Dios sabe esto y Él ha enviado a su Hijo para comprometernos en la conversación que traerá esta sanación y esta libertad que es lo que celebramos este día de navidad.
En el evento más consecuente en la historia, el Verbo se ha vuelto carne. Cuando perdemos de vista al Niño que se vuelve uno de nosotros también perdemos otro punto consecuente. Estamos llamados a volvernos uno con el sobrecogedor misterio que es amor, el Dios de Abraham. Nos estamos perdiendo en la oscuridad en este gran día luz, nuestra celebración rápidamente se opaca en una ilusión pasajera.
Poner a Cristo atrás en la navidad es seguramente el deseo de la mayoría de los cristianos. La intensidad de los “Black Fridays” y de los “ciber lunes” parecen nunca terminar. Es verdaderamente difícil traspasar el mensaje de “comprar hasta desmayarse” a un nivel personal un gran número de personas trata de balancear el gran comercialismo y el significado de las escrituras de la festividad. Una honesta e inteligente lectura de las escrituras abre el abismo entre nuestras celebraciones y el gran misterio de la fiesta. El verdadero mensaje radical en Lucas y Mateo del nacimiento de Jesús va muchísimo más allá del pegadizo eslogan “Poner a Cristo atrás en navidad”, estaos atrapados en una adivinanza de la increíble presión cultural de la conquista comercial de la navidad y el sencillo acto sobrecogedor de amor que es el Verbo hecho carne.
Perdemos el punto de la navidad si no abrimos nuestros ojos al mal que está en nuestra puerta y en nuestro corazón. La navidad nos invita a compartir el romper el dominio completo de la oscuridad al abrazar la luz que es el Verbo hecho carne. El mensaje oculto frecuentemente es que estamos llamados no solamente a celebrar la luz. Necesitamos volvernos la luz para traer esperanza a nuestro mundo destrozado por la manera en que vivimos.
En nuestras liturgias de navidad usamos el Evangelio de Lucas, Mateo y Juan. Nosotros hemos creado una descripción sentimental y florida del nacimiento en Belén que distorsiona la historia de Lucas. La versión comúnmente aceptada esconde el desarraigo, pobreza y el profundo desconcierto de María y José. ¿Cómo podría Dios permitir que su Hijo entrara al mundo en tal destitución?
Nuestra “Noche de Paz” es la interpretación sentimental del evento que deja poco espacio para el verdadero mensaje de Lucas, y prácticamente nada de espacio para la descripción de la historia de Mateo. Ambos evangelistas nos están invitando a ir a la más profunda y más verdadera dimensión de nuestra realidad, una gracia que está siempre llamándonos a salir de la oscuridad y entrar en la luz. La descripción cruda y desafiante de los evangelistas del nacimiento ofrece un telón de fondo adecuado para la última conversación de Dios con una humanidad quebrantada en la persona de Jesucristo.
Un punto importante para recordar es que ambos, Mateo y Lucas describen el nacimiento de Jesús como una obertura para el mensaje completo del Evangelio. El Niño en el pesebre es el inicio de un viaje que lleva al Mesías en la cruz. Dios nos habla en ambos eventos que son una realidad: el amor salvador de Dios por nosotros. Unas pocas culturas captan esta profunda verdad al usar la madera del pesebre para la madera de la cruz en la celebración de su Viernes Santo. La historia de Mateo enfatiza la conexión de el nacimiento de Jesús con el anhelo judío por el Mesías como el hijo de David. Este Mesías en Mateo es Emmanuel, Dios con nosotros. La reacción al nacimiento, visto en el esfuerzo de Herodes por manipular a los Reyes Magos, anticipa toda la intriga y la violencia que sucederá en el viaje al Gólgota.
Mientras que Lucas tiene un elemento fuerte de canto y alegría, la nota sombría en Mateo sigue en el exilio a Egipto y la matanza de los inocentes. El niño de María evita el sacrificio por intervención divina solamente para enfrentar la voluntad del Padre en el Huerto.
