El encuentro con Jesús: Victoria para el verdadero ser
Esta es la última de once reflexiones sobre las enseñanzas de Tomas Merton sobre la dinámica del verdadero ser y el falso ser. Esta relación conflictiva pero iluminadora impregna la enorme cantidad de escritos sobre la vida espiritual de Tomas Merton. El punto básico del conflicto es el empuje del individuo para acercarse y alejarse de Dios, que es el verdadero y último destino de las personas. La exposición de Merton de las consecuencias del pecado original es cruda en su intensidad. Esta es la tarea del falso ser. Al mismo tiempo el empuje del verdadero ser, la siempre presente llamada personal y amor apasionado de Dios, es aún más poderosa. El corazón humano es el campo de batalla de esta confrontación aparentemente sin final.
SOLAMENTE EN JESÚS
A lo largo de la historia de la iglesia siempre ha habido una tendencia a distorsionar la verdad central de nuestra fe, Jesucristo. En nuestros tiempos, estamos bendecidos al regresar a un entendimiento más claro y un compromiso creciente a la persona de Jesucristo.
El evangelio nos da hoy, y a través de toda la historia cristiana, una oportunidad para descubrir a Jesús justo como hicieron los primeros discípulos cuando se unieron a Él en los caminos polvosos de Galilea. Jesús camina en nuestras vidas a través de los evangelios. Los evangelios son una parte privilegiada de la Palabra de Dios. El resto de la Biblia nos lleva hacia ellos y fluye de ellos.
Los evangelios están estructurados de manera que nosotros, como Pedro y los otros, conozcamos a Jesús en las maravillas de su ministerio. Nosotros estamos llamados a oír sus enseñanzas y a ver sus sanaciones. Estamos desafiados a responder al mensaje radical del perdón y la inclusión.
Estamos invitados a ponderar la maravilla de su compasión. Se nos pide entrar en las historias. Es de mucha ayuda vernos a nosotros mismos como la persona ciega que consigue la vista, el leproso que es limpiado, el paralítico que es perdonado y sanado.
Justo como los discípulos que fueron testigos de las sanaciones, los panes y los peces, la caminata sobre el agua y las otras actividades, somos confrontados con la pregunta crítica de Jesús, “¿Quién dicen que soy yo?” (Marcos 8: 29) no hay otra pregunta más importante y desafiante en nuestra vida. ¿Quién es Jesús para nosotros?
Como los discípulos, no entendemos todo de una vez. El mensaje lentamente se enraíza en nuestra mente y en nuestro corazón. Estamos en el camino, pero el paquete completo es el trabajo de toda una vida. Esta experiencia de encontrar a Jesús es un modelo de la discordia constante entre el verdadero ser y el falso ser.
Solamente en el Jesús de los evangelios podemos encontrar realmente lo correcto en nuestra fe cristiana y la victoria final del verdadero ser. Siempre hay decepciones y engaños culturales atrayéndonos a una ruta más fácil. Ya sea la búsqueda por la verdadera caridad fraternal o la oración honesta, la demanda de justicia o nuestro gancho a las posesiones materiales, el falso ser está constantemente asaltando nuestro compromiso con el evangelio como un cáncer. Está comiendo la verdad del evangelio. Siempre necesitamos regresar a Jesús por la luz y la verdad, no importa que tan incomodo o demandante sea. Solo Jesús es la fuente de la verdad íntegra en la vida.
EL EVANGELIO VIENE CON UN PRECIO
El evangelio brilla con claridad. Necesitamos caminar con Jesús en el camino a Jerusalén. “Cualquiera que desee seguirme debe negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme. Porque cualquiera que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda la vida por mi causa y por el evangelio la salvará.” (Marcos 8: 34-35)
Los discípulos estaban siguiendo a Jesús al principio con una agenda confusa. Una buena parte de sus metas era para su provecho personal. Ellos querían estar en una posición de honor. Ellos querían estar en el control. El poder y el prestigio eran las recompensas que ellos vieron por seguir a Jesús. Con mucha frecuencia, es lo mismo con nosotros. Queremos que Jesús nos cumpla nuestros planes. Un encuentro honesto con Jesús siempre viene con un precio y un precio que continúa escalando. Jesús es gentil pero consistente en pedir continuamente por más. Una conversión nunca es suficiente.
