QUINTO DOMINGO DE PASCUA

Juan 14: 1-12 

Estimados amigos, En mis primeros días como seminarista Carmelita, tuve un retiro que recuerdo vívidamente setenta y un años después. No recuerdo nada del mensaje del predicadore. Lo que recuerdo es que él nos dijo que cada noche dormía en un ataúd. Él quería aumentar la conciencia de que un día iba a morir. En aquel momento pensé que era bastante extraño. Ahora que estoy varias décadas más cerca de mi muerte pienso que la rutina del ataúd está mucho más allá de ser extraña.

En el tiempo de pascua, hay un mensaje magnifico sobre nuestra muerte personal. No es del todo malo, de hecho, es un regalo maravilloso. El prefacio para la misa de cuerpo presente narra una descripción de la siguiente manera:

En Él, que resucitó de entre los muertos está nuestra esperanza de la resurrección.

La tristeza de la muerte da paso a la promesa de la inmortalidad.

Señor, para tus fieles la vida sólo cambia, no termina.

Cuando nuestro cuerpo mortal yace en la muerte

Ganamos una morada eterna en el cielo.
El evangelio de hoy, con frecuencia es usado en las misas de funerales. En el contexto de este poderoso ritual, la mayoría de gente lo comprende. Vamos a ir a una vida mejor. El problema es que la mayoría de nosotros lo entendemos solamente cuando ya no podemos evadir por más tiempo la realidad de la muerte. La muerte de un ser querido simplemente nos engulle en el grande y doloroso misterio que es la muerte. Hay solamente un asentimiento simbólico hacia el sobrecogedor regalo de la resurrección. Esto usualmente es expresado en las frases “el final de su sufrimiento” y “él o ella está en un mejor lugar ahora”

Nuestra cultura es muy evasiva al enfrentar la muerte por lo que es: una enorme y definitiva parte de la vida. El mensaje del tiempo de pascua seguramente no nos llama a la bizarra y mórbida actividad de dormir en un ataúd, sin embargo, nos invita a enfrentar la muerte como una parte crucial de nuestra vida.

Jesús quiere que sepamos que la vida es un regalo para hoy. Necesito abrazarla en alegría y maravilla lo más entusiasta que pueda porque no tengo garantía para mañana. Dios nos llama a vivir este día en amor y servicio. Aceptando que la muerte es verdaderamente una gran parte de nuestra vida y no es una invitación para vivir en preocupación y ansiedad. Es un llamado a ser realista.

La preocupación de Tomás en el evangelio de hoy se relaciona con nuestra confusión y el balance. Estos dos elementos drásticamente diferentes de la muerte. Ambos son pérdidas horribles que llevan a un tormento personal inevitable y es una gloriosa victoria que trasciende cualquier alegría o expresión de felicidad en esta vida.

Jesús responde a Tomás diciéndole que Él es el camino. Todo lo que necesitamos hacer es caminar con Jesús y Él nos guiará a nuestro verdadero hogar.

Jesús nos dice otra vez que para no permitir que nuestro corazón se turbe, simplemente necesitamos tener fe en Él.

No hay que evitar el bien y el mal, lo armonioso y lo conflictivo, la enfermedad y la salud, y todos los elementos de nuestra condición humana que están en las manos amorosas del Dios de gracia revelado en Jesús. Jesús es el camino, la verdad y la vida (Juan 14: 6) Jesús nos dice No“ se turben; crean en Dios y crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. De no ser así, no les habría dicho que voy a prepararles un lugar (Juan 14: 1-2)

Hoy todos estamos un día más cerca del llamado amoroso de Dios que puede cambiar nuestra muerte en vida eterna. Este es el mensaje del Aleluya de la pascua. Somos tontos si no aceptamos esta realidad y permitimos que defina como vivimos. La resurrección es real. Significa que la muerte ha perdido su aguijón. Nuestro trabajo es celebrar con una vida llena de esperanza y alegría, amor y servicio.

Si mantenemos nuestros ojos en Jesús, reposaremos en la más real y honesta respuesta al siempre presente dilema de la muerte. Jesús nos dice que Él es el camino, el camino más seguro hacia Dios. Jesús es la más completa y la más rica expresión de Dios. Todas sus enseñanzas y patrones de vida, todos sus milagros y servicio, y más que todo, la gran revelación de amor en la pasión, muerte y resurrección – todo eso nos invita a caminar en amor con Jesús. El asombroso canto del Aleluya que proclamamos en la pascua dirige nuestros corazones hacia Jesús. En verdad no hay un camino más seguro que nos lleve a la verdad y a la plenitud de la vida que es Dios.
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