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EL BAUTISMO DEL SEÑOR


Mateo 3: 13-17 

Estimados amigos, San Mateo inicia la vida pública de Jesús con el bautismo del Hijo de Dios. En lugar de la reticencia del bautista para bautizar, Jesús le dice a Juan que siga con el ritual público. Dios tiene un plan y el bautismo se ajusta en ese esquema divino. Dios quiere que Jesús comparta la experiencia humana incluyendo el ritual del arrepentimiento que Juan estaba celebrando. Por su deseo de ser bautizado, Jesús estaba mostrando un deseo de acoplarse a la realidad humana. Esto fue una realidad en el continuo conflicto del bien y el mal, pecado y gracia. Ultimadamente, la profundidad de este compartir lo llevará a la muerte en la cruz.
Mientras tanto, en el evangelio de Mateo somos llamados a caminar con Jesús una vez más en nuestra vida y en el año litúrgico. Aunque nosotros conocemos la historia de Jesús, nunca la conoceremos suficientemente bien. De igual manera, necesitamos traer la historia a nuestra experiencia, una historia que siempre está entrando a nuevas etapas demandantes en nuestro viaje. San Mateo presenta a Jesús como nuestro guía.

En el pasaje del evangelio de hoy escuchamos al Padre compartiéndonos su amor por su amado Hijo. Necesitamos permitirle tocar nuestro corazón e iluminar nuestra mente, nosotros podemos ser iluminados al compartir este amor entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Lentamente, este encuentro continuo nos dirigirá hacia la libertad de la verdad y la nueva energía del amor que solamente Jesús puede dar.

Estamos invitados a recordar nuestro propio bautismo en esta fiesta del bautismo de Jesús. Nuestro bautismo es un compromiso sagrado que con frecuencia tendemos a olvidar. Este recordatorio debería animarnos a re comprometernos para caminar con Jesús en su papel se siervo. El llamado de la justicia debería inflamar nuestros corazones para estar presentes para todas las necesidades de nuestro prójimo. Debería derramar una luz sobre las demandas de nuestra relación dadora de vida y nuestras responsabilidades. Es un llamado a ser un sanador, un reconciliador y un proclamador de la Buena Nueva en imitación de Jesús.

Nuestro bautismo es una iniciación al servicio como un decreto del evangelio. Como Jesús, estamos llamados a escuchar el clamor de los pobres y de la tierra. Como Jesús, estamos llamados a alcanzar a aquellos en necesidad en medio de nosotros. Como Jesús, vamos a ser una presencia sanadora en medio de un mundo conflictivo.

Como Jesús, vamos a extender una mano de bienvenida y un corazón de bienvenida a todos. Es es nuestro llamado del bautismo. Esta es nuestra unión sagrada a Jesús que debe seguir profundizando por una vida de responsabilidad del evangelio que es energizada al morir a uno mismo.

Cada semana en la versión de San Mateo de la historia de Jesús seremos llamados a darnos cuenta de forma gradual que somos amados más allá de nuestros mejores sueños. Este amor, si es abrazado libremente, nos liberará para viajar a nuestro propio Jerusalén donde podemos morir y así podemos vivir y dar vida a todo.
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EPIFANIA

Mateo 2: 1-12 

Estimados amigos, Las narrativas de la infancia de Jesús en los capítulos I y II son llamados mini evangelios. En ellos se afirman tres puntos básicos de la Buena Nueva de la salvación: 

  1. Dios quiere la salvación para todos;
  2. Jesús es el tan esperado Mesías Salvador; 
  3. La misión es para el mundo entero con todas sus variaciones de lenguaje, culturas y razas.
Jesús les habla a todos los pueblos. Esto incluye un mensaje de sabiduría a toda variante de edad, situación de vida, cultura y dones individuales. Todos son bienvenidos a la mesa de la vida y la salvación por el Pan de Vida. Todos somos iluminados por la Luz del Mundo.

La Epifanía es conocida comúnmente como la fiesta de los tres reyes magos. El texto de las escrituras no dice nada sobre el número tres. Tampoco hace mención de que eran reyes y no habla de su raza. Estas son unas de las varias expresiones culturales desarrolladas con el paso de los siglos. El mensaje del Evangelio de la fiesta es sobre la universalidad de la Gracia salvadora de Dios y su amor. Todos los pueblos están invitados al banquete celestial.

Las expresiones culturales y folclóricas siempre han enriquecido la proclamación del evangelio. Con frecuencia, estas adiciones han sido iluminación para el mensaje básico de salvación, por otro lado, el mensaje también ha sido ampliamente distorsionado con exageraciones de piedad e incluso con algunas contradicciones enraizadas en prejuicios y cultura nacional.

