La Oración: El camino a la renovación personal
Esta es la novena de once reflexiones sobre las enseñanzas de Tomas Merton sobre la dinámica del verdadero ser y el falso ser. Esta relación conflictiva pero iluminadora impregna la enorme cantidad de escritos sobre la vida espiritual de Tomas Merton. El punto básico del conflicto es el empuje del individuo para acercarse y alejarse de Dios, que es el verdadero y último destino de las personas. La exposición de Merton de las consecuencias del pecado original es cruda en su intensidad. Esta es la tarea del falso ser. Al mismo tiempo el empuje del verdadero ser, la siempre presente llamada personal y amor apasionado de Dios, es aún más poderosa. El corazón humano es el campo de batalla de esta confrontación aparentemente sin final.
La tradición Carmelita claramente declara que estamos llamados a la unión con Dios como la meta de nuestro desarrollo humano pleno. Esta es otra forma de decir que nuestra meta es la victoria del verdadero ser. Esta es la peregrinación a la inocencia del paraíso. Alcanzamos esta transformación por medio del proceso de purificación que inicia con nuestro esfuerzo por vivir una vida auténtica de oración. Concluye con la acción de Dios en el estado de la contemplación. Nuestra vida cristiana nos lleva por medio de la oración a la experiencia de Dios que nos purifica y nos transforma.
Santa Teresa de Ávila tiene una alta estima para la oración vocal. Para ella, el punto clave era que necesitamos poner atención a quién le estamos orando junto con el mensaje de las palabras de la oración. La práctica común de la oración mental en su tiempo fue llamada meditación. Incluía el uso de la mente y la imaginación para agitar el corazón. Eso la llevó a uno de sus dichos más famosos, “ya que la oración mental, en mi opinión, no es nada más que un compartir íntimo entre amigos. Significa tomar el tiempo para estar a solas con Él, que nosotros sabemos que nos ama.” (L 8.5)
El pensamiento y la imaginación de la meditación significan remover el corazón para conocer mejor a Jesús y buscar la voluntad de Dios. Esto desarrolla nuestra transformación personal. Teresa nos dijo que la meta de la oración es “No pensar mucho sino amar mucho.” (Castillo Interior 4.1.7)
teresa siempre vio la importancia de la oración como aquello que nos dirige a una relación amorosa más profunda con Cristo. La meditación para Teresa fue un esfuerzo necesario. Con crecimiento y dedicación, la esperanza es que Dios nos llamará a ir hacia el regalo de la contemplación. Mientras tanto, necesitamos hacer la práctica constante de orar lo que podamos cada día.
Conforme nuestra oración se vuelve más auténtica, hay un movimiento hacia nuestro verdadero centro donde se encuentra Dios. Esto significa un movimiento más allá del ser superficial, el ensimismado en el mundo publicitario del eterno nuevo producto para llenar el vacío de un corazón mal dirigido. Este es el auto sostenido patrón de toda una vida del ensimismamiento. Este es el falso ser. La oración abre el pasaje al verdadero ser. Mientras este viaje interior en oración ofrece innumerables bendiciones, siempre está limitado y es deficiente. Gradualmente nos permite ver cuan distantes estamos de nuestro destino real: la unión con Dios.
Con este nuevo enfoque en Dios en oración, hay cambios aún más profundos dentro de nosotros. Empezamos a ver la necesidad por más honestidad y autenticidad en todas nuestras relaciones con las personas, con las cosas y con las ideas. Encontramos que es más fácil retirar la viga que tenemos en nuestro ojo y ser más y ser más tolerante a las faltas que cometen los demás. La situación de “esto o aquello” empieza a desvanecerse. La visión de la vida como “ambas cosas” empieza a brotar como una posibilidad real para nosotros. Finalmente, nosotros gradualmente empezamos a experimentar la vida como si estuviese enraizada en un sentido abrumador de estar en presencia de la gracia de Dios. La oración, en verdad, abre el camino para nuestro retorno al paraíso. Esta es la experiencia de moverse del falso ser al verdadero ser.
Santa Teresa de Ávila tiene una alta estima para la oración vocal. Para ella, el punto clave era que necesitamos poner atención a quién le estamos orando junto con el mensaje de las palabras de la oración. La práctica común de la oración mental en su tiempo fue llamada meditación. Incluía el uso de la mente y la imaginación para agitar el corazón. Eso la llevó a uno de sus dichos más famosos, “ya que la oración mental, en mi opinión, no es nada más que un compartir íntimo entre amigos. Significa tomar el tiempo para estar a solas con Él, que nosotros sabemos que nos ama.” (L 8.5)
El pensamiento y la imaginación de la meditación significan remover el corazón para conocer mejor a Jesús y buscar la voluntad de Dios. Esto desarrolla nuestra transformación personal. Teresa nos dijo que la meta de la oración es “No pensar mucho sino amar mucho.” (Castillo Interior 4.1.7)
teresa siempre vio la importancia de la oración como aquello que nos dirige a una relación amorosa más profunda con Cristo. La meditación para Teresa fue un esfuerzo necesario. Con crecimiento y dedicación, la esperanza es que Dios nos llamará a ir hacia el regalo de la contemplación. Mientras tanto, necesitamos hacer la práctica constante de orar lo que podamos cada día.
EFECTOS DE LA ORACIÓN
Cuando oramos regularmente con un compromiso personal profundo, cosas suceden dentro de nosotros. La purificación y la transformación son testificados en una nueva conciencia. Empezamos a confiar con un nuevo sentido de seguridad espiritual. La fe nos lleva a estar abiertos a que Dios guie nuestro camino, guiándonos a través de la oscuridad. Nuestras relaciones son enriquecidas con un nuevo sentido de compasión. De igual manera, nos volvemos más tolerantes y amables con nosotros mismos y con los demás. Las fallas se vuelven menos traumáticas y hasta parecen como una apertura para dejar que Dios tome el control. Nuestras faltas son aceptadas. No necesitamos estar en una búsqueda sin fin para encontrar el bien. Empezamos a ver que nuestra búsqueda por la dignidad personal es verdaderamente risible sin la misericordia de Dios.Conforme nuestra oración se vuelve más auténtica, hay un movimiento hacia nuestro verdadero centro donde se encuentra Dios. Esto significa un movimiento más allá del ser superficial, el ensimismado en el mundo publicitario del eterno nuevo producto para llenar el vacío de un corazón mal dirigido. Este es el auto sostenido patrón de toda una vida del ensimismamiento. Este es el falso ser. La oración abre el pasaje al verdadero ser. Mientras este viaje interior en oración ofrece innumerables bendiciones, siempre está limitado y es deficiente. Gradualmente nos permite ver cuan distantes estamos de nuestro destino real: la unión con Dios.
Con este nuevo enfoque en Dios en oración, hay cambios aún más profundos dentro de nosotros. Empezamos a ver la necesidad por más honestidad y autenticidad en todas nuestras relaciones con las personas, con las cosas y con las ideas. Encontramos que es más fácil retirar la viga que tenemos en nuestro ojo y ser más y ser más tolerante a las faltas que cometen los demás. La situación de “esto o aquello” empieza a desvanecerse. La visión de la vida como “ambas cosas” empieza a brotar como una posibilidad real para nosotros. Finalmente, nosotros gradualmente empezamos a experimentar la vida como si estuviese enraizada en un sentido abrumador de estar en presencia de la gracia de Dios. La oración, en verdad, abre el camino para nuestro retorno al paraíso. Esta es la experiencia de moverse del falso ser al verdadero ser.

