados a una apreciación más profunda de Jesús y sus obsequios para nosotros en la Eucaristía. En sus enseñanzas, sus sanaciones, su ministerio y su entrega a la voluntad del Padre, Jesús abrió una visión de un Dios que era personal e involucraba a todos los pueblos. En este viaje, los padres empezaron a ver la Eucaristía como una gran expresión del amor de Dios en Cristo crucificado y resucitado. Estos padres fueron desafiados a ir más allá de lo superficial en la primera comunión de sus hijos.

Los padres fueron animados a ver la Eucaristía como un tesoro real de nuestra fe. En este ritual, nosotros vamos.


Más allá del símbolo del vino y el pan. Esta es la presencia real de nuestro salvador, nuestro Señor Jesús que viene a nutrirnos y a amarnos. Su presencia real es un llamado para nosotros para cuidar a nuestros hermanos y hermanas, para amarlos y para entregarnos a ellos.

La meta era no solamente ayudar a los padres a preparar a sus hijos a entender lo que sucede en ese bello día de su primera comunión. Era convencer a los padres que esta es la tarea de muchos años. Parte de esa tarea fue la participación de sus familias en la liturgia, sobre bases regulares. La liturgia es verdaderamente un proceso continuo de escuela para adultos de educación religiosa donde la experiencia diaria está conectada al acto salvador de Jesús aquí y ahora.

A menos que los padres entendieran la importancia de la experiencia básica de la participación regular en la liturgia, las celebraciones de la primera comunión tienen la posibilidad real de distorsionarse y ser inconsecuentes.

La meta real es la participación fiel en la adoración y alabanza en la iglesia. Atender a la misa regularmente nos trae a un encuentro con el gran acto de amor que es la historia fundamental de la Biblia. Ese amor literalmente toma la forma de carne y sangre para nutrirnos y guiarnos en el viaje tortuoso que es nuestra vida. Es por eso que la iglesia nos enseña que la liturgia es la fuente y la cumbre de nuestra fe. La liturgia nos ayuda a tomar la información sobre la fe y nos permite transformar nuestro corazón dirigiéndonos a un encuentro con nuestro Dios amoroso.

En esta fiesta de Corpus Christi, me gustaría invitarnos a ir más allá del mantra sobre la liturgia como “la fuente y cumbre” de nuestra fe. Yo quiero invitarles a ponderar y a orar sobre una expresión más completa de las enseñanzas del Concilio Vaticano II en nuestra participación en la Eucaristía.

“La celebración de la Eucaristía, es una acción de Cristo en el pueblo de Dios…es el centro de toda vida cristiana, para la iglesia universal, la iglesia local y para cada uno de los fieles…la liturgia es la cima hacia donde va toda la actividad de la iglesia; es también la fuente de la cual fluye todo su poder… todo aquel que es hijo de Dios por la fe y por el bautismo debería reunirse y dar alabanza a Dios en medio de la iglesia, para tomar parte en el sacrificio y comer la cena del Señor.” (Constitución de la Sagrada Liturgia, 1963, # 2, 10, 41) Cada misa debería ser como una Primera Comunión donde haya mucho menos fiesta y muchísimo más de Jesús.
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