Una de las mayores esperanzas del Concilio Vaticano II fue llevarnos de regreso al mensaje central del evangelio, para poner a Jesús en el centro. Uno de los desarrollos más importantes de esta reunión ocurrió una década más tarde cuando el Papa Pablo VI nos dio uno de los documentos papales más grande de todos los tiempos sobre el tema de la evangelización. Pablo VI señaló que el mensaje del evangelio nunca está libre de expresiones culturales pero que tenemos que trabajar siempre para ir más allá de cualquier expresión particular ya sea nacional o racial que limite el evangelio.

Ya sea el desfile del Día de San Patricio o la celebración de la Virgen de Guadalupe, el Cristo Negro de Esquipulas o la celebración de Nuestra Señora de Lourdes; todas tienen su propio empuje para limitar el mensaje del evangelio a una visión parcial de un grupo o nación. La fiesta de hoy de la Epifanía nos abre a la universalidad. Estamos invitados a incluir a cada uno. Esto no es un desafío pequeño.

En el centro de la fiesta de hoy no están los tres reyes, sino la verdad elusiva que todos los seres humanos compartimos: una dignidad común y un destino. Todo ser humano está llamado a la unión con Dios. Hay un evangelio de inclusividad que es un desafío sin fin para los seguidores de Cristo. Nuestro gran obstáculo es la interminable manera en que dividimos y degradamos, con frecuencia en el nombre de Jesús.

Jesús proclamó incesantemente la dignidad de la mujer y de los niños, Jesús constantemente atacó el pecado, la enfermedad, la etnicidad como barreras a la unidad común de todos. La iglesia y todas las religiones e ideologías han luchado duramente a través de la historia incluso hasta estas noticias matutinas con este llamado a la aceptación universal.

El evangelio de hoy dice que el cuento de los magos es mucho más que un lindo cuento sobre unos visitantes extranjeros que vienen de forma inesperada a una familia pobre. Los magos son un símbolo de la universalidad de la salvación. Este es un mensaje de buenas nuevas que nos informa que este niño es el tan esperado Hijo de David, el gobernador prometido y el salvador de Israel. Él abrirá el regalo de la salvación para todos los pueblos. Nadie necesita una visa o una tarjeta verde o papeles de residencia en el pesebre. ¡Todos son bienvenidos!

El evangelio de hoy nos dice que no necesitamos viajar lejos para buscar a Jesús. Los lugares exóticos no tienen que ser parte de nuestra búsqueda. La Epifanía, la revelación de Jesús, siempre tiene lugar en medio de nuestra vida. Jesús está alrededor de nosotros. Necesitamos mirar con fe para abrazarlo en nuestros hermanos y hermanas, especialmente entre los necesitados y los pobres que hay entre nosotros.

Hace algunas cinco décadas, el Concilio Vaticano II aclaró la verdad de esta fiesta en esta bella y visionaria declaración:

“Las alegrías y esperanzas, el dolor y la angustia de la gente de nuestro tiempo, especialmente los pobres y afligidos en alguna manera, son las alegrías y esperanzas, el dolor y la angustia de los seguidores de Cristo también. Nada genuinamente humano falla para encontrar un eco en sus corazones.” Gaudium et Spes, diciembre de 1965.
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LA SAGRADA FAMILIA

Mateo 13: 19-23 

Estimados amigos, El mensaje fundamental de nuestra temporada de navidad es que “El Verbo se hizo carne” (Juan 1: 14) el énfasis no es la historia de Jesús bebé, es sobre la humanidad develando la divinidad, es sobre la gracia y el amor entrando a un mundo pecaminoso. Las paradojas del Evangelio penetran en las narrativas de la infancia de Lucas y Mateo. Lo divino que se vuelve humano expone el empuje incesante del nacimiento y la muerte, la inocencia y el sufrimiento. Esta es la luz y el camino para nuestro viaje en nuestra búsqueda de Dios.

Los asuntos de cada familia, relacionada con las vastas diferencias culturales de las relaciones de esposos y la de los padres con los hijos lo encontramos en la sagrada familia. Fue por medio de la institución de la familia que Dios eligió relacionar a la humanidad. Jesús aprendió a vivir y a amar en sus relaciones con María y José. A pesar del impacto y juicio de ser refugiados e inmigrantes y el horror de inimaginable violencia en los Santos Inocentes, el amor abrió un camino para ellos.

Mateo tiene un mensaje adicional más allá de las relaciones de familia de ellos tres, él trató de ofrecernos un prólogo del Evangelio. Jesús iba a resumirlo en la dramática historia de su infancia, la historia de salvación de Israel. En este modo Jesús estaba modelando y guiando la expectativa mesiánica de Israel.

Hay tres historias en la narrativa de la historia de Mateo: el escape a Egipto, la masacre de los inocentes y el regreso de Egipto hacia Nazaret. Todas ellas reflejan una experiencia particular del Pueblo Elegido y Moisés.

