
Mateo 3: 13-17
Estimados amigos, San Mateo inicia la vida pública de Jesús con el bautismo del Hijo de Dios. En lugar de la reticencia del bautista para bautizar, Jesús le dice a Juan que siga con el ritual público. Dios tiene un plan y el bautismo se ajusta en ese esquema divino. Dios quiere que Jesús comparta la experiencia humana incluyendo el ritual del arrepentimiento que Juan estaba celebrando. Por su deseo de ser bautizado, Jesús estaba mostrando un deseo de acoplarse a la realidad humana. Esto fue una realidad en el continuo conflicto del bien y el mal, pecado y gracia. Ultimadamente, la profundidad de este compartir lo llevará a la muerte en la cruz.
Mientras tanto, en el evangelio de Mateo somos llamados a caminar con Jesús una vez más en nuestra vida y en el año litúrgico. Aunque nosotros conocemos la historia de Jesús, nunca la conoceremos suficientemente bien. De igual manera, necesitamos traer la historia a nuestra experiencia, una historia que siempre está entrando a nuevas etapas demandantes en nuestro viaje. San Mateo presenta a Jesús como nuestro guía.
En el pasaje del evangelio de hoy escuchamos al Padre compartiéndonos su amor por su amado Hijo. Necesitamos permitirle tocar nuestro corazón e iluminar nuestra mente, nosotros podemos ser iluminados al compartir este amor entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Lentamente, este encuentro continuo nos dirigirá hacia la libertad de la verdad y la nueva energía del amor que solamente Jesús puede dar.
Estamos invitados a recordar nuestro propio bautismo en esta fiesta del bautismo de Jesús. Nuestro bautismo es un compromiso sagrado que con frecuencia tendemos a olvidar. Este recordatorio debería animarnos a re comprometernos para caminar con Jesús en su papel se siervo. El llamado de la justicia debería inflamar nuestros corazones para estar presentes para todas las necesidades de nuestro prójimo. Debería derramar una luz sobre las demandas de nuestra relación dadora de vida y nuestras responsabilidades. Es un llamado a ser un sanador, un reconciliador y un proclamador de la Buena Nueva en imitación de Jesús.
Nuestro bautismo es una iniciación al servicio como un decreto del evangelio. Como Jesús, estamos llamados a escuchar el clamor de los pobres y de la tierra. Como Jesús, estamos llamados a alcanzar a aquellos en necesidad en medio de nosotros. Como Jesús, vamos a ser una presencia sanadora en medio de un mundo conflictivo.
Como Jesús, vamos a extender una mano de bienvenida y un corazón de bienvenida a todos. Es es nuestro llamado del bautismo. Esta es nuestra unión sagrada a Jesús que debe seguir profundizando por una vida de responsabilidad del evangelio que es energizada al morir a uno mismo.
Cada semana en la versión de San Mateo de la historia de Jesús seremos llamados a darnos cuenta de forma gradual que somos amados más allá de nuestros mejores sueños. Este amor, si es abrazado libremente, nos liberará para viajar a nuestro propio Jerusalén donde podemos morir y así podemos vivir y dar vida a todo.
Mientras tanto, en el evangelio de Mateo somos llamados a caminar con Jesús una vez más en nuestra vida y en el año litúrgico. Aunque nosotros conocemos la historia de Jesús, nunca la conoceremos suficientemente bien. De igual manera, necesitamos traer la historia a nuestra experiencia, una historia que siempre está entrando a nuevas etapas demandantes en nuestro viaje. San Mateo presenta a Jesús como nuestro guía.
En el pasaje del evangelio de hoy escuchamos al Padre compartiéndonos su amor por su amado Hijo. Necesitamos permitirle tocar nuestro corazón e iluminar nuestra mente, nosotros podemos ser iluminados al compartir este amor entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Lentamente, este encuentro continuo nos dirigirá hacia la libertad de la verdad y la nueva energía del amor que solamente Jesús puede dar.
Estamos invitados a recordar nuestro propio bautismo en esta fiesta del bautismo de Jesús. Nuestro bautismo es un compromiso sagrado que con frecuencia tendemos a olvidar. Este recordatorio debería animarnos a re comprometernos para caminar con Jesús en su papel se siervo. El llamado de la justicia debería inflamar nuestros corazones para estar presentes para todas las necesidades de nuestro prójimo. Debería derramar una luz sobre las demandas de nuestra relación dadora de vida y nuestras responsabilidades. Es un llamado a ser un sanador, un reconciliador y un proclamador de la Buena Nueva en imitación de Jesús.
Nuestro bautismo es una iniciación al servicio como un decreto del evangelio. Como Jesús, estamos llamados a escuchar el clamor de los pobres y de la tierra. Como Jesús, estamos llamados a alcanzar a aquellos en necesidad en medio de nosotros. Como Jesús, vamos a ser una presencia sanadora en medio de un mundo conflictivo.
Como Jesús, vamos a extender una mano de bienvenida y un corazón de bienvenida a todos. Es es nuestro llamado del bautismo. Esta es nuestra unión sagrada a Jesús que debe seguir profundizando por una vida de responsabilidad del evangelio que es energizada al morir a uno mismo.
Cada semana en la versión de San Mateo de la historia de Jesús seremos llamados a darnos cuenta de forma gradual que somos amados más allá de nuestros mejores sueños. Este amor, si es abrazado libremente, nos liberará para viajar a nuestro propio Jerusalén donde podemos morir y así podemos vivir y dar vida a todo.
