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LA EXPERIENCIA DE DIOS DEL PUEBLO-3

III 

Lectio Divina y la Oración Personal Profunda 

Conforme crecemos en la comprensión de Lectio Divina, hay una develación realmente bella de un acercamiento a la palabra de Dios y la oración. La práctica de la oración personal profunda lo dirige a uno a entrar en sí mismo donde la luz de la palabra de Dios abre un pasaje al verdadero autoconocimiento. Esto a la vuelta, nos dirige de regreso al mundo en una forma que se aleja del egoísmo hacia el servicio y presencia amorosa para todos.

La fidelidad hacia la oración engendra un ciclo repetitivo. Volvemos al interior a buscar a Dios y volvemos al exterior para compartir en el amor divino por nuestros hermanos y hermanas. La verdadera oración siempre nos llevará hacia la tarea de sanar y reconciliar a través del mensaje del evangelio de justicia, paz y amor. Esto nos lleva a la gran oración de nuestros días: “Escuchemos el clamor de los pobres y de la tierra.”

Esta forma de oración personal profunda nos llama hacia la palabra de Dios, nos llama al verdadero autoconocimiento, nos llama a una verdadera transformación de conciencia que remueve los prejuicios y los falsos valores de una cultura alejada de los valores del evangelio. Nos llama a una búsqueda continua para crecer en el amor con Jesús que nos provoca la inevitable tarea de amar a nuestro prójimo y ser responsables por nuestra realidad histórica.

Un compromiso con la oración personal profunda demanda muchas cosas. Primero y principal, es un compromiso para orar regularmente con una disposición a la transformación personal. Nos llama a buscar un entendimiento y fidelidad hacia la palabra de Dios. Pide que desarrollemos una espiritualidad que nos lleve al autoconocimiento y a la dependencia de Dios. De igual manera, nos guía para estar abiertos a nuestra realidad histórica y a las demandas de justicia, paz y cuidado amoroso de la creación de Dios.

Todos estos elementos de la oración llevan al crecimiento de una espiritualidad personal enraizada en un hambre por Dios y el conocimiento de la palabra de Dios. Aquí es donde Lectio Divina y la oración personal profunda se conectan. Esta nueva vida en el espíritu crea un deseo para hacer la voluntad de Dios. Todo este movimiento hacia el interior es el regalo de la práctica fiel de la oración personal profunda.

Cómo manejamos este viaje glorioso hacia el centro es un proceso paso a paso que demanda un esfuerzo unificado y mucho autosacrificio. Una comprensión clara de Lectio Divina y su papel de apoyo para la oración personal profunda será una gran ayuda a lo largo del camino.
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LA EXPERIENCIA DE DIOS DEL PUEBLO-2

Estudio y Oración 

Nuestro acercamiento a la Biblia requiere dos métodos distintos. Uno es estudiar la Biblia para absorber la historia y para crecer en familiaridad con la palabra de Dios. Esto debería ser realizado con un espíritu reverente. Sin embargo, es un ejercicio del intelecto. Debemos desarrollar una familiaridad con toda la historia. Esto debería incluir un amplio sentido de temas generales, eventos mayores y la línea de tiempo básica desde Abraham hasta Jesús. El Papa Francisco llamó para este estudio de la Biblia en su clásica exhortación La Alegría del Evangelio, él dice, “El estudio de las sagradas escrituras debe ser una puerta abierta para cada creyente. Es esencial que la palabra revelada radicalmente enriquezca nuestra catequesis y todos los esfuerzos para pasar en la fe…permitamos recibir el tesoro sublime de la palabra revelada” (# 75)

El segundo método de la lectura fiel de las escrituras. Esta tarea va más allá de la mente a la profundidad del espíritu dentro de nosotros, una táctica verdaderamente diferente. La lectura fiel de la Biblia busca primeramente escuchar lo que Dios tiene que decir para nosotros en medio de nuestras vidas. Esto demanda una apertura y un vacío que hace eco en Samuel conforme nos acercamos a las sagradas escrituras: “Habla Señor, tu siervo te está escuchando” (1 de Samuel 3: 10)

Necesitamos estar siempre atentos a que el texto es más que un hecho. Es un símbolo, una ventana y una reflexión que nos permite ver el pasado como un espejo de la experiencia de hoy. Esta lectura fiel de la palabra de Dios necesita guiarnos a nuestra realidad histórica presente en una forma que desglosa el misterio de la presencia salvadora de Dios aquí y ahora.

Nuestra búsqueda tiene tres metas: 1- queremos adquirir una comprensión personal de la palabra de Dios. 2- queremos permitir que la voluntad de Dios para nuestra situación de vida se vuelva clara y práctica. 3- queremos vivir el llamado para caminar con Jesús.

