Mateo 28: 16-20
Estimados amigos, En la fiesta de hoy de la Ascensión, es difícil para nosotros comprender la enormidad del impacto de los apóstoles. Necesitamos una fe verdaderamente profunda para crecer en una conciencia honesta de la profundidad de la convulsión de los apóstoles en la partida de Jesús.
Primero que todo, ellos están solos. Ellos tenían poca organización y menos claridad sobre su misión. No importa la belleza de las reconfortantes palabras finales de Jesús, su mentor, su maestro, su guía y apoyo para esos tres intensos años que ya se habían ido.
Traten de imaginar cuán alarmante y doloroso fue el mensaje de universalidad. La primera iglesia lucharía con eso por décadas.
Una parte significativa del evangelio de Mateo fue sobre el cumplimiento de la ley mosaica y no el retiro de ella. Después de toda una vida de experiencia y siglos de tradición, el concepto de ser “El Pueblo Elegido” fue simplemente parte de su ADN judío. Ahora, en un instante, ellos están misionados para cambiar todo de arriba abajo por dentro y por fuera y predicar el evangelio a los gentiles paganos.
Jesús lo dejó claro, una y otra vez, su misión era para la familia de Abraham. Ahora, en este encuentro final, la misión es “Hacer discípulos de todas las naciones” (Mateo 28: 19) Iba a tomar cierto tiempo para los primeros discípulos y para la primera iglesia entender la profundidad del llamado de Jesús a la inclusión universal. La confusión consecuente está retratada claramente en Los Hechos de los Apóstoles. Decir la verdad, tenemos más que suficientes problemas aceptando a un extraño en nuestras propias parroquias hoy.
Segundo, nosotros leemos en el texto del evangelio “Cuando ellos lo vieron, lo adoraron, pero ellos dudaron” (Mateo 28: 17) Mientras que Mateo es mucho más gentil que Marcos, él también, retrata a los doce apóstoles originales como un grupo defectuoso de seres humanos. Este texto es un ejemplo de ello. Justo desde el inicio, la iglesia estuvo luchando con los claros limites de la condición humana sin importar cuan exaltada fuese la comisión divina para proclamar el evangelio a los confines de la tierra.
La aflicción de la debilidad humana está un poco presente en la iglesia y sus miembros hoy en día.
La duda y la confusión han sido parte de la realidad de la iglesia a través de la historia. Ha habido poco tiempo en la historia de la iglesia en la que algún grupo no haya estado en el proceso de romperse. La infidelidad y el conflicto han estado presentes desde los primeros tiempos de Los Hechos de los Apóstoles hasta la crisis de la misa en latín de hoy. El abuso de jóvenes en el escándalo sexual de nuestros tiempos es solo una parte de una larga historia de pecado e infidelidad. En el largo viaje de la iglesia de pecado y gracia, Jesús ha mantenido su promesa de estar con nosotros en la iglesia hasta el final.
Una observación final es más reconfortante. En Mateo 1: 23 leemos: “La virgen concebirá y dará a luz, y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa Dios con nosotros.” Ahora otra vez recibimos esta afirmación divina de Jesús: “Y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia.” (Mateo 28: 20)
Mientras que siempre ha habido un gran número de problemas, siempre ha habido un grupo más que sustancial de testimonios en la iglesia llamándonos en palabra y en verdad al mensaje del evangelio.
Hoy, nosotros también enfrentamos nuestra realidad diaria y tenemos el llamado de Cristo para vivir y predicar el evangelio. No hay mayor desafío en la vida si nosotros queremos responder verdaderamente con generosidad. Los obstáculos son enormes. Aparentemente incontables de nuestros hijos y amigos y parientes han abandonado la iglesia. Los jóvenes de hoy parecen mucho más inclinados a encontrar su camino espiritual fuera de la religión organizada. Nuestra cultura se vuelve más materialista por la hora y menos inclinada a tomar la espiritualidad en serio. Junto con esto, y muchos otros factores negativos, tenemos el aparente eterno embate del abuso sexual en la iglesia.
En todo ello, necesitamos aferrarnos a la promesa de Emmanuel, Dios está con nosotros.
El significado de esta bella fiesta de la Ascensión está capturado en las palabras del prefacio de la misa de hoy:
Cristo, el mediador entre Dios y los hombres y mujeres,
Juez del mundo y Señor de todo
Ha pasado más allá de nuestra vista
No para abandonarnos sino para ser nuestra esperanza.
Cristo es el inicio, la cabeza de la iglesia;
A donde Él ha ido esperamos seguirle.
Nuestra esperanza está enraizada en la realidad de que Jesús está con nosotros todo el tiempo. Nuestro destino no es la desesperanza y la confusión. Es un simple compromiso para vivir con fe y confiar en un Dios que tiene un mejor plan. Oramos en la plegaria de apertura de la misa de la Ascensión, “Que lo sigamos en la nueva creación, porque su Ascensión es nuestra gloria y nuestra esperanza”
Nosotros celebraremos el otro gran regalo del Misterio Pascual, el Espíritu Santo, en la fiesta de la próxima semana de Pentecostés.