Nuestra fe nos llama a aceptar a Jesús como verdaderamente humano. En esta humanidad genuina Él crece como nosotros. Él era parte de una familia, una verdadera sagrada familia. Fue en el contexto de la relación de esta familia que Jesús aprendió que Dios lo destinó a ser. En su papel de salvador, Jesús supo cómo responder a la vida y a sus muchos misterios del bien y el mal en el calor y aceptación de sus amorosos padres, María y José.

El mensaje para nosotros hoy es claro. No importa cuales sean las variaciones culturales y los límites, la familia es la escuela del amor. Todas nuestras relaciones fundamentales y responsabilidades son filtradas por medio de la base fundamental de la experiencia de una familia que nos da nuestra identidad personal. Nuestra tarea es construir sobre buenos puntos y eliminar los elementos de egoísmo y derecho para permitir que el amor fluya abiertamente en lugar de conflictos inherentes. El privilegio y el poder en la vida familiar tiene que dar paso a la aceptación, al servicio y la humildad si esperamos seguir creando una vida alegre y significativa para todos.

José y María se encontraron empapados en confusión y desconcierto. Ellos estaban desarraigados, empobrecidos, exiliados, amenazados y aislados, todo en cuestión de semanas. Todo esto fue el resultado de un niño prometido para ser el salvador. Solamente el compromiso más profundo de fe y confianza les permitieron seguir en la lucha. Ellos no estaban siguiendo un guion. Ellos estaban viviendo aparentemente una tragedia de una profundidad monumental. Necesitamos ponderar la belleza de su sencillez y generosidad en medio de una situación que desafiaría nuestras vidas.

La fiesta de hoy nos invita a entrar en este misterio de oscuridad y dolor. Estamos invitados a traer nuestra historia de lucha familiar para encontrar luz y dirección. El mensaje fue eventualmente claro para María y José como será para nosotros conforme caminamos en la fe. Dios está con nosotros no importa que tan desesperadas sean las circunstancias. “El Verbo se hizo carne” y somos obsequiados con el mejor de todos los regalos, ¡Emmanuel! ¡Dios está con nosotros!
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REFLEXION DE NAVIDAD 2025



Conforme celebramos este día de navidad la verdad es que no tenemos ningún lugar en la tierra y no hay ningún individuo que esté libre de las consecuencias del pecado de nuestros primeros padres descrito en Génesis. Es tan extraordinariamente claro que necesitamos salvación. Donde quiera que miremos, sea lejos o cerca, necesitamos paz. Necesitamos reconciliación. Necesitamos justicia. Necesitamos misericordia y compasión.

Dios sabe esto y Él ha enviado a su Hijo para comprometernos en la conversación que traerá esta sanación y esta libertad que es lo que celebramos este día de navidad.

En el evento más consecuente en la historia, el Verbo se ha vuelto carne. Cuando perdemos de vista al Niño que se vuelve uno de nosotros también perdemos otro punto consecuente. Estamos llamados a volvernos uno con el sobrecogedor misterio que es amor, el Dios de Abraham. Nos estamos perdiendo en la oscuridad en este gran día luz, nuestra celebración rápidamente se opaca en una ilusión pasajera.

Poner a Cristo atrás en la navidad es seguramente el deseo de la mayoría de los cristianos. La intensidad de los “Black Fridays” y de los “ciber lunes” parecen nunca terminar. Es verdaderamente difícil traspasar el mensaje de “comprar hasta desmayarse” a un nivel personal un gran número de personas trata de balancear el gran comercialismo y el significado de las escrituras de la festividad. Una honesta e inteligente lectura de las escrituras abre el abismo entre nuestras celebraciones y el gran misterio de la fiesta. El verdadero mensaje radical en Lucas y Mateo del nacimiento de Jesús va muchísimo más allá del pegadizo eslogan “Poner a Cristo atrás en navidad”, estaos atrapados en una adivinanza de la increíble presión cultural de la conquista comercial de la navidad y el sencillo acto sobrecogedor de amor que es el Verbo hecho carne.

Perdemos el punto de la navidad si no abrimos nuestros ojos al mal que está en nuestra puerta y en nuestro corazón. La navidad nos invita a compartir el romper el dominio completo de la oscuridad al abrazar la luz que es el Verbo hecho carne. El mensaje oculto frecuentemente es que estamos llamados no solamente a celebrar la luz. Necesitamos volvernos la luz para traer esperanza a nuestro mundo destrozado por la manera en que vivimos.

En nuestras liturgias de navidad usamos el Evangelio de Lucas, Mateo y Juan. Nosotros hemos creado una descripción sentimental y florida del nacimiento en Belén que distorsiona la historia de Lucas. La versión comúnmente aceptada esconde el desarraigo, pobreza y el profundo desconcierto de María y José. ¿Cómo podría Dios permitir que su Hijo entrara al mundo en tal destitución?