Este es el centro del encuentro con Jesús. Es una transición moviéndose de nuestra visión de la felicidad, de nuestras prioridades hacia la visión y el llamado de Jesús. La conversión se repite en sí misma conforme nos mantenemos fieles con Jesús en el camino a Jerusalén. La oración lleva a una conciencia siempre en expansión de la voluntad de Dios que siempre está en movimiento alejándose de los engaños del corazón falso.
MANTENER NUESTROS OJOS FIJOS EN JESÚS
Los discípulos, a diferencia del joven rico, continuaron su compromiso con Jesús. Ellos fueron consumidos con sueños rotos, confusión y temor, pero al final, ellos fueron fieles. Ellos fueron atrapados en la más profunda batalla del corazón humano. Ellos estuvieron buscando el verdadero ser en medio de los engaños e ilusiones del falso ser. Ellos experimentaron al corazón creando ídolos con realidad distorsionada. La atracción del mal los cegó y debilitó su espíritu.
En su esfuerzo por comprender a Jesús, los discípulos empezaron a reconocer el dilema humano de la lucha épica del corazón. Ellos estaban viviendo lo que Pablo escribió unas décadas más tarde en la Carta a los Romanos: “Nosotros sabemos que la ley es espiritual, pero yo soy carnal, vendido en la esclavitud del pecado. Lo que hago, no lo entiendo. Ya que no se lo que quiero, pero se lo que odio.” (Romanos 7: 14-15)
En aquel fin de semana fatal, los discípulos enfrentaron una elección traumática: caminar con Jesús o huir. Esto estaba sucediendo en tiempo real en el viaje a Jerusalén. El llamado atemorizante a continuar caminando con Jesús significaba no solamente la destrucción absoluta de sus esperanzas y ambiciones, sino que de hecho situaba sus vidas físicas peligrosamente en riesgo.
Ellos cedieron y escaparon de Jesús. Sin embargo, aún se aferraban el uno al otro con incredulidad y miedo al borde de la desesperación en el cuarto de arriba. Entonces apareció Jesús con sorprendente misericordia. “Que la paz sea con ustedes” (Juan 20: 21) Para Jesús, no hubo un dedo señalador sino únicamente aceptación incondicional y ánimo. Ahora, ellos tenían la última pieza del rompecabezas, la muerte y la resurrección, en sus manos. Era su trabajo poner el misterio de Jesús junto en sus vidas. Esta experiencia de la misericordia de Dios limpió y renovó su compromiso. Ellos estaban listos para derramar la incertidumbre y el pánico. Ahora ellos eran libres de caminar con Jesús en lugar de la continua ambigüedad de la vida.
SEGUIR A JESÚS
El evangelio revela las bases de toda espiritualidad y nos llama a la transparencia de la identidad de un verdadero cristiano. Nos enseña que ser un discípulo de Jesús es seguirlo a Él. Esto es la vida cristiana. Seguir a Jesús.
Los cuatro evangelios, en toda su diversidad, finalmente nos traen un panorama de Jesús que es un espejo para nosotros. Miramos a Jesús y vemos lo que es más auténtico sobre nosotros. Somos hijos de Dios, amados y perdonados. En su exhortación, La Alegría del Evangelio, el Papa Francisco describe la alegría y la belleza de descubrir nuestro verdadero ser cuando respondemos al llamado de Jesús.
“El Señor no se decepciona de aquellos que toman este riesgo; cuando sea que demos un paso hacia Jesús, nosotros nos damos cuenta que Él ya está ahí, esperando por nosotros con los brazos abiertos. Ahora es el momento de decirle a Jesús, “Señor, me he permitido ser engañado; en mil formas he rechazado tu amor, sin embargo, aquí estoy una vez más, para renovar mi pacto contigo. Te necesito. Sálvame una vez más, Señor. Tómame una vez más en tu abrazo redentor.” (La alegría del evangelio: # 3)

