VIGÉSIMO QUINTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mateo 20: 1-16 

Estimados amigos, Cada domingo, en las lecturas de la misa, encontramos los valores de Jesús. Se nos dice que los últimos serán los primeros, el líder debe ser el sirviente de todos, y que debemos ser el que lava los pies de todos los demás. La respuesta a la violencia no es la venganza sino hay que poner la otra mejilla. Estas son algunas de las perspectivas verdaderamente demandantes que Jesús tiene para nosotros.

En las parábolas, Jesús espera desmoronar nuestra clara y confiable comprensión de nuestra realidad diaria. Nuestra mentalidad de sentido común de cómo pensamos que son las cosas realmente no puede soportar al poder y sabiduría de las parábolas de Jesús.

Estamos invitados a la maravillosa misericordia de Dios en el evangelio de hoy de Deuteronomio de Isaías. Sin esta calidad de la misericordia de Dios nuestra situación estaría indefensa y sin esperanza. La misericordia de Dios no tiene límites ni condiciones. El mensaje principal para nosotros en nuestra confusión para los trabajadores de jornada completa es este. Nosotros nunca ganaremos la misericordia de Dios.

La clave para entender esta parábola y nuestro profundo sentido de justicia es esto: el mensaje es sobre el reino del cielo diciéndonos que podemos empezar temprano o que podemos empezar tarde. No hay diferencia. Nunca podemos entrar en el reino por nuestros propios medios. Todo es un regalo de la misericordia de Dios. La generosa misericordia por parte de Dios es el único camino para llegar al reino del cielo.

Es obvio que la parábola de hoy es impactante. Nuestra respuesta inmediata es, “de ninguna manera” como puede ser que aquellos que trabajan del “alba al anochecer” no se quejen de aquellos que solo trabajan una hora y obtienen igual paga.

En todas las parábolas, Jesús nos está preparando para el cambio. Él nos está invitando a un nuevo mundo de la generosidad de Dios. Cuando se trata de justicia y misericordia, usamos una cucharita para tener la medida correcta. Jesús nos está enseñando que la justicia y misericordia de Dios parece más como un torrencial y que nunca podría tener un instrumento para medirlas y tampoco hay límites en la emanación de amor.

No cabe duda, Mateo entendió nuestra extraordinaria y fuerte tendencia a medir a Dios por nuestros limitados estándares. Estamos inclinados naturalmente a pensar que Dios ve las cosas como nosotros las vemos. Dios, de hecho, tiene un modo de operación diferente. Dios abarca a todos, merecedores y no merecedores. Para nosotros, es solo una persona metiéndose adelante en la fila. Dios mira si la persona es alguien que le agarró la tarde porque anoche estuvo en “la hora feliz” o si es un hombre que anoche tuvo que llevar a su esposa a la sala de partos o miles más de variaciones en los motivos de la tardanza.

Isaías (55: 7-9) nos dice “pues sus proyectos no son los míos, y mis caminos no son los mismos de ustedes. Así como el cielo está muy alto por encima de la tierra, así también mis caminos se elevan por encima de sus caminos y mis proyectos son muy superiores a los de ustedes.”

El mensaje completo del evangelio de Jesús es un ataque incesante a nuestro auto centrado enfoque profundamente arraigado de la realidad. La parábola del terrateniente generoso es solo una invitación más para que veamos y abracemos el nuevo mundo que Jesús nos ofrece.

Hace pocos años tuve un encuentro muy singular con la realidad de la parábola de Jesús de los trabajadores del viñedo.

Me pidieron visitar a un hombre joven que estaba paralizado de los hombros hacia abajo, él fue la víctima inocente de un tiroteo de un auto en movimiento. Naturalmente, me sentí bastante aprensivo porque yo tenía muy poco en mi arsenal de pastor consejero que tuviera algo de sentido en una situación como esa.

Inmediatamente, el hombre me hizo sentir tranquilo. Él compartió la historia de cómo otros veteranos en condiciones similares le habían ayudado para sacar la desesperación y abrazar la vida. Él compartió cuán agradecido estaba por seguir vivo, de ser capaz de ver a su hija y ver un campeonato de los L A Lakers, su primo fue asesinado el mismo día en esta tragedia, y el compartió su dolor con la familia.

Si alguna vez hubo un trabajador de “alba al anochecer” en las circunstancias de la vida, yo estaba en su presencia en el joven paralizado. No hubo auto compasión por la injusticia de la vida, aunque el área de rehabilitación del hospital estaba llena de victimas de la arbitrariedad de la vida.

Nuestro encuentro con la parábola de Jesús nos invita a apreciar el regalo de la vida que nos encuentra a la mayoría de nosotros en el equipo de “trabajadores de una hora” aun cuando imaginamos que hemos estado en el viñedo de la vida por larguísimas horas. Jesús quiere provocarnos para contar nuestras bendiciones con nuevos ojos y con un corazón abierto. La fusión de la justicia de Dios y su misericordia está siempre en medio de nosotros. Nuestra tarea es crecer en una conciencia de la abrumadora bondad de Dios y no estar cegados por el traslado de cargas de nuestra vida diaria.
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