Esta es la décima de once reflexiones sobre las enseñanzas de Tomas Merton sobre la dinámica del verdadero ser y el falso ser. Esta relación conflictiva pero iluminadora impregna la enorme cantidad de escritos sobre la vida espiritual de Tomas Merton. El punto básico del conflicto es el empuje del individuo para acercarse y alejarse de Dios, que es el verdadero y último destino de las personas. La exposición de Merton de las consecuencias del pecado original es cruda en su intensidad. Esta es la tarea del falso ser. Al mismo tiempo el empuje del verdadero ser, la siempre presente llamada personal y amor apasionado de Dios, es aún más poderosa. El corazón humano es el campo de batalla de esta confrontación aparentemente sin final.
Teresa de Ávila nos dice que la oración es la clave para este viaje. Teresa ofrece un programa para ayudarnos a orar. Para ella, la oración es siempre un encuentro con Dios que nos transforma y purifica en la contemplación. Este es el único camino a la unidad. Para fortalecer esta oración, Teresa insiste en una agenda basado en la humildad, el desapego y la caridad. Estas virtudes tienen una relación dinámica con la oración. Ellas traen un orden a nuestra vida. Este orden nos ayuda a orar. Al mismo tiempo, la oración nos ayuda a crecer en estas virtudes dadoras de vida.
LAS TRES VIRTUDES
HUMILDADPara Teresa, aceptar la realidad fundacional de que Dios es el Creador y que nosotros somos las criaturas es el centro de la humildad. Esta verdad brilla en toda la creación de Dios, de manera que necesita la humildad como la forma de experimentar a Dios. Esto es por lo que Teresa dice que la humildad es la verdad. La humildad nos permite vernos a nosotros y a la creación de la manera en que Dios la ve.
Tomas Merton añade esta visión de apoyo sobre la humildad en su libro, Oración Contemplativa, “Nuestro conocimiento de Dios es paradójicamente un conocimiento no de Dios como el objeto de nuestro escrutinio, sino de nosotros mismos como tan totalmente dependientes de Dios y de su salvador y misericordioso conocimiento de nosotros”
Conocer y abrazar la humilde verdad sobre nosotros es la fuente de nuestra libertad. Lentamente empezamos a ver más claramente quien es Dios. Esta es la fuente fundamental de nuestra humildad. Vemos la verdad sobre nosotros mismos con el regalo de esta virtud. La humildad nos abre a la conversión personal necesaria en nuestro auto entendimiento. Nos permite comprender la maravilla de Dios llamándonos a entrar en el misterio del amor en nuestro estado quebrantado. Este es el movimiento dentro del verdadero ser.
DESAPEGO
Por desapego, Teresa quiere decir que debemos poner todas las cosas en su propia perspectiva. El desapego nos permite ser libres de desear que ciertas cosas sucedan y se abran a lo que está sucediendo. Esta actitud nos llevará a una reconciliación pacífica con la realidad. Necesitamos relacionar a todas las cosas en una manera que nos acerquen a Dios. Esta relación particular, estos pasatiempos, nuestro celular, y todas nuestras otras posesiones y relaciones que nos traerán más cerca de Dios o que sean un obstáculo en esta búsqueda. Los efectos del pecado original nos llevan a ser criaturas de nuestros ídolos, con mucha más frecuencia en nuestra imagen y bajo nuestro control. El desapego ataca esta distorsión. Esta virtud trae claridad a nuestros corazones engañados.
Solamente cuando las cosas son vistas en la luz correcta, con un corazón desapegado, abren el camino hacia Dios. De otra manera, las cosas son usadas solamente para impulsar la agenda de nuestro egoísmo. Esto es contrario a nuestra meta: buscar a Dios. Este es el resultado del falso ser.
Teresa no tenía problema con el mundo. Su riqueza y belleza solamente tienen significado, sin embargo, nos ayudan en nuestra búsqueda de Dios. Ella ha llegado a esta visión del desapego como parte de su largo viaje espiritual. El desapego le permitió poseerse a ella misma de manera que la hizo libre de todas las cosas en la búsqueda de Dios. Juan de la Cruz compartió su entusiasmo por el desapego. “La paz viene a un corazón libre para Dios ya que las preocupaciones no molestan al desapegado.” (A.3.20.3)
CARIDAD
La caridad es la aceptación apropiada de los demás. El amor por nuestros hermanos y hermanas es el índice de nuestro crecimiento espiritual. Para Teresa, la autenticidad de nuestro viaje espiritual es medida por la calidad de nuestras relaciones interpersonales con los demás. Este amor nos mueve hacia el centro donde Dios espera.
