SANTA TERESA DE ÁVILA, ORACIÓN Y EL LLAMADO DEL EVANGELIO -5

Teresa de Ávila en la oración
la visión fundamental de Teresa es sencilla pero maravillosamente revolucionaria. Ella entendió su persona en relación a Dios. Dios es el Creador. La fuente de compasión, misericordia y amor sin límites o condiciones. Dios nos está llamando a la vida del misterio del amor y el mar de misericordia. Teresa fue la criatura, pecadora pero amada y perdonada con misericordia y compasión penetrando y blanqueando toda su vida.

Su meta era clara como el cristal. Era un movimiento para ser uno con Dios, a pesar de su condición pecadora. Su oración personal profunda le permitió experimentar a Dios como la medida de la realidad, más que sus necesidades personales y ventajas de una vida centrada en sí misma.

El pecado del que Teresa está hablando no es una actividad sencillamente inmoral. Es la distorsión básica del corazón: elegir criaturas sobre Dios, elegir los dioses menores antes que al verdadero Dios. Teresa estaba preocupada de cómo nosotros relacionamos todas las cosas y personas. Todas las relaciones necesitan estar enraizadas y dirigidas hacia nuestra búsqueda de Dios. De otra forma, estamos viviendo una mentira.
 
Todo esto encontró expresión en lo que estaba transpirando en su experiencia diaria. Su enseñanza sobre la oración vino de este encuentro dinámico entre su aceptación de su condición quebrantada y el sobrecogedor obsequio de la misericordia de Dios.

Mientras que Teresa nunca se cansó de enfatizar la importancia de la oración, ella lo balancea con frecuencia con un mensaje de la importancia del servicio y presencia a las muchas demandas de la vida. Ella siempre vio a Cristo en las necesidades de sus vecinos. Ella insistía en que nosotros servimos a Cristo al conocer las necesidades de todos tales como: “Cuidar al enfermo, ayudar con las tareas del hogar, trabajar en las tareas más humildes ya que todas son formas de servir al invitado que viene a estar con nosotros” (Camino de la perfección, 17: 6)

Aquí esta una lista de sus visiones más importantes sobre la oración:

  • El auto conocimiento le permitió verse a sí misma en relación a Dios como el Creador y alejarse de la decepción del auto centrismo.
  • Ella vio la vida como la gran gracia porque está impregnada con la posibilidad de un nuevo amor y libertad conforme uno se mueve al verdadero centro en el “da y toma” de la experiencia diaria.
  • Ella entendió la necesidad de aceptar la realidad como es y no como algo que podamos controlar. Al aceptar la realidad, estamos abiertos al impulso del llamado de Dios, aun si parece contrario a nuestros planes e intereses
  • Ella vio sus problemas y dificultades como oportunidades reales. Ellos fueron fuentes de libertad en su búsqueda de Dios aun cuando parecían un conflicto con sus metas personales, deseos y cosas de interés propio.
  • Ella supo interpretar la realidad en la medida de cuanto la acercaba a Dios y no como una fuente de su comodidad, prestigio y poder. Esto es lo que ella quiere decir con “ser realista”

Para Teresa, la oración es un regalo muy singular que nos ayuda a ver y abrazar el llamado de Dios al misterio que es Dios. La oración es un medio para un fin. La meta real es encontrar y amar a Dios en nuestra experiencia de vida. El programa de Teresa de la humildad, desapego y amor por nuestros hermanos y hermanas es el modo de sobrellevar el desastre interno y el desorden, las consecuencias del pecado, dentro de nosotros. Estos disturbios internos son obstáculos dominantes para la oración. Ellos son el producto de un corazón dividido impulsándonos en muchas direcciones. Cuando no oramos regularmente con profundidad, hacemos un corto circuito en la búsqueda para entrar al misterio del amor y la misericordia que es Dios.

