Parte II
Los dos hombres ciegos
En este milagro, Marcos nos está mostrando que siempre obtendremos el mensaje de Jesús en etapas. El primer hombre ciego es un ejemplo para los pobres apóstoles perplejos y para nosotros.
El segundo hombre ciego tiene un mensaje para nosotros también. El problema principal de toda esta sección es unirse a Jesús, en sus términos, en el camino a Jerusalén. Los apóstoles estaban confundidos y desconcertados en todo el proceso.
El segundo hombre ciego viene a ser un modelo de un verdadero discípulo para nosotros. La historia de su manto reveló un compromiso incondicional para seguir a Jesús. Cuando Jesús lo llamó, él lanzó el manto. Esto es crítico porque el manto era la primera fuente de su bienestar. En la práctica común del día a día, el mendigo habría puesto el manto frente a él para recibir las limosnas. De igual manera, el manto era su única protección durante las noches frías del desierto.
Marcos lo describe así: “Él tiró a un lado su manto, se levantó, y vino a Jesús…inmediatamente él recibió su vista y lo siguió por el camino.” (Marcos 10: 50-52)
Conclusión
Vastas áreas de nuestra mente y de nuestro corazón están fuera de sintonía con los valores del evangelio. Con mucha frecuencia, simplemente no nos damos cuenta del abismo en nuestro corazón. Esto es a causa de la influencia y control del falso ser, nuestra herencia desde el pecado original. Estamos engañados. Sencillamente no vemos cuán lejos estamos de la lealtad hacia Jesús y su llamado en el evangelio.Periódicamente, despertamos para ver que somos llamados a un nivel más profundo de respuesta generosa y sacrificio. Puede ser el testimonio de una persona cuya vida nos invita más al evangelio. En ocasiones puede ser una película o un libro. Algunas veces una lectura espiritual o una homilía que toca lo profundo de nuestro corazón. Con mucha más frecuencia, es una crisis en nuestra vida. Siempre, está la palabra de Dios en las escrituras o en la profunda y desafiante experiencia en nuestra vida. Todos estos encuentros resaltan la perenne batalla dentro de nosotros con el falso ser y el verdadero ser, del pecado y la gracia, del bien y el mal. Es una batalla hasta el final. Con demasiada frecuencia, es una batalla en que hacemos todo lo posible por evitarla.
En su clásico, El Castilo Interior, Teresa de Ávila ofrece una maravillosa visión dentro de estas materias. Ella describe la situación de la persona en la tercera morada. La persona ha hecho un progreso notable.
Sin embargo, Teresa señala un peligro real para más progreso. El individuo en este punto de desarrollo tiene un profundo sentido de haber llegado. Ellos están listos para establecerse y disfrutar de sus logros espirituales. De hecho, ellos solo están empezando. El orgullo espiritual es un monstruo a todos los niveles, pero especialmente en esta primera etapa del viaje.
Esta es la implicación de la lucha del falso ser y el verdadero ser de Merton. Necesitamos ver siempre nuestro ser en el inicio de la peregrinación a Dios. Somos pecadores en necesidad de la misericordia de Dios, siempre y en todo lugar.
La verdadera humildad nos permitirá ver la magnificencia de la misericordia de Dios y nuestra constante necesidad de estar buscándola. La oración personal profunda dinamiza esta búsqueda sagrada.