Nuestra “Noche de Paz” es la interpretación sentimental del evento que deja poco espacio para el verdadero mensaje de Lucas, y prácticamente nada de espacio para la descripción de la historia de Mateo. Ambos evangelistas nos están invitando a ir a la más profunda y más verdadera dimensión de nuestra realidad, una gracia que está siempre llamándonos a salir de la oscuridad y entrar en la luz. La descripción cruda y desafiante de los evangelistas del nacimiento ofrece un telón de fondo adecuado para la última conversación de Dios con una humanidad quebrantada en la persona de Jesucristo.

Un punto importante para recordar es que ambos, Mateo y Lucas describen el nacimiento de Jesús como una obertura para el mensaje completo del Evangelio. El Niño en el pesebre es el inicio de un viaje que lleva al Mesías en la cruz. Dios nos habla en ambos eventos que son una realidad: el amor salvador de Dios por nosotros. Unas pocas culturas captan esta profunda verdad al usar la madera del pesebre para la madera de la cruz en la celebración de su Viernes Santo. La historia de Mateo enfatiza la conexión de el nacimiento de Jesús con el anhelo judío por el Mesías como el hijo de David. Este Mesías en Mateo es Emmanuel, Dios con nosotros. La reacción al nacimiento, visto en el esfuerzo de Herodes por manipular a los Reyes Magos, anticipa toda la intriga y la violencia que sucederá en el viaje al Gólgota.

Mientras que Lucas tiene un elemento fuerte de canto y alegría, la nota sombría en Mateo sigue en el exilio a Egipto y la matanza de los inocentes. El niño de María evita el sacrificio por intervención divina solamente para enfrentar la voluntad del Padre en el Huerto.

La versión de Mateo del conflicto del bien y el mal enfrenta a la Sagrada Familia y a Herodes. Vuelve el momento hacia atrás a Moisés y el faraón y mira hacia adelante hacia la muerte salvadora que termina en la resurrección. El mundo que Mateo está retratando en el nacimiento de Jesús es un retrato de nuestro mundo hoy con nuestra no bienvenida a los migrantes y la esclavitud sexual, pandillas y abusos en las familias, gran injusticia en la distribución de la riqueza y enorme inversión en armas, la siempre presente maldición del racismo todo cristalizado en la guerra de Putin y el horror que vive la gente de Gaza. Y encima de todo, difícilmente tenemos un noticiero que no empiece con los estragos del cambio climático.

Desde el momento de su llamado para ser la madre, María enfrentó la ironía de expresar alegría y maravilla en su corazón contra la continua desorientación, confusión y total desplazamiento de sus planes y eventos en su vida diaria.

Ambos, Mateo y Lucas están dirigiendo la pregunta que invade los evangelios: ¿Qué clase de Mesías será Jesús?

Nuestra celebración cultural y comercial de la navidad está llena con una respuesta que Jesús desafiaba en todos los momentos de su vida, ministrar y enseñar y especialmente en su muerte y resurrección. Él no será un Mesías aislado de los pobres y los marginados. Él no estará envuelto en riqueza y poder. Él será un Mesías de sacrificio y servicio envuelto en ropas humildes. La salvación que ofrece Jesús como un Mesías sufriente no es de la que se arregla fácil. Es una salvación que llama a nuestra purificación y entrega llevando a una transformación personal y aún a un lavado de pies de nuestro vecino en necesidad.

El mensaje de Lucas de esperanza y alegría es más maravilloso en el contexto de este mensaje completo del evangelio.

A pocos meses antes de su muerte el arzobispo Romero captó la profundidad espiritual de la navidad. Él dijo, “Hoy, recordamos que el reino de Dios está ahora en este mundo, y que Cristo ha inaugurado la plenitud de los tiempos. El nacimiento de Cristo testifica que Dios está ahora marchando con nosotros en la historia – que nosotros no estamos solos, y que nuestra aspiración por la paz, por la justicia, por un reino de ley divina, por algo es santa y está lejos de las realidades de la tierra. Sin embargo, podemos esperar todas esas cosas, no porque los seres humanos seamos capaces de construir ese reino de santidad que proclama la sagrada palabra de Dios sino porque el constructor de un reino de justicia, de amor y de paz ya está con nosotros, en medio de nosotros.”

Estas palabras, en el mensaje de navidad de esperanza, me llevó a mi historia de navidad que experimenté hace algunos años. Yo estaba en la estación de policía llenando un reporte sobre mi teléfono que fue robado. Esperando por mi reporte, una madre joven y su bebé de seis meses se sentaron cerca de mí. Yo le compartí cómo es de loco perder tu teléfono. Ella respondió, “si tú quieres saber lo que es loco, necesitas tener un esposo violento y abusivo. En nuestra conversación supe que ella era inmigrante de un país musulmán, viviendo en Estados Unidos por dos años y medio. Aún cuando los dos todavía vivían en el mismo edificio, la situación entre ella y su esposo es tan mala, que ellos deben intercambiar al niño en la estación de policía. Esto sucede cuatro días a la semana cuando ella va a la escuela. Ella está sacando un doctorado en psicología clínica.

