LA EXPERIENCIA DE DIOS DEL PUEBLO

La Biblia es una historia de amor de Dios y su pueblo. Mientras que es sencilla y clara hay algunos puntos problemáticos porque este amor absorbe la fragilidad humana y el pecado por varios siglos.

La creación contada en el Génesis está escrita en su propio estilo simbólico y narrativo. Esto contiene visiones complejas sobre la experiencia humana y nuestra realidad histórica. Esto retrata la ventura humana basada en tres relaciones fundamentales y profundamente conectadas como esenciales a la experiencia humana. Estas relaciones son con Dios, con nuestro prójimo y con la creación. El Génesis cuenta relatos de la fragilidad básica de Adán y Eva, nuestros primeros padres, ellos fijan el patrón. Nosotros lo seguimos al situarnos a nosotros mismos y no a Dios en el centro de toda realidad. Nuestra condición pecaminosa nos hace resistir al llamado a reconocer las restricciones de ser criaturas.

Mientras que la Biblia es la historia de la salvación, las consecuencias del pecado están en el centro de la historia en los primeros once capítulos del Génesis. Estos subrayan la necesidad por la salvación. Caín y Abel, Noé y el arca, la Torre de Babel, y por supuesto, Adán y Eva y la manzana son ejemplos del empuje que tiene la humanidad para alejarse de Dios. La instrucción de Dios “Tengan dominio sobre toda la tierra” (Génesis 1: 23) es manipulada en nuestros patrones egoístas de comportamiento. Dios también nos dijo “Cultivarla y conservarla” (Génesis 2: 15) nuestra falla en ambos acontecimientos ha descompuesto severamente el balance entre Dios, la humanidad y la creación. Esta ruptura es expresada en nuestros tiempos por medio de guerras, violencia, abusos, negligencia hacia los vulnerables y la continua violación de la naturaleza.

El Papa Francisco describió este pecado que nos sitúa en el centro de la experiencia histórica de hoy conocido como “relativismo práctico” Él define el relativismo práctico como sigue: “Cuando los seres humanos se sitúan en el centro, ellos dan prioridad absoluta a la conveniencia inmediata y todo lo demás se vuelve relativo.”

Este relativismo, una poderoso y penetrante expresión de pecado en nuestros días, lleva a la explotación y descuido de lo demás a todos los niveles. Las personas son reducidas a objetos.

El abuso de los otros, económicamente, racialmente, y sexualmente, es una consecuencia natural de esta mentalidad. Vemos todo esto expresado en las fuerzas invisibles del mercado, en el tráfico humano, en el crimen organizado, en el consumismo maligno, en el tráfico de drogas, el incesante racismo y sexismo y en el desenfrenado mal uso de la tierra, el aire y el mar, la flora y la fauna. Todas estas fuerzas destructivas fluyen de una falsa visión y negación del mandato de Dios en Génesis.

En el capítulo 12 de Génesis con el llamado y la promesa hechos a Abraham, empezamos un viaje. Este pasaje de 2000 años nos llevará a Jesús y a la salvación de toda la humanidad. Lo que sigue en estos 20 siglos de historia de la familia de Abraham es una evolución. Esta es una historia del desarrollo siempre en expansión de la promesa a Abraham en la historia del pueblo judío y su experiencia de Dios. Esa historia de salvación que lleva de Abraham a Jesús es una lucha épica del pecado y la gracia.

En su vistazo más amplio, la historia fluye en un marco de tiempo a través de los siglos de Abraham a Moisés, a David, moviéndose hacia los profetas y culminando en Jesús. En todo esto, hay una expresión continua de la fidelidad de Dios y la ambivalencia humana. La historia se mueve de la promesa a Abraham, destinado a volverse padre de una gran nación, a Moisés liberando al pueblo en camino a la tierra prometida. La era de David y los reyes introduce la idea de esperanza por la intervención final de Dios en la persona del Mesías. La iluminación del mensaje de los profetas expande y profundiza esta esperanza. A lo largo del camino, se nos da el regalo de una sabiduría colectiva de la gente en otros libros, especialmente en los Salmos. Cada expresión de la historia nos dirige más profundo en el misterio de este Dios siempre activo, siempre amoroso y salvador.

A través de este viaje de la familia de Abraham evolucionando en el pueblo judío, la esperanza de la promesa avanza a pesar de las constantes y profundas infidelidades contra las leyes del pacto. De igual manera, hay un crecimiento lento pero constante en la comprensión comunal de quién es Dios y qué quiere Dios. Muchos siglos después de Abraham, el pueblo llegó a la verdad más profunda de todas: solo hay un Dios, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob,

El empuje completo del movimiento de esta historia de salvación lleva a Jesús, el Verbo de Dios. En Jesús, tenemos la plenitud de la revelación de Dios. Tenemos la invitación para entrar en el misterio del amor reflejado en la bella armonía entre las escrituras judías y el gran evento de Cristo crucificado y resucitado. La plenitud de la gracia de Dios y la verdad es revelada en Jesús en el abandono y pobreza absoluta de la cruz. Aquí encontramos la última verdad de Dios. Un Dios de amor salvador y de misericordia. Esta historia está elaborada en el Nuevo Testamento.

La historia de la salvación lleva a la oración

El Éxodo fue la pieza central de este viaje del pueblo de Dios. Esta fue la liberación de la esclavitud de Egipto. Incluía el pasaje a través del desierto y la entrada a la tierra prometida. En esta experiencia, el pueblo vio las más claras y fuertes expresiones de la presencia salvadora de Dios. El poder singular de esta experiencia guio al pueblo por siglos de historia con frecuencia tortuosa. Una y otra vez, los hijos de Abraham reflejaron la fidelidad de Dios que los hizo libres. Ellos encontraron fortaleza al encontrar la revelación de este Dios del éxodo en su situación constantemente problemática.

En la era cristiana fue la muerte y resurrección de Jesús lo que atrapó a la comunidad de fe a través de los tormentos de la historia. Esta última expresión del amor salvador de Dios se ha vuelto un portal a un nuevo día, el nuevo éxodo, en la historia cristiana. Lo vemos en la continua apertura a la esperanza, no importa cuán oscura ni el escozor que los estragos de la vida puedan tener.

El punto central de la historia de salvación en la Biblia es esta. El mensaje, en toda su amplitud y profundidad, viene de la experiencia del pueblo que tiene el poder salvador de Dios que está activo en sus vidas y en su historia. La Biblia nos enseña que el mismo Dios del pueblo elegido está en nuestra vida. La palabra en la Biblia nos da una luz que nos dispone a encontrar, entender y abrazar la realidad de la continua presencia de Dios en nuestra vida. Estamos invitados a participar en el llamado y la promesa de hoy. La oración personal profunda es el camino especial para encontrar este Dios salvador hoy. Esta es nuestra peregrinación a través de la historia hacia el reino de Dios. El regalo de la palabra de Dios en la revelación de la Biblia es siempre un llamado a una nueva vida y nuevos horizontes.
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