Este llamado al amor comunal es el obstáculo más difícil en nuestra peregrinación hacia Dios. Nuestro egoísmo tiene poderes increíbles para sacudir las cosas al justificar nuestro juicio. Teresa entendió esto muy bien. Ella dijo: “Ruega a nuestro Señor que te de este amor perfecto por el prójimo. Permite a su Majestad tener una mano libre, ya que Él te dará más de lo que tu sabes como desear porque tú tratas y haces cada esfuerzo para hacer lo que puedas sobre este amor, y fuerzas tu voluntad para el beneficio sin importar cuanta resistencia ponga tu naturaleza; y cuando la ocasión llega, te esfuerzas por aceptar trabajar en ti mismo para aliviar a tu prójimo de ello.” (Castillo Interior 5.3.12)
El viaje hacia Dios es una interacción entre las tres virtudes y la oración. Para ser humilde, desapegado y amoroso necesitamos orar. Hay un apoyo mutuo entre la oración y las virtudes en el movimiento hacia Dios. Este proceso es el trabajo de toda una vida. Esto es lo que significa caminar con Jesús.
Teresa tiene un ejemplo sencillo de cuán profunda es esta práctica en la vida diaria. Ella dice que si hay una persona que es difícil, deberíamos salir de nuestro camino para dar apoyo y ayuda a esta persona. Si ese individuo recibe elogios, deberíamos regocijarnos como si el elogio fuera para nosotros.
No hay manera en que podría estar preparada para hacer eso por muchos de mis hermanos y hermanas a quienes yo se que no amo como debería, por hacerlo caritativo. Es lo mismo para muchos de nosotros. Tenemos mucho camino por recorrer. Hay mucho ego que tiene que salir por la ventana. El problema es que al ego le gusta quedarse en casa. Pocos de nosotros imitaremos alguna vez a Jesús en la cruz, “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lucas 23: 34)
Esto es donde la oración y el programa de Teresa de las virtudes se unen. Se apoyan mutuamente llevando a la contemplación. Esta es la acción de Dios que desenraiza el remanente final del egoísmo y el auto centrismo que están más allá de nuestro poder para eliminarlos. Esta es la purificación que precede a la transformación. Las fuerzas incrustadas de la auto rectitud y ser consistentemente juicioso solamente da paso a la purificación del amor de Dios en la quinta y sexta moradas del Castillo Interior de Teresa. Podemos ir tan lejos por nosotros mismos. Dios solo puede cerrar el trato en el amor que devela la plenitud de la unidad original en la séptima y última morada del Castillo Interior.
En la descripción de Merton de la unidad original, como él la experimentó en su famosa experiencia de Louisville, la fragilidad humana y las fallas humanas se vuelven totalmente inconsecuentes. Ellas desaparecen de la vista. Uno mira a Dios en los individuos. La atracción hacia la unidad es irresistible. “Porque todos fueron bautizados en Cristo se han revestido de Cristo. No hay judíos ni griegos, no hay esclavos ni personas libres, no hay hombres ni mujeres, ya que todos son uno en Cristo Jesús.” (Gálatas 3: 28) Algún día, con suerte seremos bendecidos para encontrar esta preciosa realidad. Seremos animados para ver la belleza y la maravilla en todos nuestros hermanos y hermanas, así como dentro de nosotros mismos.
En el camino a ese día, necesitamos reconocer dos cosas. Primero, es esencial seguir creciendo en conciencia de cuán lejos estamos de compartir verdaderamente el amor de Dios para con nuestro prójimo. Segundo, necesitamos mantenernos en la lucha para ser más humildes, más desapegados y más amorosos por nuestra fidelidad a la oración. Esto nos preparará para el regalo transformador y purificador de la contemplación. Esta es la última y verdadera victoria del verdadero ser.
Tomas Merton añade esta visión de apoyo sobre la humildad en su libro, Oración Contemplativa, “Nuestro conocimiento de Dios es paradójicamente un conocimiento no de Dios como el objeto de nuestro escrutinio, sino de nosotros mismos como tan totalmente dependientes de Dios y de su salvador y misericordioso conocimiento de nosotros”
Conocer y abrazar la humilde verdad sobre nosotros es la fuente de nuestra libertad. Lentamente empezamos a ver más claramente quien es Dios. Esta es la fuente fundamental de nuestra humildad. Vemos la verdad sobre nosotros mismos con el regalo de esta virtud. La humildad nos abre a la conversión personal necesaria en nuestro auto entendimiento. Nos permite comprender la maravilla de Dios llamándonos a entrar en el misterio del amor en nuestro estado quebrantado. Este es el movimiento dentro del verdadero ser.
DESAPEGO
Por desapego, Teresa quiere decir que debemos poner todas las cosas en su propia perspectiva. El desapego nos permite ser libres de desear que ciertas cosas sucedan y se abran a lo que está sucediendo. Esta actitud nos llevará a una reconciliación pacífica con la realidad. Necesitamos relacionar a todas las cosas en una manera que nos acerquen a Dios. Esta relación particular, estos pasatiempos, nuestro celular, y todas nuestras otras posesiones y relaciones que nos traerán más cerca de Dios o que sean un obstáculo en esta búsqueda. Los efectos del pecado original nos llevan a ser criaturas de nuestros ídolos, con mucha más frecuencia en nuestra imagen y bajo nuestro control. El desapego ataca esta distorsión. Esta virtud trae claridad a nuestros corazones engañados.