Lo que me atrapó de esta escena fue cuan esperanzada estaba ella a pesar de ser una mujer abusada, una inmigrante musulmana y la madre de un bebé en un matrimonio fallido.

Era obvio para mí que el mensaje de esperanza y la gracia del Niño de Belén es para toda la gente y en todo momento aún si ellos no tienen la “etiqueta” de cristianos. El Verbo hecho carne ha expuesto una realidad impregnada con vida y amor para toda la gente en todos los tiempos no importa que tan desafiantes sean las circunstancias.
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CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO

Mateo 1: 18-24

Estimados amigos, No importa cuanto lo intentemos, realmente es una batalla cuesta arriba tratar de entender la frase “Jesús es la razón de la temporada”

En el paso de nuestras vidas hemos sido recipientes de billones sobre billones de dólares en propaganda para sumergirnos en la idea empaquetada de una navidad comercial. Es una sutil y atractiva tentación. Al final, sin embargo, muy poco o nada tiene que ver con el Cristo de los Evangelios.

En la oración de entrada de la liturgia de hoy, la iglesia, como una voz en el desierto, está llamándonos a volver a Jesús, en la belleza y maravilla crudas del mensaje del evangelio. Nos dirige a poner cuidado al mensaje del ángel sobre la encarnación. Luego, casi en un chocante contraste para la visión que tenemos de esta temporada, nos tiene orando “Por su pasión y su cruz sea llevado a la gloria de su resurrección.”

Es un mensaje que corta a través de lo malo y la decepción. Nos dice que si realmente vamos a entrar en el misterio del bebé en el pesebre, necesitamos aceptar la totalidad del mensaje. Esto de hecho solamente es posible al aceptar al Cristo crucificado y resucitado. En esta visión más amplia, somos capaces de entender la verdad genuina de la experiencia de Belén. Es el comienzo de la batalla final del bien y el mal que abre la oscuridad de nuestras vidas y del mundo a una nueva luz del mundo que es Cristo.

En este acercamiento al misterio de la navidad, el 26 de diciembre o cualquier otro día del año no es una decepción tener que limpiar el desorden dejado por el evento comercial. La verdadera experiencia de la navidad nos envuelve en un mensaje de esperanza cada día.

De manera que hoy, en este domingo final antes de la navidad, estamos invitados a ponderar claramente dos frases confortantes y reveladoras en nuestras lecciones de las escrituras.

En la historia del evangelio de hoy las dos frases son, “No teman” y “Emmanuel” que significa Dios con nosotros. Estas frases marcan el cambio en el enfoque del mensaje de adviento. La encarnación del tiempo de navidad que se aproxima se está moviendo al centro del escenario. Cada una de las lecturas de hoy es sobre este tema. Emmanuel nace en este tiempo para estar para siempre con su pueblo como la nueva presencia de un Dios amoroso y salvador.

Mientras que la frase “No teman” es usada más de trescientas veces en las escrituras, las narrativas de la infancia según Lucas y Mateo transmiten esta expresión cuatro veces. Siempre está relacionada con la presencia de apoyo de Dios en una situación de desafío tal como el dilema de José con el embarazo de María.

Justo como la casi destructiva ambigüedad que María y José enfrentaron, nuestras vidas nunca están libres de las consecuencias del mal. Enfermedades, ignorancia, prejuicio, violencia y odio vienen a nosotros en todas las maneras y formas. Esta es la realidad de vivir con la aparentemente interminable batalla del bien y el mal en los eventos de nuestro diario vivir. Ni bien se había reducido el COVID a solo una amenaza, cuando ya teníamos encima la guerra de Putin y Ucrania o la violencia aparentemente sin fin en el Oriente Medio. Estos horrores increíbles nos confrontan con la carnicería humana, la destrucción del medio ambiente, amenazas de desastres nucleares, y el desperdicio de todos estos recursos a la negligencia del pobre y el hambriento. Esta gran manifestación del mal afecta a cada persona.

“Emmanuel” revela la fidelidad de Dios y el involucramiento en toda la realidad humana. Dios está siempre presente llamándonos a entrar en el misterio de la nueva vida y del nuevo amor en medio del mal. En este cuarto domingo de adviento, empezamos a recordar el gran evento de Dios que se vuelve humano en la persona de Jesús. Esta es la última revelación del involucramiento salvador de Dios en nuestro mundo quebrantado. Nuestro desafío es estar abiertos y receptivos a la llamada en los términos de Dios.

