La plegaria constante de Teresa: Autoconocimiento y Humildad
Teresa abre el Castillo Interior con una descripción de la belleza y maravilla de los seres humanos. La base de esta gran maravilla es la presencia de Dios. El ser humano no solo está hecho a imagen de Dios. Este Dios amoroso está presente en la parte más profunda de cada ser. El destino de todos y cada uno de los seres humanos desde el momento de la concepción es la unión con este Dios de amor revelado en Jesucristo.Junto con esta maravilla de la divina presencia y el destino humano, cada persona comparte las destructivas consecuencias del pecado original. Esto lleva a la batalla humana entre el bien y el mal, el pecado y la gracia, la cizaña y el trigo que domina nuestras vidas en toda la historia humana.
De vez en cuando, Teresa despliega este dominio del pecado que es la fea condición de todos nosotros. Sin embargo, ella pone más énfasis en la belleza y maravilla de nuestra herencia como hijos de este Dios amoroso.
Cuando Teresa repite su incesante llamado al autoconocimiento y la humildad, ella está profundamente consciente de la batalla dentro del corazón humano. Sin embargo, ella también está dirigiendo hacia el regalo de del siempre presente llamado de Dios a la vida, al amor y hacia la nueva vida.
Esta grandiosa santa Carmelita no se cansa de proclamar la importancia absoluta del autoconocimiento, ella señala su significado aun en el primer material de la primera morada del Castillo, de hecho, es un tema mayor de esta primera sección del Castillo Interior. De igual manera, ella siempre está cantando la belleza y la importancia de la humildad que ella entendió como vivir fuera de la verdad de nuestras relaciones con Dios: “Una vez yo estaba ponderando por qué nuestro Señor es tan FOND de esta virtud de la humildad, y este pensamiento vino a mí – en mi opinión y no como resultado de reflexión, sino repentinamente: es porque Dios es la suprema verdad; y ser humilde es caminar en la verdad, ya que es una verdad muy profunda que por nosotros mismos no tenemos nada buena sino solo miseria. Cualquiera que no entienda esto camina en falsedad.” (Castillo Interior 6.10.7)
Teresa dice en corto: “mientras estamos en este mundo nada es más importante para nosotros que la humildad (Castillo Interior II-9)
Ella sigue proclamando las maravillas y la importancia del autoconocimiento y la humildad enfatizando que nunca nos conoceremos verdaderamente sin un verdadero conocimiento de Dios.
Nuestra condición pecaminosa crea un impulso incesante hacia el centro de nuestro ser como la medida final de la realidad. Nuestra independencia es lo que realmente importa. Este egocentrismo es la consecuencia principal de nuestra herencia desde Adán y Eva. La vida cristiana, el llamado a caminar en los pasos de Jesús, es un movimiento para alejarnos de esta auto absorción.
Los evangelios están llenos de enseñanzas de Jesús que hacen esta verdad del autoconocimiento muy inmediata y concreta. En Marcos leemos: “Si alguien quiere ser el primero debe ponerse como el último de todos”
(Marcos 9: 35) Mateo nos dice: “quienquiera que encuentre su vida la perderá, pero si pierde su vida por mi causa, la encontrará.” (Mateo 10: 39) Otra vez Juan dice: “A menos que el grano de trigo caiga en el suelo y muera, permanece como un grano de trigo, pero si muere, produce mucho fruto.” (Juan 12: 24) Finalmente, Mateo agrega: “Cualquiera que desee venir en pos de mí, debe negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme.” (Mateo 16: 24)
Esta lucha por el autoconocimiento y la humildad es el centro de la siempre presente tensión entre el bien y el mal que es una carga pesada del corazón humano. Como resultado, toda vida a nivel social y personal está atrapada en esta eterna batalla. El corazón está siempre al borde de la ambivalencia humana que es una búsqueda constante de remojar el evangelio de Jesús que hace la vida más cómoda. La plegaria consistente de Teresa es para que nosotros mantengamos nuestros ojos y corazón en Jesús.
Teresa resolvió esta áspera realidad como pecadora parándose ante Dios de esta manera. Ella encontró la respuesta en un gesto sencillo. Ella creció en una conciencia más profunda de su quebrantamiento personal, mientras al mismo tiempo, ella tenía un abrazo más fuerte de la siempre disponible misericordia de Dios. Ella se vio a sí misma como una pecadora de clase mundial, pero una pecadora que era amada y perdonada. Esto la llevó a declarar con frecuencia, “La historia de mi vida es la historia de la misericordia de Dios.”
Con esto ella quería decir que cuando llegó a la parte más clara y profunda de su vida, su momento de “Sálvame Señor”, ella supo lo que significaba ser una criatura. Ella abrazó el hecho de su realidad como criatura porque para ella significaba que era acunada en las manos amorosas de un Dios creador de gracia revelado en su gran amigo y salvador, Jesucristo. La última realidad es que Dios es bueno no que nosotros somos buenos. Al final, la misericordia sin límites de Dios es su victoria.
Teresa entendió el autoconocimiento como nuestra relación con Dios. Para conocernos verdaderamente, debemos aceptar nuestra calidad de criaturas, en todos sus límites, y más especialmente en nuestra mortalidad. Esto es reconocer nuestra total y absoluta dependencia de Dios. Esto debería hacernos compartir la visión de Teresa de que nuestra vida puede ser la historia de la misericordia de Dios.
El papel de la humildad es ayudarnos a vivir la verdad de nuestra conciencia del autoconocimiento. Nos dirige en el viaje que nos aleja del falso ser y su mensaje de mentiras y distorsiones. Muestra el camino del verdadero ser que nos dirige hacia el misterio del amor. Nos guía a un estilo de vida enraizado en el amor y servicio. Va más allá de ver la bondad y la misericordia de Dios para aceptarla y permitirle dirigir nuestras vidas como criaturas de Dios.