Solamente cuando las cosas son vistas en la luz correcta, con un corazón desapegado, abren el camino hacia Dios. De otra manera, las cosas son usadas solamente para impulsar la agenda de nuestro egoísmo. Esto es contrario a nuestra meta: buscar a Dios. Este es el resultado del falso ser.
Teresa no tenía problema con el mundo. Su riqueza y belleza solamente tienen significado, sin embargo, nos ayudan en nuestra búsqueda de Dios. Ella ha llegado a esta visión del desapego como parte de su largo viaje espiritual. El desapego le permitió poseerse a ella misma de manera que la hizo libre de todas las cosas en la búsqueda de Dios. Juan de la Cruz compartió su entusiasmo por el desapego. “La paz viene a un corazón libre para Dios ya que las preocupaciones no molestan al desapegado.” (A.3.20.3)
CARIDAD
La caridad es la aceptación apropiada de los demás. El amor por nuestros hermanos y hermanas es el índice de nuestro crecimiento espiritual. Para Teresa, la autenticidad de nuestro viaje espiritual es medida por la calidad de nuestras relaciones interpersonales con los demás. Este amor nos mueve hacia el centro donde Dios espera.
Este llamado al amor comunal es el obstáculo más difícil en nuestra peregrinación hacia Dios. Nuestro egoísmo tiene poderes increíbles para sacudir las cosas al justificar nuestro juicio. Teresa entendió esto muy bien. Ella dijo: “Ruega a nuestro Señor que te de este amor perfecto por el prójimo. Permite a su Majestad tener una mano libre, ya que Él te dará más de lo que tu sabes como desear porque tú tratas y haces cada esfuerzo para hacer lo que puedas sobre este amor, y fuerzas tu voluntad para el beneficio sin importar cuanta resistencia ponga tu naturaleza; y cuando la ocasión llega, te esfuerzas por aceptar trabajar en ti mismo para aliviar a tu prójimo de ello.” (Castillo Interior 5.3.12)
El viaje hacia Dios es una interacción entre las tres virtudes y la oración. Para ser humilde, desapegado y amoroso necesitamos orar. Hay un apoyo mutuo entre la oración y las virtudes en el movimiento hacia Dios. Este proceso es el trabajo de toda una vida. Esto es lo que significa caminar con Jesús.
Teresa tiene un ejemplo sencillo de cuán profunda es esta práctica en la vida diaria. Ella dice que si hay una persona que es difícil, deberíamos salir de nuestro camino para dar apoyo y ayuda a esta persona. Si ese individuo recibe elogios, deberíamos regocijarnos como si el elogio fuera para nosotros.
No hay manera en que podría estar preparada para hacer eso por muchos de mis hermanos y hermanas a quienes yo se que no amo como debería, por hacerlo caritativo. Es lo mismo para muchos de nosotros. Tenemos mucho camino por recorrer. Hay mucho ego que tiene que salir por la ventana. El problema es que al ego le gusta quedarse en casa. Pocos de nosotros imitaremos alguna vez a Jesús en la cruz, “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lucas 23: 34)
Esto es donde la oración y el programa de Teresa de las virtudes se unen. Se apoyan mutuamente llevando a la contemplación. Esta es la acción de Dios que desenraiza el remanente final del egoísmo y el auto centrismo que están más allá de nuestro poder para eliminarlos. Esta es la purificación que precede a la transformación. Las fuerzas incrustadas de la auto rectitud y ser consistentemente juicioso solamente da paso a la purificación del amor de Dios en la quinta y sexta moradas del Castillo Interior de Teresa. Podemos ir tan lejos por nosotros mismos. Dios solo puede cerrar el trato en el amor que devela la plenitud de la unidad original en la séptima y última morada del Castillo Interior.
En la descripción de Merton de la unidad original, como él la experimentó en su famosa experiencia de Louisville, la fragilidad humana y las fallas humanas se vuelven totalmente inconsecuentes. Ellas desaparecen de la vista. Uno mira a Dios en los individuos. La atracción hacia la unidad es irresistible. “Porque todos fueron bautizados en Cristo se han revestido de Cristo. No hay judíos ni griegos, no hay esclavos ni personas libres, no hay hombres ni mujeres, ya que todos son uno en Cristo Jesús.” (Gálatas 3: 28) Algún día, con suerte seremos bendecidos para encontrar esta preciosa realidad. Seremos animados para ver la belleza y la maravilla en todos nuestros hermanos y hermanas, así como dentro de nosotros mismos.
La dinámica del falso ser y el verdadero ser en la oración
En el camino a ese día, necesitamos reconocer dos cosas. Primero, es esencial seguir creciendo en conciencia de cuán lejos estamos de compartir verdaderamente el amor de Dios para con nuestro prójimo. Segundo, necesitamos mantenernos en la lucha para ser más humildes, más desapegados y más amorosos por nuestra fidelidad a la oración. Esto nos preparará para el regalo transformador y purificador de la contemplación. Esta es la última y verdadera victoria del verdadero ser.