Mientras “No teman” y “Emmanuel” son declaraciones profundamente confortantes, María y José necesitaron de todo el apoyo que pudieran obtener. Si usted puede hacer un análisis mínimo de su situación, el desafío para su relación era enorme. En todo momento la prometida dice que quedó embarazada del Espíritu Santo, ¿A dónde va el diálogo después de eso? Agregue el hecho de que el niño va a ser el salvador de su pueblo, la única gracia salvadora tendría que ser la intervención divina. Eso es lo que sucedió.

María y José tuvieron que ir muy profundo en la confortación y reasegurar el mensaje del ángel para darle cualquier tipo de sentido a la realidad de su pobreza y el desarraigo que iba a ser parte de la crisis que los rodeaba. Realmente los desafiaba mirar con fe al bebé que necesitaba un cambio de pañal y ver esperanza para el mundo.

En este cuarto domingo de adviento cuando recordamos la maravilla de Dios volviéndose de carne, estamos invitados a abrazar el gran regalo de “Emmanuel”. Dios está con nosotros en amor, misericordia y gracia salvadora en la persona de Jesús, el hijo de María. Nuestro desafío es responder a este llamado de amor en los términos de Dios.

Para María fue sólo el comienzo de un largo viaje de confusión y soledad. Solo su fe y confianza podrían confortarla en medio de una serie perpleja de eventos que ultimadamente la trajeron al pie de la cruz.

Cuando piensas en eso, es similar a nuestro viaje. No es de maravillarse que la gran oración de adviento sea tan relevante para nuestra vida. “¡Ven Señor Jesús!”
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TERCER DOMINGO DE ADVIENTO


Mateo 11: 2-11


Estimados amigos,

En la escritura de hoy, Isaías nos dirige hacia un cuadro poético de los judíos caminando hacia la libertad después de 50 años de angustia y exilio en Babilonia. Él usa un bello y poético lenguaje para reflejar el gran evento del Antiguo Testamento, el éxodo de la esclavitud hacia la tierra prometida.

El evangelio de hoy es sobre la pregunta de Juan el Bautista: “¿Eres tú el que ha de venir?” Esto nos sumerge en el misterio que celebramos en esta temporada de adviento. Cada uno de nosotros en las profundidades de nuestro corazón tenemos un anhelo básico por Jesús. Esperamos que Él traiga salvación para nosotros y para nuestro mundo.

El mensaje de adviento tiene muchas dimensiones ricas y bellas. Pero más, centrado en la venida del Señor. Hoy estamos llamados a experimentar esta venida en los actos salvadores de Jesús como fueron vistos en el pasado y experimentados en nuestra vida de hoy. La fe nos llevará a la maravillosa verdad que Jesús es verdaderamente el elegido para nosotros y para el mundo.

Tenemos que ver los problemas de nuestra vida en el contexto de estos viajes bíblicos hacia la libertad y la sanación. Jesús dice: “Vayan y cuéntenle a Juan lo que están oyendo y viendo.” (Mateo 11: 4) El mensaje real del adviento nos hace capaces de ver que no solamente a los ciegos se les está devolviendo la vista, sino que también los cojos ahora son capaces de saltar como ciervos e incluso están listos para ir a bailar con las estrellas. Esto es por lo que el mensaje del adviento nos dice que nuestra realidad está llena de gracia. Las implicaciones del adviento para hoy revelan cómo Jesús todavía hace restauración en el camino a nuestra inocencia original. Estamos, en verdad, siendo liberados en nuestras vidas hoy. Necesitamos permitir que el grito del adviento explote desde nuestros corazones: ¡Ven Señor Jesús! Lo que es más, necesitamos permitir que esta hambre por un nuevo día en nuestros corazones nos lleve a vivir el mensaje del evangelio. Tenemos que caminar en los pasos de Jesús hoy. Nuestro compromiso vivido trae la transformación de la realidad que anhelamos justo ahora. Una vida vivida en amor es la respuesta a nuestra oración de adviento ¡Ven Señor Jesús! La plenitud de la salvación por la que esperamos en el futuro tendrá lugar ahora cuando caminamos en amor en los pasos de Jesús.

El mensaje de Jesús a Juan en el evangelio de hoy es claro. Hay un nuevo día naciendo para conquistar el mal y el poder demoniaco en sus milagros de sanación. Justo como el retorno de los exiliados de Babilonia reflejaron la libertad en el gran acto de liberación en el viaje del pueblo fuera de Egipto, Dios sigue manifestando el gran acto salvador de Jesús en nuestros días. Necesitamos ver con los ojos del corazón. La salvación por la que esperamos está teniendo lugar ahora cuando estamos compartiendo el amor y la compasión que Jesús sigue dando en nuestros días. Esto nos llama a romper las barreras. Esto nos llama a trabajar por la reconciliación siempre y en todo lugar. Esto nos llama a escuchar el clamor de los pobres y el grito de la tierra.

