CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO

Mateo 1: 18-24

Estimados amigos, No importa cuanto lo intentemos, realmente es una batalla cuesta arriba tratar de entender la frase “Jesús es la razón de la temporada”

En el paso de nuestras vidas hemos sido recipientes de billones sobre billones de dólares en propaganda para sumergirnos en la idea empaquetada de una navidad comercial. Es una sutil y atractiva tentación. Al final, sin embargo, muy poco o nada tiene que ver con el Cristo de los Evangelios.

En la oración de entrada de la liturgia de hoy, la iglesia, como una voz en el desierto, está llamándonos a volver a Jesús, en la belleza y maravilla crudas del mensaje del evangelio. Nos dirige a poner cuidado al mensaje del ángel sobre la encarnación. Luego, casi en un chocante contraste para la visión que tenemos de esta temporada, nos tiene orando “Por su pasión y su cruz sea llevado a la gloria de su resurrección.”

Es un mensaje que corta a través de lo malo y la decepción. Nos dice que si realmente vamos a entrar en el misterio del bebé en el pesebre, necesitamos aceptar la totalidad del mensaje. Esto de hecho solamente es posible al aceptar al Cristo crucificado y resucitado. En esta visión más amplia, somos capaces de entender la verdad genuina de la experiencia de Belén. Es el comienzo de la batalla final del bien y el mal que abre la oscuridad de nuestras vidas y del mundo a una nueva luz del mundo que es Cristo.

En este acercamiento al misterio de la navidad, el 26 de diciembre o cualquier otro día del año no es una decepción tener que limpiar el desorden dejado por el evento comercial. La verdadera experiencia de la navidad nos envuelve en un mensaje de esperanza cada día.

De manera que hoy, en este domingo final antes de la navidad, estamos invitados a ponderar claramente dos frases confortantes y reveladoras en nuestras lecciones de las escrituras.

En la historia del evangelio de hoy las dos frases son, “No teman” y “Emmanuel” que significa Dios con nosotros. Estas frases marcan el cambio en el enfoque del mensaje de adviento. La encarnación del tiempo de navidad que se aproxima se está moviendo al centro del escenario. Cada una de las lecturas de hoy es sobre este tema. Emmanuel nace en este tiempo para estar para siempre con su pueblo como la nueva presencia de un Dios amoroso y salvador.

Mientras que la frase “No teman” es usada más de trescientas veces en las escrituras, las narrativas de la infancia según Lucas y Mateo transmiten esta expresión cuatro veces. Siempre está relacionada con la presencia de apoyo de Dios en una situación de desafío tal como el dilema de José con el embarazo de María.

Justo como la casi destructiva ambigüedad que María y José enfrentaron, nuestras vidas nunca están libres de las consecuencias del mal. Enfermedades, ignorancia, prejuicio, violencia y odio vienen a nosotros en todas las maneras y formas. Esta es la realidad de vivir con la aparentemente interminable batalla del bien y el mal en los eventos de nuestro diario vivir. Ni bien se había reducido el COVID a solo una amenaza, cuando ya teníamos encima la guerra de Putin y Ucrania o la violencia aparentemente sin fin en el Oriente Medio. Estos horrores increíbles nos confrontan con la carnicería humana, la destrucción del medio ambiente, amenazas de desastres nucleares, y el desperdicio de todos estos recursos a la negligencia del pobre y el hambriento. Esta gran manifestación del mal afecta a cada persona.

“Emmanuel” revela la fidelidad de Dios y el involucramiento en toda la realidad humana. Dios está siempre presente llamándonos a entrar en el misterio de la nueva vida y del nuevo amor en medio del mal. En este cuarto domingo de adviento, empezamos a recordar el gran evento de Dios que se vuelve humano en la persona de Jesús. Esta es la última revelación del involucramiento salvador de Dios en nuestro mundo quebrantado. Nuestro desafío es estar abiertos y receptivos a la llamada en los términos de Dios.

Mientras “No teman” y “Emmanuel” son declaraciones profundamente confortantes, María y José necesitaron de todo el apoyo que pudieran obtener. Si usted puede hacer un análisis mínimo de su situación, el desafío para su relación era enorme. En todo momento la prometida dice que quedó embarazada del Espíritu Santo, ¿A dónde va el diálogo después de eso? Agregue el hecho de que el niño va a ser el salvador de su pueblo, la única gracia salvadora tendría que ser la intervención divina. Eso es lo que sucedió.

María y José tuvieron que ir muy profundo en la confortación y reasegurar el mensaje del ángel para darle cualquier tipo de sentido a la realidad de su pobreza y el desarraigo que iba a ser parte de la crisis que los rodeaba. Realmente los desafiaba mirar con fe al bebé que necesitaba un cambio de pañal y ver esperanza para el mundo.

En este cuarto domingo de adviento cuando recordamos la maravilla de Dios volviéndose de carne, estamos invitados a abrazar el gran regalo de “Emmanuel”. Dios está con nosotros en amor, misericordia y gracia salvadora en la persona de Jesús, el hijo de María. Nuestro desafío es responder a este llamado de amor en los términos de Dios.

Para María fue sólo el comienzo de un largo viaje de confusión y soledad. Solo su fe y confianza podrían confortarla en medio de una serie perpleja de eventos que ultimadamente la trajeron al pie de la cruz.

Cuando piensas en eso, es similar a nuestro viaje. No es de maravillarse que la gran oración de adviento sea tan relevante para nuestra vida. “¡Ven Señor Jesús!”
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