Juan 9: 1-41
Estimados amigos, Una vez más tenemos una historia de conversión de San Juan en nuestro viaje de cuaresma. Jesús es la luz del mundo llamándonos a salir de la oscuridad de la ceguera del espíritu.
Me gusta llamar a la historia del hombre ciego la forma católica de la conversión. A diferencia de la semana pasada donde la mujer samaritana luchó contra Jesús hasta el ultimo momento, el hombre ciego de hoy empieza con el bello encuentro con Jesús en la restauración de su vista.
En la forma católica de conversión, empezamos con lo que creemos que es fe verdadera, el verdadero conocimiento de Jesús. En realidad, tenemos un largo camino por andar, un camino verdaderamente largo para conocer a Jesús. Esta es la experiencia del hombre ciego en el pasaje de hoy del evangelio.
Habiendo experimentado el grandioso regalo de la vista, el ciego no dudó, ni siquiera ante la reacción de los líderes judíos, de la gente e incluso de sus padres. Cada paso a lo largo del camino estuvo lleno de obstáculos que demandaron una nueva decisión y un compromiso más fuerte con Jesús. Él responde a las crecientes preguntas y hostilidades al elegir a Jesús a un nivel cada vez más profundo. En el versículo (9: 12) él dice, “Un hombre llamado Jesús”, en el versículo (9: 17) él dice, “Es un profeta”, luego en el versículo (9:38) él profesa “Creo (en el Hijo del Hombre) y le adoró”
La historia de Teresa de Ávila sigue este mismo patrón. Ella fue una religiosa mediocre por veinte años. Básicamente, ella permitió que los rituales secos de la vida del convento la definieran. Entonces, evolucionó con un encuentro transformador con Cristo. Ella se movió de su cabeza a las profundidades más intimas de su corazón y descubrió que era amada sin condición o límite. Esto fue posible solamente conforme ella luchó con los tentáculos matadores de espíritu de la vida religiosa de su tiempo. Esto era una vida alejada del fuego y de la pasión del Jesús de los evangelios. Su búsqueda consecuente y radical para el cambio transformador fue anclado en la creciente conciencia de la misericordia sin límites de Dios revelado en Jesús.
Ya que su mantra fue “Mantén tus ojos en Jesús”, en el proceso, Teresa avanzó del doloroso pero gozoso viaje de ser una monja piadosa a una santa gloriosa, una reformadora de la vida religiosa y una doctora de la iglesia.
El hombre ciego estaba en un viaje similar para conocer a Jesús. Su experiencia fue bastante diferente en la rígida, limitada visión y respuesta hostil de los líderes judíos.
El mensaje del evangelio de hoy celebra el llamado del hombre ciego a la luz físicamente, y mucho más, espiritualmente. Esta brilla en contraste con el rechazo de los líderes judíos y la hostilidad hacia Jesús que es la luz del mundo. Ellos estaban discapacitados por su orgullo y egocentrismo. Nosotros estamos desafiados a romper las ataduras de nuestro orgullo y ensimismamiento y ceguera espiritual que nos permite pensar que vemos. Estamos llamados a compartir la alegría y la maravilla del hombre ciego al aceptar la luz de Cristo en la oscuridad de nuestros corazones. Necesitamos responder a la pregunta que el ciego hizo a los líderes judíos “¿Ustedes también quieren ser sus discípulos?”
En este cuarto domingo de cuaresma estamos llamados a abrazar la luz y a mantener nuestros ojos en Jesús, necesitamos aceptar el mensaje del hombre ciego. Él es, el que cuyo viaje le permitió ver a Jesús.