Estas metas nos preparan para enfrentar el desafío del quebrantamiento y confusión de nuestra experiencia diaria. En esta lectura fiel de la Biblia, necesitamos recibir el mensaje como si fuera dirigido a nosotros personalmente en este tiempo específico en la historia porque así es.

En este tiempo de lectura fiel de las escrituras, es importante poner a un lado cualquier sentido de estudio o preparación par compartir nuestro entendimiento con otros. Nosotros leemos fielmente la Biblia con un propósito. Queremos crecer en fe y sencillamente estar en la presencia del Dios vivo.

I

Lectio Divina: una lectura que lleva a la oración

Entre los muchos regalos del Concilio Vaticano II hubo un nuevo énfasis en la Biblia. Trajo la palabra de Dios al centro de toda la espiritualidad cristiana. Este reavivamiento ha llevado al crecimiento de la práctica de una oración que había tenido una larga tradición en la iglesia. Esta es llamada Lectio Divina. Literalmente, esto significa lectura divina. Otra descripción podría ser la lectura fiel de la Biblia.

Lectio Divina es todo sobre el encuentro transformador con los medios de revelación especiales de Dios, las escrituras hebreas y cristianas. Esta lectura fiel busca escuchar los que Dios tiene para decirnos. La reflexión y la oración nos llevarán a conocer y abrazar la voluntad de Dios.

Cuando nos acercamos al misterio develado en las escrituras, la clave es la gran visión de Samuel: “Habla Señor, que tu siervo te está escuchando.” (1 Samuel 3: 10)

Hay cuatro pasos para realizar esta lectura fiel de la Biblia: Leer, reflexionar, responder y descansar.

1- Lectura lenta y meditativa de un texto seleccionado de las escrituras.

2- Reflexionar sobre el texto que conecta con nuestra experiencia de vida.

3- Responder en oración a esta actividad reflexiva.

4- Descansar finalmente y tranquilamente en el misterio de este encuentro.

II

Buscando a Dios a través de un mediador

Hay una historia fascinante sobre el pueblo judío en el Éxodo y su temor a acercarse a Dios. Moisés había estado experimentando una serie de encuentros con Dios en el Monte Sinaí. Estas experiencias habían sido marcadas por algunas señales naturales tales como tormentas, truenos y rayos. Dios habló desde una nube. El pueblo se aterrorizó. Ellos habían escuchado la palabra de Dios que les decía guardar distancia de la montaña y que si ellos veían el rostro de Dios morirían. Así, ellos le dijeron a Moisés: “Tú nos hablas y nosotros escuchamos, pero no permitas que Dios nos hable, o moriremos. (Éxodo 20: 18-19) ellos claramente querían un mediador, un acercamiento secundario a su experiencia de Dios.

En nuestros días, mucha gente usa la iglesia como un mediador hacia Dios. Ellos son miembros fieles encontrando sus obligaciones religiosas. Ellos tienen los sacramentos y las enseñanzas de la iglesia. Su acercamiento a Dios es secundario por la membresía fiel en la iglesia.

Para otros, su acercamiento a Dios está enraizado en una emergencia. Ellos van a Dios cuando su plan para la felicidad ha caído en crisis. Ellos van a Dios como un remedio de último recurso.

Hay muchas variaciones para estos dos temas tales como el evangelio de la prosperidad y aquellos que buscan sentimientos religiosos profundos como el producto de su adoración. Sin embargo, en todas estas persecuciones religiosas, el énfasis está en el individuo y no en Dios.

La verdadera religión pone a Dios en el centro. La verdadera espiritualidad esclarece la meta y dirige a la persona en una genuina e inmediata búsqueda de Dios. La religión tiene sus rituales cómodos y sus prácticas. La espiritualidad trae transparencia y la inmediación con un enfoque claro que busca la unión con Dios. La espiritualidad tiene la distinta y demandante meta de la oración personal profunda.

En la práctica religiosa de hoy, mucha gente se está moviendo más allá de la seguridad de una membresía activa en la iglesia en su búsqueda de Dios. Esto ha tomado muchos y diferentes caminos. Muchos se han involucrado más en sus responsabilidades religiosas. Otras se han retirado juntas. La mayoría había tenido resultados con muchos y dolorosos callejones espirituales sin salida. Hay un factor común. Todos ellos están buscando una experiencia espiritual más profunda.

En los Estados Unidos, la gran mayoría de la denominación religiosa es católica romana. El segundo grupo más grande son los ex católicos romanos. En El Salvador, que es típico de muchos países latinos tradicionalmente católicos, los evangélicos superan numéricamente a los católicos romanos.