El regalo de la esperanza nos saca del miedo y la desesperación hacia una vida de acción y compromiso, hacia la maravilla del mensaje del evangelio. La batalla del bien y el mal todavía domina nuestro mundo. El tirón hacia la libertad, la búsqueda de la felicidad y seguridad todavía encuentran una solución duradera en Jesús. Jesús posee Él solo, el mensaje y el poder para dirigirnos a la vida eterna. Todavía somos los ciegos, los paralíticos y los pecadores que necesitan sanación y misericordia. La respuesta a nuestro llanto por libertad del envolvente poder del mal en nuestros días nos espera. Eso es lo que pedimos en nuestra oración de adviento, “¡Ven Señor Jesús!”

Mientras esperamos, tenemos que elegir la situación de nuestra vida ahora. Santa Teresa de Ávila nos da dirección en su oración clásica del marcador de libros:



Nada te turbe,
Nada te espante.
Todo se pasa,
Dios no se muda-
La paciencia todo lo alcanza,
Quien a Dios tiene nada le falta.
Solo Dios basta.

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SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO

Mateo 3: 1-12

Estimados amigos, El adviento es una invitación a ponderar la perspectiva cristiana sobre el tiempo. El tiempo para los cristianos no es el incesante movimiento de las manecillas del reloj. No es la espera sin sentido y sin propósito de Dios. El evento de Cristo ha hecho que el tiempo esté impregnado con posibilidades infinitas de vida nueva. El tiempo es el mensajero de Dios llamándonos a un futuro de gracia donde prevalecerá un nuevo día.

En adviento, vemos el misterio del tiempo íntimamente conectado al pasado, presente y futuro en el evento de Cristo. El pasado nos recuerda la encarnación del Verbo. El presente es el encuentro con la gracia de Dios llamándonos a caminar con JESÚS. El futuro es el cumplimiento de la victoria de Cristo en su segunda venida, el cumplimiento final de nuestro destino personal y de la historia humana.

Para entender este misterio del tiempo, miramos hacia atrás en los eventos salvadores del pasado. Hoy, es Isaías quien presenta el bello pasaje de esperanza que presagia la venida de Cristo. Estas relaciones aparentemente imposibles serán posibles solamente por la intervención divina de la presencia Mesiánica en Cristo en Belén y en la conclusión de nuestra histórica ventura.

“La justicia será una banda en su cintura,
Y la fidelidad un cinturón sobre sus caderas.
Cuando morará el lobo con el cordero,
Y el leopardo con el cabrito se acostará;
El becerro y el león andarán juntos y un niño los pastoreará,
La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas.
El león comerá paja como el buey, y el niño de pecho
Jugará sobre la cueva del áspid
Y el recién destetado extenderá su mano
Sobre la caverna de la víbora.
No harán mal, ni dañarán en todo mi santo monte;
Porque la tierra será llena del conocimiento del Señor
Como las aguas cubren el mar.” (Isaías 11: 5-9)

El adviento más que ninguna otra cosa, es un tiempo de alegría y lleno de propósito por Dios que ha asegurado su venida. Porque ya sabemos a quien estamos esperando, la mejor forma de anticipar su venida es volvernos como Él. Necesitamos permitir que nuestra vida exprese la alegría y la esperanza que es el mensaje central de la época de adviento. Necesitamos ser los instrumentos de paz y justicia, de servicio y sanación que anticipa el nuevo día que anhelamos.

El evangelio de hoy nos dirige hacia Juan El Bautista. Es el llamado para prepararnos para Cristo como el misterio total del Verbo hecho carne, no un regreso nostálgico a la belleza de Belén. Necesitamos recordar el evento completo de Jesús. Esto incluye su mensaje desafiante y los eventos salvadores de la muerte y la resurrección. Al anhelar por Jesús, entendemos el mensaje de Juan, “Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca” (Mateo 3: 20) Esto demanda que cambiemos nuestras vidas conforme nos preparamos para la venida del Señor.

Estos cambios sucederán como parte de una conversión personal y comunitaria. Junto con esa conversión, reconocemos que estamos respondiendo a la llamada de invitación de Dios. Este tiempo de adviento nos recuerda de la sobrecogedora misericordia que es revelada en la venida de Jesús en nuestra vida y en nuestra historia.

