Dificultades en la Oración

La razón para las dificultades en la oración es que Dios siempre quiere más. No hay límite para su amor por nosotros. Dios siempre está llamándonos a rendirnos, para aceptar este amor. Hay un precio que tenemos que pagar por este encuentro. Es la muerte de nuestro egoismo; nuestro ego tiene que disminuir su papel de supremacía. Esto es la base para las dificultades en la oración.

 En primer lugar esta batalla tiene lugar en el perenne conflicto de encontrar tiempo para orar. Si tenemos un niño en condiciones críticas en el hospital o en un nivel más mundano, si nuestro equipo favorito esta jugando en las finales de una copa mundial o del super tazón el tiempo no es un problema. Nosotros encontramos tiempo para lo que es importante para nosotros.

Teresa de Ávila nos dice que orar es una conversación con alguien que sabemos que nos ama. Nuestra dificultad es superar nuestro amor propio para permitirle a nuestro amor por Dios pasarse al tope de la agenda. Para hacer esto enfrentamos el desafío del cambio, con frecuencia cambio personal profundo.

Teresa dice que la oración y la vida cómoda no son compatibles. La oración demanda sacrificio que reclama nuestro tiempo y luego nuestro estilo de vida.esto es la base para nuestras dificultades en la oración.

Cuando estamos orando las distracciones son la obstrucción número uno. La respuesta inmediata es volver a nuestro enfoque. Esto se hace básicamente volviendo al texto o a la palabra de nuestra oración, el mantra. Esto está en todas partes en la batalla de nuestra oración. El ego demanda control. El espíritu nos está llamando a que lo dejemos ir, en confianza, aceptación y rendimiento a Dios.

La raíz de las distracciones es este conflicto del ego y del espíritu. Las distracciones no se irán completamente hasta que Dios venga a nosotros en el desarrollo de la oración contemplativa profunda. Mientras tanto necesitamos entender que hay oro para ser encontrado en la lucha de los implacables vuelos de nuestra fantasía.

El nivel consciente de nuestra lucha es entre la interminable búsqueda de nuestro ego por el control a la sumisión gradual a Dios. A un nivel más profundo, Dios con frecuencia usa las distracciones para sacar a la superficie los problemas y preocupaciones que nos ayudan en el camino al autoconocimiento y a la humildad. Con frecuencia lo que parece un desperdicio total de tiempo, de hecho, es una bella invitación para abrazar la humildad.

Thomas Merton trajo el concepto del centrado en un entendimiento moderno de lo que es la oración. Esta idea está basada en la vista interior de que Dios es la verdad más profunda sobre cada ser humano. Dios está en el centro. Nuestro verdadero yo está para vivir en este centro en total fidelidad.

Este pasaje hacia el centro significa movernos más allá de nuestro yo superficial, el yo que está dominado por los falsos valores de la sociedad consumista. Este es el yo que crea un falso centro de auto absorción. Este es el yo que vive con la ilusión de la grandiosidad. Este falso yo exagera la importancia de las apariencias y de la percepción. Este es el yo dominado por el ego para crear un mundo centrado en uno mismo.

Orar es básicamente crear un viaje de cambio del falso yo al verdadero yo. Esto es centrar. Esta es la llamada de enfoque a una vida contemplativa.

Las dificultades en la oración están enraizadas en esta rendición que crea el  movimiento hacia el verdadero ser. El viaje en oración es casi siempre parcial e incompleto. Es una gran ayuda para nosotros tener una clara comprensión de a dónde vamos, al centro donde el verdadero yo es uno con Dios. Este es el completo desarrollo de nuestra humanidad. No es un retiro de la vida sino la completa y viva aceptación de vida con Dios en el centro. Esta es la meta del viaje del Evangelio de caminar con Jesús.

Teresa de Ávila dijo que hay tres virtudes que son fundación necesaria de la oración. Estas son humildad, el desapego y el amor por hermanas y hermanos. lo opusto a estas virtudes son, la autoimportancia, el apego y la animosidad personal y social. Estos elementos negativos son la fuente de las grandes dificultades para orar.
Estas tres virtudes traen orden a nuestra vida de oración. Nosotros crecemos en la relación saludable con nosotros mismos, con otros y con Dios. Para Teresa la humildad es la verdad. Crecemos en humildad al expandir nuestra conciencia de Dios y del autoconocimiento. El autoconocimiento nos da una revelación gradual de que Dios es Dios. Dios es el creador y nosotros somos las criaturas. Dios es el misericordioso y amoroso creador. Nosotros somos las criaturas pecadoras y perdonadas. Esta es la realidad básica de la condición humana. La humildad es la aceptación de esta verdad. El desapego es el propio uso de las  criaturas de Dios. Toda la creación está orientada a traernos a una relación libre y amorosa con Dios. El desapego nos ayuda a poner a todas las criaturas en la perspectiva correcta.

El corazón humano es una máquina hacedora de idolos que trata de hacer corto-circuito en este proceso de hacer las cosas buenas de la creación de Dios en un dios más confortable y conveniente bajo nuestro control y con frecuencia a nuestra imagen.

El amor de nuestros hermanos y hermanas es el mensaje inexorable de Jesús. De el Padre Nuestro hasta alturas místicas de Juan en la última cena el mensaje es claro y fuerte: amarse los unos a los otros como yo los he amado.

El último desafío en la jornada con Jesús es la llamada a amar a nuestro prójimo. De igual manera, no hay una realidad más dominante en nustra jornada hacia el centro que nuestras propias fallas para amar a los demás.

Todos tenemos nuestras historias de maltrato, negligencia, y violación de derechos en nuestra persona. Creamos cintas de estas infracciones de nuestra dignidad y buen nombre. Estas cintas con frecuencias dominan nuestro tiempo de oración. Estas cintas dominan nuestro tiempo de oración con mucha frecuencia.

El falso yo con su exagerado sentido de importancia, nuestros apegos que con frecuencia son nuestras adicciones junto con nuestros dolores personales son todos la fuente más profunda de nuestras difucultades para orar. Nuestras distracciones casi siempre fluyen de estas distorsiones del orden correcto en nuestra búsqueda del rostro de Dios en la oración.

El viaje hacia el centro será guiado por la humildad, el desapego y una caridad inclusiva para todos.

En humildad nosotros nos aceptamos en dos cosas en la capacidad para amar y en nuestros quebrantos. Ponemos todas las cosas en perspectiva. Somos reales. Dios es Dios y nosotros las criaturas. Esta es la verdad.

En el desapego, empezamos la lucha para situar todas las cosas en su lugar correcto. Su importancia es medida por cómo nos llevan más cerca de Dios. Ellas nos hacen más libres o nos esclavizan más. Necesitamos estar en la constante búsqueda para ser libres para amar.

En amor por nuestros hermanos y hermanas necesitamos las dos cosas, humildad y desapego para limpiar la niebla y aún la oscuridad de nuestros corazones fragmentados. Tenemos que entrar en la búsqueda transformadora para permitir que el amor gane. Debemos poner en Cristo Jesús y permitir que nuestras vidas proclamen, “La paz esté con ustedes”

La batalla entre la oración y todas las dificultades que trae están sumergidas en la persecución de la humildad, el desapego y el amor por los demás. Esta es la jornada hacia el centro que eventualmente nos llevará a superar nuestras dificultades para orar.

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