En medio de esta confusión religiosa, hay un hambre creciente por una experiencia más auténtica de Dios. Hay un anhelo que mueve más allá de los si y de los no de la religión a la espiritualidad que golpea en los anhelos más profundos del corazón humano. La oración personal profunda es un camino auténtico, demandante y dador de vida en esta búsqueda por una espiritualidad significativa que ofrece esta experiencia de Dios.

Lectio Divina, la lectura fiel de la palabra de Dios, ofrece un método de verdadero encuentro con el llamado de la voluntad de Dios. También abre a una rica y poderosa espiritualidad. Esto es por lo que hay una conexión íntima entre Lectio Divina y la Oración Personal Profunda.

Este viaje, o mejor expresado peregrinación a Dios, lleva a una purificación personal, una iluminación personal y una transformación personal. Esto sucede a través de un aumento de conciencia, un crecimiento de autoconocimiento y un incremento en la comprensión de la palabra de Dios. Estos momentos de crecimiento espiritual obsequian a la persona con una generosa aceptación de la voluntad de Dios. Una parte central de esta transición es la transformación de la conciencia. Un encuentro significativo con la palabra de Dios expone la profundidad de los falsos valores que nos vuelven ciegos a la presencia de Dios dentro de nosotros, dentro de nuestro prójimo y dentro de nuestra realidad histórica. Este proceso de crecimiento en la conciencia de la presencia de Dios lleva a una conciencia más profunda de Dios. En nuestra situación presente, tenemos una serie de velos que nos ciegan a Dios. Estos velos son ilusiones engañosas y falsos valores impuestos por nuestra cultura y otras fuentes de engaño. Remover los velos que nos obstruyen de Dios es una tarea crítica de cualquier espiritualidad verdadera.

Esta peregrinación hacia Dios con la ayuda de Lectio Divina puede parecer sobrecogedora. Sin embargo, como cualquier otro viaje es sencillamente suficiente si nos damos cuenta que solamente es posible cuando damos un paso a la vez. Ahora enfrentamos el verdadero desafío. ¡Dando el primer paso!
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LA EXPERIENCIA DE DIOS DEL PUEBLO

La Biblia es una historia de amor de Dios y su pueblo. Mientras que es sencilla y clara hay algunos puntos problemáticos porque este amor absorbe la fragilidad humana y el pecado por varios siglos.

La creación contada en el Génesis está escrita en su propio estilo simbólico y narrativo. Esto contiene visiones complejas sobre la experiencia humana y nuestra realidad histórica. Esto retrata la ventura humana basada en tres relaciones fundamentales y profundamente conectadas como esenciales a la experiencia humana. Estas relaciones son con Dios, con nuestro prójimo y con la creación. El Génesis cuenta relatos de la fragilidad básica de Adán y Eva, nuestros primeros padres, ellos fijan el patrón. Nosotros lo seguimos al situarnos a nosotros mismos y no a Dios en el centro de toda realidad. Nuestra condición pecaminosa nos hace resistir al llamado a reconocer las restricciones de ser criaturas.

Mientras que la Biblia es la historia de la salvación, las consecuencias del pecado están en el centro de la historia en los primeros once capítulos del Génesis. Estos subrayan la necesidad por la salvación. Caín y Abel, Noé y el arca, la Torre de Babel, y por supuesto, Adán y Eva y la manzana son ejemplos del empuje que tiene la humanidad para alejarse de Dios. La instrucción de Dios “Tengan dominio sobre toda la tierra” (Génesis 1: 23) es manipulada en nuestros patrones egoístas de comportamiento. Dios también nos dijo “Cultivarla y conservarla” (Génesis 2: 15) nuestra falla en ambos acontecimientos ha descompuesto severamente el balance entre Dios, la humanidad y la creación. Esta ruptura es expresada en nuestros tiempos por medio de guerras, violencia, abusos, negligencia hacia los vulnerables y la continua violación de la naturaleza.

El Papa Francisco describió este pecado que nos sitúa en el centro de la experiencia histórica de hoy conocido como “relativismo práctico” Él define el relativismo práctico como sigue: “Cuando los seres humanos se sitúan en el centro, ellos dan prioridad absoluta a la conveniencia inmediata y todo lo demás se vuelve relativo.”

Este relativismo, una poderoso y penetrante expresión de pecado en nuestros días, lleva a la explotación y descuido de lo demás a todos los niveles. Las personas son reducidas a objetos.