La espera del adviento no es como lo penoso de estar atascado en el tráfico, ni como la fila aparentemente sin fin en el supermercado. Tampoco es como el tiempo de ansias esperando los resultados de un examen o como cualquier otra respuesta del Doctor que te cambia la vida. La espera del adviento es una anticipación gozosa de nueva vida. Esta nueva vida demanda una apertura creativa que lleva al arrepentimiento y a la conversión. Significa que le damos la bienvenida al Dios que continuamente viene y toca a la puerta de nuestro corazón humano. El adviento nos lleva a desarrollar una espiritualidad de vigilancia que abre a la apreciación del regalo del hoy y la esperanza del mañana. Nos preparamos para este espera el adviento con la oración especial de la época ¡VEN SEÑOR JESUS!
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PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

Mateo 24: 37-44

Estimados amigos, el adviento nos invita a un año nuevo en el que viajaremos con el Evangelio según San Mateo. Este es un tiempo de gracia en el cual estamos convocados una vez más a un encuentro con Cristo como nuestro Salvador y Señor. El tiempo de adviento primero nos guía para prepararnos para la segunda venida y, en los días finales nos sumergimos en el misterio del verbo hecho carne.

El adviento nos hace mirar hacia atrás para poder mirar hacia adelante. Ambas vistas nos llaman a vivir en el presente. El adviento no es un tiempo de penitencia sino una celebración. Estamos llamados a regocijarnos en el regalo que es Cristo. Recordemos que viene hoy, viene en la pobreza desde la primera cuna. Un elemento especial del adviento es el desafío de hacer que la segunda venida produzca consecuencias en nuestra vida diaria. Jesús enfatiza la brusquedad y la sorpresa de las horas finales. Habrá un juicio rápido que tamiza lo bueno de lo malo con una decisión que es final y absoluta. Sin embargo, Él no nos llama a hacer algo diferente más allá de la importancia absoluta de nuestra responsabilidad y relaciones ordinarias. En ambas situaciones, la encarnación y la segunda venida tenemos una invitación poderosa para abrazar el regalo del hoy, el hoy del momento presente, como una oportunidad concreta para caminar con Cristo.

Isaías es el autor que presentó el tiempo de Adviento en el Antiguo Testamento. La belleza de su poesía está llena con esperanza para la entrega y el anhelo para la expresión final del poder salvador de Dios.

El mensaje de Mateo en este tiempo de adviento, está basado en la confianza fundamental que fluye del mensaje cristiano. Cristo volverá en gloria y con Él volverá la plenitud de la redención. Un nuevo día se acerca. Mateo es enfático: necesitamos estar preparados.

Este anhelo por la venida del Señor refleja el anhelo apasionado expresado en Isaías. Aun así, está increíblemente enriquecido y sostenido por nuestro regalo de la realidad del evangelio. Pablo nos dice: “Revístanse del Señor Jesucristo, y no se preocupen por satisfacer los deseos de la carne.” (Romanos 13: 14) de esta manera nos reunimos en nuestras liturgias de adviento y en nuestras vidas para proclamar el anhelo del adviento “¡Ven Señor Jesús!”

Mientras tanto, Isaías, Pablo y Mateo tienen un mensaje claro y sencillo para nosotros. Vivir el hoy en fidelidad al Señor. Entrar en nuestra realidad. No conocemos el futuro, pero se nos ha obsequiado el presente. Estamos llamados a vivir el evangelio con actos de misericordia y perdón, con la preocupación por la justicia y la lucha constante “Convertirán sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en hoces.” (Isaías 2: 4)

Espadas y rejas de arado no son arsenal ordinario en nuestras batallas diarias. Con frecuencia tenemos miradas, palabras y actitudes que están listas para el trabajo de antagonizar a nuestro vecino. Nuestro enojo y resentimiento se unen con nuestro prejuicio para crear muros de aislamiento y hostilidad. Tenemos una forma de hacer de nuestro tiempo, intereses y conveniencia la medida de nuestras acciones, todo en detrimento de la caridad fraternal. Con muchísima frecuencia se hace con una fachada de rectitud. El adviento es un tiempo para deponer las armas de la hostilidad y la división y el aislamiento. Es un tiempo para orar con un corazón verdaderamente humilde, ¡” Ven Señor Jesús”!

El adviento nos desafía a mirar las oportunidades perdidas, el tiempo desperdiciado y mal dirigido. Todos tenemos más que suficiente con lo que contar. El adviento nos llama a reunirnos y vivir el hoy, con el regalo del momento presente. El mañana está en las manos de Dios. En verdad necesitamos gritar “Ven Señor Jesús” Una vida buscando caminar con Jesús en este momento hace nuestra oración de adviento más real y enfocada.

Dios es muy capaz de mantener la agenda. Él hará su trabajo de finalizar el programa en el tiempo apropiado. Es un tanto normal para nosotros usar esa pregunta familiar de nuestra juventud “¿ya llegamos?” Dios nos dejará saberlo. Mientras tanto, nuestra tarea es ser fieles al mensaje del evangelio y expresar el hambre en nuestro corazón por un nuevo día con la bella oración de adviento ¡Ven Señor Jesús!
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