DOMINGO DE RESURRECCIÓN


Estimados amigos, El evangelio de Mateo nos ofrece un mensaje que está lejos de un final de Hollywood donde todo es paz, bien y amor. En el evangelio de Mateo, la Resurrección no es una garantía de que todos los problemas pasarán. No es una solución fácil para el encuentro incesante de la carga de la vida con el pecado, la injusticia, la enfermedad, el envejecimiento e incluso la muerte.

Lo que es la resurrección, sin embargo, es otro ataque glorioso de un Dios amoroso que empezó con la descripción de Emmanuel, (Dios con nosotros) en el capítulo uno. A lo largo de todo el evangelio tenemos esta exposición creciente de un Dios de amor y vida: Emmanuel. El evangelio completo es de una sola pieza. Por nuestra parte, estamos llamados a una transformación personal que nos dirige al amor renovador y dador de vida de Emmanuel.

Así, en la pasión, mientras tenemos un cuadro de la injusticia de la gente y de odio y de rechazo, también tenemos un tema que resalta que es el plan del amor de Dios que está trabajando. En el huerto, Jesús ora que ese cáliz amargo no sea necesario. En la cruz, la escritura es avistada que este sufrimiento fue el plan de Dios para revelar la verdadera naturaleza del Mesías. Aquí está nuestro Dios que comparte nuestro dolor y pérdida. Aquí está nuestro Dios que comparte la parodia de nuestro sufrimiento en este valle de lágrimas. Aquí está nuestro Dios que entra en las profundidades de la última angustia de la muerte solamente para abrir la expresión final de nuestra realidad, el destino de la vida eterna y la felicidad. En la resurrección tenemos la revelación de la vida libre de todas las consecuencias del pecado. Esta es la última expresión de amor y libertad en manos de nuestro Dios salvador. Este es Emmanuel.

La pascua es una expresión más de Emmanuel. La pascua es la invitación renovada para entrar en el misterio de la victoria de la vida sobre la muerte, el dominio final de la gracia sobre el pecado, y el bien encarnado, en la persona de Jesús, devastando el mal.

Con frecuencia, en la vida somos llevados a preguntar, ¿Cómo puede ser esto posible? El poder crudo y salvaje del mal nunca está lejos de nuestra puerta. Sus fuerzas destructivas están arañando los bordes de nuestra vida. Puede ser la muerte de un niño inocente o un familiar joven, el poder de una pandemia como el Covid, la destrucción sin sentido de la guerra o la violencia de las pandillas. Estas realidades siempre están surgiendo en nuestra vida diaria.

Cuando estos encuentros se liberan con fuerza de las sombras de la vida, el nuevo encuentro con el mal siempre parece llevarnos a preguntar otra vez con nueva intensidad, “¿Cómo puede ser esto posible?”

En el misterio pascual del sufrimiento de Jesús, su muerte y resurrección, Dios responde a nuestra pregunta que es la misma pregunta a través de toda la historia humana. Jesús se ha encargado de sí mismo, en la búsqueda del Padre, todo el mal, de manera que Él comparte con determinación todo el sufrimiento humano. Él es la respuesta de Dios a nuestra pregunta profundamente dolorosa. Él es la victoria de la vida y del amor en la resurrección. El Aleluya de la pascua es nuestra invitación para compartir gradualmente en la victoria sobre el mal, la destrucción y la muerte. Estamos llamados a crecer en fe, esperanza y amor y a liberarnos de las fuerzas que atan nuestra quebrantada condición humana. El aleluya nos llama a la vida y a la libertad, a la esperanza y a la convicción cuando caminamos con Jesús en el misterio de Emmanuel.

Este evangelio completo de Mateo está entretejido para develar a Emmanuel (Dios con nosotros). Este evangelio es una revelación de amor sin limites o condiciones. Este mensaje de la Buena Nueva proclama la palabra final de Dios. Se mueve más allá de la enfermedad y el sufrimiento. Rompe las barreras de división y violencia. Permite que la reconciliación y la paz superen lo imposible. Permite que el perdón y el amor sean la semilla de mostaza que se vuelve el árbol cuya sombra sanadora cubre todo el dolor de la vida en su abrazo amoroso. Es la plenitud de la verdad y la última invitación a la vida y al amor, Emmanuel.

Nuestro desafío es saber que esto no es solo información para que entendamos, sino un profundo y fascinante misterio que se abre a nosotros solamente si aceptamos a Cristo crucificado y resucitado. Es solamente en nuestra lucha personal entre la gracia y el pecado que encontraremos la dirección dadora de vida y el significado de este misterio de Emmanuel. Esto se logra solamente caminando sobre los pasos de Jesús en el viaje a Jerusalén y compartiendo en la maravilla del misterio pascual donde la muerte da paso a la vida.
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