Mateo 22: 34-40
Estimados amigos, Esta es la tercera vez que los líderes judíos están tratando de atrapar a Jesús en una emboscada fatal. También es la tercera de cuatro veces que Jesús usa sus engaños y mentiras para ofrecer una clara visión dentro del mensaje del evangelio. La respuesta de hoy de Jesús es lo más cerca que vamos a estar de conseguir un resumen conciso del evangelio. El amor a Dios y el amor al prójimo.
Necesitamos crecer en el desafío de Jesús de amar a nuestro prójimo. En medio de los conflictos frecuentes, los muchos daños que experimentamos y la completa hostilidad que encontramos con nuestros compañeros los seres humanos, Jesús suplica por el amor universal. Este amor necesita crecer continuamente para atender la petición divina. Esto es posible de alcanzar para nosotros solamente si vamos paso a paso. Necesitamos permitir que el miedo, la confusión y la hostilidad en nuestro corazón pase lentamente hacia un corazón que comparte en el amor de Dios hacia toda la humanidad. En muchas otras secciones del evangelio de San Mateo aprendemos que este amor trasciende la diferencia de raza, género, etnicidad y todas las otras decepciones que el corazón humano puede crear para dividirnos y aislarnos.
En sus instrucciones sobre su mandamiento doble de amar a Dios y amar al prójimo Jesús dijo: “Toda la ley y los profetas dependen de estos dos mandamientos.” (Mateo 22: 40)
El amor consumidor y sin reservas de Dios significa que estamos llamados a compartir y participar en el amor de Dios hacia nuestro prójimo. Este amor divino es incondicional y sin límites. Tenemos muchas expresiones de este amor en el evangelio de San Mateo, pero especialmente en el Sermón en el Monte. Un ejemplo muy poderoso de esta invitación especial a compartir el amor de Dios está en la increíblemente desafiante sección en Mateo 5: 21-48. Hay una serie de seis declaraciones “Ustedes han oído…” sobre la ley, adulterio, divorcio, juramentos, represalias y amar a los enemigos. Cada ejemplo ofrece una alternativa radical de amor desinteresado. Las demandas de esta sección de Mateo parecen absolutamente imposibles para nuestro sentido común y la realidad: “Si uno se enoja con su hermano (hermana) merece ser llevado ante el tribunal supremo” (Mateo 5: 21)
“Quien mira a una mujer con malos deseos, ya cometió adulterio con ella en su corazón.” (Mateo 5: 28); “Si alguien te golpea en la mejilla derecha, ofrécele también la otra.” (Mateo 5: 39); “Amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores.” (Mateo 5: 44) Estas enseñanzas del Sermón en el Monte brillan en la vida de Jesús. Estos y el resto de mensajes del evangelio son resumidos en los dos mandamientos del amor a Dios y amor al prójimo. La tarea de participar en el amor de Dios es el trabajo de toda una vida en el viaje con Jesús. La invitación del evangelio es una apertura gradual a una realidad asombrosa retratada por San Mateo donde leemos: “Señor, ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte? El Rey responderá: “En verdad les digo que, cuando lo hicieron con uno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí.” (Mateo 25: 39-40)
El amor es la clave para la ley. Al final, cuando hay confusión sobre cual forma de interpretar y seguir la ley, el amor es la respuesta. La invitación de Jesús a amar aviva la ley entera. En el discernimiento por dirección, el amor siempre abrirá el sendero más significativo hacia adelante. Esto es perfectamente compatible con san Mateo presentando a Jesús cumpliendo la ley no remplazando la ley. Cuando está envuelta en amor, no hay inconsistencia.
Nuestra buena amiga, Santa Teresa de Ávila declara esto en la séptima morada, el estado más alto de la unión mística, la declaración más profunda de amor en nuestra condición humana: “Son las buenas obras, mis hermanas, las buenas obras, las buenas obras.” En otras palabras, en la más alta y purísima expresión de amor en el corazón humano transformado, el amor a Dios y el amor al prójimo son totalmente uno: el servicio a nuestros hermanos y hermanas.
Esta es nuestra meta. El viaje es arduo y largo, pero es posible cuando damos el siguiente paso, no importa que tan pequeño sea, en el pasaje hacia el amor en las huellas de Jesús.