Teresa y la comunidad
Me gustaría considerar el mensaje de Teresa sobre la comunidad reflexionando en dos reuniones muy ordinarias. La primera es la cena del Día de Acción de Gracias. La segunda es una reunión en la iglesia para planear la liturgia. La elección de estas dos reuniones es arbitraria. Podría ser cualquier clase de reunión donde la gente comparte valores y apoyo.

La experiencia nos dice que estas dos reuniones tienen muchas posibilidades, desde la verdadera experiencia profunda de la comunión hasta los destructivos conflictos con todas las variaciones que hay entre ellas.

El mensaje de Teresa sobre el auto conocimiento y la caridad ofrece algunas visiones que son genuinamente de ayuda.
 
En las primeras tres moradas del Castillo Interior hay un crecimiento progresivo en las primeras etapas del autoconocimiento. De hecho, este periodo de crecimiento cubre un largo trecho de auto conciencia. Todo el crecimiento es principalmente el producto del esfuerzo personal. De hecho, es básicamente ego céntrico y no centrado en Dios. Sin embargo, como Teresa lo explica en la tercera morada, hay una madurez creciente al aceptar nuestra pecaminosidad personal.

Con el cambio hacia la cuarta morada y las que siguen con la experiencia creciente de la contemplación, Dios está involucrado progresivamente. La luz de la presencia divina produce un cambio intensamente transformativo que culmina en la boda espiritual en la séptima morada.

La pregunta obvia, es ¿Qué tiene que ver todo esto con nuestras dos reuniones? La respuesta es el egoísmo humano y cómo evitar sus consecuencias dañinas. Los conflictos que surgen con casi siempre el resultado de una agenda profundamente personal que está ciega a otro punto de vista. Esto viene de una falta de autoconocimiento.

Conforme progresamos en el viaje espiritual, el desarrollo en el autoconocimiento traerá una luz interna siempre más poderosa a la situación. Lo que una vez fue una vista agriamente divisiva del problema ahora se abre a muchas opciones razonables. Es el regalo de la sabiduría que guía la discusión lejos del conflicto y va hacia una búsqueda razonable y caritativa por reconciliación y resolución. La fuerza de la sanación y la construcción de puentes surge de la sabiduría que disfruta el don de Dios del autoconocimiento profundo y la caridad que va más allá del auto interés hacia el interés de los demás y de la comunidad. Ellos traen la luz del amor y la verdad al dialogo.

Cuando es necesario, ellos son los primeros en perdonar y pedir paciencia y entendimiento para todos los miembros del grupo. Su meta es un amor sanador y no una agenda perfeccionista.
Teresa tiene una bella enseñanza que despliega la realidad sanadora:

“pero el sendero seguro para el alma que practica la oración no será molestar sobre cualquier cosa o a alguien y poner atención a sí mismo y en complacer a Dios… Inclinémonos siempre en ver las virtudes y las cosas buenas que vemos en los demás y cubramos sus defectos con nuestros propios grandes pecados. Esta es una manera de actuar que, aunque no podamos hacerla con perfección en el acto, gradualmente gana para nosotros una gran virtud que es: considerar a todos los demás mejores que nosotros mismos. De esta manera con la ayuda de Dios uno empieza a adquirir esta virtud; ya que es necesaria en todas las cosas; y cuando falta, todos nuestros esfuerzos son inútiles.” (Vida, 13:12)

Conclusión
La plegaria de Teresa por el autoconocimiento, que siempre está conectado a la humildad, sostiene el regalo de una paz y transformación verdaderas. Cualquier familia, grupo pequeño, lugar de trabajo, el salón de una facultad o incluso una comunidad más grande o vecindario será bendecido con la sabiduría comunal emergiendo de los individuos iluminados. Esto es el centro del mensaje de Teresa de romper la discordia tan común para cualquier forma de comunidad. Es la sabiduría de la humildad trayendo el mensaje del evangelio a la realidad de nuestras vidas quebrantadas y nuestro mundo quebrantado. Es siempre la cruz de nuestra muerte al egoísmo que lleva a la resurrección de la nueva vida.
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