El abuso de los otros, económicamente, racialmente, y sexualmente, es una consecuencia natural de esta mentalidad. Vemos todo esto expresado en las fuerzas invisibles del mercado, en el tráfico humano, en el crimen organizado, en el consumismo maligno, en el tráfico de drogas, el incesante racismo y sexismo y en el desenfrenado mal uso de la tierra, el aire y el mar, la flora y la fauna. Todas estas fuerzas destructivas fluyen de una falsa visión y negación del mandato de Dios en Génesis.

En el capítulo 12 de Génesis con el llamado y la promesa hechos a Abraham, empezamos un viaje. Este pasaje de 2000 años nos llevará a Jesús y a la salvación de toda la humanidad. Lo que sigue en estos 20 siglos de historia de la familia de Abraham es una evolución. Esta es una historia del desarrollo siempre en expansión de la promesa a Abraham en la historia del pueblo judío y su experiencia de Dios. Esa historia de salvación que lleva de Abraham a Jesús es una lucha épica del pecado y la gracia.

En su vistazo más amplio, la historia fluye en un marco de tiempo a través de los siglos de Abraham a Moisés, a David, moviéndose hacia los profetas y culminando en Jesús. En todo esto, hay una expresión continua de la fidelidad de Dios y la ambivalencia humana. La historia se mueve de la promesa a Abraham, destinado a volverse padre de una gran nación, a Moisés liberando al pueblo en camino a la tierra prometida. La era de David y los reyes introduce la idea de esperanza por la intervención final de Dios en la persona del Mesías. La iluminación del mensaje de los profetas expande y profundiza esta esperanza. A lo largo del camino, se nos da el regalo de una sabiduría colectiva de la gente en otros libros, especialmente en los Salmos. Cada expresión de la historia nos dirige más profundo en el misterio de este Dios siempre activo, siempre amoroso y salvador.

A través de este viaje de la familia de Abraham evolucionando en el pueblo judío, la esperanza de la promesa avanza a pesar de las constantes y profundas infidelidades contra las leyes del pacto. De igual manera, hay un crecimiento lento pero constante en la comprensión comunal de quién es Dios y qué quiere Dios. Muchos siglos después de Abraham, el pueblo llegó a la verdad más profunda de todas: solo hay un Dios, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob,

El empuje completo del movimiento de esta historia de salvación lleva a Jesús, el Verbo de Dios. En Jesús, tenemos la plenitud de la revelación de Dios. Tenemos la invitación para entrar en el misterio del amor reflejado en la bella armonía entre las escrituras judías y el gran evento de Cristo crucificado y resucitado. La plenitud de la gracia de Dios y la verdad es revelada en Jesús en el abandono y pobreza absoluta de la cruz. Aquí encontramos la última verdad de Dios. Un Dios de amor salvador y de misericordia. Esta historia está elaborada en el Nuevo Testamento.

La historia de la salvación lleva a la oración

El Éxodo fue la pieza central de este viaje del pueblo de Dios. Esta fue la liberación de la esclavitud de Egipto. Incluía el pasaje a través del desierto y la entrada a la tierra prometida. En esta experiencia, el pueblo vio las más claras y fuertes expresiones de la presencia salvadora de Dios. El poder singular de esta experiencia guio al pueblo por siglos de historia con frecuencia tortuosa. Una y otra vez, los hijos de Abraham reflejaron la fidelidad de Dios que los hizo libres. Ellos encontraron fortaleza al encontrar la revelación de este Dios del éxodo en su situación constantemente problemática.

En la era cristiana fue la muerte y resurrección de Jesús lo que atrapó a la comunidad de fe a través de los tormentos de la historia. Esta última expresión del amor salvador de Dios se ha vuelto un portal a un nuevo día, el nuevo éxodo, en la historia cristiana. Lo vemos en la continua apertura a la esperanza, no importa cuán oscura ni el escozor que los estragos de la vida puedan tener.

El punto central de la historia de salvación en la Biblia es esta. El mensaje, en toda su amplitud y profundidad, viene de la experiencia del pueblo que tiene el poder salvador de Dios que está activo en sus vidas y en su historia. La Biblia nos enseña que el mismo Dios del pueblo elegido está en nuestra vida. La palabra en la Biblia nos da una luz que nos dispone a encontrar, entender y abrazar la realidad de la continua presencia de Dios en nuestra vida. Estamos invitados a participar en el llamado y la promesa de hoy. La oración personal profunda es el camino especial para encontrar este Dios salvador hoy. Esta es nuestra peregrinación a través de la historia hacia el reino de Dios. El regalo de la palabra de Dios en la revelación de la Biblia es siempre un llamado a una nueva vida y nuevos horizontes.
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