La versión de Mateo del conflicto del bien y el mal enfrenta a la Sagrada Familia y a Herodes. Vuelve el momento hacia atrás a Moisés y el faraón y mira hacia adelante hacia la muerte salvadora que termina en la resurrección. El mundo que Mateo está retratando en el nacimiento de Jesús es un retrato de nuestro mundo hoy con nuestra no bienvenida a los migrantes y la esclavitud sexual, pandillas y abusos en las familias, gran injusticia en la distribución de la riqueza y enorme inversión en armas, la siempre presente maldición del racismo todo cristalizado en la guerra de Putin y el horror que vive la gente de Gaza. Y encima de todo, difícilmente tenemos un noticiero que no empiece con los estragos del cambio climático.
Desde el momento de su llamado para ser la madre, María enfrentó la ironía de expresar alegría y maravilla en su corazón contra la continua desorientación, confusión y total desplazamiento de sus planes y eventos en su vida diaria.
Ambos, Mateo y Lucas están dirigiendo la pregunta que invade los evangelios: ¿Qué clase de Mesías será Jesús?
Nuestra celebración cultural y comercial de la navidad está llena con una respuesta que Jesús desafiaba en todos los momentos de su vida, ministrar y enseñar y especialmente en su muerte y resurrección. Él no será un Mesías aislado de los pobres y los marginados. Él no estará envuelto en riqueza y poder. Él será un Mesías de sacrificio y servicio envuelto en ropas humildes. La salvación que ofrece Jesús como un Mesías sufriente no es de la que se arregla fácil. Es una salvación que llama a nuestra purificación y entrega llevando a una transformación personal y aún a un lavado de pies de nuestro vecino en necesidad.
El mensaje de Lucas de esperanza y alegría es más maravilloso en el contexto de este mensaje completo del evangelio.
A pocos meses antes de su muerte el arzobispo Romero captó la profundidad espiritual de la navidad. Él dijo, “Hoy, recordamos que el reino de Dios está ahora en este mundo, y que Cristo ha inaugurado la plenitud de los tiempos. El nacimiento de Cristo testifica que Dios está ahora marchando con nosotros en la historia – que nosotros no estamos solos, y que nuestra aspiración por la paz, por la justicia, por un reino de ley divina, por algo es santa y está lejos de las realidades de la tierra. Sin embargo, podemos esperar todas esas cosas, no porque los seres humanos seamos capaces de construir ese reino de santidad que proclama la sagrada palabra de Dios sino porque el constructor de un reino de justicia, de amor y de paz ya está con nosotros, en medio de nosotros.”
Estas palabras, en el mensaje de navidad de esperanza, me llevó a mi historia de navidad que experimenté hace algunos años. Yo estaba en la estación de policía llenando un reporte sobre mi teléfono que fue robado. Esperando por mi reporte, una madre joven y su bebé de seis meses se sentaron cerca de mí. Yo le compartí cómo es de loco perder tu teléfono. Ella respondió, “si tú quieres saber lo que es loco, necesitas tener un esposo violento y abusivo. En nuestra conversación supe que ella era inmigrante de un país musulmán, viviendo en Estados Unidos por dos años y medio. Aún cuando los dos todavía vivían en el mismo edificio, la situación entre ella y su esposo es tan mala, que ellos deben intercambiar al niño en la estación de policía. Esto sucede cuatro días a la semana cuando ella va a la escuela. Ella está sacando un doctorado en psicología clínica.
Lo que me atrapó de esta escena fue cuan esperanzada estaba ella a pesar de ser una mujer abusada, una inmigrante musulmana y la madre de un bebé en un matrimonio fallido.
Era obvio para mí que el mensaje de esperanza y la gracia del Niño de Belén es para toda la gente y en todo momento aún si ellos no tienen la “etiqueta” de cristianos. El Verbo hecho carne ha expuesto una realidad impregnada con vida y amor para toda la gente en todos los tiempos no importa que tan desafiantes sean las circunstancias.

